El caminante (Araku Hito 1992-2015)

Autor: Jiro Tanguchi

Edita: Ponent Mon, ¿Barcelona?, 2015

Todavía tengo en la memoria una tarde de domingo de verano de hace ya (por lo menos) 25 años. Caminaba por la Avenida Julio A. Roca de mi ciudad natal, Buenos Aires. Es una avenida que recorre buena parte del borde sur de la ciudad. Por una buena cantidad de cuadras tiene u bulevar mas o menos amplio que es básicamente una sucesión de plazas alargadas. Cuando era adolescente, por varios años las plazas de Roca eran el lugar donde ir a jugar a la pelota con los amigos del barrio. Pero esto es varios años luego, teniendo ya veintitantos años, durante una caminata sin rumbo que me llevó ahí un domingo a la tarde. Recuerdo el sol cayendo, el parque, el pasto, los árboles, la tranquilidad de todo (incluso con los autos pasando en ambos sentidos a metros de ahí). Uno de esos momentos en los que todo está bien, más allá de la cotidianeidad. Uno de esos momentos donde uno se da cuenta que estar vivo es estar ahí, en ese lugar respirando y viviendo en ese lugar. Sin pasado, sin futuro. Solo presente, en ese lugar, con ese paisaje de la ciudad.

Esa sensación es la que Jiro Taniguchi explora en las historietas de ese tomo.

El caminante del título es un hombre de mediana edad, que usa lentes (una de las historietas refleja de manera absolutamente genial lo que nos pasa cuando se nos quiebra un lente y cómo cambia nuestra percepción a los miopes cuando se nos quiebran los vidrios de los anteojos), que parece recién llegado a un barrio tranquilo de una ciudad que no es nombrada. Y lo que hace en todas las historias es caminar por ahí, ver lo que hay, cruzarse con gente. Historias minimalistas que están al nivel de cualquier cosa escrita por Raymond Carver. Sobre todo porque lo que sostiene esto es el sublime, increíble, fastuoso, detallista dibujo de Taniguchi. Que no se puede creer el nivel de detalle en personas y lugares. Todos son de un realismo fastuoso.

NO esperen una historieta donde pasen cosas. Justamente esto es todo lo contrario: aquí NO pasa nada. Pero nadie cuenta mejor estas anécdotas mínimas como Taniguchi.

Recomiendo muchísimo ese libro, una demostración de cómo se pueden contar cosas cotidianas de verdad sin caer en la parodia grotesca ni la exageración satírica. Algo muy pero muy difícil de hacer bien, se los aseguro.

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