¿Un Doctor Jekyll real?

El extraño caso de Robert Le Druc…o de Robert Ledruc. En la red se encuentran las dos versiones del nombre. Como para que todo sea, como corresponde, doble.

En este año se cumple un aniversario mas de la puesta en escena de la historia del dr Jekyll y Mr. Hyde (debido al enorme exito de su novela). Ese mismo año coincidió con los crimenes de Jack el Destripador y la trama quedo relacionada en la fantasia de muchos. Tal vez Jack fuera realmente un caballero correcto con una personalidad perversa insospechada.

Ese mismo año de 1888 ocurrio un crimen perfectamente real, con un asesino que no podia controlar su conducta.

El asesino es siempre la persona de la que menos se sospecha. En algunas historias policiales hasta resulta ser el mismo detective que supuestamente investiga el crimen. Agatha Cristhie escribio una novela con este final (no creo estar haciendo spoiler porque su produccion es enorme, al lector que le interese le queda el placer de buscarla releyendo sus muchos volumenes) pero en  ella el asesino simplemente finge.

Lo terrible surge cuando posee otra personalidad que no puede controlar. No hay duda de que resulta siempre un viraje impactante ,uno de los mas sorprendentes. Ni hablar si el hecho ocurre en la realidad, en medio de un crimen que tiene a todo el pais en vilo y dando lugar al mas celebre y extraño juicio en la historia de un pais (Francia en este caso) y al parecer a una extraña sentencia. En el caso del inspector Le Druc (o Ledruc) asesino y detective convivian en un solo ser,exactamente como en la novela de Robert Louis Stevenson.

Esta historia se ha contado muchas veces y para que no le falte dualidad,a veces como novela o cuento ,como en las paginas que adjunto de la revista Selecciones numero de Diciembre de 1944. (pag 75) y otras veces como hecho real, como en el blog  “La brujula verde”  que ademas cita varias fuentes sobre el tema. Las dos versiones coinciden practicamente en todo salvo en el final. Otras varian en algunos detalles pero los hechos principales son siempre coincidentes:

En el año 1888 se produce un desconcertante asesinato en la playa de St Adresse, Francia. Sobre la arena se encuentra el cadaver de un comerciante llamado Andre Monet, quien acababa de llegar con su esposa en busca de descanso y mejorar su precaria salud. Habia salido del hotel para nadar un rato pero al dia siguiente su cadaver aparecia en la playa. No le habian robado. No tenia enemigos alli pues nadie lo conocia. Su esposa dormia en el hotel mientras ocurria el asesinato. No existia entonces ningun sospechoso.

La Surete de Paris,envia a su investigador estrella Robert Le Druc. Conocido como “El idolo de los niños de Francia”, Le Druc era celebre por sus brillantes investigaciones. Hombre de solido prestigio y honestidad intachable, se decia que con solo mirar una huella ya podia hacer el retrato completo de un hombre. Su talento se habia visto coronado varias veces con exitos resonantes que le estaban haciendo un lugar en la historia policiaca. Según los datos, tenia unos treinta y cinco años cuando se lo llama para resolver este caso que tiene a todo el mundo sorprendio.

Le Druc venia con el entusiasmo de siempre, aunque tambien muy estressado debido al exceso de trabajo de los ultimos tiempos, algo que puede explicar en parte lo que ocurrio despues. Veamoslo segun el relato de Selecciones:

“Al llegar a St Adresse, se hallo perplejo y confuso. La cartera del asesinado, con varios cientos de francos, estaba alli con la ropa. A la victima no se le conocian enemigos. No tenia mas herederos que su esposa. La señora de Monet habia estado aguardando a su esposo en el vestibulo del hotel hasta la madrugada. El medico forense dictamino que el crimen se habia perpetrado a las dos de la mañana. Asi pues,quedaba libre de toda sospecha.”

Viendo lo infructuoso de los esfuerzos por descubrir al criminial, Ledruc torno a sus procedimientos acostumbrados: cercó con cuerdas, en un radio de quince metros, el lugar donde estaba el cadaver y comenzo a buscar indicios. Llegó la noche. A la luz de la linterna, Ledruc descubrio lo que estaba buscando: huellas de pisadas .

Las contemplo largo rato, atonito, anonadado, mientras se formaban los moldes de yeso de las pisadas que rodeaban al cadaver.

Aquella noche la paso caminando por las calles de St Adresse: por la mañana se presento en la comisaria.

– Señores -dijo con voz apagada- he dado con la clave del crimen. Aqui tienen ustedes el molde en yeso de una huella que dejo el criminal cuando se acercaba a la victima. Vean este detalle extraño: en el pie izquierdo falta la primera coyuntura del dedo gordo. ¿Lo ven? Esta fuera de toda duda que esta es la marca de la pisada del hombre que dio muerte a Andre Monet.

Ledruc se arrodillo y se quito el zapato del pie izquierdo.

– Señores -dijo- YO soy el criminal.

Le Druc habia perdido en su niñez la coyuntura del dedo gordo del pie izquierdo,El molde de yeso de la huella correspondia exactamente con su propio pie.

En la version de La brujula verde se cuenta lo mismo pero se agrega que ademas mostro su pistola de fabricacion alemana, donde quedaban aun cuatro balas y una sola habia sido disparada recientemente. La que faltaba era la que habia dado muerte al comerciante y estaba aun en su cuerpo.

Entre las balas y las huellas coincidentes, no habia mas que agregar. Aquellas pesadillas en que se veia a si mismo cometiendo crimenes, se habian vuelto espantosa, increible realidad.

Segun La brujula, se realizó una prueba haciendo que el hombre durmiera en la comisaria, custodiado por guardas y teniendo a su lado un revolver con balas de fogueo. Efectivamente en un momento dado se levantó y disparó al pecho de sus guardianes… que hubieran caido muertos de no ser por las balas de fogueo puestas en el arma.

Podemos imaginar el estupor del publico, ya pendiente del extraño crimen sin solucion posible ante tan espectacular viraje y viniendo de alguien a quien se consideraba un genio de la investigacion policial, una persona intachable y admirada. Le Druc era el policía que se arrestó a si mismo. Pero ¿se castigaria a si mismo?

El juicio fue verdaderamente muy sonado. Ante la audiencia, su abogado logro hacer una de las defensas mas notables de la historia de Francia, argumentando que el acusado era totalmente inconsciente de lo que hacia. Era basicamente un hombre honesto que no podia luchar contra los instintos violentos que lo acosaban durante la noche, en estado de somanbulismo. Demostró, con ayuda de autoridades medicas de importancia, que el acusado era solamente peligroso durante las noches. Solo al dormirse aparecian sus deseos de matar. Durante en dia era tan cuerdo como cualquier persona normal. Igual que el doctor Jekyll, aunque sin utilizar ninguna extraña droga ,este hombre no podia controlar la personalidad peligrosa que llevaba dentro de si mismo. Escrupulosamente honesto, comprendió que era un peligro para los demas y decidio entregarse, aunque le hubiera sido facil ocultar tan increible verdad y sabiendo que podia ser condenado a la pena de muerte.

El abogado logro que el publico comprendiera esta extrañisima condicion y presento su celebre y dramatica pregunta:

“Siendo Robert Ledruc peligroso solamente mientras esta dormido ¿creen ustedes justo que muera el hombre despierto?”.

El mismo dilema aparece siempre que existe una doble personalidad, aunque no sea la causa el somanbulismo. ¿Como ejecutar al hombre entero cuando solo una parte es la culpable?

En 1902 Marcel Schwob, que admiraba profundamente a Robert Stevenson y a su novela, publica Corazon Doble ,donde reelabora la historia, esta vez con un asesino de mujeres que aparece perfectamente inofensivo hasta que en medio del juicio logran hacer reflotar su personalidad oculta y el interrogante se da una vez mas:

“En cuanto se sento se produjo la reaccion. Sus mejillas empalidecieron, la cabeza cayo atras, los parpados se cerraron… y el cuerpo se desplomo inerte”

“Y el juez, de pie a su vez ante el hombre se planteo un terrible dilema : De los dos personajes a medias que tuviera ante si, uno solo era culpable y el otro no. ¡Este hombre era doble! y tenia dos conciencias: pero de ambos seres reunidos en uno solo ¿cual era el verdadero? Uno de los dos habia asesinado pero ¿era ese el ser primordial?  En el hombre doble que se habia revelado ¿Donde estaba el hombre?”

(Corazon Doble, Marcel Schowb, Centro Editor de America Latina, Bs, As  1980)

En la realidad el dilema es absolutamente mortal. Podria acabar en la guillotina con los dos seres opuestos.

Segun la version de Selecciones, Le Druc fue condenado a cadena perpetua. Sin embargo, la sentencia quedaba en suspenso desde que comenzaba el dia hasta la caida de la tarde. Desde el amanecer hasta la hora del crepusculo estaba en libertad de ir y venir y obrar a su antojo. Por la noche tenia que comparecer en la carcel, donde se lo encerraba hasta la mañana siguiente.

Durante cincuenta y un años Robert Ledruc cumplio esta extraña sentencia. Por fin se vio indultado. Una noche de 1939, poco antes del derrumbe de Francia, la muerte le abrio definitivamente la puerta de su prision.

Esta es la version de Selecciones, un modo casi salomonico de administrar justicia, un sistema bastante original, hasta poetico podriamos decir. Por algo llaman a la historia “Prisionero de la noche”, pero da una impresion demasiado literaria, para creerla real.

El articulo de La brujula verde informa que simplemente se lo recluyo en una granja especial para pacientes siquiatricos. Algo mas prosaico y triste pero sin duda mucho mas probable. Ambas versiones coinciden en que este extraño personaje fallece en el año 1939.

Es toda una tentacion imaginar que muy bien pudo ser la inspiracion de Robert Stevenson, aunque es muy conocido que el decia haberse inspirado en una pesadilla (incluso Borges se habia fascinado con esta idea). Pero se sabe que a Stevenson le atraian mucho los casos de dualidad. Escribio sobre algunos mucho antes de que comenzara su historia sobre Jekyll y Hyde.

“De niño,Stevenson estaba fascinado con la historia de Brodie:un respetable carpintero durante el dia y un ladron durante la noche. Tenia una vitrina hecha por Brodie en su habitacion e incluso escribio una obra que lo tenia como protagonista. Durante toda su vida Stevenson se sintio fascinado por la “dualidad”. Es el  tema de varios de sus libros predilectos y tambien esta presente en muchas de sus obras.”

(Comentario a “EL doctor Jeckill y Mr Hyde”  ed. El Ateneo, 2001)

Como dijimos al principio, en este mes de junio se cumple otro aniversario de la puesta en escena de El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr Hyde, que coincide con el año de este curiosisimo crimen. Y para que no falte ninguna forma de ambiguedad, la historia es narrada a veces como una ficcion.

 

Anuncios

La vuelta de Oscar Wilde (1947)

Autor: Lisardo Alonso

Colección: Rastros nro. 62

Edita: Acme, Buenos Aires

Un participante de un círculo espiritista aparece muerto en la calle, aparentemente víctima de un robo. Sin embargo, rápidamente se empieza a sospechar de un asesinato cometido por alguien del miso círculo espiritista del muerto. El problema es decidir quién y por qué ¿Es algún creyente fanático que creía que el asesinado estaba tratando de desprestigiar sus creencias? ¿Algún médium que teme que sea públicamente desenmascarado como un farsante? ¿O hay algún motivo más prosaico en tras el asesinato, algo que involucra el pasado de asesino y víctima de manera irresistible? Es con el trabajo de la fiscalía, de abogados implicados y de la policía que el caso el caso se resuelve satisfactoriamente.

Lamento decirle a quien pudiera esperar, viendo la tapa, que hay ribetes fantásticos en la novela, que esto no es así. La tapa tiene que ver con las visiones de una participante del grupo, que es considerada por demás miembros (y no solo por los pesquisantes) como una persona desequilibrada. Si bien el ámbito espiritista está bien investigado (de hecho es uno de los puntos fuertes de la historia), claramente para el autor poco hay de místico y sí mucho de fraude en ese mundillo. Dificilmente se pueda considerar a la novela (como hace le colega Carlos Abraham en su indispensable libro sobre editorial Acme) como “policial-fantástico”, a menos que consideremos que pertenece a ese subgénero que bordea al fantástico como es la “weird menace” (donde sucesos aparentemente sobrenaturales son explicados por acciones criminales perfectamente explicables, como pasa –para poner el ejemplo más conocido – con todos los casos de Scooby Doo). Aunque incluso ahí, es una clasificación laxa, porque nunca hay una intención de hacer pasar el asesinato como producto de una criatura sobrenatural: es más el ambiente en que se desarrolla la historia lo que lo acerca a lo fantástico y/ misterioso. En ningún momento se duda que el asesino es otro que una persona.

Eso no quiere decir que sea una mala novela de deducción policial. El escribano Lisardo Alonso hace un desarrollo bien cuidado de los acontecimientos, con un trabajo coral sobre la investigación policial y un claro conocimiento del sistema judicial argentino de esos años (donde tira ciertas pullas irónicas sobre este al pasar que se agradecen). La prosa es ágil y uno pasa las páginas con ganas. Incluso las explicaciones sobre el funcionamiento espiritista agregan información para resolver la historia y separar a los sospechosos. Tal vez lo que falla es la deducción de culpabilidad final: el elemento que explica todo aparece a último momento, sin estar a disposición del lector para deducir la historia por su cuenta. En ese sentido no es una novela-problema clásica. Pero más allá de ello, es una novela policial entretenida, un clásico menor de la narrativa policial argentina que bien merecería una reedición.

Sobra un cadáver (Sentence Deferred, 1939)

Autor: August Derleth

Colección: Biblioteca Oro N° 334

Edita. Molino Argneitna, Buenos Aires, 1949

El banco del pueblo de Sac Prairie quiebra y deja en bancarrota a buena parte del pueblo. Dos personas ven rojo y van a matar al dueño del banco. Y hay un incendio de la casa, que nos deja ocn un cadáver chamuscado, dos posibles culpables del asesinato que no se hacen cargo de haber quemado la casa, aunque si de querer matar al tipo. Y un tranquilo abogado de provincias, el juez Peck, que está listo para descubrir quién es el asesino… y de quién.

Cuando los aficionados piensan en August Derleth, lo hacen generalmente pensando en su papel de albacea literario y continuador de la obra de H.P. Lovercraft y divulgador de los Mitos de Cthulhu. A lo mejor, en menor medida, lo relacionan con Solar Pons, el evidente pastiche de Sherlock Holmes que creó. Pero Derleth era un escirtor prolífico que hizo mucho mas durante su carrera. Su carrera como escritor regionalista (del estado norteamericano de Wisconsin) le ha valido reconocimiento en la zona. La mítica ciudad de Sac Prairie funciono de fondo para muchos de sus relatos… incluso algunos de corte policial como este, protagonizado por otro de sus personajes, el Juez Peck.

Curioso para ver qué tal era Derleth sin el bagaje comparativo de la obra de Lovercraft o Conan Doyle, le entré a esta novela. Y me encontré con un misterio policial clásico muy sólido y bien llevado, con todas las pistas expuestas en las páginas para que el lector pueda intentar descubrir al culpable antes que el autor. Digamos en favor de Derleth que poco antes del final el lector recién puede hacerse una idea de quién es realmente el culpable. Muy entretenido, muy bien escrito. Claramente Derleth merece ser recordado más que por sus pastiches cthulianos.

Cuatro para la morgue (The fatal foursome/About face, 1947)

Autor: Frank Kane

Colección: Nueva linterna n° 24

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1959

Johnny Liddell, investigador privado trabajando para una agencia de detectives, está en Los Angeles. Su objetivo: encontrar sin que la prensa se entere a una joven estrella de Hollywood desaparecida. Pero, antes que lo encuentre, el tipo aparece muerto en un accidente de auto, que lo deja convertido en un cadáver quemado hasta la irreconocibilidad. Todo eso implicaría el fin del caso… hasta que tres muertes de implicados con el actor ponen las cosas mucho más complejas de lo que parecen y nos llevan a un giro bastante inesperado, donde las cosas que uno esperaba que fuera no lo son.

Esta es la primera novela de las muchas que protagonizara con los años Liddell, el personaje con el que más se identifica en los círculos de conocidos a Frank Kane. Liddel está cortado en el molde clásico del detective de serie negra: es como un Phillip Marlowe de la B. No es que sea un mal personaje, simplemente que no tiene muchas más diferencias con esos detectives. Y la novela es una obra sólida y bien entretenida, con una periodista femenina que nunca es tratada condescendientemente ni es rebajada a interés amoroso, sino que es un personaje con peso en si misma y un forense relajado y con cierto sentido del humor negro.

La trama es sólida, con varias vueltas bien llevadas y un final que va hacia un final medio inesperado de manera bien llevada. Un buen ejemplo de narrativa de género sin pretensiones pero bien hecha. O sea otra buena hamburguesa literaria, de esas que hacen que tenga un buen rato leyéndola, sin sufrirla.

Buscaremos más novelas de Kane. Parece un autor a repasar.

Pánico a flor de piel (Panique a fleur de peau, 1960)

Autor: André Lay

Colección: Débora nro. 56

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1961

Hillen ha sido contratado por el magnate cinematográfico Herbert Creston para que vigile a su esposa Helena. Ella ha sido diagnosticada con trastornos de personalidad y Herbert quiere que un psicólogo como Hillen la vigile discretamente, haciéndose pasar por su valet. Pero la cosa no es tan simple: Helena es una mina astuta, jodida y muy hermosa. Así que en menos de lo que decimos “femme fatale”, Hillen está metido en una lucha de poder entre marido y mujer (porque Herbert también tiene planes). Una lucha que termina en crimen y en que el psicólogo tiene todos los números de ser el jamón del sándwich… Un jamón que puede terminar freído eléctricamente…

Este es uno de las innumerables novelas policiales de André Lay, uno de los prolíficos autores franceses que publicaron en la serie francesa Fleuve Noir, una de las colecciones más señeras de la literatura popular policial francesa de la posguerra y claramente una de las principales fuentes de novelas de la editorial Malinca (junto con las novelas publicadas en Inglaterra en la inmediata posguerra). Y es una novela típica, bien llevada, con dos personajes muy divertidos como son el comisario Debaker y su ayudante Robin, ambos dotados de cierto sarcasmo brillante en sus frases. Sin ser un clásico, es un policial sólido con ciertas dosis de suspense y escrito agradablemente. En fin, un pasa páginas bastante digno.

Los muertos no hablan (Stiffs don´t squeal, 1953)

Autor: “Ricky Drayton” (seudónimo de Michael Gorell Barnes)

Colección Débora n° 46

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1960

A Ricky Drayton, periodista de policiales del New Orleans Messenger, lo llaman para que vaya a una habitación de hotel donde conseguirá una noticia bomba. Cuando llega al hotelucho, hay una noticia peor no la esperada: la persona que lo había citado se ha suicidado tirándose desde la ventana. ¿O no fue suicidio? Al ponerse a investigar Drayton encuentra una trama que involucra a las chicas de un club de “strip-tease “, un club de moda con secreto lugar de apuestas, gente influyente e intentos de extorsión. Que resolverá Drayton usando astucia, redaños, puños y pegando unos cuantos tiros (cosa medio raro en un periodista pero bueh…)

Esta es otra de las novelas que se publicaron en la Inglaterra post Segunda Guerra copiando el modelo de las novelas americanas de esos años, muy herederas del exceso de violencia salpicado con sexo de Mickey Spillane y sucesores. Y que la editorial Malinca tradujo de manera frecuente en Argentina. Dentro de ese contexto escribe una historia pasable, pero nada especial.

El autor es más conocido por su trabajo posterior como guionista y productor cinematográfico en su país natal. Otro obrero del plumín escribiendo novelas para ganarse el puchero. Solo para lectores aficionados al género o para aquellos que les gustan las tapas de la editorial y quieren ser completistas.

Ladrones de cadáveres (Me and my ghoul, 1953)

Autor “Michael Storme” (seudónimo de George H. Dawson)

Colección: Pandora nro. 47

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1959

El comienzo promete: el detective Nick Cranley despierta dentro de la tumba abierta de un cementerio, sin tener claro cómo llegó ahí. Una gran imagen para enganchar con unan ovela.

Lamentablemente lo que sigue no es para nada igual de bueno.

Cranley está en esa ficticia ciudad americana buscando la pista de una banda criminal y se topa con un caso de ladrones de cadáveres. Que de alguna manera se terminan cruzando. Y de alguna manera hay una intriga de tipos turbios con pasado oscuro. Y de alguna manera siempre hay señoritas dispuestas a dejarse seducir por Cranley, al que no le importa para nada ser un hombre felizmente casado, aparentemente. Y de alguna manera, Cranley es aporreado reiteradamente en el cráneo, colgado de unas cadenas en un sótano y hasta arrojado por un acantilado en un automóvil en llamas y, sin embargo, sigue como si nada. Esto último es casi cómico: Cranley está a un paso de ser un cartoon de la Warner Bros de la manera que le aplican violencia y sale sin que le pase nada. Uno está esperando que de la nada le caiga un yunque en la cabeza. Y de alguna manera hay páginas escritas con acontecimientos que se suceden. Decirle argumento sería abusar un poco de la palabra.

No asombra que esta sea una de las muchas novelas seudoamericanas de novela negra (bajas en argumento, altas en sexo y violencia) que en la inmediata posguerra hicieron furor en Inglaterra. De hecho este autor fue bastante prolífico en ellas. Igual, si pensamos que sus novelas si son coleccionadas es porque las tapas originales eran hechas por Reginald Heade 8uno del os ilustradores más buscados de tapas de novelas británicos) nos queda claro que no era un gran escritor que digamos.

Pero aparentemente la editorial argentina Malinca tuvo algún tipo de convenio con las editoriales británicas y publicó muchas de ellas en español. Novelas que parecen ser en gran medida como esta: completamente olvidables y solo recuperadas por blogs de arqueología pop como este. De hecho hay tan poco sobre esta editorial, que sospecho que por un rato me pienso dedicar a reseñar los que estén a mi alcance. Así que ahí vamos, a leerlos para ver si les ahorro el esfuerzo…

No Hero (1935)

marquand-moto

Tambien conocido como: Your Turn, Mr. Moto

Autor: John P. Marquand

Serie: Mr. Moto n°1

Edita: Edición electrónica

Kenneth “Casey” Lee es un antigua gloria de la aviación que ahora anda por el Extremo Oriente de la década de 1930 con empleos ocasionales y una adicción meido poderosa al alcohol. Cuando le caerá una oportunidad: trabajar en un encargo aparentemente inocente para un pequeño japonés, educado hasta la exageración y puntillosamente vestido llamado Moto. El problema es que Moto además resulta ser un muy eficiente agente secreto de Japón y Casey se encuentra metido en un complicadísimo y peligroso juego de espionaje en China, junto a una encantadora rusa blanca que también está metida en el juego del espionaje…

La primer novela del señor Moto da el molde para todas las que seguirían en los años subsiguientes: Un americano o extranjero inocente se encuentra con el cortés Moto, que termina siendo un maestro en el Gran Juego del espionaje internacional, siendo un eficaz servidor del servicio secreto Imperial japonés. Y ocultando, tras su máscara de cortesía, una capacidad para ser completamente despiadado si lo requiere, aunque no mata por que si. La novela en si todavía se lee con placer, sin envejecer en su estilo.

El señor Moto ya fue reseñado alguna vez en el antiguo blog y, si es posible, continuaremos reseñándolo cuando consigamos mas de sus novelas. Eso seguro. Es un personaje muy bien escrito y con suficiente incorrección política para continuar su lectura.

¿Quién mató al Doctor Sexo? (Who killed Doctor Sex?, 1964)

quine-mato-al-dr-sexo

Autor: Carter Brown

Colección: Caiman n°362

Edita: Diana, México df, 1965

Hora de nuestra hamburguesa literaria favorita, Carter Brown. Uno sabe que un libro escapista de este tipo no puede ser malo cuando se lee de un tirón en una tarde de playa…

El más famoso psicoanalista de Hollywood acaba de morir en un accidente de caza. Hasta ahí todo bien, excepto que varias estrellas empiezan a recibir cintas de sesiones con el fallecido profesional, donde cuentan detalles reveladores de su vida sexual, que puede hacer que sus carreras se vayan al demonio. Y aquí entra Rick Holman, detective de las estrellas, tratando de descubrir quién es el responsable de los chantajes.

Y a partir de ahí se viene un misterio entretenidísimo, con sospechosos a granel, giros inesperados y una vuelta que no se ve venir al final. Y por supuesto, con todos los elementos típicos de un misterio de Carter Brown: detectives de frases ácidas y cínicas, mujeres sexys listas a desvestirse en tres segundos, matones duros (aunque nunca tan duros como Holman) y una cierta dosis de violencia. Es lectura pasatista pero de la buena, de la que uno hace que pase las páginas sin problema, pegado a la lectura y se asombre de haberla terminado tan pronto.

Como siempre Brown no defrauda si uno sabe a qué atenerse con él.

La ventana siniestra (The high window, 1942)

la ventana siniestra

Autor: Raymond Chandler

Colección: Club del misterio n° 58

Edita: Bruguera, Barcelona, 1982

A Philip Marlowe lo contratan para encontrar una antigua moneda robada de una colección fmailiar aparentemente por la ex nuera de la dueña de casa, una matrona de armas tomar. Y por supuesto aparecen cadáveres, porque no hay novela de Marlowe sin cadáveres entremezclados en la intriga. Y una trama enrevesada de chantajes y gente con oscuros secretos, a los que el detective enfrenta con su actitud de caballero blanco disfrazado de cínico.

O sea como toda novela de Chandler, digamos.

Lo asombroso de Chandler es de su carencia de plot sólido. Leer una novela de Marlowe es un ejercicio de costumbrismo existencialista disfrazado de novela criminal. Frente al tradicional interés en un argumento poderosamente trazado donde todo lleva a su lógico final aquí poco tiene que ver el misterio inicial con la revelación final sobre la muerte del esposo de quien contrató al detective. Chandler parece más preocupado por ver contar y desnudar a sus personajes y a generar ese clima de decadencia moral que le sale tan bien. En manos de otro autor esta novela sería un desastre. En manos de Chandler, el ejercicio funciona bien, aunque no se si realmente me entusiasma tanto como en algún momento me interesó. Honestamente, la sensación es que Chandler puede ser importante en su momento pero hoy por hoy su estilo de novela policial ha envejecido peor que, por ejemplo, las historias de Hammett, Fredric Brown o incluso las de Erle Stanley Gardner. A lo mejor el abuso de clones de Marlowe en el género ha contribuido.

En fin, decepcionante la novela. Uno espera más de un clásico.