Mañana es asesinato

mañana es asesinato

Título original: Tomorrrow is Murder (1960)

Autor: Carter Brown (seudónimo de Alan Geoffrey Yates)

Colección: Caimán n° 217

Edita: Diana, México, 1962
Está bien empezar a postear aquí con una reseña de un libro de Carter Brown. Quienes me vengan siguiendo desde mi blog anterior sabrán que para mí, Carter Brown es el paradigma de lo que debe ser un escritor de novelas populares: escritor de novelas ligeras, entretenidas, sin más que pretensión que el entretener (que no es una pretensión menor, se los aseguro).
Dentro de estos parámetros, Carter Brown es una lectura fabulosa, un tipo que produce libros que matan el rato sin sufrir. Las páginas de sus novelas habitualmente se pasan velozmente, dejando el placer de unas horas bien empleadas en el pasatiempo. Eso sí, no le pidan profundidad filosófica o siquiera realismo: sus ciudades americanas, sus detectives privados, sus mafiosos, sus rubias seductoras salen todas de la novela negra mítica, sin una relación directa con la realidad, como corresponde a un autor que escribe ambientaciones en Estados Unidos viviendo en Australia. O sea haciendo una suerte de autoreferencialidad pop sin conciencia de ello.
Esta novela me intrigaba particularmente por ser una en las que aparece la única protagonista femenina de CB: Mavis Seidlitz. Seidlitz es la definición clásica de la Rubia Boba de los chistes para revistas para hombres de esos años: con un cuerpo que deja a los hombres babeando y un cerebro ausente con aviso la mayor parte del tiempo. Señoritas feministas, perdónenla a Mavis: es un producto de su tiempo.
La trama pone a mavis a proteger a un tipo al que públicamente una adivina ha dicho que morirá al día siguiente… lo que ocurre en día y fecha. Y claro ahí empieza la intriga de quién lo hizo, con Mavis realmente entendiendo poco y nada y las cosas resolviéndose un poco pese a ella.
Sí, es un libro de humor machista y políticamente incorrecto. Sí, Mavis tiene básicamente aire por cerebro. Sí, hay momentos de humor decididamente forzado. Y sin embargo se sigue leyendo sin sufrir. Las vueltas y revueltas para descifrar el caso siempre dejan en vilo al lector lo suficiente para seguir avanzando pese a todo. Y Carter Brown avanza a toda velocidad llevando al lector por las narices con su estilo ágil, lo suficiente para que le lector no se preocupe por ver si en el avance se cae en alguna incoherencia. El objetivo es que pase páginas y no sufra. Y en eso, el autor es un experto.
Y además, por todo el machismo e incorreción política exhibida, Mavis nunca es una tonta total. El tono de humor “tongue in cheek” que permea cada página la hace mucho más digerible. Brown sabe que es un chiste y nos lo recuerda continuamente. Podes reírte o indignarte. Pero me parece que indignarte es la respuesta equivocada.
No es la novela que más me ha gustado de Brown, justamente porque su protagonista reacciona antes que actuar (como pasa con los protagonistas masculinos de Brown). Pero tampoco es una mala lectura. Amenizó el viaje del trabajo a casa y viceversa. Nunca me costó pasar las páginas. Eso era lo que uno tiene que esperar acá. Y eso es lo que Carter Brown siempre cumple con creces.

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