Doc Savage, el Hombre de Bronce

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Lester Dent (1905-1959) es uno de los autores más característicos de la era de los «pulp magazines» norteamericanos. Prolífico y popular presumía de haber llegado a escribir hasta cien mil palabras a la semana, su estilo descuidado lo compensaba con una agilidad narrativa indispensable en un género dirigido, ante todo, a la acción como meta fundamental. Realmente, a sus miles de lectores no parecía importarles demasiado que cojeara su gramática, pues para ellos las narraciones de Lester Dent sobre Doc Savage no eran literatura, sino crónicas de aventuras vividas casi como reales.

Nacido con las primicias del siglo e hijo de una pareja de rancheros de Wyoming, Dent sufrió de una infancia solitaria, ligada a duros trabajos, apenas aliviados por una excesiva imaginación y la fascinación que los más sensacionalistas folletines despertaban en él. Su primer objetivo juvenil, convertirse en banquero, le dirigió a la Escuela de Ciencias Administrativas, en Chillicothe, Missouri; pero el azar le acabó conduciendo a estudiar telegrafía, profesión que desempeñará, ya casado, en Tulsa, Oklahoma.

Es en este lugar donde, tentado por el ejemplo de un compañero que en sus horas libres redactaba relatos para las revistas, se decidió a escribir por primera vez. Tras serle rechazada su primera docena de relatos, consiguió vender una historia de aventuras, Death Zone, a «Top-Notch», que la publicaría en su número de abril de 1930. A partir de ese momento Dent colocará sus trabajos regularmente, hasta que un contrato exclusivo con la editorial Dell hizo que abandonase su empleo y se trasladara a Nueva York, ya convertido en escritor profesional.

Durante un breve período de tiempo la fortuna le sonrió: elaboró casi íntegramente el contenido de tres revistas y ganó dinero a espuertas. En 1932, sólo cuatro meses después de su llegada a la ciudad, la depresión económica se contagió al sector editorial y las revistas para las que trabajaba se vieron obligadas a cerrar. Dent y su esposa, pronto sin un centavo, viajaron hacia el suroeste en un aventurado intento de buscar oro. No tuvieron éxito y, desesperanzados, en 1933 emplearon el escaso beneficio obtenido en comprar un billete de regreso a Nueva York.

De nuevo en la capital del mundo editorial americano, Dent ofreció a la veterana y prestigiosa Street & Smith un proyecto en el que venía pensando, una serie de novelas de aventuras protagonizadas por un héroe híbrido según el propio autor entre Sherlock Holmes, Tarzán y Abraham Lincoln: Clark Savage, más conocido como Doc Savage. La editorial aceptó, sentado el precedente de «The Shadow Magazine», que con un personaje similar venía publicándose desde 1931 exitosamente.

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La nueva revista aparecería en marzo de 1933 y se prolongó a lo largo de 181 números, hasta el verano de 1949, todos ellos firmados con el seudónimo de Kenneth Robeson. No hay, sin embargo, que atribuir a Dent todas las obras bajo este nombre, propiedad de la editorial. Dent escribió 138 novelas sobre Doc Savage, siendo las restantes obra de William G. Bogard, Alan Hathaway, Rymon Johnson, F. N. William, Laurence Donovan y Harold A. Davis, entre otros. De igual modo, deseando rentabilizar su popularidad, Street & Smith publicó a partir de 1939 una nueva revista, protagonizada por otro justiciero, El Vengador, cuyas historias, aunque figurara como autor Kenneth Robeson, fueron escritas en realidad por Paul Ernst.

Por lo que se nos cuenta en su primera aventura, El hombre de bronce, Clark Savage Jr. es hijo de un aventurero muerto en extrañas circunstancias asesinado, sabremos después y que dilapidó su fortuna empeñado en deshacer entuertos por todo el mundo, como si de un moderno caballero andante se tratara. Desde niño Clark Savage fue educado en un plan rígido para convertirle en todo un superhombre. Durante dos horas diarias, sin excepción, realizaba ejercicios para desarrollar sus músculos, sus sentidos y su cerebro. Sus estudios se habían iniciado con medicina y cirugía, pero luego los había ampliado a toda suerte de ciencias y técnicas química, geología, ingeniería… convirtiéndose en un experto de primera línea en cada una de ellas. Por supuesto, tal entrenamiento habría de dar lugar a un hombre intelectual y físicamente impresionante:

«Aquel busto era un espectáculo sorprendente. Las líneas de las facciones; la frente, extraordinariamente alta; la boca, móvil y musculosa, aunque no demasiado llena; las mejillas, delgadas, todo denotaba una fuerza de carácter rara vez alcanzada por un ser humano.

»El bronce del cabello era algo más oscuro que el de las facciones. Peinado liso, aplanado y apretado, lanzaba metálicos reflejos a la luz. Sólo un genio de la escultura pudo dar aquellas sensación de vida a un metal inanimado.

»Lo más maravilloso eran los ojos. Brillaban como reflejos de oro puro cuando las lucecitas de la lámpara jugueteaban sobre ellos (…). Parecían ejercer una influencia hipnótica (…), una cualidad que hacía vacilar hasta al hombre más temerario».

Aunque Doc Savage parece muy capaz de derrotar a un ejército completo con las manos desnudas, no le faltará auxilio en la larga serie de sus aventuras. A su lado tiene a cinco amigos de fidelidad irreprochable que también servirán a Lester Dent para ofrecer un oportuno contrapunto humorístico a la marmórea seriedad de Savage: el coronel John Renwich, Renny para los amigos, un gigante de casi dos metros y puños como mazas, formidable ingeniero; William Harper Littlejohn, experto geólogo y arqueólogo; el comandante Thomas J. Roberts, apodado «Long Tom», de aspecto enclenque pero todo un mago de la electricidad; el brigadier general Theodoro Mafley Brooks, «Ham», de porte distinguido y algo pedante, abogado por la Universidad de Harvard; y por último el simiesco Monk, teniente coronel, cien kilos de puro músculo distribuidos en apenas metro y medio de estatura.

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Si fuera poco, Doc Savage posee también todo tipo de artilugios científicos, los más avanzados para los años treinta: lámparas de rayos ultravioleta para descubrir pistas invisibles, granadas de gas anestesiante, radares, detectores de metal, un autogiro… Además de su cuartel general, en el piso 86 de un rascacielos de Nueva York, Doc Savage dispone de un retiro privado, «La Fortaleza de la Soledad», construida por su padre en una isla del círculo ártico.

Ya desde esa primera aventura, las novelas de Doc Savage se inscriben claramente en el campo del fantástico. A modo de muestra, en El hombre de bronce encontrará una cultura perdida en la selva de Centroamérica y un fabuloso tesoro que le servirá para financiar sus andanzas a partir de entonces (como Tarzán con el oro de Opar). En la segunda novela, La tierra del terror, Savage y su grupo se superan a sí mismos enfrentándose al villano Kar, creador de una nueva arma el Humo de la Eternidad, en el escenario de la isla del Trueno, habitada por nada amigables monstruos prehistóricos. Toda la serie Asesinos en acción, El tesoro del Polo, Los piratas del Pacífico, La calavera roja, $1.000.000 de recompensa, El ogro del mar de los Sargazos, La campana verde, La ciudad fantasma, etc. continúa este tono inicial: acción trepidante, prodigios científicos, lugares exóticos y terribles villanos, en la mejor tradición de la literatura «pulp» y los seriales radiofónicos y cinematográficos, muy en boga en aquellos tiempos.

Lester Dent, pese al esfuerzo que suponía llevar adelante esta obra, siempre encontró tiempo y energías para escribir otras narraciones, generalmente de temática criminal, con su propio nombre o bajo el seudónimo de Tim Ryan, para revistas como «Black Mask», donde compartía páginas con Chandler, Hammett o Stanley Gardner. Relatos como Angelfish (1936) son un excelente ejemplo de este trabajo mucho más elaborado, que contribuyó a moldear la novela negra norteamericana, aunque permanezca hoy ensombrecido por la popularidad de su personaje más importante.

Después de Lester Dent, la titánica figura de Doc Savage ha atraído a otros autores, como Philip José Farmer, que no sólo creará una parodia del personaje, Doc Calibán, en The Mad Goblin (1970), con una visión entre admirada y sarcástica, sino que escribirá una presunta biografía del personaje Doc Savage: His Apocalyptic Life (1973) y una novela original, Doc Savage: Escape from Loki: Doc Savage’s First Adventure (1991), en la que nos cuenta cómo Savage, durante la I Guerra Mundial, conoce a sus inseparables compañeros en un campo de prisioneros alemán.

No es ésta la única historia nueva de Doc Savage escrita en los últimos años. Tras la reedición de la serie original completa por Bantam Books (1964-1990), Will Murray continuó escribiendo aventuras originales del personaje, aún con el seudónimo de Kenneth Robeson, siendo la primera Doc Savage: Python Isle (1991). El mismo Murray, buen conocedor de la literatura «pulp», es autor también de un ensayo sobre el personaje: Secrets of Doc Savage (1981).

La primera edición en lengua castellana de las novelas de Doc Savage fue debida a la Editorial Molino, dentro de su colección «Hombres Audaces», que se publicó en Barcelona y Buenos Aires a partir de 1936.

Cada novela aparecía en un cuadernillo de 14,5 x 21,5 cm., pronto sustituido por el formato definitivo de 14,3 x 19,5 cm., con 64, 80 o 96 páginas (64 fue la extensión más común). Texto a dos columnas. Las cubiertas a color reproducían las ilustraciones originales de Walter M. Baumhofer y Robert G. Harris, aunque ocasionalmente fueron sustituidas por otras del español Bocquet. Las ilustraciones interiores en blanco y negro eran, como en el original norteamericano, de Paul Orban.

Esta edición española recogió sólo 97 de los 181 números que formaron la serie completa.

Como otros colegas de la ficción popular, Doc Savage protagonizó un serial radiofónico en la década de los treinta y, algo más tarde, sería trasladado al cómic. Su primera aparición en viñetas fue en unas aventuras por episodios que ocupaban la contraportada del cómic «The Shadow»; luego obtendría una revista propia, «Doc Savage Comics», cuyo primer número está fechado en 1940.

Seguramente resultará curioso para los coleccionistas saber que incluso se hizo una adaptación española. En 1961 la madrileña editorial Rollán publicó un Doc Savage de aparición semanal, dibujado por el excelente Antonio Hernández Palacios y con guiones de González Casquel. La revista se mantendría durante 26 números y en 1974 fue reeditada por la misma editorial.

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Hasta una década más tarde ninguna de las grandes editoriales de cómics de superhéroes se interesó por el personaje. Marvel creó en 1972 un comic-book de no muy larga existencia, con adaptaciones de las novelas de Kenneth Robeson debidas a las plumas de guionistas de la casa como Roy Thomas o Doug Moench. Retomado tres lustros después por su principal competidora editorial, DC, el Hombre de Bronce protagonizará una miniserie de cuatro episodios, La herencia de Doc Savage (1987), con Dennis O’Neil en el guión y en el dibujo Adam y Andy Kubert, hijos y discípulos, en cuanto a estilo gráfico, del gran Joe Kubert. Aprovechando el éxito de héroes nostálgicos como Indiana Jones, esta serie sitúa la acción en 1945, con científicos nazis como los villanos de turno. En los últimos años, los derechos del personaje han ido saltando por diversas editoriales independientes, como Dynamite, que siente un interés especial por las licencias de personajes célebres en medios ajenos a la narrativa dibujada.

Aunque en los cómics Doc Savage nunca acabó de cuajar, menos afortunada resultó incluso su única adaptación a la pantalla. Doc Savage, the Man of Bronze (1975) fue la última producción de todo un clásico del cine de ciencia ficción, George Pal Con destino a la Luna (1950), Cuando los mundos chocan (1951), La guerra de los mundos (1953), El tiempo en sus manos (1960)…. Pese a contar como director con Michael Anderson, un elegante realizador británico responsable, entre otras, de La vuelta al mundo en ochenta días (1956) o Las sandalias del pescador (1968), el público no conectó en aquel momento con el héroe casto e impoluto que Doc Savage representa. George Pal pretendía iniciar toda una serie, al estilo James Bond, e incluso el mismo Farmer trabajó en un guión futurible, pero el escaso éxito de la primera entrega abortó el proyecto.

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2 pensamientos en “Doc Savage, el Hombre de Bronce

  1. En una entrevista, Farmer reconoció que habían tiejereteado salvajemente su guión. Farmer, profundo conocedor del género y el personaje, no habría cometido los errores que aparecen en esa película. Tenía momentos de -mala- comedia estilo Superman III , no de gracieta para aliviar la tensión. Buen artículo.

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