Carne y fantasy (A la criolla)

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El referente esencial para comprender el término fantasy en la literatura es Lin Carter (1930-1988), eterno desclasado de las letras norteamericanas por sus pastiches de las obras de H. P. Lovecraft, Robert E. Howard o Edgard R. Burroughs; sólo recientemente comienzan a apreciarse sus aportes literarios y, sobre todo, su imprescindible labor en el campo de la edición y el ensayo. Su notable erudición hizo posible la relectura de libros que habían quedado relegados al olvido. Convocado por la editorial Ballantine, a fines de los 60, Lin Carter se puso a la cabeza de la colección Ballantine Adult Fantasy series. Su catálogo es hoy tomado como canónico y los libros que surgieron en esa colección ya son clásicos del género. En esa misma colección, en el año 1973, Lin Carter editó un ensayo esencial: Imaginary Worlds donde se encargó de justificar el por qué de sus elecciones, a través de un análisis minucioso de las obras y la de los autores que había elegido. Carter señaló que la primera novela de fantasía moderna fue El bosque más allá del mundo (1894) del multifacético William Morris, situada en un mundo fantástico, de ambientación medieval, con una prosa repleta de arcaísmos y de giros propios de la novelística artúrica. Entrado el siglo veinte, el género comenzó a asentarse con la aparición de autores esenciales como J. R. R. Tolkien, C. S. Lewis, Lord Dunsany, Mervyn Peake, Fritz Leiber, Ursula K. Le Guin, Michael Moorcock o, más acá, R. A. Salvatore. El fantasy, a partir de entonces, no hizo más que crecer y expandirse, obras como la archifamosa saga de Juego de tronos de George Martin o la del brujo Geralt De Riva de Andrzej Sapkowski son sus epígonos más modernos.

Conrado N. Roxlo-Alberto Breccia-1954-editorial AbrilVale la pena hablar brevemente de los pocos autores que pueden señalarse como precursores del género en nuestro país. Guillermo Enrique Hudson, autor rioplatense de origen inglés, escribió una serie de cuentos con rasgos fantásticos, entre los que se cuenta el ya clásico Marta Riquelme (1903), inspirado en la leyenda jujeña del kakué y que constituye, por sí mismo, un cuento que podría figurar en cualquier antología de relatos de fantasía. A mediados de los años veinte, Enrique Richard Lavalle (lejano pariente del General unitario) tenía, entre otras manías, la debilidad por escribir novelas de caballerías. Pueden señalarse, aunque muchas se consideran perdidas, las novelas Alexo el conquistador, Amadis de las Indias, El corazón de Walcacinda. Entre sus novelas en preparación, figuraba una que se titulaba Uroboli el brujo (libro de caballerías). Lamentablemente, esta novela nunca conoció la imprenta, pero seguramente fue el primer intento genuino de escribir una novela con rasgos fantásticos y medievales que, años después, se agruparía dentro del fantasy. Roberto Payró, en su larga estancia en los Países Bajos, durante la Primera Guerra Mundial, escribió un hermoso libro de fantasía, donde agrupó leyendas autóctonas bajo el título de El diablo en Bélgica (1953). Un libro que recuerda al Thyl Ulenspiegel y en cuyos relatos abunda la brujería medieval, los gnomos y los ogros. En 1940, Draghi Lucero publicó su hoy clásico Mil y una noches argentinas que puede considerarse precursor en su estilo, ya que los cuentos folklóricos que escribe Lucero son tópicos en su estructura y respetan los lugares comunes del género. Lucero logró naturalizar la idea de gauchos que pelean contra demonios en el infierno o que deben defender la causa de algún rey criollo (por contradictorio que suene el sustantivo). A fines de los años 40, el inmenso Conrado Nalé Roxlo escribió la obra de teatro La cola de la sirena y publicó en editorial Abril el libro infantil La escuela de las hadas con ilustraciones de Alberto Breccia. Además de este libro, Roxlo escribió otra aventura de seres feéricos para los fascículos de El diario de mi amiga, con el hada Cornelia por protagonista. Borges, difusor incansable de las vertientes más desconocidas de la literatura, estableció, a principios de los 60, una extraña escuela de cultores de la literatura escandinava y germánico medieval, sobre todo entre sus alumnas. La gesta del Beowulf comenzó a ser conocida entre el público lector de habla hispana gracias a las traducciones o resúmenes de Borges y de sus discípulas. Tampoco podemos olvidar su Manual de zoología fantástica (1957), escrito junto a Margarita Guerrero, que puso en circulación toda una serie de bestias y bibliografía que hasta entonces no estaban en boca de nadie. A pesar de ser un libro abominable, hay que nombrar las          Aventuras de Chiqui Chiqui y Capachito: los enanitos de la gran familia del Lago Nahuel Huapi  (1965) de Graciela Albornoz, que fue un extrañísimo rejunte de mitos en clave novelada.Los héroes del hierro-Editorial América Unida, 1926

A fines de los 70, aparece Angélica Gorodischer con Kalpa Imperial, una obra imaginativa, pero esquiva a la fantasía pura, que se concentra más en la crónica y en los personajes mundanos que en los eventos fantásticos, sin embargo, la calidad de la prosa de Gorodischer y su ambientación, ubican a este conjunto de relatos como una de las mejores obras escritas en nuestra lengua. Se pueden sumar, además, algunas de las insólitas novelitas de la colección Chiquilibros que se escribieron a mediados de los ochenta. Y queda, por último, como un proyecto trunco, el principio de una novela llamada La ciudad Esmeralda del talentosísimo Charles Feiling. Novela de la que sólo alcanzó a escribir cuatro capítulos, antes de fallecer a sus escasos 36 años.

IMAGE0321El mundo de los escritores de fantasía en la Argentina puede dividirse entre los autopublicados y los pocos elegidos por las grandes editoriales. El caso más paradigmático fue el de Liliana Bodoc (el pasado 6 de febrero se cumplió un año de su muerte). En el año 2000, el Grupo Editorial Norma publicó el primer tomo de su hoy ya clásica obra titulada La saga de los confines. El gran golpe de efecto de Bodoc fue la ambientación autóctona de su fantasía. La saga tiene ganado su lugar como clásico literario por su calidad prosística, creatividad y complejidad argumental. No hay que olvidar, además, que la mismísima Ursula K. Le Guin consideró a Bodoc como un clásico del género y se encargó personalmente de la traducción al inglés de La saga de los confines.

Leo Batic.foto de Guille MoyaOtro autor que fue seleccionado por los grandes sellos fue el joven Julián Cáceres Narizzano que, con apenas veintidós años, publicó en el año 2012 su saga Dracomana para Ediciones B. Ese mismo año, y en la misma editorial, el polifacético Leo Batic publicó el primer tomo de su saga El último reino y su discípula literaria, María Inés Linares, también para la misma editorial, publicó la muy celebrada novela Hechicera de relojes que conoció una secuela en el 2013 con el título Hechicera de tesoros. Consultado por Perfil, Batic sostiene acerca del fantasy: “a mí me gusta el fantasy porque es una metáfora. Si yo voy a contar una historia con enanos y elfos, eso solo no me aporta mucho. O sea, hay mucho libro que lo toma como un elemento decorativo para contar una historia donde, en realidad, no pasa nada. Para mí tiene que pasar otra cosa, entonces a la historia le pongo el disfraz de lo que yo conozco, que es el fantasy, lo que yo amo”.

En el 2015, Victoria Bayona reeditó, bajo el sello editorial Del nuevo extremo, el primer tomo de su trilogía Los viajes de Marión (la primera edición fue del año 2011, impresa por el Grupo Editorial Norma y bajo el título Camino a Aletheia). Obra que constituyó otro hito editorial y que tuvo gran aceptación entre los lectores. Ese mismo año, Liliana Bodoc se alejó de la saga que la había hecho famosa para probar suerte en un fantasy más próximo en el género anglosajón. La saga se llamó Tiempo de dragones y su primer tomo La profecía imperfecta. En un principio, el proyecto era muy ambicioso, ya que nació con la idea de generar una película animada con el imaginario draconiano de la obra pictórica del artista Ciruelo. Pero el libro no tuvo la recepción esperada. A pesar de ello, en el 2017, se editó un segundo tomo: El elegido en su soledad, sin la participación de Ciruelo. Bodoc alcanzó a escribir el tercer tomo antes de fallecer, aunque  Random House no ha anunciado aún una fecha de impresión de esta ansiada conclusión. Otras autoras impresas por grandes sellos como Planeta, son Tiffany Calligaris con su trilogía de Lesath y su exitosa saga Witches;  Susana Lara con su saga En los umbrales del tiempo (2015)  y, por último, Magias ajenas (2017) de Márgara Averbach.

Tanto Bodoc como Batic se preocuparon por reescribir el fantasy desde el aspecto histórico, originario y folklórico de nuestras leyendas. Leo Batic sostiene que: “por ser el fantasy un formato que viene de Europa, la pregunta es qué podemos aportarle nosotros al género, quizás castillos no; pero sí dragones que ya había dragones antes de que vinieran los españoles, porque a los duendes, a las hadas, a los dragones y a las sirenas no los trajeron los españoles con sus barcos. Había acá, desde mucho antes, sólo que se conocían con otros nombres”. Fruto de esa idea fueron la serie de  libros que él mismo ilustró y que se llamaron Seres mitológicos argentinos (2003), impresos por editorial Albatros.

Vanesa O'Toole-María Fernanda Bertonatti-1

Entre los cultores más reconocidos en el fandom, y considerado además uno de sus mayores difusores y conocedores, está Claudio Díaz, autor del libro  Relatos de Tierra Incógnita (Ediciones Fusang, 2010), que plantea personajes en la línea de Conan, el bárbaro o Fafhrd y el Ratonero Gris. Díaz sostiene que en la Argentina “existen, al menos, mil lectores que compran en las ferias o en los eventos la obra escrita por autores argentinos” por eso sostiene que “no es descabellado hacer tiradas de hasta mil ejemplares”. Díaz abrió el camino a una ola de autores del género que decidieron recorrer solos el camino de la edición y aprender lo necesario sobre la marcha. 1004Todos los años surgen nuevos escritores, con obras autopublicadas, algunas de dudosa calidad, hay que admitirlo (en una entrevista a Bodoc, realizada por Patricio Zunini, sobre el estado actual de la literatura fantástica, dijo: “hay mucho de moda, de papel crepe, de escenografía de poca monta”); pero existen otras que podrían figurar en los catálogos de las grandes editoriales. Sus métodos de publicación varían, muchos eligen el papel, pero otros tienen legión de seguidores en formatos de lecturas alternativos como Wattpad, donde reciben puntajes de lecturas y donde hay un feedback inmediato con los lectores. La mayoría de estos autores sobrevivieron a las crisis que se suceden en este país, a fuerza de empeño y garra. Todos manejan con soltura diferentes métodos de autopromoción, ya sea en redes sociales, páginas webs o plataformas de reseñas como Goodreads o Youtube. Concurren además a cuanto evento y feria se realiza, allí se disfrazan de caballeros o princesas medievales, arman mesas vistosas e incluso montan escenarios de castillos y mazmorras (como suele hacerlo  el autor Cristian Arlia Ciommo), ganándose la fama a pulmón. Por momentos, estos escenarios tienen algo de farsa (muchos stands están plagados de banners inmensos que reclaman la atención hacia autores desconocidos como si tuviesen la talla de escritores consagrados internacionalmente). Hay algo lúdico en esto y mucho de vanidad herida. Batic sostiene: “como al fantasy lo han corrido de las editoriales grandes, la gente ha empezado a autoeditarse y entonces es ahí donde yo dije ok […] voy también a los otros eventos y apoyo a los chicos que están tratando de salir a la luz […], doy charlas, y defendemos el fantasy desde ese lugar” y concluye que gracias a los eventos: “sostenemos a ese público que tiene ganas de recibir lo que las editoriales no les da y que se está sosteniendo ahora con esta gente que hace autopublicaciones”.

Diego Furbatto es autor de una curiosa saga de libros titulada Letgrín de Eumeria que tiene como escenario el Medioevo, dentro de un mapa alternativo en el que Europa es trasladada a la América Patagónica. Furbatto sostiene acerca de la autogestión: “La autopublicación no es una decisión, sino la consecuencia de falta de opciones. No hago distribución, sino venta directa, en eventos medievales, ferias de libros, y eventos de fantasy. Bah, en cualquier lugar donde tenga oportunidad”. De la camada de autores autogestionados se destacan por su vivacidad, calidad literaria y supervivencia: Graciela Rapán, Matías D’Angelo, Nico Manzur, Sandra López, Lucas Simons, Vanesa O’Toole, Fernanda Bertonatti, Max Bravo, Carolina Panero, Leonor Ñañez, Gabriel Sosa, Rubén Risso, Paul Calvetti Costa, Natalia Alejandra, Daniela Suárez y Mariana Di Acqua, entre otros. De este colectivo de autores surgió, años atrás, el primer intento de nuclear a todos los escritores de fantasía independientes, ese intento se denominó ELFA. Leonor Ñañez dice acerca de esta experiencia: “trabajamos arduamente por difundir nuestras obras y la de todos aquellos autores independientes y autogestionados que, como nosotros, buscaban darse a conocer” y Furbatto agrega: “Tuvo su momento, teníamos muchas buenas intenciones”. Claudio Díaz dice que el grupo llegó a conjugar hasta cincuenta escritores, aunque no todos mantenían el mismo nivel de calidad y el grupo terminó por diluirse, por desinterés y rencillas internas.

Máximo Morales, editor del sello TirNanOg, sostiene que las cosas interesantes suceden en este mundillo de las editoriales independientes, donde se arriesga mucho más. Y agrega: “con la crisis la gente apuesta a lo seguro y hoy está difícil. Nosotros no apostamos por las sagas ni por el libro grueso. Porque el autor no es muy conocido y a la gente le cuesta apostar por un libro caro y grande”. En este submundo, despreciado por los grandes sellos, que tiene su propio fandom, existen también proyectos editoriales especializados, a la ya nombrada TirNanOg, se suma la editorial Thelema, creada por las escritoras Vanesa O’Toole y Fernanda Bertonatti (quienes escribieron en conjunto la saga Aquelarre que ya va por su segunda reedición). En palabras de O’ Toole: “Editorial Thelema surgió en el 2012, a partir de una necesidad […], decidí abrir mi propia editorial, capacitándome para hacer un trabajo profesional. Así fue como publiqué un primer libro “para practicar”, luego el primer volumen de la saga Aquelarre junto a María Fernanda Bertonatti, mi coautora y coeditora, y a partir de ese momento, el boca en boca nos trajo a otros autores independientes que confiaron en nuestro trabajo”.

Hoy, el panorama para el fantasy autóctono, no es tan alentador como años anteriores. Las grandes editoriales se mantienen alejadas del género, salvo sellos como Del Nuevo Extremo o V&R que, al parecer, tienen proyectado seguir apostando por la fantasía. Batic sostiene que esa renuencia puede deberse a: “…que de última, un problema que hemos tenido siempre los que logramos que nos publiquen en las editoriales es que competimos con (George) Martin en la vidriera, digo, tenés que competir con Martin en la vidriera […]. Yo creo que mientras las editoriales piensen que lo que se vende afuera es lo que se va a vender acá, tenemos un problema”.

A pesar de estar aún en pañales, el fantasy criollo ha demostrado ser fecundo en ideas y copioso en autores. Queda todavía mucho camino por recorrer, pero el portal al otro mundo ya está abierto, lo cual puede considerarse como un deseo cumplido a favor de la fantasía.

Mariano Buscaglia

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