Mas Mundodisco para todos

Brujerías (Wyrd Sisters, 1988)

Colección: Mundodisco 6

Edita: Martinez Roca, 1992

PIrómides (Pyramids, 1989)

Colección: Mundodisco 7

Edita: Martinez Roca, 1992

¡Guardias! ¿Guardias? (Guards! Guards?, 1989)

Colección: Mundodisco 8

Edita: Martinez Roca, 1992

Autor: Terry Pratchett

Venía remolón, dándome vueltas a la hora de escribir sobre las últimas novelas de Mundodisco que he leído. A veces es así, me da vagancia escribir sobre algo y lo voy estirando. Pero, ojo, no porque la serie decaiga. Por el contrario, a esta altura, Pratchett ya le encontró el tono definitivo a la serie y aquí nos presenta a tres historias fabulosas. Y sobre todo, muy graciosas.

En Brujerías, Pratchett va a agarrar el argumento de Macbeth de Shakespeare y convertirlo en comedia. Para eso va a usar a Yaya Ceravieja (a la que ya vimos en Ritos Iguales) junto a dos de sus compañeras, teniendo que enfrentarse a desgano a un rey usurpador y asesino del rey legítimo, que las quiere inculpar de sus problemas. Además hay un heredero justiciero, un reino enojado, una esposa que azuza al usurpador y unos actores de teatro. Sí, todo muy shakesperiano… hasta que uno lo lee. Porque esto es una farsa de tomo y lomo, con brujas enojonas y provincianas, fantasmas que no quieren serlo, príncipes que no tienen ni idea, tiranos idiotas, y saltos temporales locales. Y Yaya Ceravieja – que en la novela anterior estaba esbozada – acá deviene una fuerza de la naturaleza hecha señora, una suerte de señora de su casa que no quiere saber nada de moderneces, con cero sentidos del humor y un pragmatismo que corta boludos en cantidad. O sea el equivalente juvenil de tu tía abuela, esa que siempre sabe lo que hay que hacer aunque no tenga ni idea y no acepta un no por respuesta cuando decidió que ese es el camino correcto a seguir.

Pasando a Piromides, la parodia va hacia el Antiguo Egipto. Un lugar donde nunca pasa nada, donde todo siempre pasa exactamente igual, donde los faraones gobiernan y mueren para ser convertidos en momias que viven eternamente bajo las pirámides… les guste o no. Y donde le poder energético de las pirámides es real. Tanto que si se hace un poco demasiado grande pues… tenemos problemas con la realidad. Sumemos a un joven faraón que estudió para ser asesino (en la escuela del Gremio de Asesinos de Ankh-Morpokh nada menos) devenido en justiciero nocturno contra su propio reinado, una familia de constructores de pirámides muy ambiciosos, un Sumo sacerdote con n oscuro secreto y un camello que es un verdadero genio de las matemáticas y tenemos los ingredientes para una novela que a mí me tuvo por momento riéndome a carcajadas.

Y en ¡Guardias! ¿Guardias? Conocemos a la Guardia Nocturna de Ankh Morpokh, una de las agencias de protección más inútiles e innecesarias de la historia. Que de repente se topan con una conspiración para que aparezca un dragón y con ello, conseguir un rey que lo elimine y así conseguir un nuevo gobernante en la ciudad… excepto que el dragón no quiere. Y es inteligente. Y jodido. Súmenle a una vieja solterona obsesionada con los dragones, la aparición rutilante del simiesco Bibliotecario de la escuela de magia (si leyeron alguna de las novelas anteriores ya lo van a conocer) y el gran rol del Patricio, gobernante de la ciudad, un tipo que hace que Batman parezca un novato a la hora de urdir planes sobre planes sobre planes. Si bien las tres con muy buenas novelas, esta es simplemente genial. Hay hasta chistes con Harry el Sucio, en una escena que hay que leer para creerla.

Lo vuelvo a decir: si no leyeron nunca alguna novela de Mundo disco no sé qué hacen acá. Vayan y consíganlas. Es perderse una de las mejores sagas de literatura de los últimos cincuenta años.

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El enigma de Agustín Pérez Zaragoza

Tal vez guiados por las opiniones de contemporáneos como Larra, que atribuía el éxito de la Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas al mal gusto del público, o Mesonero Romanos, que en sus memorias solo le concede el valor de entretenimiento sin demasiado fondo en una época creativamente anodina, durante mucho tiempo el discurso académico apenas prestó atención a la obra de Agustín Pérez Zaragoza, objeto como mucho de unas pocas líneas en sus historias de la literatura. Fue más ocupación de glosadores de la ficción macabra mantener vivo su recuerdo. Casi ninguna antología consagrada a la literatura fantástica española ha dejado de incluir alguna de las narraciones de la Galería fúnebre, y también lo han hecho otras recopilaciones más generales. La primera fue la firmada por Juan J. López Ibor para Labor, Antología de cuentos de misterio y terror (1958), donde aparecía «Bristol o el carnicero asesino». Es sintomática la carencia de cualquier dato biográfico sobre Zaragoza en las notas que, dentro de este libro, se dedican a introducir la figura de cada uno de los autores seleccionados. Muy influyente fue Cuentos de Terror (1963), preparada por Rafael Llopis para Taurus y luego reeditada con algunos cambios en el sumario por Alianza Editorial, donde aparece «La princesa de Lipno o el retrete del placer criminal». La elección de José Luis Guarner en su Antología de la literatura fantástica española (1969), de Bruguera, fue «Dompareli Bocanegra», mientras para la Antología de terror clásico español (1984), de Forum, Carlos José Costas seleccionó «La duquesa de Malfi» y «Blanca María o la condesa de Celán». Curiosamente, la Antología española de literatura fantástica (1992), preparada por Alejo Martínez Martín para Valdemar, renuncia a la participación de Pérez Zaragoza, tal vez porque ya había empezado a correrse la voz de la discutible originalidad de sus relatos. Otras antologías más recientes, como Panteón del gótico español (2016), no han sentido tales escrúpulos.

Lo curioso es que, pese a la presencia de los contenidos de Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas en tantas colecciones de relatos, la obra completa nunca se ha reeditado en forma impresa y el interesado o estudioso hoy debe recurrir a ediciones digitales, como la que ofrece la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Luis Alberto de Cuenca lo intentó en 1977 para la colección Biblioteca de Visionarios, Heterodoxos y Marginados, de Editora Nacional; pero hubo de contentarse con un único volúmen que recogía exactamente la mitad de la obra original. Al menos esta edición sirvió no solo para acercar un poco a los lectores unos textos hasta entonces retenidos en los anaqueles de los bibliófilos afortunados, sino también para iniciar una investigación algo más concienzuda sobre la biografía de su autor. Antes de que Luis Alberto de Cuenca redactara el prólogo de su edición, solo Juan Ignacio Ferreras se había ocupado de su figura con algún detalle en Los orígenes de la novela decimonónica (1973).

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Esta lectura parcial de la Galería fúnebre, para la mayoría, y el desconocimiento de las circunstancias de su creación, así como el olvido de otras obras similares escritas por plumas españolas en ese periodo, crearon la impresión de que se trataba una obra excepcional en nuestra literatura. Sabemos ahora que no es así, gracias al trabajo de nuevos investigadores como Míriam López Santos, entre otros. La novela gótica gozó de cierto predicamento entre los lectores españoles en un momento en el que la novela misma se convertía en el género predilecto de la burguesía en toda Europa. Y ese éxito se correspondió con la traducción de no pocas obras inglesas y francesas, al tiempo que se alentaba una producción propia que poco a poco ha ido desempolvándose de los rincones poco transitados de las bibliotecas, como La urna sangrienta, o El panteón de Scianella y La torre gótica, o El espectro de Limberg, de Pascual López y Rodríguez.

Con todo, apenas se sabía algo de Agustín Pérez Zaragoza, primer puntal recordado durante casi dos siglos de la novela gótica española. La aportación de Luis Alberto de Cuenca en 1977 fue listar sus obras adormecidas en los anaqueles de la Biblioteca Nacional, recuperar los comentarios que habían suscitado entre críticos y eruditos, y entresacar algo de información de las escasas líneas que el propio Pérez Zaragoza dedicó a sí mismo. Todo ello apenas sumaba nada.

Desde entonces la digitalización de hemerotecas nos ha ayudado mucho, porque más allá de lacónicas confesiones dentro de sus propios escritos, la mayor parte de cuanto hemos llegado a saber de Agustín Peréz Zaragoza se encuentra en boletines oficiales y notas de prensa. No tuvo amigos que le redactaran un panegírico o enemigos tan cercanos como para usar lo personal en un ataque. Nadie nos contó su vida y, en lo que se refiere a su esfera más íntima, lo desconocemos casi todo. Juntando las piezas desperdigadas del puzzle, llegamos a la conclusión de que nació alrededor de 1780, aunque desconocemos dónde y en qué fecha exacta. En algunos textos escritos en el extranjero suspira por regresar al lado del Bidasoa, lo que no haría absurdo pensar en un origen guipuzcoano o navarro. También se nos escapan las circunstancias de su muerte.

Tuvo algún cargo público durante el reinado de Carlos IV y se puso del lado de los ocupantes franceses durante la Guerra de la Independencia, aunque él se justificaría a posteriori asegurando que su intención era servir mejor a los españoles desde dentro de las filas enemigas. Temeroso de las represalias, en 1813 se vio obligado a huir más allá de los Pirineos, probablemente a Burdeos, antes del regreso al trono de Fernando VII con la firma del Tratado de Valençay. En los años previos a la guerra, Zaragoza había demostrado inquietudes artísticas; de hecho se conservan partituras de composiciones musicales publicadas, como un minué para guitarra datado alrededor de 1801. Aseguraba haber sido un escritor prolífico y que el aprecio por sus textos le habían granjeado el favor de la autoridad y el cargo que ostentaba; si es cierto, toda obra anterior a la guerra se ha perdido y no conocemos ni los títulos.

En la época amarga del exilio, cuando incluso llegó a considerar el suicidio, volcó sobre el papel el primer texto del que sí tenemos noticias. Proclamaba haber encontrado consuelo a su desdicha en la religión y de esta hace apología en su libro publicado primero en Francia y luego reimpreso en Madrid en 1820: El fruto de la Religión en la desgracia o Reflexiones filosófico-morales de un español expatriado, víctima de opiniones políticas, escritas para consuelo de la humanidad afligida. Dedicadas a la tierna y generosa madre patria. Claro que siempre cabe la sospecha de que sea un escrito de descargo ante las autoridades, previendo sospechas y acusaciones, dada su intención de regresar. Por otro lado, se muestra como exaltado antijesuita en otro opúsculo de ese mismo año: Memoria de la vida política y religiosa de los jesuitas, donde se prueba que no han debido volver a España por ser perjudiciales a la religión y al Estado. Escrita en obsequio de Dios, del Rey y de la Patria. Esto no implica que fuera anticlerical, porque la inquina ante la Compañía de Jesús tenía larga raigambre, incluso en otras organizaciones dentro de la Iglesia Católica.

De un año después, impreso igualmente en Madrid como el resto de su obra, es El remedio de la melancolía, la floresta del año, o colección de recreaciones jocosas e instructivas. Obra nueva que contiene lo que se ha escrito e inventado mas agradable por autores modernos hasta el año de 1821, en clase de anécdotas, apotegmas, dichos notables, agudezas, aventuras, sentencias, sucesos raros y desconocidos, ejemplos memorables, chanzas ligeras, singulares rasgos históricos, juegos de sutileza y baraja, problemas de aritmética, geometría y física, los más fáciles, agradables e interesantes. Traducidas y recopiladas de diferentes autores franceses y otro. Publicado en cuatro volúmenes, este popurrí apenas contiene nada de original, como el mismo autor confiesa, aunque algo debieron encontrar inmoral o contrario a la fe en sus páginas, porque en 1827 la obra fue incluida en el Index Librorum Prohibitorum romano.

Agustín Pérez Zaragoza esta particularmente activo en ese 1821 y entrega también a la imprenta Historia de zorrastrones, o descubrimiento interesante de las finas y diabólicas astucias de los caballeros de la industria, rateros y estafadores. Se trata de una traducción del francés en dos volúmenes, con algunos cambios particulares en su redacción por parte del autor español. Aunque no he tenido oportunidad de leerlo y cotejarlo, apunto para futuros investigadores la sospecha de que, vistos los precedentes, quizá la obra que le sirvió de inspiración fuera otra de Cuisin, pues en ese mismo año había publicado una Les Farces nocturnes des contrebandiers et des fraudeurs. Recueil contenant un grand nombre d’anecdotes très-amusantes et très-récréatives, de tours, ruses, finesses et stratagèmes extrêmement ingénieux, comiques ou audacieux, imaginés et employés pour frustrer les droits. Par un ancien douanier. Paris, Corbet, 1821.

Un exitoso producto de su pluma será La nueva cocinera curiosa y económica y su marido el repostero famoso, amigo de los golosos. Tres volúmenes publicados entre 1823-1825 en la imprenta de Eusebio Álvares. Aquí teoriza sobre gastronomía y ofrece recetas.

Inmediatamente después, Pérez Zaragoza publica otros cuatro volúmenes, el último de ellos en 1826, esta vez de una Enciclopedia de la Juventud, o sea Compendio general de todas las ciencias, para el uso de los colegios, escuelas y pensiones de ambos sexos, de nuevo una traducción que el autor español enriqueció a su criterio. De esta obra pedagógica, la parte consagrada a la mitología gozó de una reedición como volumen exento.

De carácter edificante, y también de 1826, es La virtud, o sea, retrato perfecto de un hombre honrado, un compendio de recetas morales. En este caso el autor no confiesa traducción alguna, pero tan aficionado era Pérez Zaragoza a hurgar en obra ajena que la originalidad de esta obra habrá que dejarla en cuarentena a la espera de que algún investigador le dedique un estudio detallado.

Sí son traducciones reconocidas algunos textos autógrafos llegados hasta nosotros fechados en 1830 y que seguramente nunca llegaron a la imprenta. Uno de ellos es La Resurrección de los muertos. Diálogo de los modernos. Desconozco su procedencia, pero dado el historial de Agustín Pérez Zaragoza y que la obra consiste en una serie de diálogos imaginarios entre personajes históricos, la mayor parte franceses, podemos suponer el origen gálico. Otro de esos manuscritos procede de Goldoni, la obra teatral El hombre adusto y benéfico: comedia nueva en tres actos (Il burbero benefico).

Todo lo referido hasta ahora no habría merecido alusión alguna de Agustín Pérez Zaragoza en los tratados sobre literatura decimonónica. Si le tenemos en alguna estima es por la empresa que le embarcará durante 1831: la publicación a costa de su bolsillo de la Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas.

La mezcla de lo melodramático y lo moralizante ya venía gestándose y logrando un gran éxito entre el público burgués desde mediados del siglo XVIII con las novelas de Samuel Richardson. Este tipo de narrativa sentimental, aún de corte clasicista, irá poco a poco impregnándose de una nueva sensibilidad más oscura y fantasiosa, como la que ya revela su contemporáneo Edward Young, cuyos Pensamientos nocturnos se publicaron en el periodo 1742-1745, muy pocos años después que la célebre Pamela. Fantasmas y diablos, sepulcros, mazmorras y ruinas a la luz de la luna, tormentas cruzadas por el rayo, bajeles azotados por las olas… Toda esa imaginería se convertirá en cotidiana en la novela de las últimas décadas del ancient régime y servirá como heraldo del Romanticismo. En España nos procura en 1789 las Noches lúgubres, de Cadalso, imitación de Young; pero es la influencia de la novela histórica a la manera de Walter Scott y también los novelistas góticos, en especial Ann Radcliffe y sus émulos, los que acabarán por dejar una huella duradera en la literatura en castellano. Tanta abundancia de traducciones de originales galos y anglosajones llega a preocupar a muchos críticos: «Nuestra nación en otros tiempos original, no es otra cosa en el día que una nación traducida. Los usos antiguos se olvidan y son reemplazados por los de las otras naciones. Nuestros libros, nuestras modas, nuestros placeres, nuestra industria y hasta nuestro modo de pensar, todo es ahora traducido», escribe Mesonero Romanos en 1828.

No obstante, cuando Zaragoza publica sus relatos aterradores, E. T. A. Hoffman sigue inédito en español. Tampoco clásicos de la novela gótica inglesa, como los irreverentes Frankenstein, Vathek o Melmoth se habían publicado aún en la península. Existía, por ejemplo, una versión de 1822 de El monje salida de imprentas francesas para burlar la censura o de El vampiro de Polidori, atribuyéndolo a lord Byron. Sobre todo lo que más triunfa son las traducciones de Radcliffe —tres de sus novelas ya se habían publicado en nuestro país antes de 1831, aunque su obra más famosa, Los misterios de Udolfo aparecería por primera vez un año después que la Galería fúnebre— y arrastran tras ella apócrifos procedentes del francés y textos menores de sus discípulas, como las novelas escritas por Sophie Lee, Elizabeth Helme o Regina Maria Roche. No parece que Agustín Pérez Zaragoza conociera el inglés, aunque se manejaba con soltura en la lengua francesa, así que tuvo a su disposición abundantes obras no traducidas al español.

Muchos lectores españoles, cansados de textos de instrucción religiosas, evocaciones a Grecia y Roma o amores entre pastores, mostraban interés por estas novelas rebosantes de emociones fuertes. No todos los escritores estaban dispuestos a ofrecérselas. Los debates literarios entre «romancescos y clasiquillos», es decir decir entre los seguidores de la nueva invasión romántica y los defensores del baluarte neoclásico, hacían a menudo hincapié en los desafueros de la imaginación excesiva y el gusto enfermizo por lo lúgubre, delirante y pasional. Los detractores de todo lo romántico encontrarían buena argumentación en el sensacionalismo lúgubre de la novela gótica. Así opinaba un crítico anónimo en la Crónica científica y literaria el 16 de noviembre de 1819:

«¿Qué legión de espíritus tenebrosos se ha apoderada de los escritores de nuestros días? ¿Qué sed de horrores atormenta sus desarregladas imaginaciones? Los griegos, en sus obras de imitación. no pintaban otros crímenes sino aquellos que formaban parte de la historia mitológica, y que emanaban de los irresistibles decretos de la fatalidad. Aun en estos casos usaban con mucha parsimonia de las ideas atroces y horrorosas, y no cargaban la mano a la pintura del mal, contentándose a veces con indicarlo. Pero en nuestro siglo hemos adelantado mucho en esta carrera. Gracias a la literatura de los pueblos septentrionales, los personajes de los dramas y novelas son asesinos, salteadores, brujas, magos y corsarios, diablos y hasta vampiros. Sí, señores. Un vampiro es el héroe de cierto poema que se atribuye a lord Byron, por la conocida propensión de este alegrísimo joven a semejantes personajes».

En este panorama, alguien que había vivido en Francia las modas que recorrían Europa decidió tomar papel y pluma y producir una obra a la que augura éxito comercial. Se trataba de una colección de relatos y novelas cortas agrupadas bajo el epígrafe Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas.

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Constaba de doce tomos en octavo con una media de doscientas páginas cada uno 172 tenía el primero; 282 del último, aunque este contenía la lista de suscriptores. El autor firmaba como Agustín Pérez Zaragoza Godínez en la portada y como Agustín Zaragoza y Godínez en la dedicatoria a la regente Doña María Cristina de Borbón. Se estampó en la imprenta de J. Palacios, en la calle del Factor, que al menos en la segunda década del siglo XX todavía estaba en actividad, aunque con sus talleres trasladados a Arenal 27. En Madrid estaba a la venta en la librería de la viuda de Cruz, «frente a las covachuelas». El autor y financiador de esta empresa literaria preparó un prospecto con las características y contenidos de la edición, a la espera de captar suscriptores o compradores de números sueltos. De este prospecto, que pasaría a formar parte del libro como texto del «Prolegómeno», hizo una amplia difusión en la prensa de la Corte. Posteriormente, en lugares como el Diario de avisos o El Correo fueron apareciendo recordatorios, a medida que se publicaba cada uno de los nuevos volúmenes.

El medio periodístico que más se ocupó de la obra de Pérez Zaragoza fue el Boletín de Cartas Españolas, publicado por el afrancesado José María de Carnerero tras regresar a Madrid de su exilio parisino, siguiendo el modelo de la Revue Française. Durante su primer año de vida, 1831, en la sección de «Miscelánea», donde igual se habla de un temblor de tierra que de un espectáculo de fieras, aparece en la página 200 una reseña de la obra de Pérez Zaragoza:

«PUBLICACIÓN NUEVA. — Pocas habrá, entre cuantas se ofrecen al Público, que presenten un título más sorprendente que la que se se anuncia en un Prospecto que tenemos a la vista. Su autor, D. Agustín Pérez Zaragoza Godínez, si la venta de su libro corresponde al aliciente, puede luego contar con que le ha caído la lotería. Por de pronto digo que hay que apostar ciento contra uno a que no ha errado el cálculo. ¿Qué niño, qué criado de servir, qué aguador de fuente, qué artesano por las noches de invierno, qué dama sentimental y patética, dejarán de saborear el deleite que han de proporcionarle las páginas que se están imprimiendo en casa de Palacios? ¿Y en qué Palacios ni en qué chozas, tómese la cosa por alto o bájese al vuelo, dejarán de dar pasto a la curiosidad las inauditas e incomparables aventuras con que rechinan las prensas de la calle del Factor? Bromita parece; pero no lo es, y desde luego preveo las convulsiones, las agitaciones nerviosas, los calofríos y trasudores que amenazan a la turba leyente. Para que no se diga que exagero, ni me tenga por visionario, me limitaré a copiar el título de la enunciada obra y dice así:

»OBRA SINGULAR, osea GALERÍA FÚNEBRE de especros y sombras ensangrentadas; o bien: El historiador trágico de las catástrofes del linaje humano; colección curiosa, instructiva y divertida de prodigios, acontecimientos maravillosos, apariciones nocturnas, sueños espantosos, delitos misteriosos, fenómenos terribles, crímenes históricos y fabulosos, cadáveres ambulantes, cabezas ensangrentadas, venganzas atroces, casos sorprendentes; y en fin, un cuadro histórico de los tristes efectos de las pasiones humanas, para lograr las fuertes emociones del terror, que son las que inspiran horror al crimen.

»Solo resta que añadir que esta Galería fúnebre constará de unas treinta historias trágicas, interpoladas de algunas novelas, y que hay que acudir para adquirirla a la librería de la viuda de Cruz. Aunque dicha librería es fronteriza a las Covachuelas, no se crea por eso que la lectura del Historiador trágico sea cosa de juguete.»

Aunque sabemos que en las páginas de Cartas españolas colaboraron Estébanez Calderón, Mesonero Romanos, Ventura de la Vega y Bretón de los Herreros, entre otros, ignoramos la autoría exacta de esta reseña, como tampoco la de las que seguirán. En la página 228 —cada entrega tenía dieciocho páginas, sin fecha impresa, pero llevaban numeración correlativa para ser encuadernadas en tomos—, vuelven a ocuparse de lo que parece haberse convertido en fenómeno, al principio con comentarios que parecen tomarse con sorna el éxito; después con franca admiración. En este caso arranca en la misma primera página, bajo el título de cabecera:

»PUBLICACIÓN NUEVA. Galería fúnebre, o sea El historiador trágico. Obra de don Agustín Pérez Zaragoza Godínez.

»Hemos hablado de la obra singular, que con título Galería fúnebre debía darse a la luz. En la Gaceta del 25 del corriente ha circulado con efecto el Prospecto. Dijimos que esta producción tendría gran despacho… Dígalo el librero, que el primer día no tuvo manos para apuntar suscripciones y despachar ejemplares. La obra es terrible; ¿pero quién duda de la eficacia de la mostaza, cuando se trata de que las salsas sean picantes?

»Desde luego volvemos a asegurar que con esta publicación le ha caído al señor Zaragoza la lotería. La venta del libro ha de tocar en locura; y para Zaragoza, lo mismo que para otra ciudad, pueblo, aldea o villorro, este lucrativo modo de loquear es lo que se llama encontrar la piedra filosofal. En cuanto a nos, hemos leído los dos primeros tomos y hallado en ellos un interés extraordinario. El que lea un volumen, leerá los siguientes. En el primero se halla la historia de Bristol o el Asesino carnicero, y la de la Morada de un Parricida. El segundo contiene La Princesa de Lipno y El alcaide de Nochera. Los extravíos y horrores a que suelen concudir las pasiones amorosas, cuando no hay freno que las contenga, forman por lo regular el fondo de las aventuras que se describen en esta obra. Por eso dice el señor Zaragoza Godinez en su Prolegómeno o Introducción analítica, que al ver sus historias “se estremecerán sus lectores, perderán sus facultades intelectuales y se inflamará su corazón”. Sabemos muy bien que este es un modus loquendi, y convenimos con el autor en que la lectura de los grandes infortunios del hombre no deben tener el simple objeto de la diversión, sino también el de preparar el camino a todas las desgracias de la condición humana. Familiarizarse con la imagen de la adversidad, puede ser a veces muy conveniente para saber evitarla.

»El autor no presume que su obra no sea criticada, y de antemano prevé quienes serán los que más se ceben en su censura. Conviene oírle a él mismo, en ciertas pinturas que presenta:

»”Si esta obra (dice) llegase a manos de un petimetre, de los muchos que hay tan ignorantes como afeminados, y que nunca conocieron el placer de las grandes impresiones del alma, es posible que al momento la arroje con desprecio, sin haberla leído. Siempre tonto, siempre lleno de ámbar y de insolencia, empalagoso en todas partes, no podrá distraer su vista, consagrada exclusivamente al tocador, ni revivir sensación alguna, aunque sea la copa emponzoñada de Rodoguna”.

»Para pintar lo superficiales que suelen ser semejantes entes añade:

»”En el momento mismo en que Orestes, cruelmente vendido por Hermione, despliega sus furiosos celos, he visto yo en el teatro a un Adonis, de estos que hoy día se conocen por el nombre de lechuguinos, merengues, suspirillos y otros, salir de un palco con la mayor indiferencia y frialdad, haciendo ruido con aire burlón, y marcharse a hacer señas y carantoñas con sus gemelos a otro palco, interrumpiendo la atención del público. Este mono tiene muchos imitadores”.

»Las mujeres críticas, que podrán no gustar de esta obra, dan también materia a los epigramas del señor Godinez. Oigámosle:

»”También hay en el bello sexo muchas figureras remilgadas, que con unos paracaídas por gorros llaman a todo el mundo la atención en el palco. Y estas, en la escena más sorprendente de una pieza, momeras de profesión, revientan de risa o más bien afectan reírse, por enseñar el esmalte de sus dientes y el carmín de sus labios de rosa, color comúnmente prestado. Los chulitos que las rodean, la espalda al actor, apuntan en todas direcciones con su lente, hacen mil movimientos, se componen el pelo ensortijado y salen con sus gesteras del teatro… Los aplausos no son ya de gente de tono: un caballerito comme il faut, es decir, un elegante, un lechugino, un flamante, un merengue, debe tener un gusto estragado sobre todas estas cosa, y fuera vergonzoso tener el menor sentimiento de aquellos que inspira la misma naturaleza. Es, pues, inútil escribr para esta clase de entes, que hasta en su figura degeneran de la especie humana: muñecos almivarados, pajas doradas que nunca fueron más que el simulacro de la virilidad, etc.”

»Así como el autor explica los efectos que la lectura de su obra podrá producir en loso varones, da una pincelada sobre los resultados que producirá en las hembras que la lean. La descripción siguiente es digna de figurar en este extracto. Dice así el señor Godínez:

»”La joven que, hallándose en su cuarto, en medio de un desierto lleno de malezas y bosques, no teniendo otra música que los gritos lamentosos de lechuzas y mochuelos, en una noche tempestuosa, tuviese el arrojo de ponerse a leer esta Galería fúnebre, graduaría de imprudente muy en breve su resolución; pues ya veo erizados sus cabellos, palpitar velozmente su corazón y ofrecer en sus ojos la imagen del terror. La situación de esta señorita debe ser muy crítica, si llevada de su afición a esta clase de obras horrorosas se le ocurre tomar un tomo de la Galería mientras la rinde el sueño. Es media noche: hora fatal del crimen y del silencio. Este es el momento que ha escogido para leerla; más apenas lee algunas páginas, se llena de inquietud, mira a todos lados, tiembla, se atraganta, se abraza de una silla, se erizan sus cabellos, ve revolotear fantasmas espantosas detrás de su asiento… Un espectro en su alcoba, corviéntense en figuras espantosas los dobleces de sus cortinas, cruzan duendes por todas partes; sus vestidos, colgados de una percha, son ya en su imaginación fantasmas que la amenazan con feroces miradas; su gorro, adornado de guirnaldas, al través de las sombras de la luz, es un dragón volando; oirá el estruendo de cadenas estrepitosas; y en fin, tal será el estado de su imaginación que hasta el gato será para ella un ser mágico sospechoso y todo se le transformará en visiones. Últimamente, para colmo de su desgracia, el viento agita y hace crujir las puertas, y cree ser una cuadrilla de asesinos que sube sordamente la escalera. Se arrebata: su primer impulso es arrojarse de la cama. Se arroja, en efecto, y con tal celeridad y aturdimiento que apaga la luz; quiere tirar de la campanilla, no acierta. Grita. Se enreda en las cortinas y, no dudando ya de que la detiene una mano homicida, se queda inmóvil y cae desmayada. Se anuncia entretanto la aurora y, al presentarse el brillante astro luminoso, vuelve en sí despavorida; respira con libertada y, examinando con espíritu tranquilo los objetos de sus visiones, se ríe y se avergüenza de su pusilanimidad.”

»Por fin dejemos a la señorita, vuelta en sí, después de tan tremendas angustias, dar gracias al señor Godínez por el buen rato que la ha proporcionado y si, generalizando algo más el cuadro, queremos enriquecer el efecto que producirán estas lecturas, no tenemos más que trasladar las breves líneas siguientes:

»”Mayor será el placer y diversión de las tertulias y reuniones que comúnmente hay en las lóbregas y mugrientas cocinas de las aldeas, en las que nunca falta un sacristán o barbero que entretenga a las viejas con cuentos o lea algún libro para que bailen el huso y no se duerman, pues a cada página de Galería se mirarán unos a otros, con sus caras macilentas, clavándose los ojos, espantados al oír tan tristes tragedias y casos tan lastimosos.”

»En vista de los dicho, ¿habrá quien dude que tiene muchísima razón el autor cuando, ponderando el motivo de su obra, establece que “bien coloque la escena en la abrasadora Andalucía o bien transporte a la mortífera Calabria, bajo los fuegos del cielo italiano, por todas partes se lisonjea de poder inspirar el mayor interés”?

»Hace muy bien el señor Godínez de aconsejar al lector que le siga a la luz opaca de sus lámparas lúgubres, hasta aquellas sinuosidades pérfidas y catacumbas infernales; y nosotros también le aconsejamos que vaya a la librería de la viuda de Cruz, y que se suscriba a esta obra singular y extraordinaria. Así será sin remedio, y desde luego anunciamos al señor Godínez que el despacho de su libro no será menos portentoso que le material que le compone. Como especulación de librería, creemos que el Espectador trágico tendrá mucho de cómico y de ameno para el que le ha escrito.»

No toda la prensa en aquellos días se limitó a reproducir reseñas más o menos elogiosas o a ponderar lo que se estaba convirtiendo en fenómeno, en un verdadero éxito de ventas. El 8 de julio de 1831, el Correo de Madrid publicaba una carta abierta de una pareja de escritores, Julián Anento y Benito Sebastián Castellanos, que no solo cuestionaban la originalidad de la Galería fúnebre, sino que también se titulaban como damnificados por la actividad editora de Agustín Pérez Zaragoza:

»CORRESPONDENCIA. CRÍTICA.

»Señor editor: acabamos de ver con sorpresa un larguísimo prospecto, por el que ofrece al público el Sr. D. Agustín Pérez Zaragoza Godínez una famosa Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas, de la que tiene la gracia de llamarse autor. Tanto por este engaño con que el dicho señor pretende elevarse, cuanto porque la obra que está publicando con el modesto y más adecuado título de La poderosa Themis o los Remordimientos de los malvados es la misma, y aún podría decirse que tal vez es el modelo por donde se hayan escrito las exageradas catástrofes del linaje humano, pues que apenas se muda el lenguaje, nos vemos como verdaderos traductores y legítimos autores de tres novelas aumentadas en dicha obra en la precisión de hacer al público una sencilla manifestación para que aparezca cada uno como realmente sea. En los dos tomos publicados hasta ahora de la fúnebre galería se comprenden cinco novelas de las que están ya publicadas en La poderosa Themis, que son: Bristol o el Carnicero asesino con el nombre de El Carnicero inglés o La lámpara pavososa; La morada de un parricida, con el de El Parricida; La Princesa de Lipno con el de La Morada del asesino, y La bohemiana de Trebisonda, esta ya impresa en el tomo cuarto y último de nuestra obra, que va a publicarse en breves días con el mismo título.

»Acaso la anunciada para el tomo tercero con el nombre de La Duquesa de Malfi será, según es de esperar, alguna como las anteriores; pero por lo menos prevenimos al público que las Catacumbas españolas aunque se hallan en el original francés no nos pareció decorosa traducirla, por ser un cuadro ridículo de horrorosos excesos supuestos en la gloriosa guerra de la independencia contra los franceses, cometidos por los partidarios que en aquella época fueron héroes defensores de la península y de nuestro amado Soberano, pues aunque algunos de ellos hayan posteriormente desmentido de sus intentos, en aquellos tiempos no por eso los deja de citar la historia como beneméritos en el año de 1808; y aunque, como supone el autor francés de la Galería, fuesen verdaderos sus crímenes, no estaba en nosotros sino desmentirlos: esta razón, y lo poco que favorece a la religión este escrito, es lo que nos movió a no traducirlo, y la razón última fue la que nos movió a no hacerlo tampoco de la denominada La Guerité de la religieuse ou la Vestaie prevaricatrice, la cual ofendería a nuestros religiosos lectores, pues por mucho que ambas se disfracen no puede ser tanto que no ofenda a nuestras sanas costumbres. En vista de estas razones, el público podrá juzgar si es o no justa la reclamación de os traductores de La poderosa Themis, mayormente cuando además de verter las ideas de las dos obras que les han servido de original, han hecho una porción de reformas, la han aumentado con tres de su propio caudal y añadido con ciento y tantas notas geográficas, históricas y mitológicas.»

Poderosa Themis

Aunque en aquella época la protección de la propiedad intelectual no contaba con las actuales garantías, la acusación de plagio era suficientemente deshonrosa como para que Agustín Pérez Zaragoza se apresurara a responder, publicándose su argumentación una semana después:

«Señor Editor del Correo. Muy señor mío:

»Aunque me sea sensible ocupar el periódico de vmd. con artículos que algunos tacharán quizá de impertinentes, mi honor, y más que todo la circunstancia de haber admitido nuestra amada Soberana con la bondad que la caracteriza la dedicatoria de mi obra, Galería fúnebre, y publicarse esta bajo la Real protección del Rey nuestro Señor (que Dios guarde), me imponen la imprescindible obligación de responder al artículo firmado por D. Julián Anento y D. Benito Sebastián Castellanos, inserto en el número 468 de este periódico, lo que de otra manera no hiciera, por ser demasiado precioso el tiempo para perderle en defensas cuando no hay delitos, y en dar satisfacciones en vez de pedirlas por insultos combinados con sofismas, a los que el silencio es la contestación más prudente, si no mediase también un público respetable y demasiado benigno para mí, a quien cautelosamente se ha intentado fascinar, y a quien yo reverentemente suplico me haga justicia, teniendo en consideración al intento lo que con la debida moderación voy a decir.

»La crítica es una cosa muy cómoda, porque cuando se ataca con una palabra sola por débil que sea, es preciso ocupar páginas para desvanecerla; sin embargo pienso no ser muy difuso para lograrlo, pues el sol y la verdad abaten la niebla y la calumnia solo con su presencia. Tengo en mi favor la luz de la razón que reside en todos los hombres, y esta siempre disipará, como dice L’Harpe, los más brillantes sofismas: L’sprit humain fait en vain des efforts pour corrompre la verité; elle laisse toujours quelque trace lumineuse que la fait reconnaitre.

»Los señores articulistas, verdaderos traductores y legítimos autores de La poderosa Themis o Los remordimientos de los malvados, me acusan ante el tribunal de la opinión pública de que, siendo las novelas que comprenden los dos tomos publicados de mi obra las mismas que ellos han traducido en la suya, tengo la gracia de llamarme su autor. Lástima es que haya yo gastado el tiempo, la paciencia y el dinero en componer e imprimir el larguísimo prospecto de la Galería fúnebre, y los no cortos prolegómeno e introducción analítica con que principia el primer tomo, a fin de que (como digo a la página 22 de este) todo el mundo sepa lo que compra, y nadie se diga engañado, pues a pesar de la claridad y extensión con que me explico todavía hay quien no me ha entendido como deseaba. Me lisonjeo de que no habrá muchos de este número, porque serán pocos los que juzguen con las miras de los autores del artículo a que contesto.

»El que quiera tomarse el ligero trabajo de pasar la vista por el prospecto y prolegómeno de la Galería, no podrá menos de tachar de injusta y temeraria la acusación de los Sres. Anento y Castellanos. Léase el párrafo tercero del prospecto, donde digo: “Si algunas novelas fundadas en la sana moral suelen producir efectos saludables, con mayor causa parece deben lograrse presentando acontecimientos verídicos, horrorosos y sorprendentes, como los que en esta obra consagra su autor a la virtud contra el vicio, tomados los unos de varias obras, y los otros compuestos originalmente sobre los casos que nos han trasmitido las diferentes historias de las naciones.” Léase también el prolegómeno, página 10, donde con distintas palabras repite lo mismo: “Si algunas novelas fundadas en la sana moral suelen producir efectos saludables en las criaturas, con mayor causa deben lograrse estos presentándolas acontecimientos verídicos, horrorosos y sorprendentes, como los que en esta obra se consagran a la virtud contra el vicio, tomados los unos de algunas obras, y los otros sacados de las diferentes historias de las naciones”. Léase igualmente la introducción analítica, donde digo a la página 49: “Pero vaya una introducción (dirán algunos al ver estas digresiones); mas no es intempestivo lo que ilustra sobre la materia y efectos que debe producir una obra; y en caso de ser demasiado prolijo un autor en sus prólogos, siempre merecerá la indulgencia de sus lectores, cuando su profusión se dirija a manifestar su buena fe y sinceridad, y darles la muestra del paño que compran”.

»Diga ahora toda persona imparcial si pretendo elevarme con engaños, y si quiero aparecer de otro modo que como realmente soy.

»Para que pudiese acusárseme con fundamento de que trataba de engañar al público sería necesario se me probase, no que algunas historias de mi colección son traducidas, pues esto harto lo confieso en los párrafos del prospecto y prolegómeno citados, sí que todas lo eran; y aun en este caso no dejaría de ser autor de la colección formada, no de uno sino de muchos autores, sin dejar tampoco de merecer alguna consideración, no por traducciones literales que necesiten después para entenderse un nuevo diccionario, sino por traducciones algo castellanas, inteligibles, libres a veces, reformadas o modificadas según me ha parecido conveniente. Tan lejos de ser cierto cuanto dichos articulistas tienen la gracia de verter en su belicoso y descomedido comunicado, se convencerían por sus propios ojos de lo contrario si tuviesen la paciencia suficiente para esperar el fin de esta obra, que constará de catorce a quince tomos, y ver en ella que de unas cuarenta historias que tengo ya preparadas (con las licencias necesarias), y que probablemente se imprimirán todas por justo tributo de mi gratitud al excelso mecenas que tanto la honra con su soberana protección, las diecinueve son mías: confieso no tendrán el mérito de qu pudieran estar dotadas si hubiese yo tenido la dicha de conocer los talentos y producciones de los señores articulistas, como ellos presumen: mi tosca pluma los hubiera tomado por modelos para realzar con su estilo y castizo lenguaje mis despreciables composiciones y traducciones, considerándome entonces tan venturoso como Cadmo al pie de la fuente de Castalia; los hubiera rogado ser mis mentores y hubiera podido elevarme con sus luces para salir, siempre codicioso de gloria, del triste rango de plagiario y adocenado traductor.

«Nada me admira tanto como la obcecación de estos señores, que no contentos con no confesar de buena fe que una novela de las impresas hasta el día no es traducida, desfiguran la verdad de un modo cauteloso para desacreditarme a la faz del público, que tan benigno fue siempre en dispensar su aceptación a mis cortas producciones.

»Dicen en su artículo que “en los dos tomos publicados hasta ahora de la fúnebre Galería se comprenden cinco novelas de las que están ya publicadas en La poderosa Themis”. Pasan en seguida a enumerarlas, y continúan: “Bristol o el carnicero asesino, La morada de un parricida, La princesa de Lipno y La bohemiada de Trebisonda”. O yo no sé contar o por más que la cuenta se repita nunca saldrán más que cuatro historias de la publicadas en La poderosa Themis. Ni puede ser otra cosa, porque El alcaide de Nochera, segunda del tomo segundo, no está ni es posible esté en dicha obra, pues la he compuesto yo sobre el suceso tomado de la historia.

»Si hubiese tenido la osadía de intentar apropiarme una producción ajena, no soy tan estúpido ni tan insensato que hubiese conservado en la traducción el mismo título del original y la lámina de su segundo tomo, que mandé copiar y grabar exactamente, pues hubiera sido el “borrico hurtado con las orejas de fuera” para hacer más patente mi delito.

»Galería fúnebre se llama la obra francesa, y no me hubiera sido imposible inventar otro título diferente y otra lámina siguiendo el ejemplo de los articulistas, y acaso más adecuado que el suyo; con ese disfraz hubiese conseguido ocultar mi robo a la penetración de estos señores, así como a mí ni aun me pasó por la imaginación, hasta que he visto su fino y modesto artículo, que las novelas de que se compone La poderosa Themis fuesen las mismas que yo pongo en la Galería, pues al ver un cartel me figuré, como algunos se figuraron, sería una obra de jurisprudencia.

»Advertiré, de paso, que aun cuando me hubiese propuesto variar el título de la obra, nunca me hubiera parecido propio el de La poderosa Themis (Themis poderosa hubiera dicho en tal caso), como quieren los señores articulistas, salvo el debido respeto a las razones que pueden tener para fundar su fallo; rasones que no se han dignado manifestar. Para que mi obra se llamase Themis poderosa sería preciso que todos los principales delincuentes que en ella figuran pereciesen a manos de la justicia; pero, no siendo esto así, habiendo muchos a quienes la Providencia castiga del modo propio de su irresistible poder y sabiduría, a la que no pueden ocultarse los delitos que ignorados en la tierra quedan fuera del alcance de sus leyes, no pueden presentarse en una obra, en la que Themis solo debe hacer expiar el crimen a los malvados, y sí en la que por sus título y sucesos se demuestran los tristes efectos de las pasiones, que la espada de la justicia divina, a falta de los tribunales humanos, está siempre levantada sobre todo delincuente encubierto, aunque se oculte en el seno de la tierra. Así se hace ver que ninguno queda sin castigo: este cuadro intimista, reprime al delincuente y produce el fruto saludable de prevenir los delitos antes que Themis poderosa levante el patíbulo para imponer la última pena.

»Inútil será entrar en el examen (hecho ya por la autoridad a quien compete solamente) de si las Catacumbas españolas son un cuadro ridículo, y si la Vestal prevaricadora ofende a los lectores religiosos: el público las leerá, y entonces jugará por sí mismo sin necesidad de que le prepare de antemano. A mí me basta decir, y debiera haber bastado a esos señores articulistas, saber que el respetable religioso tribunal de imprentas ha permitido su impresión.

»Si yo he podido copiar de la Themis júzguelo todo lector: esta parece se publicó en noviembre último; mi prospecto se imprimió ya en enero. Es de creer que entonces ya estaría aprobada la obra, impreso un tomo al menos, y grabadas con anticipación, como lo estaba, una docena de láminas. Cualquiera puede graduar el tiempo que se necesita, y el que se habrá invertido en la censura de una obra tan voluminosa, y en el grabado de doce láminas con el mayor esmero. Las licencias fueron concedidas hace trece meses, como puede informarse el que guste en la secretaría del juzgado de imprentas, y los manuscritos fueron presentados en ella seis meses antes; es decir, que no pensarían aún los articulistas poner a la Poderosa Themis a la cabeza de bandoleros y asesinos cuando ya había yo procurado prevenir la desgracia de que por esa gente fuese inmolada a la menor amonestación que les hiciese, hallándose la pobre señora sola entre forajidos armados de trabucos y puñales, y, lo que es más, siendo el azote y martirio del bellos sexo. En fin, yo no entiendo el griego.

»En cuanto a traducir, tengo el mismo derecho que los señores articulistas, antes, después o al mismo tiempo: aprovéchense de la ventaja que me llevan en su publicación y no pretendan privar al público de tomar lo que más le acomode.

»Algo me resta que decir; pero queda ya a cubierto mi honor para con el público, que es lo que yo más respeto. Por lo demás, baste el silencio diciendo con Fontenelle: Il n’y a rien ou la patience eclate avec plus d’avantages que dans les injures. La injuria perdonada es para el ofendido un título de superioridad sobre el ofensor, y no pretenderé renunciar a esta ventaja. Y concluiré diciendo a los señores Anento y Castellanos, por vía del consejo con el mayor respeto y consideración, que tales artículos o advertencias son cierta especie de remedios que se deben aplicar siempre con las mismas precauciones que los médicos los suyos, pues fuera obrar como empíricos ignorantes el proponerlos sin moderación ni discernimiento. Si no siempre se debe decir lo que se piensa, siempre se debe pensar mucho lo que se dice.

»Dígnese vuestra merced, señor editor, dar lugar a este artículo en su apreciable periódico, y quedará agradecido este su atento servidor Q. S. M. B. 7 de julio de 1831. —El autor de la Galería fúnebre— Agustín Zaragoza y Godínez.

»Post scriptum. Para demostrar su deferencia el autor de la Galería a los de la Themis ha dispuesto que desde este día se halle también de manifiesto al público en un cuadro a la puerta de la librería de la viuda de Cruz la estampa original por la que mandó sacar el diseñó y lámina para la historia de Bristol con la misma exactitud que se verá. De este modo podrá enterarse de ella, pues anunciándola los articulistas como un fenómeno raro y cuerpo de un delito soñado por su buen deseo, no es justo quede sin cumplimiento esta sorprendente resolución sofística, convirtiéndose en prueba a favor del agraviado.»

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La polémica sobre la autoría de estas obras debió llamar la atención del público, porque años después todavía se recordaba y era motivo de chiste, como demuestra un artículo aparecido en El Correo de las Damas el 15 de marzo de 1834: «No sé qué ideas melancólicas y tristes me acompañan hace algunos días y me atormentan de tal manera que no parece sino que he leído la Galería fúnebre del señor Zargoza o la famosa e inmortal Themis traducida por… Pero, ¿qué importa a las bellas el nombre de los traductores?»

Detengámonos un momento en la obra competidora en este rifirrafe entre escritores por argumentar quién copiaba más honestamente. La poderosa Themis o Los remordimientos de los malvados, en cuatro tomos, se publicó ese mismo 1831 en español en la imprenta madrileña de Ramón Verges, atribuyendo la autoría en su portada a un Monsieur David, y traducida y aumentada por Julián Anento y Basilio Sebastián Castellanos, marqués de Saulí, notable erudito y personalidad cultural de enorme protagonismo en el Madrid de la época. Hay que decir que, aunque hoy recordamos más a la Galería fúnebre, en su día La poderosa Themis fue una obra que alcanzó bastante divulgación entre los lectores.

La coincidencia de ambas obras imprimiéndose en fechas cercanas resultaba sospechosa, evidentemente, y lo mejor que podemos decir de esta polémica es felicitarnos de que no terminaran en el absurdo de batirse en duelo. Dado que la obra de Pérez Zaragoza incluye episodios que la de Basilio S. Castellanos y Julián Anento obviaron, es razonable suponer que, sencillamente, ambos se apropiaron de las mismas obras, los dos últimos reconociéndolo de principio —la traducción, no la auténtica autoría, que ellos atribuían, recordémoslo, de forma mentirosa a un tal Monsieur David— y Agustín Pérez Zaragoza callándoselo hasta que fue descubierto. En concreto los dos textos de donde procede el contenido casi entero de La poderosa Themis y una parte importante de Galería fúnebre pertenecen a J. P. R. Cuisin (1777-¿1845?), que los daría a conocer en Les ombres sanglantes, galerie funèbre de prodiges, evénemens mervéilleux, apparitions noctures, songes épovantables, etc (Paris, 1820) y Les fantômes nocturnes, ou les terreurs des coupables (Paris, 1821).

En la réplica de Agustín Pérez Zaragoza es interesante el detalle de su plan inicial de catorce o quince tomos que contendría unas cuarenta historias, cuando sabemos que al final la Galería fúnebre se contentó con veinticuatro historias. Y de esas veinticuatro narraciones, unas con extensión de cuento y otras de novela, no todas proceden de Cuisin. Eso no puede llevarnos a inferir que el resto es invención de Zaragoza, solo que desconocemos otras fuentes, si existen. El alcaide de Nochera, que el autor español se atribuye como original, en realidad es versión de una de las historias del renacentista italiano Matteo Bandello, según señala María José Alonso Seoane, y Luis Alberto de Cuenca aporta una semejanza entre «La princesa de Lippo» y un episodio de la novela traducida del francés y publicada en España en 1799 como Las memorias del caballero Lovzinski, historia de la Polonia, aunque después de haber leído ambas obras encuentro ligera la semejanza: el hecho de que una dama es secuestrada en un castillo y que el señor de ese castillo tiene idéntico nombre, Dourlinski.

Solo una búsqueda de títulos similares a los incluidos en la Galería en catálogos de novela francesa de las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del XIX podría proporcionar nuevos parentescos literarios. Aún así, este tipo de investigación no generaría una certeza absoluta sobre la originalidad o la copia en la obra de Agustín Pérez Zaragoza, pues sería necesario un conocimiento de esa literatura por lectura exhaustiva y siempre quedaría la posibilidad de textos desapercibidos. Sería hora de que los estudiosos españoles cedieran el testigo en este apartado a sus colegas franceses especialistas en narrativa decimonónica.

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¿Hasta qué punto la Galería fúnebre copia al pie de la letra la obra francesa donde sí es coincidente? Si nos sumergimos en una lectura comparada, vemos pronto que en gran medida. Al «Prolegómeno del autor a los lectores» le sigue la «Introducción analítica», donde se recoge de forma extensa la teoría estética y moral que anima la obra. Sin ningún rubor emplea la excusa de que el terror puede servir de enseñanza y apartar al lector de tentaciones que les conduzcan al pecado o al delito, como aquellos padres que —cuentan— llevaban a sus hijos pequeños a contemplar ejecuciones, cuando todos sabemos, y Pérez Zaragoza también, que el escalofrío proporciona un placer propio y cualquier otra argumentación es una coartada hipócrita ante posibles censuras morales. No obstante, el alegato no es propio sino un calco de la introducción de Cousin a Les ombres sanglantes. Veamos un fragmento:

«Que las personas de un gusto relajado, de una instrucción escasa, y poco codiciosas de adquirirla, se ocupan comúnmente de composiciones superficiales y estériles, ya sea en literatura, ya en espectáculos; mas no así las almas bien organizadas, de un carácter reflexivo y sensible que buscan con anhelo las emociones interesantes y aquellos golpes vigorosos, que dirigiéndose al momento a los resortes del corazón, le causan aquellos estremecimientos repentinos que los poetas llaman dulces temblores del terror. El Aristarco francés dice, que en los discursos se debe buscar siempre el corazón hasta conmoverle; porque si por un movimiento natural no se logra inspirarle terror, placer ó compasion, en vano es presentarle una escena importante, pues con frios razonamientos no se hallará mas que tibieza y fastidio en todo lector, que perezoso siempre en aplaudir, y dispuesto a dormirse y criticar los esfuerzos, de la retórica, no hallando cosa que ponga en movimiento sus pasiones, arrojará con enojo el libro y renunciará á volverle a mirar; y últimamente dice, que el gran secreto está en agradar y despertar la curiosidad por ver el fin de una materia que le ha llegado á interesar».

Mientras, el autor francés se pronuncia en términos muy semejantes, casi idénticos, incluso con la misma cita de Boileau:

«Les esprits légers et superficiels se plaisent dans les colifichets, soit en littérature, soit en spectacles; mais les âmes fortement organisées, ainsi que les caractères sérieux et sages, préfèrent de passion ces émotions intéressantes, ces touches vigoureuses qui, s’adressant de suite aux ressorts de l’âme, y causent ces ébranlemens soudains que les poètes ont souvent nommés les doux frémissemens de la terreur. Ma pensée, à cet égard, ne peut manquer de rappeler aussitôt les préceptes du fameux Aristarque français:

«……………………………………………………

Que dans tous vos discours la passion émue
Aille chercher le cœur, l’échauffe et le remue.
Si d’un beau mouvement l’agréable fureur
Souvent ne nous remplit d’une douce terreur,
Ou n’excite en notre âme une pitié charmante,
En vain vous étalez une scène savante.
Vos froids raisonnemens ne feront qu’attiédir
Un spectateur toujours paresseux d’applaudir,
Et qui, des vains efforts de votre rhétorique
Justement fatigué, s’endort ou vous critique.
Le secret est d’abord de plaire et de toucher.
Inventez des ressorts qui puissent m’attacher

En descargo de Agustín Pérez Zaragoza, y para no inducir una idea falsa, debo señalar que no todo el texto sigue con tanta fidelidad el original. Se guía por su misma estructura y repite argumentos, aunque en algunos casos obvia párrafos mientras añade otros, resultado al final el texto del autor español más extenso que el del francés. Los paralelismos en las piezas narrativas de la colección, cuando coinciden con Cuisin, son de mayor importancia. Estamos ante algo más que una reelaboración de materiales prestados, aunque no sea tampoco una traducción con las demandas de rigor que ahora exigiríamos. Zaragoza se toma ligeras libertades narrativas, mientras sigue el discurrir del relato francés copiando casi párrafo por párrafo. Para no extendernos más con ejemplos innumerables, veamos cómo Agustín Zaragoza se apodera del texto ajeno en el inicio del relato «La morada de un parricida, o el triunfo del remordimiento».

«Si fuese cierto que el genio profético del fatalismo tiene trazados anticipadamente sobre un libro de cobre los destinos prósperos o adversos de los mortales, no hay duda en que bajo este falso principio de los fatalistas, el hombre destinado ya para empapar sus manos en la sangre del autor de sus dias, es el mas desgraciado de todos los hombres. ¿No valiera mil veces mas entonces que no hubiese nacido, para no venir a ocupar el primer rango entre los seres mas execrables de la naturaleza?»

Apenas hay diferencias con el texto de Cousin:

«S’il est vrai que le génie prophétique du fatalisme ait tracé d’avance sur un livre d’airain les destinées prospères ou malheureuses des mortels, il n’est pas douteux que l’homme qu’il destine à tremper ses mains dans le sang de l’auteur de ses jours est de tous les hommes le plus infortuné. Ne vaudrait-il pas mieux mille fois qu’il ne fût jamais né, que d’occuper le premier rang parmi les êtres les plus exécrables de la nature?»

De vez en cuando, como rasgo divergente, Agustín Pérez Zaragoza se introduce a sí mismo como personaje narrador para expresar sus sentimientos ante los sucesos o unos sentimientos ficcionados, más bien:

«En medio de este espantoso aparato de los elementos enfurecidos, Amedeo… (la pluma tiembla, se resiste, y mi corazón se aterra) sí, Amedeo toma su puñal en la mano, emprende el camino del cuarto del Baron, y guiado por los relámpagos que frecuentemente guían al crímen, llega… entra, y con el rostro enmascarado… marcha, se lanza sobre la lámpara… la apaga, y después… ¡cielos, dadme fuerzas!… se arroja ferozmente sobre el Baron, sobre su padre que soñaba, y le da en el corazón un golpe parricida que el cielo indignado mira con toda su reprobación, haciendo caer un rayo en el mismo cuarto…»

En cambio, el original carece de esas efusiones:

«C’est dans cet appareil épouvantable des élémens en fureur qu’Amédée prend, son poignard à la main, le chemin de l’appartement du baron… C’est, guidé par les éclairs, trop souvent les guides du forfait, qu’il y entre ; le visage enveloppé d’un masque, il marche, il s’élance d’abord vers la lampe qu’il étouffe, ensuite vers le baron qui sommeille, et lui porte dans le cœur un coup parricide, dont le ciel en courroux marque sa réprobation, en faisant en même temps tomber le tonnerre dans l’appartement…»

Lo curioso es que La poderosa Themis, que sí se reconoce en su portada como traducción de una obra francesa, rehace el texto y lo sintetiza en muchos más puntos que la obra de Agustín Pérez Zaragoza, más cercana al texto francés.

¿Qué fue de Agustín Pérez Zaragoza después de la publicación de la única obra que le procuraría alguna fama póstuma? No aparecen giros sorprendentes en su trayectoria, de momento, y en 1832 nos lo encontramos de nuevo con un libro misceláneo de esos que, partiendo de la copia, no debía costarle gran trabajo confeccionar: El entretenimiento de las nayadas: colección de 329 charadas o enigmas puestas en quintillas para dar honesta distracción a las señoritas y hacer más dulces sus labores de invierno. En realidad en este caso Pérez Zaragoza ni se molestó en traducir, pues según Luis Alberto de Cuenca, que debe haberlo leído, se trata de un plagio casi exacto de los Enigmas filosóficos, naturales y morales, publicados por Cristóbal Pérez de Herrera en 1618.

nayadas

Ya casi no nos queda más remedio de calificar a este escritor como un filibustero de la pluma, que publicaba como negocio y, cuando otras actividades le parecieron más productivas, dejó a un lado las letras sin aparente reparo.

Como ya hemos dicho, nos falta una biografía; pero los documentos oficiales —si algo sobrevive a guerras y catástrofes es el papeleo generado por la burocracia— nos dan noticias de que nuestro autor no se alimentaba solo de laureles literarios, ni siquiera de lo que le producía la venta de sus libros. Su trayectoria fue la de un funcionario que fue escalando puestos hasta alcanzar altos nombramientos pero al que los vaivenes políticos tan propios de nuestro siglo XIX llevaron a la cesantía. La primera pista de su carrera nos lo proporciona un Real Decreto firmado el 14 de abril de 1834 en Aranjuez donde se le nombra secretario de la Subdelegación de Fomento, en Ávila, y aclara que hasta ese momento había sido «empleado en la Renta de Loterías».

Su carrera parece que despega. En agosto de ese mismo año lo encontramos en Lérida como gobernador civil interino, combatiendo una epidemia de cólera. Durante los motines anticlericales del verano de 1835 en Zaragoza, donde se asaltaron conventos y se asesinaron a varios religiosos, nuestro autor es secretario del Gobierno Civil de la provincia, desde primeros de año, bajo las órdenes de Pedro Clemente Ligués Navascués, político liberal cesado de sus cargos públicos con la vuelta del absolutismo e incorporado de nuevo a la Administración con la muerte de Fernando VI. Dado que Ligués nació en Cintruénigo, y cabe en lo razonable que por conocimiento personal intercediera para que Agustín Pérez Zaragoza consiguiera el cargo, tal vez nos encontremos con otra pista que nos conduce a un origen navarro de nuestro autor.

En la Junta organizada tras el pronunciamiento del 9 de agosto, Agustín Pérez Zaragoza es nombrado Gobernador Civil interino. Aunque la Junta sería disuelta pronto, las revueltas liberales forzaron un giro político en la reina regente, quien en septiembre destituía al conde de Toreno como presidente del consejo de ministros y colocaba en su puesto al progresista Juan Álvarez Mendizával. En octubre, María Cristina firma el nombramiento de Agustín Pérez Zaragoza y Godínez como Gobernador Civil de Huesca.

Solo un año disfrutó el escritor de tan alto puesto. Es enviado unos meses a Girona para cubrir interinamente la plaza y el 4 de enero de 1838 se le otorga en propiedad el cargo de Jefe Político de Castellón, lo que en aquel entonces equivalía a Gobernador Civil. No arrancó en la costa mediterránea la última hoja del calendario aquel año, pues fue sustituido por José Melchor Prat. Seguramente la pérdida de influencia de Mendizával durante el «trienio moderado» (1837-1840) trajo consigo el desplazamiento de muchos de sus partidarios de cargos públicos en la Administración. El caso es que en 1837, tras un silencio literario de un lustro, vemos a Agustín Pérez Zaragoza empeñado de nuevo en trabajos literarios, publicando en Madrid una traducción de Antoine Pigault-Lebrun: Mi tío Tomás; o sea, el hijo natural de Rosalía la morena.

Estás son las últimas noticias que hemos podido reunir sobre el personaje. A partir de ese momento se desvanece y no deja huellas que podamos seguir. No volvió a publicar nada con su nombre. No hemos encontrado en la prensa ninguna nueva relación de actividades políticas o artísticas. Nadie se preocupó de redactar una semblanza o reivindicar su figura, de ahí nuestra imposibilidad de trazar un retrato de su vida íntima. No aparecieron esquelas o elegías que nos señalen el momento de su muerte.

Más de cuarenta años después, el 5 de julio de 1879, la Gaceta de Madrid publicaba la siguiente nota, en función de Boletín Oficial del Estado:

«MINISTERIO DE GOBERNACIÓN.

Ordenación de pagos por obligaciones de este Ministerio.

Por la presente se cita y emplaza por segunda y última vez a D. Agustín Zaragoza y Godínez, Jefe político que fue de la provincia de Gerona en los meses de abril a diciembre de 1837, para que por sí o por medio de apoderados o herederos si hubiese fallecido, se presente en esta Ordenación o en el Gobierno civil de Gerona dentro del plazo de 30 días, contados desde la publicación de este anuncio, a recoger y contestar un pliego de reparos deducido por el Tribunal de Cuentas del Reino en las de totales y líquidos de la citada provincia; en la inteligencia de que si no lo verificase le parará el perjuicio a que haya lugar.

Madrid 3 de julio de 1879. —El Ordenador, Diego Vázquez.»

Está claro que si el escritor y futuro gobernador civil se acercaba a los treinta años cuando los españoles se levantaron contra la ocupación francesa, en 1879 sería casi centenario, así que lo más probable es que estuviera muerto. El documento, sin embargo, es sintomático: el autor de la Galería había desaparecido de escena sin que nadie, ni la Administración que le había empleado, tuviera la más mínima noticia de él. ¿Ese pliego de reparos del Tribunal de Cuentas pueden hacernos sospechar una mala gestión durante sus años en altos cargos, descubierta después por una auditoría, suficientemente delictiva para animarle a desaparecer? ¿Su nombre y presencia dejó de ser evidente, dejó incluso de publicar porque no le interesaba ser localizado? ¿O todo se explica de forma mas sencilla: un fallecimiento repentino, quizá lejos de todos quienes le conocían? Especulamos con opciones novelescas, aunque no me negarán la extrañeza de que una persona que ocupó puestos de designación política no mereciera ni unas líneas en los periódicos a raíz de su muerte, de haberse conocido. Hay momentos en los que la investigación literaria adopta giros propios de las narraciones policíacas.

A la espera de que algún historiador avezado en desbrozar archivos nos desentierre nuevos documentos reveladores, lo que aquí les he referido es cuanto sabemos sobre Agustín Perez Zaragoza y Godínez, uno de los padres de la novela gótica en España.

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APÉNDICE: Sumario de “Galería fúnebre”.

Volumen I:

«Historia Trágica 1ª: Miladi Herwort y Miss Clarisa, o Bristol, el carnicero asesino».

«Historia Trágica 2ª: La morada de un parricida, o el triunfo del remordimiento».

Volumen II:

«Historia Trágica 3ª: La princesa de Lipno, o el retrete del placer criminal».

«Historia Trágica 4ª: El alcalde de Nóchera, o Nicolo, señor de Forliño».

«Historia Trágica 5ª: La bohemiana de Trebisonda, o un sequín por cabeza de cristiano».

Volumen III:

Historia Trágica 6ª: La duquesa de Malfi.

Historia Trágica 7ª: Las catacumbas españolas.

Volumen IV:

Historia Trágica 8ª: Camila y Livio, o los efectos de un amor desgraciado.

Novela: El pescador, o rasgo de nobleza de Mansor, rey de Marruecos.

Historia Trágica 9ª: Las víctimas de Belona, o la muerte gloriosa del príncipe Poniatowski.

Volumen V:

Historia Trágica 10ª: El falso capuchino.

Historia Trágica 11ª: Cornelio y Camila, o locuras de amor.

Historia Trágica 12ª: Dompareli Bocanegra.

Volumen VI:

Historia Trágica 13ª: Blanca María, o la condesa de Celán.

Novela: Angélica, o los Salimbenes y Montanes.

Vol. VII:

Historia Trágica 14ª: La bella mantuana, o Julia de Gazola.

Historia Trágica 15ª: Emilia y Fabio, o tristes efectos del amor.

Historia Trágica 16ª: Carmosina y Maximino.

Vol. VIII:

Historia Trágica 17ª: Los dos crímenes.

Novela: Los castillos del aire.

Vol. IX:

Historia Trágica 18ª: Varinka, o efectos de una mala educación. Historia rusa.

Historia Trágica 19ª: El esclavo moro, o crueldad sobre crueldad.

Historia Trágica 20ª: Clotilde y Lirinio.

Vol. X:

Historia Trágica 21ª: El judío bienhechor, o Elvira y Teodoro. Tomo I.

Vol. XI:

Historia Trágica 21ª: El judío bienhechor, o Elvira y Teodoro. Tomo II.

Vol. XII:

Historia Trágica 21ª: El judío bienhechor, o Elvira y Teodoro. Tomo III.

Es tarde para lágrimas (Pound of Flesh, 1953)

Autor: Simms Albert

Colección: Apasionada nº 3

Edita: Calypso, Buenos Aires, 1957

Una de las cosas interesantes que trae leer estos libros olvidados, esta literatura de derribo que es la base desde el inicio de este blog, es encontrar en ellas el trasfondo social e ideológico que trasuntan las novelas y ver cómo ha cambiado este en el tiempo. Sesenta años atrás, por ejemplo, publicar un libro que en el fondo se la pasa diciendo que las mujeres de carrera son trepadoras amorales que usan el sexo como arma de crecimiento personal a toda costa, aunque en el fondo lo que quieren es un tipo que la ame para sentar cabeza, no era un problema. Obviamente un libro así hoy día no sería aceptable excepto en círculos absolutamente misóginos, pero en aquellos años no parecía ser inconveniente, al menos a la hora de publicarse como literatura popular. No es muy difícil hacer la inferencia que esto era posible porque este tipo de pensamiento tenía mucho más apoyo entonces que ahora. Lo cual, en lo personal, se agradece.

Yendo a lo estrictamente literario, el libro es una de esas novelas de posguerra que aúna erotismo suave (que hoy no escandalizaría a nadie pero era “risque” en esos años, otra diferencia social) con una trama criminal que siempre termina con la mujer siendo culpable. Escrito eficientemente, para pasar el rato, sin nada muy delirante pero tampoco nada demasiado brillante. Una hamburguesa literaria más. Y una ni siquiera muy apetecible. De su autor no he descubierto nada en Internet, así que sospecho que o es un seudónimo o es alguien que no tuvo una carrera muy larga.

Como claramente esta reseña no los motiva demasiado a salir a buscar el libro en librerías de viejo, hagamos un resumen de la trama para ahorrarles el proceso. Kitty Sanders trabaja en una agencia de publicidad a la que llego usando sus dos talentos principales, el izquierdo y el derecho. Es la amante del jefe hasta que a este le da un ataque al corazón llegando a su casa. Kitty para evitar el escandalo lo sube a su auto y lo deja allí, aparentando que allí tuvo el ataque. Pero necesita conseguir un trabajo nuevo. Y se contacta con Moose Willard, el dueño de una empresa, hombre hecho a si mismo y un hijo de puta tiempo completo. El tipo no tiene problema en contratarla en su departamento de publicidad, con la cláusula extra que le toca ser su amante. Y kitty se vuelve su posesión. Le guste o no. Incluso aunque conoce a otro publicitario que la deja loca. Y el resto de la historia tenemos a Kitty debatiéndose en ser la amante de un tipo hijo de puta o seguir al amor y quedarse sin ni un peso. Y, como es materialista y codiciosa, no hace LO CORRECTO: casarse y ser ama de casa de su amorsh. En el medio termina liada con el cuñado del jefe, que también trabaja en el departamento de publicidad, un tipo alcohólico y débil que nunca se ha enfrentado a su jefe pero que es buena gente. Y todo termina mal cuando el jefe descubre a su cuñado y su amante mientras visitan a la esposa (y hermana) y reclama los derechos de pernada exclusiva boxeando salvajemente al cuñado. Para salvarlo, Kitty le pega un tiro y se escapa. Le pide ayuda al amor de su vida para escapar, pero él la entrega a la cana. Porque, en el fondo, una mujer así merece expiar sus culpas vieron. No que haya detenido a un tipo brutal de hacer mierda a otra persona.

Insisto, si van a meterse en este libro, háganlo con animo sociológico, para ver cuanto cambió la representación de la mujer en la cultura popular.

Antes de irme, dos datos extra: primero , las ilustraciones interiores son particularmente buenas, dibujadas por José Clemen, uno de los autores clásicos de la historieta argentina de mediados del siglo XX. Limpias, estilizadas, y con un toque sensual que no se ve seguido en estos libros. Segundo, el traductor es “Eduardo Golly” ¿Sería Eduardo Goligosky? No me asombraría.

Linchando villanos a paraguazos

Huía pero lo tenían rodeado. Una multitud furiosa venia corriéndolo con todo lo que tuvieran a mano, ansiosos de hacer justicia. Hacerle pagar por tantas crueldades horrendas… Ya lo tenían. Pero la intervención policial lo salvo por poco, a los ponchazos

Claro que igual le quedaron unos cuantos magullones al maldito canalla… de la compañía de teatro ambulante.

Ahora podían respirar tranquilos los actores: casi se quedan sin malo.

Otra vez.

Chispazos de tradicion, la revista que traía los guiones del radioteatro

¡LEÑA, LEÑA! QUE NO SE ESCAPE!!!

Seguramente todos hemos escuchado o leído alguna vez sobre algun episodio similar. Podría haber pasado en cualquier lugar del mundo.

Pero en Argentina pasó muchas veces. Muy especialmente en la llamada época de oro de los radioteatros, cuando se vivió una interacción irrepetible de ficción y realidad. Porque, después de hipnotizar a un pueblo entero con estas historias de éxito inimaginable, la compañía de teatro ambulante llegaba al pueblo poniendo en contacto al público con los buenos adorados y con los malos odiados…

Entonces, lector, ocurría un fenómeno muy extraño que -al menos para mí- no tiene aún ninguna explicación convincente: el actor era atacado como si fuera el villano de verdad

Y, en este tema, antes de leer nada, escuché el testimonio de mi abuela, que vivía en un pueblito de campo y fue testigo presencial.

Pensemos en el fervor que producían estas historias absolutamente maniqueas. Malo malísimo Bueno buenísimo. Nada de jorobar con matices psicológicos. Peleas entre buenos y malos recreando una especie de Far West criollo. Y todo mezclado con elementos típicos del folletín decimonónico en forma totalmente desatada: damiselas indefensas victimas de malvados, acusaciones injustas, identidades secretas, hijos robados y hasta malditos capaces de golpear a sus pobres madres (uno de ellos llamado Fachenzo, sin intención politica, creo)

El elenco de Chispazos de tradición

Los débiles, niños, ancianos, pobres y desvalidos sufrían horriblemente los abusos del malo, hasta que, luego de infinitas vueltas rocambolescas y de la intervención del héroe llegaban al final feliz que ponía, efectivamente, felices a todos.

En esa época, la casa del afortunado que poseía radio era invadida por unos cuantos vecinos ávidos del próximo capitulo y no era cosa de negarse. Lo bueno es que, como excusa, solían traer facturas o bizcochitos para el mate. Se armaba así una atmosfera de partido de futbol. Con tanta gente apretujándose alrededor del aparato, aplaudiendo, riendo, gritándole improperios al malvado. Que lógicamente no los escuchaba.

Hasta ahi todo bien

Pero cuando había gira, los directores ya sabían que el problema mayor era la banda de lugareños que esperaban al malísimo a la salida para hacerlo “arrepentir”.

No ocurría solo en estas pampas: en el Uruguay -donde era famosa la compania de Omar Abue- se sabía de este problema nada pequeño para resolver… El malo era odiado con toda fidelidad por la enardecida audiencia. De hecho un actor que paso poco a poco de héroe a villano fue un día casi linchado a morir. Debio huir y esconderse.

En un principio estas anécdotas parecen divertidas pero luego resultan inquietantes, incluso alarmantes si se reflexiona sobre ellas. Los protagonistas no eran chicos ” nerds” como hoy podríamos decir. Eran personas comunes, buenos vecinos del pueblo. Que de pronto ya no veían la realidad, la cambiaban. Daban un salto a la locura revelando que alarmantemente frágil es la cordura de la gente, incluso de la gente que nos cruzamos todo el día.

En esta época de oro existió un radioteatro muy querido, que realmente paralizaba el país. Los comercios ofrecían receptores de radio que el cliente podía escuchar mientras consumía… única forma de no perder clientela a lo bestia.

Se llamó CHISPAZOS DE TRADICION. Y como podemos imaginar, era de tema gauchesco. Se trasmitió desde 1931 hasta 1936 por RL3 Radio Nacional y posteriormente por LR 2 Radio Belgrano. A las 18 horas, cuando se detenía el país. Su creador fue el dramaturgo, guionista y director teatral Andres Gonzalez Pulido.

Para dar una idea de la intensa participación de los oyentes, es interesante saber que la emisora recibía miles de cartas opinando con cuál de las damitas jóvenes debía casarse su héroe Churrinche. La cosa creció hasta tal punto que se organizó una votación, en la que ganaría la damisela más votada. Toda una anticipación del “Fanservice”. O de los finales alternativos escritos hoy en día en la red, por ejemplo para Harry Potter.

Los personajes de Chispazos de tradición en una caricatura de la epoca

Claro que con igual fervor se odiaba al villano. Y las compañías de actores tomaban precauciones para que no saliera herido, aunque no se evitara los abucheos. Porque era un sentimiento muy intenso

Veamos este incidente, recordado por el héroe simpático “Churrinche” en la extensa nota que le dedica la revista “Todo es historia” en su número 155 (Abril de 1980) al fenómeno “Chispazos”:

“Actuábamos una vez en un cine de la calle Medrano, con una sala repleta de público. Y yo tenía que enfrentar al que hacía de traidor alevoso…”

Sigue contando que lo ataca con el talero (aclara que de utilería). Imaginemos el momento apoteótico: El héroe simpático y querido despatarra a talerazos al maldito hijo… del radioteatro. El villano se desmoronó estrepitosamente todo lo que pudo para darle el mayor realismo al asunto, ante los rugidos de la multitud. ¡¡Inolvidable!!

Unos días más tarde, una señora que no quiso revelar su identidad, le regalo a Gonzalez Pulido un valioso reloj de oro y a “Churrinche” un alfiler de corbata de lo mismo, que más tarde, el actor convirtió en un anillo, acaso deseando lucir siempre tan conmovedora muestra de admiración. Sobre todo si se trataba de una espectadora humilde y los obsequios resultaban un gasto importante para ella:

¿Por qué semejante muestra de generosidad?

“Este es mi regalo por haber terminado con ese maldito canalla” fue la emocionada explicación.

Andrés Gonzalez Pulido, el creador de Chispazos…

Una vez más, este extrañísimo fenómeno, porque si bien era muy cierto que podía agradecerle a Pulido el final del “maldito canalla” también era verdad que debía culparlo de todas sus canalladas, ya que el autor ¡¡había escrito el guion!! No sé ustedes, pero a mí el incidente protagonizado por la señora me resulta más inquietante aun que la locura momentánea de los linchadores.

Esta señora tuvo tiempo de reflexionar

Evidentemente, vivía una vida normal en todo, pero con su ficción favorita, vivía en otro mundo…

Era realmente fundamental para su vida que el malvado fuera castigado.

¿Cómo diferenciamos ficción de realidad? ¿Cómo nos damos cuenta cuando alguien ya niega la realidad, hipnotizado totalmente por una historia?

No encontré un estudio serio y a fondo de estos casos. Hallé en cambio, más ejemplos de los que pueden entrar aquí. Si el lector conoce alguno, me encantaría leerlo: se trata de un fenómeno casi siempre tomado como anécdota divertida sin más. Personalmente me deja reflexionando sobre la fragilidad de nuestra sensatez para captar el mundo.

Ojo, que el fenómeno no era nuevo. El auge de la radio lo potenció: la radio tiene un enorme poder para impactar en nuestra mente. Basta recordar las catástrofes demenciales provocadas por “La guerra de los mundos” de Orson Welles.

Pero no eran los primeros casos

Mucho antes de que existiera la radiofonía, existía nuestro circo criollo que ofrecía en su parte teatral, casi siempre la historia de un gaucho matrero, peleador, rebelde a la autoridad injusta. Idolatrado por la gente de campo, que lo consideraba una especie de Robin Hood. No se sorprenda de que el bandido sea el héroe… En ese tiempo la gente humilde de campo no la pasaba bien con los poderosos: levas forzadas y todo tipo de abusos no hacían a la autoridad demasiado simpática que digamos.

aviso del circo Podestá y uno de sus personajes: Pepino el 88

El más célebre de estos matreros se llamó Juan Moreira y era llevado a la escena por los hermanos Podestá, basándose en el exitoso folletín de Eduardo Gutierrez (que autorizó la versión de los Podestá, que quede aclarado). Moreira era querido y su matador el sargento Chirino (que para colmo lo ensartaba con una lanza por la espalda) era despreciado. Cuando pasaba eso, Moreira decía:

“A traición, cobarde. Cómo se ve que sos justicia (policia)”

Y este era el momento peligroso, ya que era muy probable que algún enardecido grupo trepara al escenario facón en mano para vengar la muerte del protagonista”

Este tema fue discutido algunas veces, centrando el debate en la incapacidad del público campesino y primitivo para comprender el hecho teatral, la representación o solamente comprenderla en parte. Hoy sabemos que un fan puede olvidar la realidad en la red pese a no ser primitivo y tener plena conciencia de los medios de comunicación.

Un folleto recopilando el folletin Juan Moreira de Eduardo Gutierres

Esta controversia aparece sobre todo, a raíz del éxito enorme del “Fausto criollo” o simplemente Fausto escrito por Estanislao Del Campo en 1886. Año en el que se presenta en nuestro teatro Colon la opera Fausto de Gounod, basada en el poema de Goethe.

En la noche del estreno está presente su autor, quien crea al personaje de Anastacio el pollo, gaucho que llega a la platea por error y a los empujones, sin tener idea de lo que es una ópera y casi muere del susto al ver en el escenario al diablo (bueno, al actor disfrazado). Esa misma noche esbozó el tema, editándolo poco despues. Fue un éxito instantáneo. La confusión del pobre Anastacio hará reir a todo Buenos Aires. Ademas narra todo el guion de la obra en su lenguaje gauchesco y convencido de que todo es verdad. Si puede no se la pierda lector. Aunque hoy se la está considerando políticamente incorrecta porque se rie de la confusión de un pobre campesino.

Pero la controversia mayor era esta: ¿Es verosimil que el gaucho reaccione de esta manera? Jorge Luis Borges asegura firmemente que si: En su prólogo a Fausto (Bs As ed. Nova, colección Mar dulce, 1946) hablando sobre el tema afirma que tales confusiones eran perfectamente posibles dada la incomprensión del hombre de campo en una cultura primitiva donde no existía el hecho teatral

Juan Moreira, la obra

Y siguiendo a Borges, veamos esta anécdota publicada en 1911 en la revista argnetina Caras y caretas:

“Por aquellos años, los Podesta recorrían la provincia representando piezas gauchescas. En casi todos los pueblos, la primera parte correspondía al Juan Moreira”. (La especialidad de la casa, digamos). Sin embargo, al llegar a San Nicolas, juzgaron de buen tono, anunciar la obra HORMIGA NEGRA. “Huelga recordar que el epónimo habia sido en sus mocedades, el matrero más famoso de los contornos”. Más o menos como ir a Suiza y ponerse a representar Guillermo Tell para ganarse el corazón de los espectadores.

Por lo tanto, se hicieron los preparativos, se publicito la obra, se pusieron los carteles anunciadores pero… la víspera de la función, un sujeto entrado en años, más bien bajo, trajeado con aseada pobreza, se presentó en la carpa:

  • Andan diciendo – dijo- que uno de ustedes va a salir el domingo delante de toda la gente y va a decir que es Hormiga Negra. ¡¡Les prevengo que no van a poder engañar a nadie porque HORMIGA NEGRA soy yo!!

 

El verdadero Hormiga Negra…

Seguramente se quedaron todos estupefactos ante tan belicoso personaje y ante esta reacción que nadie se esperaba. ¿Qué hacer? Los hermanos Podestá lo atendieron con esa amabilidad tan suya y trataron por todos los medios de hacerle comprender que la pieza en cuestión no era ninguna burla ni deseo de engañar a nadie, sino, al contrario, la obra comportaba el más conceptuoso homenaje a su figura ya legendaria. Todo fue inútil y, aunque habían encargado al hotel una ginebra y otras cosas para convidarlo y poder hablar tranquilos “resulto imposible: el hombre, firme en su posición, hizo valer que nunca en la vida le habían faltado el respeto y que si alguno de ellos subía ahí para decir que era Hormiga Negra, él, viejo y todo. lo iba a atropellar…”

¡Bueno!! No era cosa precisamente de enfurecer al combativo señor y ponerse en contra a todo San Nicolás, que lo veneraba. Hubo que rendirse. Ese domingo, a la hora anunciada, los Podesta presentaban en San Nicolás al Juan Moreira de siempre… Una prueba muy clara, diría Borges, de la incomprensión del arte escénico por nuestra gente de campo

… y su contraparte literaria escrita por Guttierrez tambien (el de la foto)

Si, tal vez en 1911, pero ¿qué pasaba entonces en 1960, en pleno ámbito ciudadano y con un público ya muy acostumbrado a los medios de comunicación y a la TV?? ¿Cómo explicar lo ocurrido al árbitro injusto del famosísimo programa Titanes en el ring?

Para los lectores de otros países, les cuento que Titanes en el ring fue simplemente un programa de lucha libre, pero tan bizarro y original que ningún chico -y tal vez ningun adulto- deseaba perdérselo. Era todo un disparate bizarro con sus luchadores cuidadosamente disfrazados, entrando con una gran puesta en escena (el hombre del espacio auspiciado por yogures Yolanka bajo en una especie de ovni, Don Quijote se presentaba con Rocinante, Sancho y burro incluido, etc). Cada uno tenía un tema musical característico y el disco que se edito estuvo mucho tiempo entre los más vendidos. Por supuesto maniqueísmo puro y duro, bueno contra malo en todas las luchas, abucheos contra el malo y fervorosos vivas para el bueno eran de rigor.

Titanes en el Riiinggggg!!!

Hasta los árbitros se dividían en buenos y malos Entre estos últimos ningún arbitro fue tan odioso y odiado por sus injusticias como William Boo (Héctor Brea) abucheado en todo su camino y hasta capaz de pelearse con el público mismo. Su fama de villano fue inimitable… y le costó bien cara, como recuerda un extenso artículo del diario Página/12 (sección espectáculos) del año 2006, cuando aún vivian casi todos. Por cierto, el título es perfecto: “Éramos tan ingenuos que creíamos que peleaban”. Y no, nadie peleaba de veras, todo era espectáculo, ficción dentro de ficción, como los fallos injustos de Boo. Pero fueron bien reales los paraguazos de una furiosa espectadora. Aunque al principio pareció otra nota humorística de un programa que apelaba continuamente al disparate no fue así. A Hector Brea le resulto muy duro reponerse, sobre todo del paraguazo en la espalda. Fue el peor momento de su vida, que no solo le dejo huellas físicas sino psíquicas. Nunca pudo dejar de preguntarse porque la mujer desconocida lo ataco de ese modo y con tal furia. “¿Qué le pasaba a esa mujer? ¡Yo no le habia hecho nada! ¿Todo porque deje ganar a la momia negra??”

(Ocurre, lector que entre los estrafalarios villanos existía una momia negra que era mala y solía enfrentarse con la Momia Blanca que era la buena. Bien simbólico todo y acaso no muy políticamente correcto tampoco. Pero bueno Titanes en el ring merece un libro completo)

En el medio William Boo, el arbitro mas corrupto de Argentina (en la ficcion pugilistica al menos)

Por ahora alcanza decir que el pobre Hector Brea pago muy caro su eficacia en el papel del árbitro que hacia ganar al mal. Recuerda una vida bastante vapuleada esquivando insultos, silbidos, agresiones físicas y psicológicas y en donde no faltaban las amenazas. En el reportaje, su compañero Pepino el 88 recuerda que, en un viaje en micro, alguien llego a poner excrementos en su mochila. No lo recuerda como algo divertido pese a las risas de sus compañeros. ¿Qué tendría en la cabeza la gente que se mandaba esas y no reconocía que se trataba de un actor y todo estaba cuidadosamente guionado de antemano? En este caso, este inexplicable fenómeno llego a terribles extremos, ya que dada la popularidad del programa, William Boo era reconocido (y detestado) donde fuera. Incluso recuerda dolorosamente “Martin no se portó bien conmigo. Martin Karadagian, jefe absoluto del espectáculo, declaro que ordenaba a Boo limpiar las letrinas (sin duda para congraciarse con el público mostrando que castigaba al malo). Eso se comentó en todas partes… y también en el colegio de mi hija” recordaba melancólicamente Hector Brea en la nota.

Ser el malo puede ser muy peligroso. Hay una enorme reserva de irracionalidad y de violencia en muchos seres humanos. Lo más inquietante sin embargo no son estos casos particulares: lo más inquietante es reflexionar que fácil es para los medios fabricar un enemigo en caso de guerra (esa despreciable nación enemiga donde no existe ni uno bueno) e incitar el odio, cuando es tan fácil hacerlo contra alguien que ni siquiera existe.

Inodoro Pereyra 6, donde aparece una gran parodia sobre lo que hablamos

Tan frecuentes han sido estos episodios que hasta poseen un comic que expresa en forma humorística un hecho igual, que por poco acaba haciendo percha a Inodoro Pereyra, el vapuleado personaje de Roberto Fontanarrosa, uno de nuestros mas grandes historietistas. Se encuentra en el tomo seis de la colección que recopilaba sus aventuras editado en Bs As por ediciones De La Flor en 1979 (si no la conoce, no se la pierda) En ese episodio llega la compañía ambulante al pueblo, un acontecimiento enorme para la comunidad. Inodoro conoce a la bella Maria Ines de Lorena quien lo seduce y trata de convencerlo de dejar el pueblo y acompañarlos, actuar para ellos, conocer el mundo, lograr fama, fortuna etc. En realidad esta especie de Dalila se encarga de la difícil tarea de “reclutar” quien haga el papel de malo (algo más peligroso que pescarse el ebola) ya que “el papel de villano es tan odioso que en todos los pueblos nos machucan al actor”. Si pueden, lean la hisotria completa, que una joyita, no solo divierte sino que presenta una historia muy bien investigada en todos sus detalles. Por cierto, la obra que la compañía presenta se llama El leon de Francia, que fue un Supermegaexito de los radioteatros y hasta fue tema de una película homenaje bastante reciente. El poema con que se presenta el actor es el que realmente servía de prólogo. El tema, los disfraces, los nombres (Maria Ines de Lorena era la enamorada del héroe) todo es exacto. Sin duda Fontanarrosa pudo conocer la historia ya que hasta los últimos años de la década del setenta, tuvo algunas emisiones radiales, ya ultimo eco de su época de gloria. Y por supuesto, el público amo los héroes y detesto, eternamente a los villanos.

El elenco de El leon de Francia, el radioteatro que cita Fontanarrosa en su historieta de inodoro Pereyra

No tengo una explicación convincente para estos incidentes, salvo que nuestra cordura es bastante más frágil de lo que nos gusta pensar. Si algún lector tiene una teoría, me encantara leerla. Y si algún estudioso de la psicología, la sociología o tal vez la historia del teatro emprende una investigación a fondo, lo mismo. Sería bueno que se le diese el nombre de “efecto retablo”, ya que se remonta al más ilustre ejemplo que ha dado, no ya la cultura pop sino la más alta que podamos pedir. Especificamente El retablo de Maese Pedro, capítulo 26 de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. Todos lo recordamos aproximadamente: el titiritero, Maese Pedro, lleva su espectáculo casualmente a la posada donde paran Don Quijote y Sancho. Su espectáculo, claro está, presenta buenos y malos (siempre una mecha explosiva), una pareja de buenos enamorados necesitados de ayuda (mas mecha explosiva) y, para colmo de colmos, los malos son moros. (eso ya es el colmo). Como sabemos Don Quijote se les va encima y se arma el gran zafarrancho, haciendo percha escenario, telón y hasta el último de los actores inanimados. Esta escena es parte de la literatura de la gran literatura

El Quijote arremete contra el espectaculo. de títeres.

Sin embargo podemos permitirnos dejar un poco de espacio a la imaginación.

¿Quién sabe si estas cosas ya pasaban entonces y Cervantes no fue testigo en sus muchos viajes por la España de su tiempo, de algo parecido?

¿Quién sabe si no le inspiro este episodio?

¿O todo el Quijote?

¿O, más simplemente, lo que ocurre es que solo en las queridas ficciones es posible obtener un poco de justicia?

Siguiendo a Utherd de Bebbanburg

Muerte de reyes (Death of Kings, 2011)

Uthred el Pagano (The Pagan Lord, 2013)

El trono vacante (The Empty Throne, 2014)

Guerreros de la tormenta (Warriors of the Storm, 2015)

Autor: Bernard Cornwell

Edita: Edhasa

Año y medio ya que escribí sobre los primeros cinco volúmenes de esta saga (que ya tiene adaptación televisiva – The Last Kingdom de nombre- de tres temporadas, cada una cubriendo 2 novelas, aunque la tercera se desvía bastante de las novelas 5 y 6). Me queda por ahora solo una novela en espera. Pero la saga sigue por historias muy sólidas, manteniendo esa mezcla de intriga política, ambientación histórica y combates salvajes muy bien descritos que la sigue haciendo absolutamente atrapante.

Digamos si, que el tomo seis, Muerte de reyes, es un buen cierre para la primera mitad de la historia. Muchas de las puntas desarrolladas hasta el momento van cayendo en ella. De entrada el rey Alfredo – ese tipo al que Uthred a la vez detesta y admira, ese astuto manipulador y estadista con visión- muere y con ellos se desata una sucesión y un ataque danés que se resuelve en una batalla donde la mayoría de los enemigos del reino de Wessex mueren – por supuesto porque Uthred sigue siendo un gran militar y se saca una victoria de la galera. El hijo de Alfredo se asegura el trono y lo que queda es la hija de Alfredo terminando de lidiar en Mercia con su marido por el poder ahí. Y con Uthred herido malamente por una espada. La búsqueda por su curación ocupa el siguiente volumen, además de por fin verlo intentar tomar Bebbanburg (el señorío usurpado al que por derecho le toca a Uthred), aunque fracasa.

Lo interesante a partir de aquí es ver también el crecimiento de los hijos de Uthred, que empiezan a tomar protagonismo: el mayor –para espanto del padre- se hace monje (aunque el tiempo lo va a demostrar tan astuto como el padre), el segundo se convierte en la mano derecha de Uthred y la hija – más adelante- se volverá una pagana, terca y sin pelos en la lengua que se casa con un jefe danés y es el orgullo de papá. Y mientras Uthred se vuelve el amante y brazo militar de la hija de Alfredo, consiguiéndole –en una jugada brillante que hay que leerla para creerla- el torno de Mercia. Y ahí lo dejamos a Uthred, más viejo pero igual de zorro, en esa pelea entre sajones y daneses en las que se mueve tan astuta como ambiguamente.

Y lo vuelvo a decir: Cornwell escribe muy bien. Si les gustan las historias históricas y/o son viudas de Juego de Tronos, vayan a por esta saga, que la van a disfrutar muchísimo. Como me pasa a mí.

¡¡Vuelve el Titanic, a reservar pasajes!!

Iban a ocurrir tantas cosas en el año 2000 (ademas del fin del mundo cuando fallaran las computadoras o llegara el meteorito) que ya nada podía dejar boquiabierto a nadie, ni siquiera el enésimo anuncio de los automóviles voladores. Pero esta noticia logro dejarnos shockeados a todos

El Titanic volvia a navegar.

Al menos eso anunciaba a todo color y con grandes titulares la revista “Conozca mas” en Junio de 1998, en su número 116. “El Titanic vuelve a navegar” se leía en la eufórica portada. También anunciaba el mundial de Francia y la remake de “Perdidos en el espacio”

Varias páginas y fotografías informaban con todo optimismo: “Ira de Soupthampton a Nueva York. Llegará al sitio del naufragio el último día de 1999. Y festejaria el nuevo milenio en alta mar”. El barco emblematico solo podia volver en una fecha emblemática.

Y se tenía planeado celebrar precisamente en el punto exacto donde se había hundido, rindiéndose homenaje a las víctimas de la catástrofe:

“A la medianoche del 31 de diciembre, debera estar a 41 grados 46 minutos de latitud norte y 50 grados 14 minutos de longitud oeste” el lugar, con toda exactitud.Se encendería una vela por cada persona fallecida mientras se guardaba un minuto de silencio. Luego se celebraría el nuevo milenio con champan del que se bebió en 1912. Y se descontaba que Celine Dion cantaría la canción de la película que todos tenían en la cabeza. Luego completaria de una vez el viaje a Nueva York, esta vez con un final feliz y los aplausos de todos

Como el barco original yace a cuatro mil metros bajo la superficie, se estaba construyendo un clon

Según la nota, tardaría 18 meses más en estar listo al módico precio de quinientos millones de dólares, tal vez un poco más entre una cosa y otra. Pero se calculaba recuperarlo pronto: el pasaje más barato costaría diez mil dólares y el más caro cien mil y ya tenían, al parecer, todo vendido.

Los nuevos pasajeros se encontrarían con un barco “igual pero mejor”, perfectamente reproducido hasta el menor detalle en todo su lujosísimo esplendor por dentro, pero con tecnología de ultimísima generación para sus máquinas. Las chimeneas, por ejemplo ahora solo serían decorativas: el renacido grandote seria impulsado por motores diesel, ninguna huelga carbonera jorobando por ahí…

La nota dedica muchas páginas a la minuciosa reproducción del buque -literalmente centímetro a centímetro- encargando a expertos textiles miles de metros para los manteles y cortinados, a la fábrica de porcelana Limoges los exquisitos servicios de mesa de porcelana, a la mejor platería de Londres la reproducción de los cubiertos de primera clase. El estudio Guznich de Alemania reconstruiría exactamente la escalera principal con toda su suntuosidad, cristales venecianos para las arañas del techo, mosaicos reconstruidos por los mejores artistas para el baño turco… Todo a ese nivel.

Es una descripción bastante extensa, pero refleja el denominador común de todos los proyectos presentados: lujo de 1912 para el interior, tecnología de punta para la maquinaria.

Esperemos que cualquier proyecto que se lleve a cabo, no olvide el detalle de los botes, nunca se sabe. En esta época de terroristas que busquen dar un golpe bien llamativo…

Este anunciado Titanic no tuvo videos en Internet (no era época de You tube aun), pero 1998 era una época perfecta para el nuevo gigante, que podría navegar cómodamente en un océano de Titanicmamia. En ese año no se podia encontrar alguien que no hubiera visto la pelicula de James Cameron. Así que la revista arrasó, sobre todo entre las chicas de colegio ,que se agarraban de los pelos por cualquier cosa con foto de Di Caprio. (Logre salvar una =) Ese filón habían descubierto los empresarios, en este caso la RMS Titanic, que había comprado los planos originales a los herederos de la White Star. Y también los derechos para exhibir objetos rescatados de los restos (cosa que continúa haciendo) y además los derechos para vender recuerdos del Titanic a precios astronómicos (La película fue obviamente un regalo del cielo para ellos)

Con solo echarle una mirada a los invitados especiales del viaje, como Leonardo Di Caprio y Celine Dion -que cantaria el tema del filme- estaba claro que lo que se quería recrear era el Titanic de Cameron.

Otras estrellas noventosas integrarían el pasaje. Además de la pareja romántica de la peli, viajaría Michael Jackson y el célebre mago David Copperfield, que tal vez haría aparecer y desaparecer un iceberg. O al menos eso se preguntaban en la nota.

Evidentemente no ocurrió.

No apareció ni el iceberg ni el Titanic, ni el fin del mundo. Ni los automóviles voladores.

Aunque estuvo a punto de aparecer otro Titanic. ¿Seria Titanic tres?

¡¡TITANICS EN El RING!!!

En esa fecha, otra compañía naviera, llamada también White Star como la original, integrada por capitales suizos, anunciaba que pronto botaria una nave idéntica.

Claro que comenzaron los problemas con RMS Titanic que se había hecho dueña de los planos originales.

Por lo visto este Titanic no se echaba atrás y quería seguir la construcción con lo que pudieran hacer sus propios ingenieros, con o sin planos. El itinerario planeado era -como siempre- el mismo: Soupthampton – Nueva York. Y por lo visto, ninguna quería ceder en el momento de editarse la nota.

Tan empecinados estaban ambos Titanes o sus compañías que la revista se preguntaba cuál de los dos lograría la mejor reproducción, realizara el mejor viaje y se convertiría en el favorito…

De todos modos, para el 2000 no apareció ninguno de los dos Titanics. No hubo ninguna explicación de las causas como no las hay cuando se demora el meteorito. Simplemente no se habló más del tema.

¡¡Y menos mal!! Imaginemos a estos dos tremebundos gigantes navegando a todo lo que daban para llegar al mismo punto del mar a la misma hora en la medianoche del fin de milenio.

¡¡Hubiera sido el colmo de los colmos que chocaran !!!

NO HAY DOS SIN TRES

Por supuesto, no hay que desperdiciar más oportunidades para hundirse (glamorosamente). Porque nadie quiere dejar descansar en paz al Titanic.

El intento más reciente de reconstruirlo pertenece al millonario australiano Clive Palmer, empecinado con empeño notable en el proyecto Titanic Dos. Su compañía ha sido bautizada Blue Star, recordando a la White Star, claro. No sabemos si se inspira en alguno de los proyectos de 1998, pero su intención es prácticamente la misma: reconstrucción perfecta, materiales de lujo, cocina de cinco tenedores con las mismas recetas y todo lo que puede ofrecer la tecnología para las maquinas.

A precios Titanicos, eso no puede faltar.

Y botes se puede suponer. Nunca queda muy lindo mencionar los botes pero… nunca se sabe

Y se propone hacer, como no, el mismo viaje para llegar de una bendita vez a Nueva York. Aunque Nueva York continua, hasta la fecha, sin recibir Titanics.

Como ahora si existe Youtube, es fácil seguir sus intentos de ponerlo a flote en diferentes fechas: 2016, 2018… Este año asegura que zarpara en 2022, en el aniversario ciento diez de su hundimiento, ya que no pudo hacerlo en el 2012.

Esto ya se está pareciendo al meteorito del fin del mundo, que se anuncia desde que tengo memoria o a los autos voladores que se vienen anunciando desde fines de los años cuarenta.

Y si bien se pueden encontrar en Internet muchísimos artículos anunciando las maravillas del nuevo Titanic de Clive Palmer -sobre todo en los videos de Youtube- la demora está haciendo patalear a gente ansiosa de ponerse el salvavidas.

No falta el pájaro de mal agüero que asegura “El Titanic Dos se hundirá también”  pero como la fecha que da para la nueva tragedia es 2016, no hay razones para aterrorizarnos con tal poder profético.

TITANIC MADE IN CHINA

Algo que provoca muchos chistes fáciles, pero lo cierto es que los chinos, con todas sus enormes posibilidades, ya mismo están trabajando en poner a flote una copia exacta del Titanic. A flote nomas porque no va a navegar ni de lejos. Se construye a mil metros del mar en la localidad de Daying en el rio Quiang, donde permanecerá inmóvil en un estanque y servirá de atracción estrella Una muestra de la sabiduría oriental, amigos, que tanto querer trasladar ese armatoste a Nueva York con los gastos que implica y los riesgos que nunca están descartados, si el pasajero de hoy no tiene la más remota necesidad de ir a Nueva York, lo que quiere es sentirse en la película. Quiere el decorado, la comida de cinco tenedores, la orquesta tocando, el champan que se servía etc. Y todo eso se lo podemos dar sin que el barco tenga que moverse un centimetro. Quiere Titaniclandia.

Lo bueno es que nadie se puede ahogar en un estanque a menos que resbale al subir. Y agregarle un poquito de morbo que siempre es buen condimento. Por eso se piensa en una recreación con luz y sonido y todas las técnicas 3d de lo que se debió sentir con el choque y el hundimiento.

Claro que esto último, previsiblemente ha provocado controversia. Especialmente entre los descendientes de los fallecidos, que se niegan enérgicamente a que se lo convierta en parque de atracciones.

Pero justamente de eso se trata este clon atracado en el estanque. Permanecerá anclado como parte del gran complejo turístico de lujo Seven stars. Y se calcula que producirá máximos beneficios a mínimo riesgo.

Llegado a este punto es inevitable reflexionar un poco sobre el tema de la etica… Reflexionar nomas, porque a esta altura nadie podría evitar nada. Ya el gigante es de todos.

Quienes mas protestan son quienes perdieron familiares pero con el tiempo van desapareciendo.

En el número de National Geographic dedicado a los cien años del naufragio encontramos el recuerdo de Eva Hart, una de las ultimas sobrevivientes. Solo tenía seis años cuando su padre logro subirla a un bote salvavidas mientras él se quedaba en cubierta para morir. Decía “Es la tumba de mi padre. No la alteren”

El mismo Robert Ballard, el primero en descubrir los restos en el fondo del océano, se quedó helado al verlo. ¿Cómo no comprender sus sentimientos? Ante esto no hay nada que se pueda comentar… Pero fue y será inútil.

No es que los fans sean insensibles. Es que ya no es el Titanic, es la foto de Di Caprio, es la peli, es el disco con la música. Y para algunos un negocio. Algunos amigos comentan que simplemente es capitalismo, consumismo. En parte claro que si, pero el consumismo no ofrece nada si no hay quien desee consumir. Es más complejo. El merchandising de lo que sea necesita que exista una fuerte necesidad popular o no tiene ningún sentido. Pero, por el momento, nadie averiguara mucho subiéndose al Titanic 2 o 3.

Por eso, mientras llega, si nos ha contagiado la curiosidad por el universo Titanic, que a veces degenera en pandemia, aquí les hablamos de algunos lugares Top T para despuntar el vicio, mientras esperamos junto al mar…

LUGARES TOP TITANIC

Existen ya mismo. Todo depende de la distancia que quiera recorrer y el dinero que pueda gastar.

BELFAST

En esta ciudad de Irlanda del Norte nació el Titanic y toda su enorme familia. Es el mejor lugar para una investigación precisa y a fondo. Se puede caminar por las oficinas de la White Star Line, comprobar en el dique seco el tamaño de estos leviatanes. O los edificios construidos especialmente para albergar los motores. Cada motor tenía la altura de un edificio de cuatro pisos. El canal por donde se deslizo hacia el agua gracias a 22 toneladas de sebo, mientras aplaudían cien mil espectadores. Conocer el memorial donde se han grabado los nombres de todos los que se embarcaron. Es el mejor lugar para averiguar medidas, itinerarios, materiales. Planos, fotografias. Aqui se puede hacer un buen trabajo de investigación. Y tratar de pensar que tendrian en la cabeza aquel 1912.

SOUTHAMPTOM

De aqui zarpo el “barco de los sueños” hacia la nada, llevándose cientos de humildes trabajadores. La gente de la que se habla poco. No encontrara aquí a ninguno de los nombres ricos y poderosos de la peli: todos trabajaban para sobrevivir y lograr que sus familias sobrevivieran.

Muchas de estas familias quedaron desamparadas. De los 897 miembros de la tripulación, 714 eran de Soupthamton. Esta pequeña ciudad guarda sus historias. Es la ciudad con mayor cantidad de monumentos que recuerdan la tragedia.

En el cementerio local hay un grupo de lapidas que no corresponden a ningún cuerpo: los más humildes no pudieron ser rescatados del mar. Aquí se los recuerda individualmente y la ocupación que los llevo a la muerte: herreros, carpinteros, limpiadores, pintores. Es el cementerio vacío. Se recuerda a sus familias desamparadas y la lucha para ayudarlos entre todos, al no existir seguros. Se recuerda la trágica huelga del carbón que dejo a cientos sin trabajo y les hizo creer que trabajar en el Titanic era un milagro que les enviaba la providencia.

El reclutamiento comenzó el dos de abril. Aún se conserva la oficina de la White Star donde comenzó éste.

Si todo esto no es bastante devastador, aun podemos recorrer una callecita de sencillas casas. No tiene nada de particular salvo que los ocho padres de familia perecieron todos en la misma noche.

ATLANTICO NORTE

¿Animo de aventura submarina (onda Jaccques Costeau)? ¡No se lo pierda! Imposible un acercamiento mayor. Se trata de sumergirse a bordo de mini submarinos de última generación, bajando a cuatro mil metros de profundidad, para explorar lo que queda del gigante de los mares. La empresa Blue Marble ofrece estas experiencias a unos 90 000 euros por persona. Son los viajes turísticos más profundos de la historia. Comenzó estos viajes la empresa Deep Ocean en 1998, el año de la peli hiper laureada, utilizando precisamente los submarinos que se utilizaron para la filmación de la película. Los de hoy están bastante más avanzados. Si lo suyo es la aventura marina, este es el lugar, pero hay que apurarse. Toda clase de depredadores, microscópicos y no tanto (de dos patas muchos) lo están dejando en los huesos y pronto no quedara ni la raspa Los conspiranoicos dirán entonces que nunca existió.

HALIFAX

La ciudad canadiense que el Titanic convirtió en cementerio. Así dicen los resignados pobladores. Halifax cambio para siempre cuando el capricho de las corrientes marinas le envió a sus costas cientos de cadáveres. Muchos  desconocidos están en el cementerio Titanic, sin un nombre. En los aniversarios no les faltan flores ni el minuto de silencio como homenaje. Claro que la ciudad tiene otros atractivos, pero este los eclipsa Los pobladores se resignan: “El Titanic nació en Belfast, murió en el Atlantico Norte y a nosotros nos ha tocado enterrarlo (o a sus tripulantes)”. Este es lugar para dejar una flor o una plegaria.

Pero, si tenemos animo de parranda bizarra…

 ¡¡¡LAS VEGAS!!!

Parece mentira, pero el lugar titánico más concurrido y rentable del mundo es el hotel-casino-strip club de Las Vegas llamado “Luxor”, de ambientación egipcia.

Todos conocemos o podemos encontrar en la red esos increibles hotelitos de la ciudad del juego. El Venecia con sus góndolas de utilería; el Paris con su torre Eiffel; el Caesar’s Palace y su decoración romana. Y veamos lo que describe el National Geographic en su número de abril 2012 dedicado al Titanic..

“Aunque el más pasmoso de los naufragios ha encontrado muchos hogares literales, historicos, legales y metafóricos, ninguno más surrealista que el salon strip del hotel Luxor en Las Vegas. Allí, entre un espectáculo de striptease y una producción musical, funciona la exposición semipermanente de objetos que el rescatista legal del Titanic, la empresa RMST, ha recuperado del mar desde 1994. Pase un dia en el Luxor, recorriendo las reliquias del Titanic: la toca de un chef, una navaja de afeitar, platos, algún naipe, incontables pares de zapatos, perfumes, una botella aun con su corcho… los objetos más comunes y corrientes convertidos en especie de reliquias sagradas a causa de su terrible viaje a cuatro mil metros bajo la superficie y el no menos azaroso de vuelta a la superficie para acabar… en un strip de Las Vegas.”

“Cruzamos por una cámara oscura, parecida a un refrigerador de carne, donde los asistentes podíamos tocar un trozo del Iceberg (o uno muy parecido) preservado con freón, rodeado de grabaciones de chirridos y crujidos como quejas que evocan la sensación de estar atrapado irremediablemente en las entrañas de la bestia agónica”.

Como se ve, el espectáculo de luz y sonido que los chinos no se deciden a hacer, en Las Vegas se realiza sin ningún escrúpulo.

No terminaban las cosas con el número del gran cubito, ahora venía el “gran resto”: un colosal bloque de quince toneladas del casco, que fue izado con poderosas grúas desde el lecho oceánico en 1998.

Esta exposicion es enormemente exitosa. Gana unos 25 millones de dólares al año y sale de gira por más de 20 países. Es totalmente legal pero eso no evita que sea repudiada por arqueólogos, historiadores, submarinistas, que han llamado a los responsables ladrones de tumbas, profanadores, cazadores de huesos, promotores de feria barata, hienas, buitres y cosas peores. Esta tormenta arrecio mucho más al acercarse la fecha del aniversario del 2012. “Habíamos logrado unir como nunca a la comunidad titánica mundial” declaró sonriendo el presidente de RMST, Chris Davino, “todos nos odiaban”. Entonces dieron un golpe de timón (nunca mejor dicho) bastante hábil. “Ahora no discutimos con ningún experto, deseamos colaborar”, poniendo todo lo que poseen a las órdenes de los investigadores. Ahí disminuyeron bastante las críticas. Y, desde que decidieron financiar algunas investigaciones… calma chicha. No es demasiado extraño que este espectáculo funcione a todo vapor. Después de todo USA es el país de P. T. Barnun. Y de Ripley, crease o no…

Lo que es dificil de creer es que el muy serio y británico Titanic sea la estrella en Las Vegas, entre chicas haciendo strip tease y máquinas tragamonedas. Y encima en un hotel egipcio trucho decorado con palmeras y pirámides de mampostería. Da que pensar que tal vez la tan mentada momia existió de verdad y no se conformó con el hundimiento, Continuando su venganza implacable.

SAN JUAN DE TERRANOVA

Muy cercano al lugar del naufragio, la marea llevo a sus costas a los últimos cadáveres. Durante meses también llevo platos, reposeras, alguna puerta arrancada en el desastre que terminaron en las casas de los lugareños.

Cerca de allí opera la patrulla internacional del hielo, organizada después del desastre y dedicada a vigilar el Atlantico norte.

Así que este lugar más bien desolado se considera otro hogar del Titanic. Resulta interesante lo que cuenta el cronista de National Geographic: “Me dirigi a una taberna de George Street ,donde disfrute de un vodka local” pero le aguarda una sorpresa: ceremoniosamente, el cantinero le sirve en la bebida un fragmento angular de hielo, al parecer desprendido del verdadero iceberg que mato al Titanic (otra vez esa obsesion por encontrarlo ). Allí sirven el verdadero, porque han estudiado el glaciar groenlandés que supuestamente se estaba disgregando aquella primavera. “El hielo crujía y borboteaba en mi vaso exhalando antiguas atmosferas atrapadas en su interior. Al menos eso me explicaron”. Con semejante hallazgo, sin duda merece ser un lugar Titánico. Después de todo, mas tarde el narrador cree haber oído por unos momentos las voces del Titanic.

CAPE RACE

Por esa época, cuando se trataba de dominar las telecomunicaciones, Guillermo Marconi edifico una estación inalámbrica permanente en Cape Race, ventoso y desolado promontorio al sur de San Juan. Allí, el primer radiotelegrafista que recibió la señal del Titanic pidiendo auxilio inútilmente se llamaba Jim Myrick, aprendiz de solo 14 años que se hallaba trabajando en la estación. Al principio, la transmisión solo enviaba el código estándar de siempre CQD, pero a las 0 horas del día quince, se cambió a la señal que hoy todos conocemos, más sencilla de transmitir y comprender: SOS.

El redactor esta ahi para entrevistar a David Myrick, sobrino nieto de Jim, quien cuenta que su tío abuelo nunca quería hablar del Titanic y de aquella noche imposible de olvidar, pero con los años comenzó a “trasmitir” constantemente. El código Morse fue la única forma de comunicarse con él, incluso para su familia. No hacia otra cosa que trasmitir hasta el último minuto de su vida… como en aquella noche en que recibió el pedido de auxilio del buque agonizante.

Fue fiel a Marconi hasta el final, fiel a su deber. En sus últimos años repitió esa noche eternamente.

Es una historia poco conocida (y el Titanic dejo tantas), por eso quiero agregar a Cape Race al top de lugares Titánicos en pleno derecho. Aquella noche los dos (barco y rariotelegrafista) se dirigían orgullosamente a un gran destino, podríamos decir.

El vampiro y otros cuentos de horror y misterio

Autor: Victor Juan Guillot

Colección: Los Exhumados nº3

Edita: Ignotas, San Andrés, 2016

La crítica literaria es caprichosa, sobre todo en lo que respecta a la permanencia en el tiempo de un autor. Que una creación sobreviva en el tiempo no tiene muchas veces que ver con la calidad sino con factores externos. De maneras misteriosas, la crítica pasa por alto a narradores que bien merecerían el reconocimiento. Después ya solo queda la autosatisfacción del iniciado en los misterios de la Facultad de Letras y del consenso literario para terminar de olvidar obras que bien podrían valer la pena, pero que terminan en manos de outsiders que hablan de estos libros en blogs, fanzines o similares lugares a que están fuera del campo (como diría Bourdieu). A lo mejor como este blog, que se mete con esa gente olvidada. A lo mejor como tipos como Mariano Buscaglia que edita libros que se salen del canon. Su colección Los exhumados justamente nos hace ese favor. Por eso merecen reseña aquí.

Y, si me preguntan, creo que el mayor rescate que ha hecho Mariano es con Victor Juan Guillot

Si por algo es recordado Guillot es por su participación como político radical en el escándalo de las tierras del Palomar, uno de los casos de corrupción más mentados durante la Decada de 1930 (conocida también como la Década Infame) en Argentina. Guillot terminó suicidándose ante las acusaciones que lo tenían como metido en las coimas. Tal vez eso haya sido lo que determinó su olvido como literato. O no. Pero que se lo olvidó se lo olvidó. Lo cual no debería ser asi.

Como bien demuestra este libro de relatos cortos, Guillot es un gran cuentista, a la par con tipos como Horacio Quiroga en su manejo no solo del fantástico sino en la creación del elemento macabro –a veces fantástico a veces no- en la cotidianeidad. El mundo de Guillot combina –al igual que Quiroga- la descripción cotidiana (sobre todo en el campo argentino de esos años) con ese algo raro o fuera de lo esperable que nos deja una puerta abierta ante las dimensiones desconocidas de nuestra vida. Una prosa tersa, ágil y al punto, a veces afectada por cierto lenguaje modernista, otras por un cierto humor macabro tongue –in – cheek  (pienso en “El alma en el pozo” el relato largo con el que termina el volumen). A veces ni siquiera el horror es un recurso fantástico: “El vado” es completamente realista y a la vez uno de las historias más terribles del libro.

Como es que nadie rescatara previamente la obra de Guillot, me deja simplemente entre anonadado y enojado con los guardianes del Conocimiento de la Literatura Argentina. No sé qué miércoles hacen, si un tipo de este nivel es olvidado.

Les urjo a comprarse este libro. Van a encontrar un narrador fabuloso de historias (de misterio y horror), uno de esos tipos a rescatar. Libros como estos son los que le dan sentido al blog.

Todo lo que quiso saber sobre Carnaval de Almas y nunca supo donde preguntar

(ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NUMERO 26 DE LA REVISTA LA COSA  DE BUENOS AIRES, FEBRERO DE 1998. TIENE RETOQUES MINIMOS DE SU EDICION ORIGINAL)

Todo comenzó con un centro recreativo abandonado al lado del Gran Lago Salado en Utah, Estados Unidos. Este lugar, llamado Saltair, sirvió en los años treinta como parque de diversiones y sala de baile para la gente de la cercana ciudad de Salt Lake City. El lugar era ideal para la gente que quería bañarse en las aguas del lago y pasar un rato entretenido. Para junio de 1961 sólo quedaba la construcción abandonada, un lugar verdaderamente fantasmagórico.

Resultó ser que pasaba por Ia ruta un señor llamado Herk Harvey. El tipo volvía a la ciudad donde trabajaba, Lawrence (Texas), después de filmar una película industrial en California. Porque de eso vivía: de hacer pelis sobre las maravillas del trabajo en una planta industrial determinada- proyecto pagado por esa empresa-o documentales educativos de esos que dan en las escuelas cuando la maestra no quiere dar clase. La cuestión fue que al pasar por el lugar le pareció que era un escenario perfecto para usar en una película de ficción, algo que nunca había hecho pero estaba interesado en hacer.

AI volver a su ciudad, Harvey le mostró las fotos que había tomado de Saltair a John Clifford, un guionista que trabajaba en la misma compañía productora de films que él. El resultado: en un par de semanas había un guion terminado. “Tenía la idea de una caceúa y de cuerpos saliendo del agua para perseguir a un Joven”, explicó en un reportaje Harvey. Eso, más el escenario extraño que tenían, más la presunción que un film de terror sería más fácil de comercializar en ese momento hicieron que Clifford y Harvey borronearan la estructura de uno de los films fantásticos  y más interesantes del cine.

Bienvenidos a Carnival of Souls…

COMO HACER UN FIIM BUENO, BONITO Y BARATO

Primer problema: ¿de dónde sacamos la guita?

Algunas ventajas había: por su laburo, Harvey y Clifford tenían a su disposición no sólo el equipo técnico que les prestaban “de onda” sus jefes, sino que el resto de la gente que necesitaban también estaba interesada. Claro, más divertido que hacer un documental sobre las ventajas tecnológicas de la tostadora eléctrica K-25 tenía que ser.

Pero algún dinero había que conseguir. Por lo menos se necesitaban diecisiete lucas verdes. Si, 17.000 dólares. Gracias a un amigo con contactos llamado Joe Taylor, se consiguió que empresarios locales pusieran el dinero necesario. Quinientos de Fulano, setecientos de Mengano… Y así de a poco se llegó a la suma necesaria.

Para el elenco, Harvey eligió en su mayoría a actores locales, muchos de los cuales trabajaban regularmente en sus films educativos. Sólo decidieron contratar una actriz profesional que viniera de Nueva York para darle el papel protagónico (habían decidido convertir en una mujer a la protagonista “porque hacia aparecer al personaje más vulnerable”). Así fue que hallaron a Candance Hilligoss, una actriz recién egresada del Actor’s Studio. Ella sería Mary Henry, la organista alejada de la Humanidad y perseguida por los espectros de la película.

A llegar a Lawrence, Hilligoss no dio una primera impresión muy buena a Harvey. “Ella no era lo que tenía en mente, Toda la noche estuve pensando cómo le diría que no la queríamos. A la mañana, después de tener la oportunidad de arreglar su pelo y ponerse maquillaje, ella luce como una mariposa saliendo de su capullo, Decidí usarla”.

Estaba todo listo para filmar. Casi todas las tomas se harían en exteriores, tanto en Lawrence como en Salt Lake City. Había tres semanas para filmar. No mucho tiempo. Por suerte la filmación se produjo sin incidentes. Y eso que hubo quilombos potenciales que pudieron aparecer en tomas riesgosas como la del auto cayendo al río. Había un tubo de gas que cruzaba el agua por debajo y, si el auto caía fuera del lugar marcado, podía pasar un desastre. Por suerte las cosas anduvieron bien.

En Saltair, muchas de las tomas se decidieron allí, mandando un poco a la basura lo dicho en el guión. La mejor secuencia -el fantasmagórico baile de los muertos en el pabellón- tuvo la ventaja de poder usar las viejas luces de las arañas que colgaban allí. Más allá de llamadas de vecinos a la policía que decían que ese lugar abandonado estaba intacto, las cosas funcionaron bien. El 19 de octubre del 61 ya estaba todo filmado. La edición del material se terminó en enero de 1962. El costo total había sido de treinta mil dólares. Ahora venía la pesadilla: la distribución…

DE COMO HACER QUE UNA PELICULA ANDE BIEN Y UNO NO VEA UN MANGO

La premiere del film en Lawrence, Texas, trajo una fría reacción. “Pienso que era un film duro de tragar en ese momento; todo no se autoexplicaba”. Recordemos que “terror” en esa época eran los films de la Hammer y Vincent Price haciéndose el loco en La Pavorosa Casa de Usher (The Fall of House of Usher, 1960), y demás películas del ciclo Poe dirigidas por Roger Corman. Tal vez “El Carnaval…” es un film más en la línea de las películas del productor Val Lewton en los cuarenta, al estilo La Marca de la Pantera (Cat People, 1942), con todo eso de no saber si todo es verdad o la protagonista ve cosas, con un acercamiento más sutil, más de terror blanco, no haya sido un error en términos comerciales. Pero eso había que verlo en el circuito comercial. Y el film necesitaba un distribuidor.

Aquí entra una distribuidora de films independientes que recién empezaba, la Herts-Lion Corp., que dirigía un productor llamado Kenneth Herts. Harvey se contactó con ellos por medio de un conocido y en poco tiempo había un contrato bastante bueno para distribuir el film en el circuito de los autocines, junto a The Devil’s Messenger (un engendro con Lon Chaney Jr.) en doble programa. Parecía que todo andaba sobre ruedas. La película recaudó bien pero… el dinero nunca llegó. Harvey se quejó. Le mandaron un cheque, que fue rebotado en el banco. “Entonces supe que teníamos problemas”, explicó.

AI poco tiempo la compañía quebraba y Kenneth Herts se las había tomado a Europa. Rajó como un pajarito.

El problema no terminaba ahí. La cinta original estaba en los laboratorios de donde se habían hecho las copias para mandar a los cines. Esas copias no se podían llevar por que había que poner el dinero (mucho) que se debía. Más fácil: el laboratorio se quedaba con las copias hasta que se les pagara la plata que se les debía. Además las copias tenían nueve minutos menos, una decisión tomada por la distribuidora antes de ser exhibida. Al final los derechos para televisión quedaron en manos de un vendedor de paquetes de films para la pantalla boba. ¿Resultado?: Camival… aparecería cada tanto en las trasnoches de la tele norteamericana, sin que los que la hicieron vieran un peso por eso.

Con razón Harvey no volvió a hacer otro film de ficción, volviendo a su trabajo de documentales…

SALIENDO DEL OLVIDO (o “Mira que buena peli dan a la noche. ¿Quién la habrá hecho?”)

Que la pasaran continuamente por televisión fue una ventaja para Carnival… Poco a poco fue captando espectadores que se quedaban asombrados con esa desconocida película de terror con tanto estilo y clima, con esa atmósfera de pesadilla, con esos muertos vivos similares aunque anteriores a los de La Noche de los Muertos Vivientes (Night of The Living Dead, 1968), de George Romero -otro clásico del terror hecho por dos mangos independientemente- . Con el tiempo el film empezó a tener un pequeño “status’ de “cult film”. En la prensa especializada yanqui comenzaron los artículos investigativos. Así fue que el director y cinéfilo Richard Haines convenció a Panorama Entertainnent para restaurar y relanzar el film dentro del circuito de “midnight movies” -a donde van a parar los films de culto generalmente en Yanquilandia-.

La restauración se hizo a partir del original que Harvey y Clifford habían recomprado tras muchos años. Ahora la película era de ellos y tenían un nuevo trato para lanzarla como correspondía. Así que en 1990, veintisiete años después de la “premiere” original, la versión completa y restaurada de Carnival of Souls se volvió a proyectar en Lawrence. Y esta vez el público la aplaudió a rabiar. Como se lo venía mereciendo. Que no siempre se puede ver una joya del cine de terror -una de esas que te hacen tener miedo y no sólo reírte del mostro de goma- muy seguido.

¿Y DE QUE VA LA COSA?

El argumento final es simple: una chica que trabaja de organista es la única sobreviviente de un accidente en el que un auto cae a un rio. Pero, desde que se salva, su vida no es la misma. Es perseguida por un extraño espectro con la cara blanca (interpretado por el propio director), tiene visiones de un extraño ballet con un montón de muertos, la gente ya no la escucha ni la ve. ¿Cuál es la razón? ¿Esta chica, estará realmente viva? ¿Eh?

A bajar: El Desvan del Abuelito, primer semestre del 2010

El Compilador Digital no para y sigue recopilando en formato e-zine el material de uno de los blog claves de la explosión bloguera (a nuestro gusto obvio): El Desvan del Abuelito

Hoy les traemos lo publicado en el Desván durante el primer semestre del 2010, para leer en el formato que mas les apetezca, sea epub (para celulares y libros electrónicos que no son de Amazon), mobi (para le Kindle) o pdf (si lo que les gusta es bajarlo e imprimirlo). Todo esto hecho gratuitamente y con permiso de su creador, el bueno de El Abuelito. Y si lo quiere leer como blog pues siga el link nomas.

No pierdan mas el tiempo, si usted es consumidor de cultura pop antigua y extraña (y si no lo es, ¿que hace en este blog en primer lugar?), Solo siga el link y bajelo. Y si no tiene los volúmenes anteriores, vaya aquí. Es mas puede leer las otras compilaciones que hemos hecho hasta el momento de otros blogs aquí y de nuestro propio material aquí.

Vamos no se arrepiente, que el material es muy bueno mu

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Relatos de Espada y Brujeria

 

Autores: Varios; Claudio Diaz (selección)

Edita: Thelema, Buenos Aires, 2017

Aviso de nuevo: otro libro regalado por Claudio Diaz , que es amigo con lo que mi versión puede ser sesgada a su favor. El que avisa no es traidor.

Lo más interesante en esta antología es abrir el juego a los autores de fantasía heroica independientes de Argentina, que, por lo que se ve, son más de los que parece. Ya eso solo hace de este libro un hito importante para entrar a explorar lo que se viene haciendo con la espada y brujería en Argentina, como contaba Mariano Buscaglia hace poco en su nota en el blog.

Y por supuesto, como toda antología, hay de todo, desde cosas bien escritas pero que no emocionaron, hasta dos o tres cuentos muy poderosos que le saben sacar el jugo a las posibilidades de la fantasía Por ejemplo “La Tejehechizos” de Lucas Simmons, donde la protagonista busca hallar un camino para cambiar su destino y mala fama con un loop brillante (y no spoileo mas) o la muy bien escrita “Nigromante” de Paul Calvetti Costa (personalmente la que más me gusto de todo el libro) donde – usando el recurso de cartas y declaraciones oficiales- nos hallamos ante un enredo de un humor muy tongue in cheek que le debe mucho al Mundodisco de Terry Pratchett. Y, en registros más clásicos, las dos historias de Claudio Diaz (la escrita en solitario y la hecha en colaboración con Carolina Panero ) y “De como Palito, el Bardo, conoció al Paladín” de Graciela Rapán son tres historia sólidas y que son bueno atisbos de los mundo ficcionales que proponen sus autores. Ojo: no hay ningún relato que uno sufre, solo que los demás para mi gusto le faltan algo para terminar de disfrutarlos completamente.

Como acercamiento al género escrito en Argentina, vale la pena. Si lo encuentran y les gusta este tipo de historias, cómprenlo: vale la pena.