Todo lo que quiso saber sobre Carnaval de Almas y nunca supo donde preguntar

(ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NUMERO 26 DE LA REVISTA LA COSA  DE BUENOS AIRES, FEBRERO DE 1998. TIENE RETOQUES MINIMOS DE SU EDICION ORIGINAL)

Todo comenzó con un centro recreativo abandonado al lado del Gran Lago Salado en Utah, Estados Unidos. Este lugar, llamado Saltair, sirvió en los años treinta como parque de diversiones y sala de baile para la gente de la cercana ciudad de Salt Lake City. El lugar era ideal para la gente que quería bañarse en las aguas del lago y pasar un rato entretenido. Para junio de 1961 sólo quedaba la construcción abandonada, un lugar verdaderamente fantasmagórico.

Resultó ser que pasaba por Ia ruta un señor llamado Herk Harvey. El tipo volvía a la ciudad donde trabajaba, Lawrence (Texas), después de filmar una película industrial en California. Porque de eso vivía: de hacer pelis sobre las maravillas del trabajo en una planta industrial determinada- proyecto pagado por esa empresa-o documentales educativos de esos que dan en las escuelas cuando la maestra no quiere dar clase. La cuestión fue que al pasar por el lugar le pareció que era un escenario perfecto para usar en una película de ficción, algo que nunca había hecho pero estaba interesado en hacer.

AI volver a su ciudad, Harvey le mostró las fotos que había tomado de Saltair a John Clifford, un guionista que trabajaba en la misma compañía productora de films que él. El resultado: en un par de semanas había un guion terminado. “Tenía la idea de una caceúa y de cuerpos saliendo del agua para perseguir a un Joven”, explicó en un reportaje Harvey. Eso, más el escenario extraño que tenían, más la presunción que un film de terror sería más fácil de comercializar en ese momento hicieron que Clifford y Harvey borronearan la estructura de uno de los films fantásticos  y más interesantes del cine.

Bienvenidos a Carnival of Souls…

COMO HACER UN FIIM BUENO, BONITO Y BARATO

Primer problema: ¿de dónde sacamos la guita?

Algunas ventajas había: por su laburo, Harvey y Clifford tenían a su disposición no sólo el equipo técnico que les prestaban “de onda” sus jefes, sino que el resto de la gente que necesitaban también estaba interesada. Claro, más divertido que hacer un documental sobre las ventajas tecnológicas de la tostadora eléctrica K-25 tenía que ser.

Pero algún dinero había que conseguir. Por lo menos se necesitaban diecisiete lucas verdes. Si, 17.000 dólares. Gracias a un amigo con contactos llamado Joe Taylor, se consiguió que empresarios locales pusieran el dinero necesario. Quinientos de Fulano, setecientos de Mengano… Y así de a poco se llegó a la suma necesaria.

Para el elenco, Harvey eligió en su mayoría a actores locales, muchos de los cuales trabajaban regularmente en sus films educativos. Sólo decidieron contratar una actriz profesional que viniera de Nueva York para darle el papel protagónico (habían decidido convertir en una mujer a la protagonista “porque hacia aparecer al personaje más vulnerable”). Así fue que hallaron a Candance Hilligoss, una actriz recién egresada del Actor’s Studio. Ella sería Mary Henry, la organista alejada de la Humanidad y perseguida por los espectros de la película.

A llegar a Lawrence, Hilligoss no dio una primera impresión muy buena a Harvey. “Ella no era lo que tenía en mente, Toda la noche estuve pensando cómo le diría que no la queríamos. A la mañana, después de tener la oportunidad de arreglar su pelo y ponerse maquillaje, ella luce como una mariposa saliendo de su capullo, Decidí usarla”.

Estaba todo listo para filmar. Casi todas las tomas se harían en exteriores, tanto en Lawrence como en Salt Lake City. Había tres semanas para filmar. No mucho tiempo. Por suerte la filmación se produjo sin incidentes. Y eso que hubo quilombos potenciales que pudieron aparecer en tomas riesgosas como la del auto cayendo al río. Había un tubo de gas que cruzaba el agua por debajo y, si el auto caía fuera del lugar marcado, podía pasar un desastre. Por suerte las cosas anduvieron bien.

En Saltair, muchas de las tomas se decidieron allí, mandando un poco a la basura lo dicho en el guión. La mejor secuencia -el fantasmagórico baile de los muertos en el pabellón- tuvo la ventaja de poder usar las viejas luces de las arañas que colgaban allí. Más allá de llamadas de vecinos a la policía que decían que ese lugar abandonado estaba intacto, las cosas funcionaron bien. El 19 de octubre del 61 ya estaba todo filmado. La edición del material se terminó en enero de 1962. El costo total había sido de treinta mil dólares. Ahora venía la pesadilla: la distribución…

DE COMO HACER QUE UNA PELICULA ANDE BIEN Y UNO NO VEA UN MANGO

La premiere del film en Lawrence, Texas, trajo una fría reacción. “Pienso que era un film duro de tragar en ese momento; todo no se autoexplicaba”. Recordemos que “terror” en esa época eran los films de la Hammer y Vincent Price haciéndose el loco en La Pavorosa Casa de Usher (The Fall of House of Usher, 1960), y demás películas del ciclo Poe dirigidas por Roger Corman. Tal vez “El Carnaval…” es un film más en la línea de las películas del productor Val Lewton en los cuarenta, al estilo La Marca de la Pantera (Cat People, 1942), con todo eso de no saber si todo es verdad o la protagonista ve cosas, con un acercamiento más sutil, más de terror blanco, no haya sido un error en términos comerciales. Pero eso había que verlo en el circuito comercial. Y el film necesitaba un distribuidor.

Aquí entra una distribuidora de films independientes que recién empezaba, la Herts-Lion Corp., que dirigía un productor llamado Kenneth Herts. Harvey se contactó con ellos por medio de un conocido y en poco tiempo había un contrato bastante bueno para distribuir el film en el circuito de los autocines, junto a The Devil’s Messenger (un engendro con Lon Chaney Jr.) en doble programa. Parecía que todo andaba sobre ruedas. La película recaudó bien pero… el dinero nunca llegó. Harvey se quejó. Le mandaron un cheque, que fue rebotado en el banco. “Entonces supe que teníamos problemas”, explicó.

AI poco tiempo la compañía quebraba y Kenneth Herts se las había tomado a Europa. Rajó como un pajarito.

El problema no terminaba ahí. La cinta original estaba en los laboratorios de donde se habían hecho las copias para mandar a los cines. Esas copias no se podían llevar por que había que poner el dinero (mucho) que se debía. Más fácil: el laboratorio se quedaba con las copias hasta que se les pagara la plata que se les debía. Además las copias tenían nueve minutos menos, una decisión tomada por la distribuidora antes de ser exhibida. Al final los derechos para televisión quedaron en manos de un vendedor de paquetes de films para la pantalla boba. ¿Resultado?: Camival… aparecería cada tanto en las trasnoches de la tele norteamericana, sin que los que la hicieron vieran un peso por eso.

Con razón Harvey no volvió a hacer otro film de ficción, volviendo a su trabajo de documentales…

SALIENDO DEL OLVIDO (o “Mira que buena peli dan a la noche. ¿Quién la habrá hecho?”)

Que la pasaran continuamente por televisión fue una ventaja para Carnival… Poco a poco fue captando espectadores que se quedaban asombrados con esa desconocida película de terror con tanto estilo y clima, con esa atmósfera de pesadilla, con esos muertos vivos similares aunque anteriores a los de La Noche de los Muertos Vivientes (Night of The Living Dead, 1968), de George Romero -otro clásico del terror hecho por dos mangos independientemente- . Con el tiempo el film empezó a tener un pequeño “status’ de “cult film”. En la prensa especializada yanqui comenzaron los artículos investigativos. Así fue que el director y cinéfilo Richard Haines convenció a Panorama Entertainnent para restaurar y relanzar el film dentro del circuito de “midnight movies” -a donde van a parar los films de culto generalmente en Yanquilandia-.

La restauración se hizo a partir del original que Harvey y Clifford habían recomprado tras muchos años. Ahora la película era de ellos y tenían un nuevo trato para lanzarla como correspondía. Así que en 1990, veintisiete años después de la “premiere” original, la versión completa y restaurada de Carnival of Souls se volvió a proyectar en Lawrence. Y esta vez el público la aplaudió a rabiar. Como se lo venía mereciendo. Que no siempre se puede ver una joya del cine de terror -una de esas que te hacen tener miedo y no sólo reírte del mostro de goma- muy seguido.

¿Y DE QUE VA LA COSA?

El argumento final es simple: una chica que trabaja de organista es la única sobreviviente de un accidente en el que un auto cae a un rio. Pero, desde que se salva, su vida no es la misma. Es perseguida por un extraño espectro con la cara blanca (interpretado por el propio director), tiene visiones de un extraño ballet con un montón de muertos, la gente ya no la escucha ni la ve. ¿Cuál es la razón? ¿Esta chica, estará realmente viva? ¿Eh?

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