Las cosas que perdimos en el fuego

Autor: Mariana Enriquez

Colección: Narrativas hispánicas 559

Edita: Anagrama, Barcelona, 2016

Uno es un lector bastante ducho en el género del fantástico y del terror. Ha leído mucho y eso trae como consecuencia que raramente un cuento (no digamos ya una sucesión de cuentos) me perturben, me dejen con esa sensación de malestar y de escalofrío que todo buen cuento del género debe conseguir.

Con este libro me pasó eso varias veces.

La prosa de Mariana Enriquez genera muy bien eso que uno espera del horror material (se nota que leyó muy bien a Lovecraft): esa descripción verista de lo cotidiano que, de repente, se topa de narices con algo completamente inexplicable que se le viene encima como un camión surgido de la nada y arrolla con las convicciones. Si encima acude a la vivencia de una generación (la mía) que se crió en la última dictadura militar argentina, que vivió su adolescencia descubriendo el pasado horroroso que pasaba mientras jugábamos de chicos y que crecio entre los desastres de la desigualdad y las crisis económicas que Argentina ha tenido desde entonces, las historias de este libro dejan simplemente sin aliento. Viví por años muy cerca del Riachuelo (uno de los ríos mas contaminados del mundo), cerca de villas miserias que pueblan el sur de la ciudad de Buenos Aires y escuché de abusos policiales como los que cuenta Mariana en “Aguas negras” (de hecho seguramente el disparador de la historia sea este caso ). El giro lovercraftiano de la historia hace que una realidad de por si perturbadora se convierta en aterradora. También me tocó caminar por el barrio de Constitución y ver cosas como las que describe en “El chico sucio” y, con eso, la escena final es demoledora y aterradora porque podes creer que pase algo así.

Pero todos los cuentos de este libro te dejan esa sensación de que todo se va a ir a la mierda de maneras impensadas. Que, de hecho, el horror es casi algo cotidiano y que lo inexplicable es absolutamente posible. Una suerte de versión pesadillesca del realismo mágico. Lo que es lógico: Mariana es de mi generación, esa que aprendió a resignar ideales por algo menos heroico… y que ni siquiera eso consiguió porque cada dos por tres se venía recesión, miseria y quilombo. Mariana Enriquez cuenta nuestras pesadillas cotidianas. Y le pone elementos fantásticos para explicarlas mejor. Como hacía Rod Serling, contando el lado B de la Yanquilandia triunfadora en la Twillight Zone.

Si Mariana Enriquez no queda dentro del panteón de los grandes escritores de la literatura fantástica hispanoamericana (joder, de la literatura a secas) es que el mundo es de una injusticia total…

Compren el libro. Bájenlo si les sale caro. Pídanlo prestado. Fotocópienlo. Pero, por favor: léanlo. Por libros como este hacemos este blog: para que no pasen desapercibidos. Matar un árbol por este libro vale la pena.

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