Deedee (1969)

Autor: “Alison Lord” (seudónimo de Julie Ellis)

Colección: Jaguar n°66

Edita: Diana, México, 1970

Deedee tiene 18 años recién cumplidos, un departamento recién alquilado en la Sunset Strip de Los Angeles de finales de los años sesenta, un novio contracultural que no quiere ir a Vietnam y un gusto por los Doors. Pero tiene una segunda vida, como hija de una superestrella de Hollywood que sucesivamente la consiente y la ignora y que últimamente se ha enrollado en Las Vegas con un tipo que aparentemente es un mafioso… y que la mira como un lobo a una oveja tierna. Y que, en un punto la tienta…

Pero tranquilos, porque, la verdad, el triángulo madre/hija/amante que amenaza ocurrir (y que la contraportada vende prometiendo algo muy hot, como pueden leer)…

…se queda en nada y solo una escena final (que deriva en un momento criminal) amaga a ir por ahí. Pero a cambio de eso hay varias escenas de sexo (no descritas pero insinuadas) en la que actúa más que nada la madre antes que la chica protagonista. Parece que las superestrellas decadentes del cine tienen sexo más glamoroso que las jovencitas hippies.

Igual, lo más entretenido del libro para un lector hoy día es leer el vocabulario “joven” de esos años. Sobre tod teniendo en cuenta la traducción mexicana, que lo convierte (al menos para mis ojos) en un documento entre sociológico e hilarante. Ponte en onda, fresa, y salgamos de la covacha para chequear la escena. ¿Me explico?

Tras el seudónimo se escondía una primeriza Julie Ellis, quien años después sería una prolífica autora de paperbacks románticos e históricos. Y pese a hacer sus primeras armas como novelista es clara y coherente en su estilo. Una productora eficiente de basura softcore de la época. Dentro de ese subgénero, no es lo peor que a uno le puede tocar…

El retrato de Annabelle (Nethergate, 1973)

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Autor: Norah Lofts

Colección: Gótica

Edita: Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1978

Isabella llegó a Inglaterra huyendo de la Revolución Francesa, huérfana y con su riqueza nobiliaria perdida. Aceptada a regañadientes por una parienta inglesa lejana, su vida en la campiña británica se ve puesta de cabeza cuando el hijo oficial la deja embarazada, para luego embarcarse y morir de unas fiebres. Obligada a contraer un matrimonio de compromiso y de apuro, el nacimiento de su hija Annabelle va a convertirla en una fiera empeñada en que su hija pueda tener un buen pasar, pese a las muchas circunstancias que se le van a oponer.

Norah Lofts se hizo un lugar en las novelas históricas para mujeres (y por cierto, también escribió varias novelas detectivescas con seudónimo) con historias como estas. Una trama de bastante rigurosidad histórica (ambientada entre 1793 y 1815), donde las vicisitudes de Isabella y su esfuerzo para que su hija viva mejor que ella son contados con admirable detalle, con diferentes personajes haciendo avanzar la trama desde su perspectiva capítulo a capítulo. Y por cierto, cada voz es completamente diferente de la otra, llegando a ver diferentes eventos que para un personaje era algo positivo como algo despreciable para otra persona. En ese sentido es brillante.

Tal vez lo único que no me cerró fue el final, que es un deux ex machina como pocos, con un final feliz casi sacado de la galera. Lo lógico hubiera sido que todo hubiera sido en vano y los esfuerzos de Isabelle no le habrían traído la felicidad a su hija. Pero evidentemente Lofts no podía terminar sin un final feliz.

Pero fuera de ello, me pareció una novela muy bien escrita. Norah Lofts es una autora romántica que injustamente está en el olvido. Si usted es lector o lectora regular de esa clase de libros se lo/la recomiendo para buscar en los libros usados.

Y un último detalle: la tapa GRITA a los cuatro vientos que es un romance gótico tan de moda por la década de 1970, aunque apenas hay un momento levemente fantasmal (una casa perdida en el bosque que deprime a quien entra allí)  en todo el relato.

La Sociedad Juliette (The Juliette Society, 2013)

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Autora: Sasha Grey

Edita: Grijalbo, Barcelona, 2013

 

“Antes de que empieces a leer este libro, dejemos las cosas claras.

Quiero que hagas tres cosas por mí.

Uno

No te ofendas por nada de lo que leas a continuación.

Dos

Olvida tus inhibiciones.

Tres

(y muy importante). A partir de ahora, todo lo que voy a contarte debe quedar entre tú y yo.”

No, no es el Club de la Pelea. Es un gran comienzo para un libro. Ganchero, misterioso, que dan ganas de empezar.

El problema es lo que sigue.

Aclaremos que la literatura erótica anda con una fase de respetabilidad gracias a 50 Sombras de Grey. Libros que hace no tanto hubieran sido publicados en pequeñas tiradas y comprados por señores de mirada esquiva que esconderían el libro rápidamente en su maletín (y serían reseñados solo por idiotas de blogs dedicados a la literatura desechable), hoy salen por sellos multinacionales en ediciones de gran tirada que compran las señoras para leer en casa o los hombres para regalarle a la patrona. Eso sí, sin cambiar demasiado la estructura genérica, que implica que cada X cantidad de páginas hay que detener la acción porque hay dos, tres, cuatro o más personas teniendo sexo.

En ese sentido que aparezca La Sociedad Juliette es todo una demostración de la respetabilidad del porno hoy da. No solo por la historia en sí (ahí comentamos las vicisitudes más adelante) sino por el hecho (para nada ocultado sino de hecho resaltado) que su autora, Sasha Grey, ha sido una reconocida estrella del cine XXX de principios del siglo XXI y se ha convertido en una de las pocas actrices de este género en poder pasar al cine convencional (tenemos a Traci Lords, Nina Hartley, Marilyn Chambers, Gynger Lynn y no sé si alguna más). Este libro es un paso más que ha dado para poder salir del encasillamiento que produce haber pasado varios años cogiendo frente a las cámaras, cosa no tan fácil de lograr.

Pero vamos a la historia: Catherine (alter ego evidente de la autora) estudia cine, está casada con un guapo profesional que trabaja en una campaña política y está fascinada con su profesor de cine, con el que fantasea. Pero gracias a una compañera de clase descubre un universo paralelo donde el sexo no es monógamo, ni hetero, ni de a dos, y de hecho no siempre tiene que ver con la penetración. O sea, hace el típico camino de la inocente en la narrativa porno que termina probando de todo y le gusta. Eso sí, que su mino no se entere porque él no hace esas cosas, no no no.

La historia da un giro cuando termina entrando en La Sociedad Juliette, un club ultraprivado donde ricos y poderosos dan rienda suelta a todas las perversiones que su cargo no permite públicamente. Y ocurre una misteriosa desaparición que le hace pensar a Catherine que las cosas están entrando a un lugar mucho más oscuro. Y con un culpable que más o menos se ve venir.

La idea de mezclar sexo y poder, del misterioso grupo de poderosos que hace lo que quiere con los cuerpos de sus inferiores existe desde -por lo menos- el Marqués de Sade. El thriller erótico en lo que se va volviendo poco a poco la historia no es particularmente atrapante. Y los personajes no son tan interesantes y de hecho, son bastante clisados. Entonces tenemos un producto que, al menos en mi opinión no es mejor o peor que cualquier pornete escrito por Bonnie Norton en las novelitas de bolsillo porno de los ochentas.

Eso sí, la cita continua de Sasha al cine demuestra que, por lo menos, es una estudiante concienzuda del Séptimo Arte. Probablemente hubiera disfrutado más escribiendo algo sobre cine. Ojala lo haga porque su estilo es ágil, las descripciones de los momentos hot están bien y hay algunas descripciones y reflexiones inteligentes. Solo que la historia hace agua cuando uno la piensa un poco. O sea si lo quieren para calentarse un rato con las descripciones, bien, vale la pena. En ese sentido cumple igual de bien que los antiguos pornos. Sigue siendo lo mismo, solo que con un envase más aceptable.

El semental (The Stud, 1969)

el semental

Autora: Jackie Collins.

Edita: Argos/Vergara, Barcelona, 1978

Lo primero a decir sobre este libro es que, en mi opinión , tiene ua de las tapas mas horrendas que jamás haya visto, un dibujo que grita “kitsch setentero”. Dan ganas de No comprar el libro al verla. Algo que, en el caso de un “best seller” no es una buena idea.

Porque este es un “best seller” de tomo y lomo, de los que hacían furor entre las décadas de 1960 y 1980, con todos los ingredientes necesarios para que las amas de casa de esos años se calentaran mientras lo leían. En sus páginas hay jet set, discotecas, drogas, decadencia, chusmerío y mucho, pero mucho sexo. Y sin una valoración moral de éste: los personajes no terminan castigados por su promiscuidad, algo que hasta los primeros años de la década de 1960 era de rigor en cualquier novela popular que usara al sexo como elemento clave en el desarrollo de un relato. Tabú que justamente rompieron autores como Harold Robbins, Jacquelinne Susan y la autora de esta novela, Jackie “soy-la-hermana-de-Joan” Collins (que, por cierto, protagonizaría la versión cinematográfica).

El semental del título es Tony, gerente de una discoteca muy “chic” en pleno Londres del período “Swingin’ Sixties”. Tiene ese cargo por obra y gracia de su amante, Lady Fontaine Damon, una come hombres de clase alta que es la dueña del local (cuyos gastos abona su marido, el cornudo Lord Damon). Pero Tony quiere algo más y se siente oprimido por la caprichosa Fontaine. Cuando conoce a Alexandra, la hijastra recién salida de un internado en Suiza, absolutamente inocente, se siente flechado. De ahí en más comienza un engañoso triángulo amoroso.

Y es engañoso porque todos los protagonistas se malinterpretan constantemente. El gran mérito del relato de Collins es mostrar como un mismo acontecimiento puede ser interpretado de formas diametralmente opuestas por cada uno de los involucrados a partir de sus expectativas. Las relaciones como un gran teléfono descompuesto que lleva a conclusiones totalmente equivocadas. Tanto Tony como Fontaine tienen egos tan enormes que o pueden creer que sus deseos no se reproduzcan en realidad. Más allá del show de aventuras sexuales o del descontrol digno de la hedonista sociedad angloamericana de los años setentas, lo verdaderamente interesante de la novela es que os dice que los seres humanos solo entendemos lo que queremos entender. Y que o aprendemos de nuestros errores precisamente porque no lo vemos como errores en un inicio.

No voy a decir que Jackie Collins es la Dostoievski de finales del siglo XX. Pero sì quiero resaltar que, al menos aquí, hay una mirada psicológica mucho más sutil y compleja de lo que uno podría creer a priori cuando le hablan de un “best seller” de este tipo.