Biblioteca AMMyT presenta Dimension 5 volumen 2

Fueron meses complejos por estos lados, pero al fin volvemos con un nuevo volumen de la Biblioteca Arboles Muertos. Y retomamos Dimension 5, la recopilacion de articulos del hisotirador pop chileno Gonzalo Oyanedel. Esta vez nos centramos en material para leer, tanto comics como libros, con Gonzalo cubriendo material de toda indole. Como siempre puede descargarlo en el link que esta abajo de esta entrada, en formatos epub (si lo quiere leer desde su celular) , Mobi (para su Kindle) y pdf (si quiere imprimirlo – esta pensado para que entren dos paginas en una hoja A4, de nada. Si es mañoso con su impresora lo puede armar hasta como revistita). Y gratis, porque nos gusta difundir el material.

Desde ya si quieren ver el primer volumen de Dimension 5 , o alguno de los (ya muchos) libritos que venimos haciendo en el blog, solo pase por este link y baje. O puede ir a nuestra pagina en Lektu (tampoco le cobramos mucho, a lo mejor una cita en su red social preferida). Es mas, si quieren leer compilaciones de otros blogs que estamos rescatando, solo pase por El Compilador Digital y bajelo . Gratis. Si, gratis.

Y bueno, aquì seguimos en marcha. Esperemos aumentar el material este 2022. Ahi nos vemos

Descargar Dimension 5 volumen 2 en pdf, mobi y epug

El Compilador Digital – 365 Comics por año 2014

Hacia mucho que no subíamos una compilación digital de algún blog que lo merecía. Entonces vamos con la compilación de todo el año 2014 de 365 Comics por Año, el blog de Andrés Accorsi, juntando todas las entradas que hizo en ese año , armaditas en un lindo librito digital para poder leerlo a gusto en su dispositivo. El archivo que bajan tiene el mismo texto en pdf, epub y mobi para que se acomode al dispositivo que prefieran.

Desde ya pueden leer los años anteriores compilados yendo aquí. Y si quieren otras compilaciones pueden ir a nuestra sección El Compilador digital , o bien al e-zine de Arboles Muertos y Mucha Tinta, con todo el material disponible gratuitamente. O bien dirigirse a nuestra página en Lektu para bajarlo por ahi. Todo siempre gratuito.

Y ya que estamos pueden ir a la página de la revista Comiqueando, que Andrés dirige y cuya versión digital es de lo mejor hecho sobre comic en español en estos ultimos tiempos. La revista digital vale muy poquito y además hay material gratuito para bajar, desde digitalizaciones de números anteriores de la revista en sus encarnaciones anteriores hasta estos mismos tomitos recopilatorios. No se lo pierdan.

Ahora solo siga este link y baje esto

El Compilador digital – el Blog Ausente julio a setiembre 2005

Volvemos con El Compilador Digital en una nueva entrega. Esta vez recuperamos tres meses mas del fantabuloso Blog Ausente, ese gran blog de cultura pop que por años nos dio el señor Daniel Absence. Aca hay de todo, desde Godzilla hasta el Manitou, pasando por un recorrido por las historietas sobre la guerra de la ex Yugoslavia. Todo escrito con la habitual maestria del colega Absence.

Quien no se quiera perder o recordar este glorioso material, pues lo tiene aqui juntito todo en un epub pdf o mobi para que se adapte a su formato digital favorito. Como siempre gracias por leer y quien quiera leer mas compilaciones (sean del Blog Ausente, de otros grandes blogs como 365 comics por año o El Desvan del abuelito o bien del material generado desde este blog ) solo tiene que seguir los links y bajarlo gratuitamente.

O incluso pueden ir a Lektu y bajar desde ahi

Descarguen El Blog Ausente Julio a setiembre 2005

Biblioteca AMMyT presenta Fantasias Animadas de Ayer y Hoy

Hoy les traemos la nueva entrega de la Biblioteca Arboles Muertos: Fantasías Animadas de Ayer y Hoy recopila un montón de los artículos que escribí durante años en varios medios, principal aunque no exclusivamente en la revista La Cosa, todos ellos relacionados con la animación. Van a encontrar mucho texto referido a la animación clásica, algunas entrevistas y hasta material relacionado con la animación argentina. Todo en un formato digital elegido con varias opciones a gusto de cada uno, pdf como epub y mobi, para que elijan el formato que prefieran

Desde ya este libro (como todos los de la pagina) es gratuito y solo tienen que bajar. Si quieren mas material , no se olviden pasar por aquí para ver que les interesa, además de por acá para bajar material recopilado de otros sitios de Internet (con permiso). Y pueden ir a Lektu y bajarlo de ahi tambien

Bueno , esto es t-t-t-todo amigos. Pasen bajen y lean a gusto, siguiendo el link de abajo.

Para descargar, haga clic aqui.

El Compilador Digital – El Desvan del Abuelito , año 2011

¡Albricias, albricias!

Para todos aquellos que quieran seguir degustando el material producido por el glorioso blog El Desvan del Abuelito, aquí les traemos no uno sino dos volúmenes compilando todo lo subido en el blog durante el año 2011. Como siempre, para descargar de manera gratuita (y autorizada por el propio Abuelito) en formatos epub, mobi o pdf (de acuerdo a como les guste mas). Como siempre aficionados a la cultura pop de todo tipo y factor, léanlo que lo van a disfrutar muchísimo.

Por supuesto, si quieren los otros volúmenes, vayan a la sección correspondiente del Compilador Digital (donde hay mas blogs compilados para descargar). Y desde ya, tienen sino nuestras propias compilaciones que pueden bajar yendo a nuestra sección Arboles muertos y Mucha Tinta: el E-zine. O bien lo pueden hallar dentro de la plataforma de libros digitales Lektu. Y todo gratuito. Vamos ¿que esperan?

Descargar compilado 1er semestre del 2011

Descargar compilado 2do semestre del 2011

Una lectura a El misterioso doctor Satán de Paul Ernst

SA

Seguramente la gran historia de la literatura pulp aún esté por escribirse. Ninguneada durante décadas, despreciada por las corrientes literarias  más “serias” (incluso las vanguardias), la literatura pulp perdió la oportunidad de ser contada como se debe. Muchos datos y detalles yacen perdidos en el olvido y son pocas las semblanzas que nos quedan de aquellos años. Entre las mejores están las de autores que, en edad longeva, llegaron a escribir sus memorias como Frank Belknap Long o Hugh B. Cave.

Por eso, no resulta llamativo que tengamos tan pocos datos de un autor tan prolífico y sustancial para el género como lo fue Paul Ernst. Apenas las migajas oficiales que señalan su lugar de nacimiento y algunos pasos que han quedado registrados oficialmente. Terence Hanley, autor del detalladísimo blog Tellers of Weird Tales, se encargó de hacer un seguimiento de los pasos de Paul Ernst y de señalar que el hecho de haber perdido a sus padres de joven o no tener descendencia, hacen que la búsqueda de cualquier dato biográfico sea en extremo difícil. Las cifras oficiales más probables indican que Ernst nació en el Estado de Illinois (pleno medio oeste americano) un 7 de noviembre de 1899 y murió en Florida un 21 de septiembre de 1985. Estuvo casado y dedicó gran parte de su vida, tras un breve paso por la milicia, a la escritura. A modo de consuelo, queda, como en tantos otros casos, su obra.

Entre sus seudónimos, pueden reconocerse los siguientes nombres: Chris Brand, George Alden Edson, Emerson Graves y Kenneth Robeson. Este último fue el nombre de pluma que le impuso la editorial Street & Smith al contratarlo en 1939 para que se hiciera cargo de la serie de libros de El vengador (The Avenger). La primera novela, que se llamó Justice Inc., puso en relieve que los miembros de este equipo eran auténticos justicieros ya que buscaban venganza a desgracias familiares acarreadas por el mundo del crimen, consagrando sus existencias a destruir y socavar  los bajos fondos. Richard Benson, el icónico protagonista de estas novelas, se sumó a la lista de explotaciones comerciales en la línea de La sombra, Doc Savage, Bill Barnes y competidores como El araña u Operador 5 que eran impresos por las editoriales rivales de Street & Smith.

Ernst, que ya tenía sobre sus espaldas, escrita gran parte de su obra, confirmó su valía como autor. Era sumamente dinámico a la hora de contar una historia y sabía mezclar las idiosincrasias de sus personajes para que los clichés impuestos por los editores no constituyeran un escollo a la hora de desarrollar la aventura. Incluso fue lo suficientemente audaz para incluir un ayudante negro entre los colaboradores de El vengador. Un negro que escapaba tópico de aquellos días (los primeros años de la década del 40), ya que contaba con una educación universitaria y era tan arrojado como sus compañeros a la hora de la acción.

4379786La mirada acerada y el rostro inexpresivo de El vengador (cuyos músculos faciales habían perdido su elasticidad tras sufrir un shock emotivo al perder a su familia en mano de los gánsteres) siempre me recordaron a Rutger Hauer en su etapa de gloria de inicios de los 80. Sin lugar a dudas, hubiese sido la mejor caracterización de este personaje. Desde 1939 hasta 1942, Ernst escribió un total de 24 novelas de inigualable calidad técnica.

Pero Ernst, como todos los pulp writers de aquellos días, tenía una profusa obra sobre sus espaldas. Era un cuentista prolífico y uno de los autores más reconocidos dentro del género weird menace que había creado Harry Steeger para las revistas que salían bajo el sello de Popular Publications. Este género, como todos sabemos, tuvo su inspiración en el teatro guignolesco de cuna francesa. Su hándicap, para los cultores del fantástico, era que todas sus resoluciones debían ser racionales. A pesar de lo extravagante que fuera su desarrollo. La fórmula era sencilla: sexo sugerido, mujeres desnudas —al borde de ser descuartizadas o quemadas vivas—, psicópatas y depravados —por lo general vestidos con sotanas rojas y capuchas en punta—, alguna bruja anciana y feucha, pantanos, atmósferas tormentosas y seudo monstruos arrastrándose en la niebla. Eran relatos estremecedores en su desarrollo cuyas resoluciones mundanas echaban a perder la esencia, necesariamente sobrenatural, que planteaba el relato. Esta fórmula, en los setenta, fue recuperada en gran medida por la editorial Bruguera para su colección de bolsilibros “Selección Terror” (materia para otro post). Eso no quita que autores de la talla de Ernst, Blassingame o Hugh B. Cave, no hayan escrito piezas memorables y maravillosas.

A esta obra, Ernst también sumó relatos de ciencia ficción (muchos de largo aliento) para  la revista Astounding, como The red hell of Jupiter, Marroned under the sea —que tuvo su traducción al castellano por Francisco Arellano Editor—, o The raid of the termites.  Pero su mejor material lo publicó en la revista única, la Weird Tales. Fue en ella donde se editaron sus dos novelas más memorables: The black monarch (serializada en cinco números durante 1930) y el libro que nos compete: El doctor Satán (1935-36).

Ernst-AstoundingLa presente edición en manos de Costas de Carcosa, con una cuidadísima traducción y un memorable estudio introductorio del especialista (y amigo de la casa) Javier Jiménez Barco, constituye un absoluto acontecimiento en nuestra lengua que, como sucede en estos casos, ha pasado bastante desapercibido. El misterioso doctor Satán no sólo compila los ocho cuentos que escribió Ernst para Weird Tales, sino que también recupera sus ilustraciones originales y hasta las cubiertas de Brundage que, con mucho acierto, Jiménez Barco señala que no le hicieron demasiada justicia al personaje.

Terence Hanley, que es un investigador muy intuitivo, traza algunas coincidencias entre los pulps y los primeros comics de superhéroes. La influencia de esta serie fue grande, Terence Hanley dice que tal vez se trató de la primera historia en congeniar dos seres súper poderosos, o sea, a un súper héroe y un súper villano. En este caso serían Ascott Keane y el doctor Satán, el Yin y el Yang en la sempiterna lucha entre el bien y el mal.

Pero, como tantos otros trabajos, la génesis del doctor Satán (que Barco se encarga de detallar) tuvo que ver con un encargo del editor de la Weird Tales, Farnsworth Wright, que decidió darle batalla a las publicaciones de weird menace,  que por entonces arrasaban los kioscos, y hacer lo mismo con un autor de la casa, en plan de cuentos seriados. El invento fue un híbrido extraño, que mezclaba ciencia-ficción, fantasía, esoterismo, terror y weird menace. Tal vez la fórmula fue demasiado para la época, porque el experimento no tuvo aceptación entre los lectores y, tras solo ocho magníficas apariciones, la fórmula cayó en el olvido. A pesar de que la serie inspiró libremente un serial cinematográfico y más adelante fue brevemente homenajeada por Rob Zombie en su opera prima La casa de los mil cuerpos.

Lo más llamativo, en esta obra que reúne ocho cuentos largos —que están vinculados entre sí y que relatan una batalla contra una especie de anticristo encarnado por el Doctor Satán—, es el desparpajo con que Ernst creaba sus argumentos. El primer cuento, llamado simplemente “Doctor Satán” constituye toda una declaración de intenciones al comenzar con un millonario cuyo cráneo estalla en mil pedazos al emerger de su interior un arbusto frondoso. Es difícil sentarse a pensar una forma más estrambótica y bizarra de iniciar un cuento.  “Era como si una mano con muchos dedos pequeños y afilados hubiesen empujado hacia arriba, a través del hueso, con un grueso tronco parecido a un puño brotando desde el cerebro”. Más adelante, el doctor Satán le explica a sus secuaces que lo que busca con esta clase de asesinatos wagnerianos es, justamente, su golpe efecto, su gratuita espectacularidad. Nada de crímenes comedidos para el doctor Satán.

991ff8b72ab952d262a48fb85a41595bHay rastros del folletín francés en la ambientación de la obra de Ernst. Sin tener datos suficientes como para afirmarlo, uno puede elucubrar que el escritor tal vez fue un buen lector de autores macabros y guignolescos como Gaston Leroux, Gustave Le Rouge —Satán, en el relato El hombre que creó al relámpago, desarrolla un protoplasma que puede moldearse a su antojo y con el que puede imitar el rostro de cualquier persona. Algo ya ensayado a través de la cirugía por el inefable doctor Cornelius Kramm, el escultor de la carne, en la obra de Le Rouge—, Leblanc o Maurice Renard. Como ya dijimos, se ven estas influencias en la espectacularidad de sus crímenes, en la ambientación teatral del doctor Satán —sus guaridas subterráneas, sus servidores esclavos y tullidos, su vestimenta extravagante y su identidad resguardada por una máscara carmesí con apariencia de cráneo desnudo que parece extraída del baile de máscaras de El fantasma de la Ópera— y en esa idea de mezclar, en medidas iguales, el esoterismo con los misterios científicos. La ciencia que, en manos perversas, es un vehículo de destrucción masiva y diabólica (lejos ya de las utopías edinsonianas de fines del siglo XIX).

Poco a poco, a medida que se avanza en la lectura y en las farragosas y bizarras aventuras que creó Ernst, la figura del Doctor Satán va perdiendo su apariencia enloquecida, para transformarse en un vehículo carnal del rey de las tinieblas. Keane descubre, en un viaje al otro mundo, que Satán está enraizado místicamente al demonio y que sus caprichos psicóticos son, en realidad, comandos que recibe del inframundo. “Me pregunto si nuestro amigo cubierto de rojo podría realmente ser una encarnación de una fuerza maligna que siempre hemos llamado Satán, aunque él mismo piense que está actuando en una obra” y más adelante también dice: “¿No era concebible que Lucifer fuera solo una personificación y nombre para las motivaciones malignas de las personas, que el Doctor Satán fuera Lucifer o estuviera más cerca de él de lo que nadie había estado jamás?” Estas elucubraciones de Keane se deben a que los actos de Satán son injustificados, ya que el súper villano es millonario y no tiene una necesidad pecuniaria que excuse sus actos vandálicos, en cuyos chantajes exige millones.  Lo que se inicia como un simple argumento de raíces policiales y de bajos fondos se transforma en algo más complejo con implicaciones teológicas y trascendentales donde tiene lugar la lucha de dos símbolos tan antiguos como la humanidad, el bien y el mal en estado puro, que son representados, justamente, por la caracterización trillada de Keane y el doctor Satán y la de los secuaces que acompañan a ambos. En el caso del héroe, su compañero de aventuras, es una mujer que le sirve de secretaria “y algo más”. Con ella el héroe mantiene durante todas las historias una tensión romántica muy bien llevada y además sirve de anzuelo y de talón de Aquiles al héroe invencible. En Satán, sus secuaces son dos seres inenarrables: un contrahecho de aspecto simiesco y un tullido gigantesco que se arrastra con sus dos brazos. Herencia y mañas adquiridas por Ernst como escritor de weird menace.

Weird Tales Cover-1936-05 (1)

En las aventuras que creó Ernst hay material para todos los paladares, desde el terror a la ciencia ficción, desde lo bizarro a lo estrambótico. Combustiones espontáneas, miniaturización, resurrecciones de muertos, ritos vudús, aceleraciones, viajes al más allá, rayos de la muerte y toda una parafernalia rimbombante de horrores.

El misterioso doctor Satán es un ejemplo perfecto de lo que era, es y será la literatura pulp en manos de un escritor con talento, desprejuiciado y con ganas de divertirse. Los clichés son vehículos del ingenio más acérrimo y fantasioso. Es poco probable que este libro vuelva a editarse algún día y que se lo haga con una edición y una traducción tan cuidada como la que realizó Javier Jiménez Barco, por lo cual perderse la oportunidad de obtener un ejemplar, sería un pecado imperdonable en manos del aficionado al género.

Adenda:

Consultado por Árboles Muertos, el amigo Javier Jiménez Barco nos confesó que:

Costas de Carcosa es un sello editorial que cruza a dos editoriales distintas: Barsoom y Pulpture. Cuando apareció, mucha gente me preguntó si eso significaba que Barsoom iba a dejar de existir, y yo aseguré que no. Lo que pasa es que Barsoom saca novedades todos los meses y yo trabajo a toda máquina. Al existir un segundo sello dedicado al pulp clásico, puedo sacar en él materiales que por extensión se quedaran algo cortos para un libro de Barsoom, probar con el formato libro de bolsillo, y contar con la ayuda de la gente de Pulpture, lo cual me permite embarcarme en proyectos que, de otro modo, tendría que hacer solo y, por tanto, descartaría por no tener tiempo.

Es decir, Barsoom sigue por un lado, y los jóvenes de Pulpture siguen, por el suyo, sacando cosas. Pero cada pocos meses nos juntamos y unimos fuerzas para sacar algo entre todos. Eso es Costas de Carcosa.

En cuanto al material del Dr Satán, yo lo conocía desde hacía décadas, cuando preparé un artículo sobre los villanos weird de los pulps de los treinta. Yo ni siquiera había montado Barsoom todavía, pero los planteamientos de las historias pulp tanto del Doctor Death como del Doctor Satán me parecieron tan enloquecidos y tan bizarros, que ansié en secreto que alguien publicará algo de eso en español. Y años después, cuando comencé a hacer una lista de material interesante para Carcosa, me dije, ˈaquí lo voy a sacarˈ”.

Mariano Buscaglia

Linchando villanos a paraguazos

Huía pero lo tenían rodeado. Una multitud furiosa venia corriéndolo con todo lo que tuvieran a mano, ansiosos de hacer justicia. Hacerle pagar por tantas crueldades horrendas… Ya lo tenían. Pero la intervención policial lo salvo por poco, a los ponchazos

Claro que igual le quedaron unos cuantos magullones al maldito canalla… de la compañía de teatro ambulante.

Ahora podían respirar tranquilos los actores: casi se quedan sin malo.

Otra vez.

Chispazos de tradicion, la revista que traía los guiones del radioteatro

¡LEÑA, LEÑA! QUE NO SE ESCAPE!!!

Seguramente todos hemos escuchado o leído alguna vez sobre algun episodio similar. Podría haber pasado en cualquier lugar del mundo.

Pero en Argentina pasó muchas veces. Muy especialmente en la llamada época de oro de los radioteatros, cuando se vivió una interacción irrepetible de ficción y realidad. Porque, después de hipnotizar a un pueblo entero con estas historias de éxito inimaginable, la compañía de teatro ambulante llegaba al pueblo poniendo en contacto al público con los buenos adorados y con los malos odiados…

Entonces, lector, ocurría un fenómeno muy extraño que -al menos para mí- no tiene aún ninguna explicación convincente: el actor era atacado como si fuera el villano de verdad

Y, en este tema, antes de leer nada, escuché el testimonio de mi abuela, que vivía en un pueblito de campo y fue testigo presencial.

Pensemos en el fervor que producían estas historias absolutamente maniqueas. Malo malísimo Bueno buenísimo. Nada de jorobar con matices psicológicos. Peleas entre buenos y malos recreando una especie de Far West criollo. Y todo mezclado con elementos típicos del folletín decimonónico en forma totalmente desatada: damiselas indefensas victimas de malvados, acusaciones injustas, identidades secretas, hijos robados y hasta malditos capaces de golpear a sus pobres madres (uno de ellos llamado Fachenzo, sin intención politica, creo)

El elenco de Chispazos de tradición

Los débiles, niños, ancianos, pobres y desvalidos sufrían horriblemente los abusos del malo, hasta que, luego de infinitas vueltas rocambolescas y de la intervención del héroe llegaban al final feliz que ponía, efectivamente, felices a todos.

En esa época, la casa del afortunado que poseía radio era invadida por unos cuantos vecinos ávidos del próximo capitulo y no era cosa de negarse. Lo bueno es que, como excusa, solían traer facturas o bizcochitos para el mate. Se armaba así una atmosfera de partido de futbol. Con tanta gente apretujándose alrededor del aparato, aplaudiendo, riendo, gritándole improperios al malvado. Que lógicamente no los escuchaba.

Hasta ahi todo bien

Pero cuando había gira, los directores ya sabían que el problema mayor era la banda de lugareños que esperaban al malísimo a la salida para hacerlo “arrepentir».

No ocurría solo en estas pampas: en el Uruguay -donde era famosa la compania de Omar Abue- se sabía de este problema nada pequeño para resolver… El malo era odiado con toda fidelidad por la enardecida audiencia. De hecho un actor que paso poco a poco de héroe a villano fue un día casi linchado a morir. Debio huir y esconderse.

En un principio estas anécdotas parecen divertidas pero luego resultan inquietantes, incluso alarmantes si se reflexiona sobre ellas. Los protagonistas no eran chicos » nerds» como hoy podríamos decir. Eran personas comunes, buenos vecinos del pueblo. Que de pronto ya no veían la realidad, la cambiaban. Daban un salto a la locura revelando que alarmantemente frágil es la cordura de la gente, incluso de la gente que nos cruzamos todo el día.

En esta época de oro existió un radioteatro muy querido, que realmente paralizaba el país. Los comercios ofrecían receptores de radio que el cliente podía escuchar mientras consumía… única forma de no perder clientela a lo bestia.

Se llamó CHISPAZOS DE TRADICION. Y como podemos imaginar, era de tema gauchesco. Se trasmitió desde 1931 hasta 1936 por RL3 Radio Nacional y posteriormente por LR 2 Radio Belgrano. A las 18 horas, cuando se detenía el país. Su creador fue el dramaturgo, guionista y director teatral Andres Gonzalez Pulido.

Para dar una idea de la intensa participación de los oyentes, es interesante saber que la emisora recibía miles de cartas opinando con cuál de las damitas jóvenes debía casarse su héroe Churrinche. La cosa creció hasta tal punto que se organizó una votación, en la que ganaría la damisela más votada. Toda una anticipación del “Fanservice”. O de los finales alternativos escritos hoy en día en la red, por ejemplo para Harry Potter.

Los personajes de Chispazos de tradición en una caricatura de la epoca

Claro que con igual fervor se odiaba al villano. Y las compañías de actores tomaban precauciones para que no saliera herido, aunque no se evitara los abucheos. Porque era un sentimiento muy intenso

Veamos este incidente, recordado por el héroe simpático «Churrinche» en la extensa nota que le dedica la revista “Todo es historia” en su número 155 (Abril de 1980) al fenómeno “Chispazos”:

«Actuábamos una vez en un cine de la calle Medrano, con una sala repleta de público. Y yo tenía que enfrentar al que hacía de traidor alevoso…”

Sigue contando que lo ataca con el talero (aclara que de utilería). Imaginemos el momento apoteótico: El héroe simpático y querido despatarra a talerazos al maldito hijo… del radioteatro. El villano se desmoronó estrepitosamente todo lo que pudo para darle el mayor realismo al asunto, ante los rugidos de la multitud. ¡¡Inolvidable!!

Unos días más tarde, una señora que no quiso revelar su identidad, le regalo a Gonzalez Pulido un valioso reloj de oro y a «Churrinche» un alfiler de corbata de lo mismo, que más tarde, el actor convirtió en un anillo, acaso deseando lucir siempre tan conmovedora muestra de admiración. Sobre todo si se trataba de una espectadora humilde y los obsequios resultaban un gasto importante para ella:

¿Por qué semejante muestra de generosidad?

«Este es mi regalo por haber terminado con ese maldito canalla» fue la emocionada explicación.

Andrés Gonzalez Pulido, el creador de Chispazos…

Una vez más, este extrañísimo fenómeno, porque si bien era muy cierto que podía agradecerle a Pulido el final del «maldito canalla» también era verdad que debía culparlo de todas sus canalladas, ya que el autor ¡¡había escrito el guion!! No sé ustedes, pero a mí el incidente protagonizado por la señora me resulta más inquietante aun que la locura momentánea de los linchadores.

Esta señora tuvo tiempo de reflexionar

Evidentemente, vivía una vida normal en todo, pero con su ficción favorita, vivía en otro mundo…

Era realmente fundamental para su vida que el malvado fuera castigado.

¿Cómo diferenciamos ficción de realidad? ¿Cómo nos damos cuenta cuando alguien ya niega la realidad, hipnotizado totalmente por una historia?

No encontré un estudio serio y a fondo de estos casos. Hallé en cambio, más ejemplos de los que pueden entrar aquí. Si el lector conoce alguno, me encantaría leerlo: se trata de un fenómeno casi siempre tomado como anécdota divertida sin más. Personalmente me deja reflexionando sobre la fragilidad de nuestra sensatez para captar el mundo.

Ojo, que el fenómeno no era nuevo. El auge de la radio lo potenció: la radio tiene un enorme poder para impactar en nuestra mente. Basta recordar las catástrofes demenciales provocadas por “La guerra de los mundos» de Orson Welles.

Pero no eran los primeros casos

Mucho antes de que existiera la radiofonía, existía nuestro circo criollo que ofrecía en su parte teatral, casi siempre la historia de un gaucho matrero, peleador, rebelde a la autoridad injusta. Idolatrado por la gente de campo, que lo consideraba una especie de Robin Hood. No se sorprenda de que el bandido sea el héroe… En ese tiempo la gente humilde de campo no la pasaba bien con los poderosos: levas forzadas y todo tipo de abusos no hacían a la autoridad demasiado simpática que digamos.

aviso del circo Podestá y uno de sus personajes: Pepino el 88

El más célebre de estos matreros se llamó Juan Moreira y era llevado a la escena por los hermanos Podestá, basándose en el exitoso folletín de Eduardo Gutierrez (que autorizó la versión de los Podestá, que quede aclarado). Moreira era querido y su matador el sargento Chirino (que para colmo lo ensartaba con una lanza por la espalda) era despreciado. Cuando pasaba eso, Moreira decía:

«A traición, cobarde. Cómo se ve que sos justicia (policia)»

Y este era el momento peligroso, ya que era muy probable que algún enardecido grupo trepara al escenario facón en mano para vengar la muerte del protagonista»

Este tema fue discutido algunas veces, centrando el debate en la incapacidad del público campesino y primitivo para comprender el hecho teatral, la representación o solamente comprenderla en parte. Hoy sabemos que un fan puede olvidar la realidad en la red pese a no ser primitivo y tener plena conciencia de los medios de comunicación.

Un folleto recopilando el folletin Juan Moreira de Eduardo Gutierres

Esta controversia aparece sobre todo, a raíz del éxito enorme del “Fausto criollo» o simplemente Fausto escrito por Estanislao Del Campo en 1886. Año en el que se presenta en nuestro teatro Colon la opera Fausto de Gounod, basada en el poema de Goethe.

En la noche del estreno está presente su autor, quien crea al personaje de Anastacio el pollo, gaucho que llega a la platea por error y a los empujones, sin tener idea de lo que es una ópera y casi muere del susto al ver en el escenario al diablo (bueno, al actor disfrazado). Esa misma noche esbozó el tema, editándolo poco despues. Fue un éxito instantáneo. La confusión del pobre Anastacio hará reir a todo Buenos Aires. Ademas narra todo el guion de la obra en su lenguaje gauchesco y convencido de que todo es verdad. Si puede no se la pierda lector. Aunque hoy se la está considerando políticamente incorrecta porque se rie de la confusión de un pobre campesino.

Pero la controversia mayor era esta: ¿Es verosimil que el gaucho reaccione de esta manera? Jorge Luis Borges asegura firmemente que si: En su prólogo a Fausto (Bs As ed. Nova, colección Mar dulce, 1946) hablando sobre el tema afirma que tales confusiones eran perfectamente posibles dada la incomprensión del hombre de campo en una cultura primitiva donde no existía el hecho teatral

Juan Moreira, la obra

Y siguiendo a Borges, veamos esta anécdota publicada en 1911 en la revista argnetina Caras y caretas:

«Por aquellos años, los Podesta recorrían la provincia representando piezas gauchescas. En casi todos los pueblos, la primera parte correspondía al Juan Moreira». (La especialidad de la casa, digamos). Sin embargo, al llegar a San Nicolas, juzgaron de buen tono, anunciar la obra HORMIGA NEGRA. «Huelga recordar que el epónimo habia sido en sus mocedades, el matrero más famoso de los contornos». Más o menos como ir a Suiza y ponerse a representar Guillermo Tell para ganarse el corazón de los espectadores.

Por lo tanto, se hicieron los preparativos, se publicito la obra, se pusieron los carteles anunciadores pero… la víspera de la función, un sujeto entrado en años, más bien bajo, trajeado con aseada pobreza, se presentó en la carpa:

  • Andan diciendo – dijo- que uno de ustedes va a salir el domingo delante de toda la gente y va a decir que es Hormiga Negra. ¡¡Les prevengo que no van a poder engañar a nadie porque HORMIGA NEGRA soy yo!!

 

El verdadero Hormiga Negra…

Seguramente se quedaron todos estupefactos ante tan belicoso personaje y ante esta reacción que nadie se esperaba. ¿Qué hacer? Los hermanos Podestá lo atendieron con esa amabilidad tan suya y trataron por todos los medios de hacerle comprender que la pieza en cuestión no era ninguna burla ni deseo de engañar a nadie, sino, al contrario, la obra comportaba el más conceptuoso homenaje a su figura ya legendaria. Todo fue inútil y, aunque habían encargado al hotel una ginebra y otras cosas para convidarlo y poder hablar tranquilos «resulto imposible: el hombre, firme en su posición, hizo valer que nunca en la vida le habían faltado el respeto y que si alguno de ellos subía ahí para decir que era Hormiga Negra, él, viejo y todo. lo iba a atropellar…»

¡Bueno!! No era cosa precisamente de enfurecer al combativo señor y ponerse en contra a todo San Nicolás, que lo veneraba. Hubo que rendirse. Ese domingo, a la hora anunciada, los Podesta presentaban en San Nicolás al Juan Moreira de siempre… Una prueba muy clara, diría Borges, de la incomprensión del arte escénico por nuestra gente de campo

… y su contraparte literaria escrita por Guttierrez tambien (el de la foto)

Si, tal vez en 1911, pero ¿qué pasaba entonces en 1960, en pleno ámbito ciudadano y con un público ya muy acostumbrado a los medios de comunicación y a la TV?? ¿Cómo explicar lo ocurrido al árbitro injusto del famosísimo programa Titanes en el ring?

Para los lectores de otros países, les cuento que Titanes en el ring fue simplemente un programa de lucha libre, pero tan bizarro y original que ningún chico -y tal vez ningun adulto- deseaba perdérselo. Era todo un disparate bizarro con sus luchadores cuidadosamente disfrazados, entrando con una gran puesta en escena (el hombre del espacio auspiciado por yogures Yolanka bajo en una especie de ovni, Don Quijote se presentaba con Rocinante, Sancho y burro incluido, etc). Cada uno tenía un tema musical característico y el disco que se edito estuvo mucho tiempo entre los más vendidos. Por supuesto maniqueísmo puro y duro, bueno contra malo en todas las luchas, abucheos contra el malo y fervorosos vivas para el bueno eran de rigor.

Titanes en el Riiinggggg!!!

Hasta los árbitros se dividían en buenos y malos Entre estos últimos ningún arbitro fue tan odioso y odiado por sus injusticias como William Boo (Héctor Brea) abucheado en todo su camino y hasta capaz de pelearse con el público mismo. Su fama de villano fue inimitable… y le costó bien cara, como recuerda un extenso artículo del diario Página/12 (sección espectáculos) del año 2006, cuando aún vivian casi todos. Por cierto, el título es perfecto: «Éramos tan ingenuos que creíamos que peleaban». Y no, nadie peleaba de veras, todo era espectáculo, ficción dentro de ficción, como los fallos injustos de Boo. Pero fueron bien reales los paraguazos de una furiosa espectadora. Aunque al principio pareció otra nota humorística de un programa que apelaba continuamente al disparate no fue así. A Hector Brea le resulto muy duro reponerse, sobre todo del paraguazo en la espalda. Fue el peor momento de su vida, que no solo le dejo huellas físicas sino psíquicas. Nunca pudo dejar de preguntarse porque la mujer desconocida lo ataco de ese modo y con tal furia. “¿Qué le pasaba a esa mujer? ¡Yo no le habia hecho nada! ¿Todo porque deje ganar a la momia negra??”

(Ocurre, lector que entre los estrafalarios villanos existía una momia negra que era mala y solía enfrentarse con la Momia Blanca que era la buena. Bien simbólico todo y acaso no muy políticamente correcto tampoco. Pero bueno Titanes en el ring merece un libro completo)

En el medio William Boo, el arbitro mas corrupto de Argentina (en la ficcion pugilistica al menos)

Por ahora alcanza decir que el pobre Hector Brea pago muy caro su eficacia en el papel del árbitro que hacia ganar al mal. Recuerda una vida bastante vapuleada esquivando insultos, silbidos, agresiones físicas y psicológicas y en donde no faltaban las amenazas. En el reportaje, su compañero Pepino el 88 recuerda que, en un viaje en micro, alguien llego a poner excrementos en su mochila. No lo recuerda como algo divertido pese a las risas de sus compañeros. ¿Qué tendría en la cabeza la gente que se mandaba esas y no reconocía que se trataba de un actor y todo estaba cuidadosamente guionado de antemano? En este caso, este inexplicable fenómeno llego a terribles extremos, ya que dada la popularidad del programa, William Boo era reconocido (y detestado) donde fuera. Incluso recuerda dolorosamente «Martin no se portó bien conmigo. Martin Karadagian, jefe absoluto del espectáculo, declaro que ordenaba a Boo limpiar las letrinas (sin duda para congraciarse con el público mostrando que castigaba al malo). Eso se comentó en todas partes… y también en el colegio de mi hija» recordaba melancólicamente Hector Brea en la nota.

Ser el malo puede ser muy peligroso. Hay una enorme reserva de irracionalidad y de violencia en muchos seres humanos. Lo más inquietante sin embargo no son estos casos particulares: lo más inquietante es reflexionar que fácil es para los medios fabricar un enemigo en caso de guerra (esa despreciable nación enemiga donde no existe ni uno bueno) e incitar el odio, cuando es tan fácil hacerlo contra alguien que ni siquiera existe.

Inodoro Pereyra 6, donde aparece una gran parodia sobre lo que hablamos

Tan frecuentes han sido estos episodios que hasta poseen un comic que expresa en forma humorística un hecho igual, que por poco acaba haciendo percha a Inodoro Pereyra, el vapuleado personaje de Roberto Fontanarrosa, uno de nuestros mas grandes historietistas. Se encuentra en el tomo seis de la colección que recopilaba sus aventuras editado en Bs As por ediciones De La Flor en 1979 (si no la conoce, no se la pierda) En ese episodio llega la compañía ambulante al pueblo, un acontecimiento enorme para la comunidad. Inodoro conoce a la bella Maria Ines de Lorena quien lo seduce y trata de convencerlo de dejar el pueblo y acompañarlos, actuar para ellos, conocer el mundo, lograr fama, fortuna etc. En realidad esta especie de Dalila se encarga de la difícil tarea de «reclutar» quien haga el papel de malo (algo más peligroso que pescarse el ebola) ya que «el papel de villano es tan odioso que en todos los pueblos nos machucan al actor». Si pueden, lean la hisotria completa, que una joyita, no solo divierte sino que presenta una historia muy bien investigada en todos sus detalles. Por cierto, la obra que la compañía presenta se llama El leon de Francia, que fue un Supermegaexito de los radioteatros y hasta fue tema de una película homenaje bastante reciente. El poema con que se presenta el actor es el que realmente servía de prólogo. El tema, los disfraces, los nombres (Maria Ines de Lorena era la enamorada del héroe) todo es exacto. Sin duda Fontanarrosa pudo conocer la historia ya que hasta los últimos años de la década del setenta, tuvo algunas emisiones radiales, ya ultimo eco de su época de gloria. Y por supuesto, el público amo los héroes y detesto, eternamente a los villanos.

El elenco de El leon de Francia, el radioteatro que cita Fontanarrosa en su historieta de inodoro Pereyra

No tengo una explicación convincente para estos incidentes, salvo que nuestra cordura es bastante más frágil de lo que nos gusta pensar. Si algún lector tiene una teoría, me encantara leerla. Y si algún estudioso de la psicología, la sociología o tal vez la historia del teatro emprende una investigación a fondo, lo mismo. Sería bueno que se le diese el nombre de «efecto retablo», ya que se remonta al más ilustre ejemplo que ha dado, no ya la cultura pop sino la más alta que podamos pedir. Especificamente El retablo de Maese Pedro, capítulo 26 de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. Todos lo recordamos aproximadamente: el titiritero, Maese Pedro, lleva su espectáculo casualmente a la posada donde paran Don Quijote y Sancho. Su espectáculo, claro está, presenta buenos y malos (siempre una mecha explosiva), una pareja de buenos enamorados necesitados de ayuda (mas mecha explosiva) y, para colmo de colmos, los malos son moros. (eso ya es el colmo). Como sabemos Don Quijote se les va encima y se arma el gran zafarrancho, haciendo percha escenario, telón y hasta el último de los actores inanimados. Esta escena es parte de la literatura de la gran literatura

El Quijote arremete contra el espectaculo. de títeres.

Sin embargo podemos permitirnos dejar un poco de espacio a la imaginación.

¿Quién sabe si estas cosas ya pasaban entonces y Cervantes no fue testigo en sus muchos viajes por la España de su tiempo, de algo parecido?

¿Quién sabe si no le inspiro este episodio?

¿O todo el Quijote?

¿O, más simplemente, lo que ocurre es que solo en las queridas ficciones es posible obtener un poco de justicia?

Una lectura de Paisajes del Apocalipsis

(y demás redundancias interminables del gran final)

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  El fin del mundo (con su frase imprescindible “tal cual lo conocemos”) siempre ejerció una fascinación morbosa sobre muchos de nosotros. Al igual que en los sesenta, cuando los ensayistas franceses señalaron que el mito tarzánido era liberador para la enajenación citadina del hombre, el debacle humano también parece influir una atracción irresistible para los desesperados. Ante el desgaste indefectible que nos produce el roce diario de la sobrepoblación urbana, y las miserias y penurias grises que gran parte de la humanidad está condenada a vivir, el hombre presiente que puede recuperar su gloria heroica ante la inminencia del fin de los tiempos. El mundo, para el hombre alienado, no es otra cosa más que una manzana podrida y sembrada de larvas humanas que la devoran.

Sin el incordio de la civilización pondríamos coto a las responsabilidades económicas que caen sobre nuestras cabezas, fin a lidiar diariamente con transportes atestados para ir al trabajo y fin a los compromisos familiares y laborales. Se acabaría, en pocas palabras, los problemas que asumimos para vivir cómodamente. Claro que esto es, y asumo la culpa, una resolución infantil e inmadura y es probable que casi todos nosotros pereciéramos en un escenario hostil como el que pintan los mejores libros del género. Pocos tenemos madera para ser “guerreros de carreteras”, enfundados en camperas de cuero y tachas de acero, conduciendo vehículos adaptados con motores V-8 y con un perro dingo en el asiento trasero. Y menos aún, tenemos la maldad necesaria para transformarnos en punks desalmados o en niños cavernícolas que enarbolan por toda arma un boomerang de filo mortal. Pero eso no quita que no disfrutemos de la imaginería de estos universos casi despojados de seres humanos, de escenarios violentos y paupérrimos que, por regla general, son calurosos y desérticos. En lengua anglosajona lo anterior se define con el sustantivo de wastelands; en castellano con el de tierras baldías.

  El libro que nos compete: Paisajes del apocalipsis (The End of the Whole Mess, hermoso título que podría traducirse en porteño como El fin de todo el quilombo), se trata de una compilación realizada por John Joseph Adams que fue publicada  en el año 2012 en la colección “Gótica” de Valdemar. Un título absolutamente atípico para la colección que, sin embargo, merece la atención del lector, por su excelsa calidad y su exótica naturaleza. Pero antes de abordar el libro, el género merece un breve repaso que ensayaré a continuación, con más capricho literario que ánimo abarcativo, por lo que deberán disculparme las fragantes ausencias que, seguramente, los lectores avezados descubrirán en breve. El género literario post apocalíptico es, por contradictorio que suene, prolífico y goza, casi siempre, de buena vida. Sería baladí y casi imposible realizar un racconto de todas las novelas, relatos y folklores religiosos que se han sucedido a lo largo de los años (y de los siglos) alrededor de este género. Simplemente nombraré, a modo de pantallazo introductorio, algunos textos que me parecen memorables para acompañar la reseña del libro que hoy traigo a colación.

  Si bien el texto por antonomasia es el Apocalipsis  o Libro de la Revelación de San Juan, pocos se detienen a pensar que el Génesis se puede leer como el comienzo tras un final. Adán y Eva son, a la vez, los primeros y últimos hombres y sus descendientes no son menos violentos y trágicos que los sobrevivientes habituales de los relatos del género. Más allá de la mirada religiosa, el género parece sentar sus bases a inicios del siglo diecinueve con dos obras esenciales, por un lado el poema en prosa de Jean-Baptiste Cousin de Grainville llamado Le dernier homme publicado en 1805 (plena era napoleónica) que desarrolla la historia del último hombre y la última mujer sobre la Tierra (la inversión del mito adámico) llamados  Omegarus y Syderia, quienes fracasan en reproducirse y su muerte desemboca en el apocalipsis y en la consecuente resurrección de los muertos. Pocos años después, la creadora de Frankenstein, Mary Shelley, escribió la novela The last man (1826) donde un hombre intenta sobrevivir con su familia a una plaga que asola a la humanidad.

  Pero es en el siglo XX donde el género alcanzó sus verdaderas cuotas de genialidad y donde se sucedieron los mejores libros del género. En los albores del siglo XX, los autores franceses encontraron en esta vertiente literaria un verdadero oasis a sus angustias, a esa nube negra que se perfilaba en toda Europa ante la inminencia de una crisis a escala planetaria. El ninguneado Miguel Verne –hijo del famosísimo Julio- escribió, apañado bajo el nombre de su padre, algunas novelitas memorables. En El Eterno Adán -1910- retomó el concepto de una humanidad cíclica que renace de sus cenizas, en este caso, un arqueólogo descubre un manuscrito milenario que retrata la extinción masiva de la apo5especie tras una inundación que cubre los continentes. Idea recurrente en la ciencia ficción –y en la realidad- que también usó el autor J. G. Ballard en su novela El mundo sumergido -1962-, donde las aguas y el propio pasado Cretácico comienzan a anegar a una humanidad atontada por los cambios abruptos a la que es sometida. Camille Flammarion, una especie de Carl Sagan de la Belle Époque, escribió en 1894 una deliciosa novela en cuyo título lo decía todo: El Fin del Mundo. El libro tuvo un acierto que lo eleva por encima de producciones similares, el autor describe varios cataclismos que golpean la sociedad futura, pero ninguno alcanza a quebrantarla. La humanidad, tras un largo apogeo, se desinfla y muere víctima de su propia decadencia como especie. En un arrebato morboso, Flammarion elige su urbe, la ciudad luz, como la primera capital que desaparece tras la hecatombe inmensa que producen las aguas. Las descripciones frías, distantes y asépticas, propias de un científico desalmado, fueron expropiadas por el británico Olaf Stapledon en sus cosmogonías antinovelísticas de El Hacedor de Universos -1937- y Los primeros y últimos hombres -1930.

  J. H. Rosny, otro autor francés, tuvo la virtud de escribir sobre tópicos que utilizaría la ciencia ficción 40 o 50 años después, redactando fantasías de una fuerza inimaginable. La muerte de la Tierra -1910-, una novela breve, posee la audacia de retratar la extinción absoluta de la humanidad, describiendo los últimos momentos del único sobreviviente humano, que lega el planeta a unas criaturas raras, extrahumanas, los ferromagnetos. El ignoto autor galo, Jacques Sptiz, desarrolló una hipótesis que suena ridícula así narrada: la de que la humanidad se extinga a causa de una invasión masiva de moscas. Sin embargo, la novela, La guerra de las moscas -1938-, sienta cátedra de cómo escribir un libro sobre el fin de la humanidad. Los insectos sufren una mutación que los vuelve inteligentes y le declaran la guerra a la otra plaga que puebla el planeta, la de los humanos. La novela está plagada –y apo3recalco este verbo adrede- de aciertos que pronto incorporarán otros autores. Una invasión ilustrada de forma verosímil, donde las potencias reaccionan tarde, dejando que la crisis se cuele por los países más desposeídos. Hay imágenes terribles como la bandera blanca que enarbola la humanidad, rindiéndose ante el invasor, bandera que es cubierta por la mierda que lanzan las moscas desde el aire.

  Cruzando las aguas, en Inglaterra, M. P. Shiel fue el autor de una novela perfecta: La nube púrpura -1901-. Este libro, que no da concesiones, está lleno de aciertos. El primero de todos es que el sobreviviente es por completo antipático y desagradable. No es lo mejor de todos nosotros, sino casi lo peor. El último representante de la raza humana es casi un desecho de la misma, un desclasado. Un misántropo que se pasa la mitad del libro quemando las ciudades que siguen en pie, para borrar el recuerdo del hombre y temiendo a los fantasmas que acechan en las ruinas. También inglés fue W. H. Hogdson cuyo inmenso genio muchos reducen al de ser un mero precursor de Lovecraft. Hogdson fue un autor de una imaginación tan excéntrica y exuberante que aún hoy día es leído con reticencia. Su obra magna fue El reino de la noche -1912-, donde la última humanidad se recluye en pirámides gigantescas que se alimentan de la poca energía que pueden extraer de la Tierra, mientras el exterior está sumido en la negritud más absoluta, producto de la ausencia casi total de la luz del sol; el exterior está poblado por seres gigantescos, babosas horrendas y de fuerzas maléficas, invocadas milenios atrás, por nigromantes enloquecidos que experimentaban con otras dimensiones. La sensación de vacío y soledad que trasmite el libro es desoladora.

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  Y fue una mujer, Andre Norton, quien sentó los tópicos novelísticos de la Tierra tras un debacle nuclear. El libro Star man’son, 2250 A.D. -1952- habla de un mundo devastado por la guerra atómica, del hombre que olvida ese pasado y lo restringe a leyendas terribles, donde las ciudades en ruinas, sembradas de selvas y cráteres, sólo sugieren, a la memoria dormida, su esplendor de antaño. Lo mutante y lo monstruoso adquieren un protagonismo absoluto. Esta novela, sin dudas, inspiró el mundo de post humano de Thundarr the barbarian, serie animada creada por Ruby-Spears  que se mantuvo en el aire durante tres años (1980-83) con un total de 23 capítulos.

IMAGE0372Tampoco podemos olvidar novelas esenciales como Soy leyenda de Richard Mathenson (1954), El día de los trífidos de John Wyndham (1951), La máquina del tiempo de H. G. Wells (en su viaje más extenso hacia el crepúsculo de la historia del mundo, el viajero se encuentra con una criatura tentaculada, de color oscuro, que emerge sobre la orilla del mar), La tierra permanece de George R. Stewart (entre las mejores novelas jamás escritas sobre el género) o la extrañísima Castaway (1934) de James Gould Cozzens que no habla específicamente del fin del mundo, pero desarrolla el peculiar comportamiento de un hombre, parapetado en soledad, dentro de un centro comercial abandonado; El fin de la infancia de Arthur C. Clarke (1953) o las titánicas obras Apocalipsis de Stephen King (1978), El canto del cisne de Robert R. McCammon (1987) y la trilogía de El autocine (The drive-in series, 1988-2005) de Joe R. Lansdale que mezcla zombis, dinosaurios, vaqueros y toda clase de delirios en un mismo plató. De este mismo autor no podemos olvidar su nouvelle On the Far Side of the Cadillac Desert with Dead Folks, 1989, que combina con absoluta destreza Apocalipsis zombi y destrucción.

  Basta lo dicho para tener un pantallazo breve del fin de los tiempos en la literatura de los pasados dos siglos. Como dije más arriba, Paisajes del apocalipsis es una antología que se destaca por su inusitada selección de relatos que, muchas veces, van a contrapelo de lo que un lector experimentado o no espera del género. La antología resguarda en todo momento un vector característico que es el de la esperanza: a pesar de que la especie parece haber llegado a su final, detrás de la última línea parece haber siempre otro amanecer.

Hay cuentos donde la angustia se sobrecarga, como el relato que abre la antología, El sonido de las palabras de Octavia Butler. Aquí  la humanidad pierde la capacidad del habla y eso, por sí solo, basta para desencadenar asesinatos y caos contra los pocos que aún son capaces de comunicarse con sonidos y que, en sociedad, se guardan muy bien de hacerlo saber. Inercia de Nancy Kress relata la vida dentro de una colonia de sobrevivientes a una plaga, que están aislados, porque son contagiosos y tienen el aspecto de leprosos. Mientras que los enfermos sobreviven contra todo pronóstico a la hambruna y la violencia, en el exterior la humanidad comienza a destruirse.

Otro relato que posee un desarrollo espléndido y un trabajo documental digno de mérito es Cuando los admindesis gobernaron la Tierra de Cory Doctorow que se encarga de describir con minúsculo detalle qué pasaría con Internet si el fin de los tiempos no alcanzara. ¿Cómo nos las arreglaríamos para mantener funcionando las redes? Doctorow lo explica en un verdadero tour de force que pone los pelos de punta. En Gentecasta de arena y escoria Paolo Bacigalupi habla de la deshumanización en un cuento espeluznante sobre unos guerreros cyborgs que recuerdan a las creaciones del cine zetozo de los 80 como Eliminators (1986) de Peter Manoogian o Hands of steel del italiano Sergio Martino. Los Ángeles de Artie de Catherine Wells puede leerse como una de las la inspiraciones que los directores canadienses tomaron para filmar Turbo kid (2015). La autora construye su trama alrededor de un mundo escindido en dos sociedades, una condenada a agonizar en una Tierra moribunda y la otra que se fuga a las estrellas. La humanidad vive recluida en ghettos violentos, donde un chico con mucho genio vuelve a hacer uso de las bicicletas para impulsar la dinámica del hombre, todo esto enmarcado por un rígido código moral, que se inspira en las leyendas artúricas.

 

Pero las frutillas del postre son los cuentos Y el profundo mar azul de Elizabeth Bear y El apo1circo ambulante de Ginny Caderasdulces de Neal Barret Jr. El primero relata el viaje de una mensajera en una moto Kawasaki que atraviesa el desierto radioactivo de Nevada para hacer una entrega a vida o muerte. La descripción del paisaje es desoladora, pero la fuerza y la voluntad que emana la protagonista insufla energía al lector. El segundo es un cuento que recuerda, en su ambientación, a las mejores historietas post nucleares de Richard Corben. Amalgama sideshows junto a animales humanizados muy mala leche. El detalle de unos perros Chow motociclistas, en plan Hells Angels, encuerados con unas camperas que tienen bordado el logo de Purina sobre sus espaldas es, la verdad, un toque de genio. Hacia el final, quedan otras dos piezas magistrales: El fin del mundo tal como lo conocemos de Dale Bailey en que se deja de lado los clichés catastróficos del género y se habla, más bien, de un fin del mundo aburrido, donde el protagonista se hace alcohólico y duerme hasta tarde, porque no sabe muy bien qué hacer con su tiempo. Y, por último,  Una canción antes del ocaso de David Grig que elucubra sobre qué pasaría con un músico virtuoso en un mundo en manos de vándalos salvajes. Tal vez en los autores más reconocidos es donde la antología decae un poco, por ejemplo en el cuento de George Martin Oscuros, oscuros eran los túneles que es algo predecible y soso o en Modo silencio de Gene Wolfe.

Queda pendiente, para un futuro artículo, hablar del desarrollo del género en estos lares, ya sea en la Argentina o en el resto de Hispanoamérica que, a pesar de no ser tan prolífico como en el norte del hemisferio, hubo y hay algunas gemas literarias.

En 1947 el Boletín de científicos atómicos creó el llamado “reloj del apocalipsis” con el objetivo de dar un pronóstico real de cuán cerca estamos de una conflagración atómica. La medianoche señala la destrucción total del hombre. Los últimos ajustes de los relojeros del fin del mundo dicen que apenas estamos a dos minutos del desenlace absoluto. Eso nos deja, lamentablemente, con menos tiempo del que pensábamos para sumergirnos en estas terribles lecturas sin final o, mejor dicho, con finales a todo trapo.

Mariano Buscaglia

A Bajar el Anuario 2018

Como ya es costumbre a principios de cada año, aquí tenemos nuestro Anuario 2018, recopilando todo lo publicado en el blog en el año recién terminado, para todos aquellos que por alguna razón u otra les resulte mas comodo leer todo lo hecho aqui de un tirón desde su dispositivo móvil de elección (o imprimiendo las paginas, si usted es mas retro). Para ello tienen versiones en pdf, epub y mobi. Seguro alguna van a poder leer.

Entonces solo vayan al link de abajo, descarguen el archivo comprimido, descomprimanlo y disfruten la lectura. Y si le interesan los antiguos anuarios y las recopilaciones de material del antiguo blog , vayan a la seccion E-Zine y bajenlos, que son gratis. Y lo mismo pueden hacer con otros blogs que merecen el rescate, algo que venimos haciendo lentamente en El Compilador Digital, en ediciones aprobadas por los blogueros responsables. Para que no digan que no les damos material para leer.

Descargue el Anuario 2018 de Arboles Muertos y Mucha Tinta aqui

 

 

 

El chevere venturante Mr. Quetzotl de Arisona de Juan Simeran

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Juan Simeran tiene una obra consolidada como escritor de ciencia ficción que, lamentablemente, quedó en los márgenes de la crítica literaria, debido a que la literatura de ciencia ficción rara vez alcanza difusión en medios que escapen al fandom o al de los cenáculos de géneros. Entre sus novelas se cuentan Argentinos, a vencer! (2012), 8 grados centígrados (2013) y Los niños de Berisso (2017), además de una profusa labor como cuentista.

El chevere venturante Mr. Quetzotl de Arisona (Ediciones Ayarmanot, 2018) adopta el mismo principio o excusa cervantino de que los libros, en su justo exceso, enloquecen. Simeran sigue por encima las desventuras quijotescas para reescribir el clásico de Cervantes, cuyo combustible argumental son las viejas novelas de ciencia ficción del canon argentino, quiero decir, las obras de ciencia ficción extranjeras con las que se formaron tantos lectores del siglo pasado (eso incluye todo lo que salió en Minotauro, las revistas Péndulo y autores dispersos como Phillip K. Dick o Stanisław Lem). El Cabayero de la Luser figura, junto con su vecino Sanches Puk, parten a “correr venturas del Saifái”. Así se expresan los personajes en un spanglish retorcido que se habla en la futura y apocalíptica Arizona que recrea el autor. Un futuro que se trasluce desolador  y que, tal cual lo pinta Simeran, parece muy probable.

La gran apuesta del escritor está en el lenguaje, como señalé, un spanglish bien fonético y que adopta, sobre todo, los recursos lingüísticos del habla mexicana. Lo que está en consonancia con la ambientación de la novela que transcurre en un EE.UU. mutado por la inmigración y el reflujo hacia el norte del territorio por parte de los yanquis. Tal vez este uso extremo del lenguaje incordie a algunos lectores, poco dados a los experimentos retóricos pero, sin ese juego lingüístico, la novela no tendría el mismo peso literario. Si bien el texto es comprensible y guarda la amenidad de la buena prosa de Simeran, también salpicada por giros de la literatura española del Siglo de Oro, el resultado es extraño y a la vez asombroso. Como bien dice el prologuista, Simeran no la pifia nunca. El relato fluye con naturalidad, sin artificios, y, con un poco de esfuerzo (en tiempos en que estamos condicionados a no hacerlo) se disfruta muchísimo ese cambio. El texto también sigue a Cervantes en el camuflaje de la autoría del libro.  En el caso de Simeran Pierre de M. es el autor del texto que recopila, fragmentariamente, las aventuras de Mr. Quetzotl y compañía, y Mr. Yon Simeran oficia de editor.

Como el Quijote, la novela de Simeran es un experimento lingüístico, pero también es una simple novelita de aventuras que tiene por andamiaje lo mejor de los clásicos de la ciencia ficción. El chevere venturante Mr. Quetzotl de Arisona es puro entretenimiento y, a la vez, es un ensayo de la forma en que leemos y en cómo nos transforman esos textos.