MÁS DE MIL Y UNA NOCHES

sardanapalus

A este blog le gustan los invitados. Hay muchos arqueólogos pop que han escrito y escriben cosas interesantes. Como León Arsenal.

Arsenal es más conocido por su faceta de autor de novelas históricas (de hecho acaba de publicar Bandera negra, novela ambientada en las Guerras Carlistas). Pero además tiene una faceta menos notoria de autor y conocedor de literatura fantástica. Y por ,eso, gracias a los buenos oficios de Armando Boix Millán, León generosamente nos permitió reproducir este artículo suyo sobre la influencia de la temática oriental en varias historias fantásticas. Muchas gracias a León por el permiso y a Armando por la gestión.

Ahora me callo y los dejo con el artículo

MÁS DE MIL Y UNA NOCHES

Por León Arsenal

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Poco hay en este mundo que haya sido hecho partiendo de cero. Cada avance, cada innovación, en la materia que sea, suele estar en deuda con logros previos en ese mismo campo. La literatura no es una excepción y las nuevas tendencias suelen surgir por evolución, más o menos lenta, de movimientos precedentes. Incluso cuando se trata de una ruptura con estilos previos -caso del neoclasicismo frente al barroco, como luego del romanticismo con aquel-, tal ruptura suele buscar fundamento y justificación en el retorno a formas aún más antiguas, aunque luego el lógico desarrollo de la corriente lleve a esta a orillas muy alejadas de su supuesto modelo. Orillas que a su vez, con el tiempo, serán el punto de partida para otros innovadores.

Ni siquiera los vuelos de la literatura fantástica acostumbran a despegar de la nada. En casi cualquier narración de este género pueden detectarse influencias de obras previas, autores concretos o, lo que es más habitual, de ciertas tradiciones. Tradiciones que pueden o no ser literarias, o serlo sólo en parte.

Es fácil señalar esto en autores fantásticos de siglos pasados, muchos de los cuales recurrían al folclore y al cuento popular en busca, no ya de inspiración, sino de argumentos concretos a los que dar forma literaria. Eso por no hablar del fenómeno de retroalimentación que con tanta frecuencia se ha dado entre tradición popular y literatura, una especie de camino de ida y vuelta en el que la segunda acaba contribuyendo en mayor o menor medida a estructurar y perfilar a la primera. Caso, por ejemplo, de los clásicos cuentos de fantasmas ingleses.

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Estrictamente, habría que llamar tradiciones a aquellas enraizadas en el mito y la leyenda popular. Pero, con un criterio más amplio y hablando ya de la fantasía, podríamos añadir a estas ciertas creaciones modernas y puramente literarias, de las que un ejemplo reciente sería el steampunk, una etiqueta que designa a las fantasías ubicadas en una Inglaterra Victoriana plagada de magos y hechiceros. Y, entremedias, toda una pléyade de híbridos y estadios intermedios.

La simple enumeración de todas sería imposible. Sólo en la primera de estas tres categorías habría cientos, pues cada cultura tiene su propia tradición fantásticas y todas ellas son buena fuente a la que recurrir. Lo que no quita para que el peso en la moderna fantasía no se reparta ni mucho menos por igual, ya que actualmente el panorama está netamente dominado por obras inspiradas, más o menos, en las tradiciones célticas y nórdicas.

Tal dominio es total, absoluto, y las producciones de este tipo, cada año, suman más que todas las demás de fantasía juntas. Esto es algo incontestable, fruto del tremendo éxito de El Señor de los Anillos de Tolkien, que ha sido el detonante de todo este fenómeno. De hecho, la narrativa que mimetiza a El Señor de los Anillos forma ya una tradición en sí misma, con sus reglas, sus tics y sus tipos característicos.

No obstante, en medio de esta marea, aún es posible encontrar un buen número de libros que nada tienen que ver con lo dicho en el párrafo anterior. Relatos que beben en fuentes muy distintas, algunas muy antiguas, que han tentado, y siguen haciéndolo, a autores de lo más diverso.

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Una de tales tradiciones fantásticas es aquella que se nutre de Las Mil y Una Noches. Porque, desde siempre, esta obra parece haber producido una tremenda fascinación, fácil de entender, en un sinnúmero de escritores, llevándoles a escribir una gran cantidad de relatos inspirados en ella. Una narrativa muy rica que no se constriñe a nuestros días ni al subgénero de la fantasía, sino que recorre toda la literatura fantástica a lo largo del tiempo, desde que en el siglo XVIII se publicara la primera traducción de estos cuentos árabes.

Aunque dispersa en colecciones varias e ignorada como conjunto, esta literatura ha estado siempre disponible, en mayor o menor medida, en el mercado español. Sólo por referirnos al momento presente, es posible citar de corrido media docena de títulos que son accesibles en este momento al lector, en distintas editoriales y obra de autores de lo más vario. E, indudablemente, existen más.

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Ahora mismo, por ejemplo, el lector puede conseguir sin dificultad el Vathek, un título capital en la literatura inspirada en Las Mil y Una Noches. Obra de William Beckford, uno de esos aristócratas ingleses de novela, extravagante, curioso y viajero, tiene por protagonista al noveno califa de la estirpe de los Abasíes, hijo de Motassem y nieto de Harún al Rachid, según reza el mismo libro en su comienzo.

Este califa, soberbio y desaforado, incapaz de detenerse ante nada, será émulo de Nemrod, aquel que edificó la torre de Babel, entrará en tratos con demonios y acabará por descender a los infiernos, donde vivirá diversas aventuras.

Esta narración, publicada en 1786, tiene la fuerza, el esplendor, los tremendos contrastes, como de llama y tinieblas, y esa extraña amalgama de crueldad con enfoque moralizante que son patrimonio de Las Mil y Una Noches. También, lógicamente, adolece de un estilo que se aparta muchas veces del gusto de nuestra época, obligando a una lectura lenta y sosegada para poder degustarla plenamente.

La edición actualmente disponible tiene el aliciente añadido de ser completa: el Vathek con sus tres episodios. Estos no son sino relatos independientes que otros condenados hacen al califa durante su estancia en los infiernos y, con frecuencia, han sido publicados independientemente de la narración principal. Pero la intención de Beckford parece ser que siempre fue la de su publicación conjunta. Además, ¿qué más característico en esta clase de narrativa que los cuentos dentro de otros cuentos?

Del mismo siglo XVIII, aunque algo anteriores, son también los relatos recogidos bajo el título común de Así Va el Mundo, de Voltaire. Una antología de escritos de corte oriental que reúne narraciones que van del cuento moral a la fábula política y que son de muy desigual valor. Aquí, junto a otros que no pasan de ser meras curiosidades, es posible encontrar algunos relatos que son otras tantas joyitas. Relatos como Zadig o el destino, por citar un ejemplo, que a nadie hubiera sorprendido encontrar dentro de Las Mil y Una Noches como uno de esos cuentos dentro de cuentos antes citados: historias que se cuentan entre sí los protagonistas en mitad de sus aventuras.

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Y ya en el siglo XIX, un curioso autor, Gerard de Nerval, escribiría El Viaje a Oriente, del que se han extractado dos relatos para su publicación en un mismo libro: Historia de la Reina de la Mañana y de Solimán Príncipe de los Genios, e Historia del Califa Hakem.

Es de Nerval un escritor lleno de altibajos y en su narrativa es posible encontrar fragmentos correctos pero insulsos junto a otros llenos de nervio y garra, o que son simplemente preciosos, y todo ello casi sin transición, prácticamente de una línea a otra. Y, en lo que se refiere a estos dos relatos suyos, estos rezuman de muchas de las constantes más señeras de los cuentos árabes: magia, sexo oscuro y prohibido, conjuras, peripecias.

La primera de las narraciones Historia de la Reina…, muy influenciado por algunas de las tradiciones masónicas, nos relata el triángulo amoroso que se establece entre el Rey Salomón, Balkis, reina de Saba, e Hiram, el constructor del templo de Jerusalem, cuando la segunda, al visitar al primero en su corte, se prendará del tercero y quedará irremediablemente dividida entre ambos. Es el relato más largo de los dos que componen el volumen y, aunque a veces algo irregular, posee pasajes pletóricos de fuerza y belleza.

En el segundo, Historia del Califa Hakem, de Nerval nos narra las aventuras de Hakim, califa de Egipto que acabaría proclamándose a sí mismo dios. Este relato está basado, supuestamente, en las revelaciones que al autor hizo durante su viaje por Oriente un caudillo de los drusos, para quienes Hakim es la décima y definitiva encarnación de Dios. La narración comienza cuando el califa, disfrazado como un don nadie, se aventura en una aldea de paganos, en las márgenes del Nilo, donde a instancias de Yusuf, que después se convertirá en fiel amigo suyo, prueba las delicias del hachís. Allí, entre los vapores de la droga, será donde al califa se le revelará el secreto hasta entonces oculto hasta para sus ojos, pues Hakim no es sino un dios. Ahí comenzará su exaltación y su desventura, que este relato corto y hermoso nos irá desgranando: las intrigas de su visir, los amores prohibidos con su hermana Setalmuc, las conspiraciones en su contra…

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Pero aún más adelante, ya en este siglo, la poderosa imaginería de Las Mil y Una Noches habría de seguir pulsando las fibras a creadores de todo cuño, entre los que no deberíamos olvidar, por supuesto, a los escritores “pulp” americanos. Estos autores, imaginativos y prolíficos, que nutrían las revistas populares estadounidense de la primera mitad del siglo, se dejaron sojuzgar sin ninguna resistencia por la mítica árabe, lo que les llevó a producir una ingente cantidad de aventuras ambientadas en esa parte del mundo, presente o pasado, imaginario o real.

Y de uno de los escritores más señeros de esa época -que lo es puesto que su obra ha sobrevivido, por una u otra causa, al cedazo del tiempo-, Robert E. Howard, está disponible en estos momentos una recopilación de las aventuras fantásticas de Solomon Kane, un puritano del siglo XVII, cuyas andanzas transcurren en buena parte en África, entonces casi completamente inexplorada.

Howard, que formó parte del “círculo de Lovecraft” suele recurrir con harta frecuencia a recursos e ideas específicas de los mitos de Cthulhu, que por cierto también forman toda una tradición en sí mismos. Uno de tales recursos, y una de las constantes en la narrativa de Howard, es la de antiguos seres, de gran poder, que logran sobrevivir a su época, emergiendo a otra posterior con resultados catastróficos. Esta idea, en una u otra de sus variantes, es el eje de multitud de los argumentos de R. E. Howard.

Sin embargo, no es difícil encontrar paralelismos de todo esto con Las Mil y Una Noches, en donde abundan las referencias a los tiempos míticos del Rey Salomón y a los antiguos genios por él sojuzgados. Y, en los cuentos de Solomon Kane, Howard salta de una tradición a otra con notable habilidad, dando a sus argumentos de siempre una patina que los hace totalmente diferentes. Así que en alguno de estos cuentos, el héroe se medirá con dijinni, efrits y demás demonios de la mitología árabe; e incluso el bastón que empuña en sus andanzas perteneció, según le revela el brujo N’Longa, al mismísimo Salomón y otorga poder para luchar contra toda clase de seres sobrenaturales.

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Y, siguiendo con la gran estirpe fantástica anglosajona, aunque muy posterior y aún más distinta, también es posible encontrar en estos momentos El Señor de la Noche, de Tanith Lee. Y si las aventuras de Kane entroncan con los cuentos árabes un poco de refilón, aquí parece advertirse una voluntad manifiesta; un tomar elementos para recombinarlos entre sí y con otros ajenos, y dar a luz algo totalmente distinto y, sin embargo, con un innegable aire de familia. Un poco, aunque con pretensiones más modestas, como lo que hizo Tolkien con la mitología céltica y nórdica para gestar su monumental El Señor de los Anillos.

Esta novela es una suma de tres partes, con dos cuentos cada una, todos independien#tes pero interrelacionados, compartiendo mundo y algunos personajes. El Señor de la Noche del título es Azhrarn, rey de los demonios en una Tierra que es plana, con un centro sumido en tinieblas perpetuas, punteadas por el llamear de los volcanes, que son las puertas de entrada al mundo subterráneo de los demonios.

Los cuentos son irregulares, pero el conjunto es un todo encantador, repleto de belleza, crueldad, atmósfera. Y, de entre las muchas cualidades de esta obra, no es la menos destacable el tratamiento de las escenas de sexo que nos presenta la autora, puesto que tienen algo que, por algún motivo, parece escasear bastante entre los escritores de fantasía, que es la calidad a la hora de abordar tales escenas.

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En este repaso, resulta inexcusable detenernos en nuestro país para fijarnos en La Noche del Eclipse, de Joan Manuel Gisbert; un autor prolífico, centrado en la literatura juvenil y cuya obra en buena parte toca o entra de lleno en lo fantástico. En La Noche del Eclipse, con la que obtuvo el premio Gran Angular 1989, nos narra la huida de Alfandor, joven persa de sangre real, a través del Asia Central, en el siglo XIV, perseguido por asesinos, hasta llegar a China donde, para salvarse de sus enemigos, se ve abocado a entrar en un extraño concurso organizado por el emperador Luz Perpetua. En este certamen, los participantes están obligados a resolver tres enigmas relacionados con la única hija del emperador, Nacida del Cielo, y, en caso de fracasar, sufrir prisión de por vida en el temible Laberinto de la isla de Gork.

Gisbert es un autor que lo tiene todo para triunfar, y de hecho lo hace, ante un público tan riguroso como lo es el juvenil, poco paciente con los alardes de literatura hueca y pomposa. Es ameno, de estilo ágil y directo, que no hay que confundir con lo simplón, pues antes al contrario este escritor da con frecuencia muestras de una narrativa sorprendentemente sutil. Y, en esta novela, es posible encontrar un regusto de esa mítica con que los antiguos árabes asociaban a los países para ellos exóticos, caso de China o el Cáucaso. Una aventura fresca y muy curiosa, más que digna de la atención del lector.

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Como lo es igualmente Las Noches de las Mil y Una Noches, obra del premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz. Y sirva el comentario acerca de esta novela como el cierre más adecuado a esta pequeña lista de narraciones inspiradas en las Mil y Una Noches.

Porque Las Noche de las Mil y Una Noches no es sino la continuación y epílogo de estas; una fantasía que comienza exactamente donde la otra acaba, para narrarnos lo que ocurrió a partir de el momento en que, gracias a la astucia de Sherezade, el sultán Shahriyar reniega de su bárbara promesa de tomar cada noche una nueva esposa y sacrificarla al alba.

Sin embargo, Sherezade no ama al sultán y éste tampoco es demasiado feliz, sospechán#dolo y sabiendo que, en el fondo, sigue al acecho el Shahriyar cruel y sediento de sangre que fuera.

Y, con este punto de partida, una explosión de imaginación y buen hacer literario. Doscientas cincuenta páginas llenas de magia, enredos, amores, aventuras, escaramuzas eróticas. En la mejor tradición de Las Mil y Una Noches, unas historias se dan pie a otras, se continúan, se entrelazan, se resuelven definitivamente más allá del propio relato que le da cuerpo.

Nadie que guste del género debiera dejar de leer esta obra de Mahfuz, especialmente muchos devotos de la fantasía, que así quizás podrían comprobar que esta última no es sino parte de algo -la literatura fantástica- que es mucho más grande y rico, entre otras cosas gracias a sus aportaciones.

Y, de verdad, leyendo este tapiz fantástico en el que se entrecruzan sin cesar barberos, policías, sultanes, sabios, genios buenos y genios malos, es posible encontrar algo nuevo y algo viejo, a su vez tan imbricados entre sí que resultan inseparables. Es totalmente original y sin embargo, al tiempo, es un nuevo avatar de la obra que le dio pie. De forma que es posible que, al pasar la última página de este libro, le quede a uno un regusto extraño y, cediendo a la tentación de cerrar el bucle, acuda a su biblioteca en busca de una nueva lectura de Las Mil y Una Noches.

BIBLIOGRAFÍA:

Vathek. Alianza Editorial. Col El Libro de Bolsillo, nº 1650. Madrid 1993. Traducción de Javier Martín Lalanda. 384 págs. 975 pts.

Así va el Mundo. Ed. Valdemar. Col. Avatares, nº 22. Madrid 1996. Traducción de Mauro Armiño. 350 págs. 3000 pts.

Historia del Califa Hakem… Ed. Valdemar. Col. El Club Diógenes, nº 39. Madrid 1996. Traducción de Juan Luis Gonzalez y Joaquin Lledó.

Aventuras de Solomon Kane Ed. Anaya. Col. Ultima Thule. Madrid 1994. Traducción de Javier Martín Lalanda 2200 ptas.

El Señor de la Noche. Ed. Martínez Roca. Col. Fantasy nº 12. Barcelona 1986. Traducción de Albert Solé. 215 pags.

La Noche del Eclipse. Ed. SM. Col. Gran Angular nº 111. Madrid 1990. 252 pags.

Las Noches de las Mil y Una Noches. Ed. Plaza y Janes. Col. Ave Fenix nª 46. Barcelona 1996. Traducción de Maria Luisa Prieto. 252 pags. 2350 pts.

LOS AUTORES:

William Beckford. (1760-1848). Aristócrata inglés, poseedor de una considerable fortuna que acabó disipando. Excentrico, viajero y erudito, siempre sintió una poderosa atracción por todo el mundo de Las Mil y Una Noches, lo que se plasmaría en una serie de relatos de corte árabe entre los que se encuentra Vathek, su obra principal. Otras obras suyas son The Vision; Dreams, Wakings Thoughs and Incidents o Biographical Memoirs of Straordinary Painters.

Voltaire. (1694-1778). Escritor y filósofo francés. Defensor del progreso científico, sumamente combativo contra la religión. Polemista y satírico, partidario de la libertad de pensamiento y de la política encaminada al bien común. Entre sus obras cabe destacar el Diccionario Filosófico, las Cartas Filosóficas, los Cuentos Filosóficos, el Ensayo Sobre las Costumbres, tragedias como Zaïre y Merope o novelas satíricas como Cándido o Micromegas.

Gerard de Nerval (1808-1855). Autor francés, de vida irregular y con grandes altibajos. Sufrió prisión por sus ideas republicanas y malgastó su herencia familiar en la edición de revistas literarias. En 1841 sufre el primero de los ataques de locura que le conducirán finalmente al manicomio. Liberado por intermediación de la Sociedad de Hombre de Letras, se encuentra en la más absoluta de las miserias y aquejado de sus dolencias mentales, lo que le empuja finálmente al suicidio, ahorcándose en la calle de Vieille-Lanterne, en Paris, en 1855.

Robert E. Howard. (1906-1936). Autor estadounidense, nacido en Peaster, Texas. Conocido sobre todo por la serie de cuentos protagonizados por Conan, héroe bárbaro que desarrolla sus aventuras en una imaginaria Edad Hiboria, publicó sin embargo, desde muy joven, relatos de todas clases en gran número de revistas. Pasó todos sus años en Texas, la mayor parte de ellos en la localidad de Cross Plains, a pesar de lo cual mantuvo abundante correspon#dencia con escritores como H.P. Lovecraft o Clark Ashton Smith, de quienes tomó numerosos elementos literarios. Hombre de temperamento inestable, se quitó la vida al recibir la noticia de que su madre, a la que se sentía muy unida, agonizaba sin esperanza de remisión.

Tanith Lee (1947). Autora británica. Poseedora de los más prestigiosos premios de la fantasía anglosajona, comenzó escribiendo literatura juvenil para irse posteriormente decantando hacia la fantasía y el terror, terreno en el que ha desarrollado la inmensa mayoría de su producción literaria.

Joan Manuel Gisbert. Autor español, nacido en 1949 en Barcelona. Ha trabajado en Teatro y en el ramo editorial. Ganador de varios y prestigiosos premios como el Lazarillo de 1974, ha enfocado su producción literaria hacia la literatura juvenil en los campos de la ciencia ficción y la fantasía, siendo autor en este sentido de más de una treintena de títulos, entre los que se podría destacar El Misterio de la Isla Tokland, Leyendas de Planeta Thamyris o El Museo de los Sueños.

Naguib Mahfuz (1911). Escritor egipcio. Autor de más de sesenta novelas, considerado uno de los grandes de la literatura árabe, obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1988. Entre sus novelas, es posible encontrar en español El Espejismo, El Ladrón y los Perros, El Mendigo y Un Señor Muy Respetable (todos en Plaza y Janés), así como la novela histórica León el africano.

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