Revistas que marcaron: Comiqueando

A lo mejor ustedes son jóvenes y no lo recuerdan, pero antes de Internet, nuestra educación en todo lo relacionado con la cultura pop de derribo pasaba muchas veces por esas revistas específicas sobre temas extraños que circulaban muchas veces debajo del radar de la cultura general. Ellas nos abrían las puertas para esos conocimientos esotéricos que nos alejaban del resto del universo, que estaba preocupado por cosas claramente más importantes como el ultimo vestido que llevaba la estrella del momento, el resultado de los partidos del futbol del campeonato local o las mil y un ideas geniales que se podían hacer en la casa mientras el marido trabajaba como burro para ganar el dinero. Ustedes saben, esas revistas que hablaban de cosas anormales como historietas, cines estrafalarios y demás basuras pop. Esas que nos conformaron.

Me parecía que era hora de hablar de esas revistas que de alguna marcaron el periplo cultural freak que me tiene acá haciendo este blog. A diferencia de muchas otras notas, esta serie de notas va a tener una presencia autoral más fuerte que lo habitual. No es solo hablar y analizarlas sino también como a mí, Roberto Barreiro, me atrapó tal o cual revista. Eso no quiere decir que no tratemos de dar info puntual sobre ellas sino que me parecía también contar que la hacía importante para mí como lector.

Y, aprovechando que el próximo mes celebra el 25 aniversario de la publicación del número 1 de la revista, dedicamos esta primera nota a Comiqueando.

Primera tapa que vi de comiqueando, el numero 4 del fanzine.

MI implicación con la Comiqueando es anterior a este aniversario. Hay que ir mas atrás, hacia 1986, cuando los hermanos Andrés y Diego Accorsi y Rafael de la Iglesia sacaban el fanzine Comiqueando y un pendejo de lentes que recién empezaba a meterse en el tema de los comics (servidor) lo encontraba en parque Rivadavia. Estamos hablando de la prehistoria, cuando uno leía lo que podía, el comic adulto significaba leer la Fierro y la Skorpio (las de Editorial Columba no, era de grasas) y había un consenso generalizado que los superhéroes eran cosas de infradotados. Entre los primeros en romper ese consenso, en decir abiertamente “miren que ahora hay historietas de superhéroes de mucha calidad y por prejuicio lo están obviando” fueron los chicos de Comiqueando. Que, más allá de esa actitud iconoclasta en el momento y de una muy atípica regularidad en su publicación (en un fanzine la regularidad es algo tan extraño como ganar un campeonato del mundo con una Selección Argentina en donde juegue Messi), tampoco había mucho más. El fanzine Comiqueando tenía la calidad promedio de un fanzine de esos años, nada del otro mundo, vamos.

Quedamos amigos con los chicos de Comiqueando y demás gente que circulaba en el ghetto comiquero del parque Rivadavia de Buenos Aires (centro de compra, venta y canje que por años era vital en la subcultura nerd porteña). Vi como avanzaban como críticos de comics por varios lados (la Skorpio, las revistas de DC de editorial Perfil, la revista Comic Magazine) hasta que en 1994 se encontraba con la novedad que salía el número 1 de esta revista.

Uno de los numeros clasicos de la Comiqueando. Justamente uno que tneia omco un cierto homenaje a sus raices fanzineras.

Y la Comiqueando se encontró funcionando como vocero de una nueva generación de historietas, esos que se habían acercado al lenguaje del comic gracias justamente a las revistas de superhéroes de editorial Perfil y querían saber más. Y lo que si tenía desde siempre la revista era un conocimiento muy amplio de la historia de la historieta. No solo de la historieta superheroica, sino de todo tipo de género relacionado con el Noveno Arte. El amor al lenguaje del comic estaba en cada página en cada número y eso se traducía en tratar de hacer comprender que la historieta no eran solo superhéroes, o solo manga, o solo comic europeo, sino todos esos estilos y más. Para unos chicos criados en las revistas de la DC y que se encontraban en un periodo de boom explosivo de los superhéroes, era maravilloso que Comiqueando NO les diera solo su dosis esperable de fanatismo sino que además trataba de abrirles las mentes para que probaran otras cosas en historieta. Cosa que no pasaba con otras publicaciones similares del periodo, por cierto.

También toca decir que los que escribieron en la Comiqueando combinaban un conocimiento profundo de los temas con la pasión justa para que contagiara al leerse. Gente como  ambos hermanos Accorsi, el Doctor Sax, Hernan Boticelli, la dupla Fernando Garcia y Hernan Ostuni (míticos editores del fanzine Akfak, que bien merece una nota en su momento), Lisandro Garcia Berenguer, Dani Acosta y el Estudio Nuez, Fede Velasco y un largo etcétera. Muchos además se convirtieron en amigos y compañeros de nerditud. Si bien nunca escribí en la revista, anduve seguido en sus reuniones de redacción, simplemente comiendo facturas, tomando Coca Cola y hablando de las vicisitudes del comic y derivados.

Tambien habia manga

La revista en esta encarnación duró hasta el nefato diciembre del 2001. Por esos años, junto a Lucas Varela –diseñador de la Comiqueando en ese tiempo- veníamos haciendo el fanzine Kapop, que tenía una cierta chapa. Andrés nos propuso que, a partir del número 55 o 56, la Kapop se sumara como la sección de historietas de Comiqueando. Eso nos dejaba libre para concentrarnos en la parte editorial y creativa y nos sacaba el problema de la distribución y venta. Por supuesto el número inmediatamente anterior recibiría el impacto a full del corralito y Comiqueando dejó de salir. Ese último número solo salió fotocopiado como fanzine.

La nueva version de Comiqueando que sacaba Freakshow Press

Varios años después, la Comiqueando resucitaría en una segunda etapa editada primero por Domus y luego por Freakshow press. Tal vez el principal cambio en esta encarnación fue la desaparición de la información contingente (estábamos ya en la era de internet que hacia eso redundante) priorizando las notas largas y contextualizadoras. Eso sí, con el mismo nivel de investigación ardua de antes. Y luego con la aparición del color, algo que en los noventas era imposible de conseguir. Esta etapa yo la viví de lejos, ya viviendo en Chile y consiguiendo esporádicamente los números. Obviamente la influencia personal aquí fue mucho menor. El último número salió –si no me equivoco- en el 2011.

Finalmente Comiqueando se lanzó a la internet. Su sitio oficial lleva ya varios años online combinando la información actual con las notas largas y las columnas de opinión, en un mix muy decente y que mantiene la identidad de la revista. En lo personal no me pierdo ninguno de sus podcast. Además, por si fuera poco, Andrés mantiene su blog de reseñas (que venimos recopilando en nuestro Compilador Digital) y tiene un canal de youtube. Todo hecho con el mismo cariño y pasión por la historieta que cuando tenía 18 años y vendía su fanzine en parque Rivadavia. Tal vez lo único que falta es que pongan a disposición en el sitio los números en papel digitalizados. Sería un merecido homenaje.

Al menos mi nerditud –y creo no ser el único en el mundillo de la historieta argentina- estuvo muy cruzada por la existencia de la Comiqueando. Vaya pues un homenaje para esta revista y un feliz 25 aniversario.

(mas revistas que marcaron en un próximo post…)

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Una lectura de Paisajes del Apocalipsis

(y demás redundancias interminables del gran final)

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  El fin del mundo (con su frase imprescindible “tal cual lo conocemos”) siempre ejerció una fascinación morbosa sobre muchos de nosotros. Al igual que en los sesenta, cuando los ensayistas franceses señalaron que el mito tarzánido era liberador para la enajenación citadina del hombre, el debacle humano también parece influir una atracción irresistible para los desesperados. Ante el desgaste indefectible que nos produce el roce diario de la sobrepoblación urbana, y las miserias y penurias grises que gran parte de la humanidad está condenada a vivir, el hombre presiente que puede recuperar su gloria heroica ante la inminencia del fin de los tiempos. El mundo, para el hombre alienado, no es otra cosa más que una manzana podrida y sembrada de larvas humanas que la devoran.

Sin el incordio de la civilización pondríamos coto a las responsabilidades económicas que caen sobre nuestras cabezas, fin a lidiar diariamente con transportes atestados para ir al trabajo y fin a los compromisos familiares y laborales. Se acabaría, en pocas palabras, los problemas que asumimos para vivir cómodamente. Claro que esto es, y asumo la culpa, una resolución infantil e inmadura y es probable que casi todos nosotros pereciéramos en un escenario hostil como el que pintan los mejores libros del género. Pocos tenemos madera para ser “guerreros de carreteras”, enfundados en camperas de cuero y tachas de acero, conduciendo vehículos adaptados con motores V-8 y con un perro dingo en el asiento trasero. Y menos aún, tenemos la maldad necesaria para transformarnos en punks desalmados o en niños cavernícolas que enarbolan por toda arma un boomerang de filo mortal. Pero eso no quita que no disfrutemos de la imaginería de estos universos casi despojados de seres humanos, de escenarios violentos y paupérrimos que, por regla general, son calurosos y desérticos. En lengua anglosajona lo anterior se define con el sustantivo de wastelands; en castellano con el de tierras baldías.

  El libro que nos compete: Paisajes del apocalipsis (The End of the Whole Mess, hermoso título que podría traducirse en porteño como El fin de todo el quilombo), se trata de una compilación realizada por John Joseph Adams que fue publicada  en el año 2012 en la colección “Gótica” de Valdemar. Un título absolutamente atípico para la colección que, sin embargo, merece la atención del lector, por su excelsa calidad y su exótica naturaleza. Pero antes de abordar el libro, el género merece un breve repaso que ensayaré a continuación, con más capricho literario que ánimo abarcativo, por lo que deberán disculparme las fragantes ausencias que, seguramente, los lectores avezados descubrirán en breve. El género literario post apocalíptico es, por contradictorio que suene, prolífico y goza, casi siempre, de buena vida. Sería baladí y casi imposible realizar un racconto de todas las novelas, relatos y folklores religiosos que se han sucedido a lo largo de los años (y de los siglos) alrededor de este género. Simplemente nombraré, a modo de pantallazo introductorio, algunos textos que me parecen memorables para acompañar la reseña del libro que hoy traigo a colación.

  Si bien el texto por antonomasia es el Apocalipsis  o Libro de la Revelación de San Juan, pocos se detienen a pensar que el Génesis se puede leer como el comienzo tras un final. Adán y Eva son, a la vez, los primeros y últimos hombres y sus descendientes no son menos violentos y trágicos que los sobrevivientes habituales de los relatos del género. Más allá de la mirada religiosa, el género parece sentar sus bases a inicios del siglo diecinueve con dos obras esenciales, por un lado el poema en prosa de Jean-Baptiste Cousin de Grainville llamado Le dernier homme publicado en 1805 (plena era napoleónica) que desarrolla la historia del último hombre y la última mujer sobre la Tierra (la inversión del mito adámico) llamados  Omegarus y Syderia, quienes fracasan en reproducirse y su muerte desemboca en el apocalipsis y en la consecuente resurrección de los muertos. Pocos años después, la creadora de Frankenstein, Mary Shelley, escribió la novela The last man (1826) donde un hombre intenta sobrevivir con su familia a una plaga que asola a la humanidad.

  Pero es en el siglo XX donde el género alcanzó sus verdaderas cuotas de genialidad y donde se sucedieron los mejores libros del género. En los albores del siglo XX, los autores franceses encontraron en esta vertiente literaria un verdadero oasis a sus angustias, a esa nube negra que se perfilaba en toda Europa ante la inminencia de una crisis a escala planetaria. El ninguneado Miguel Verne –hijo del famosísimo Julio- escribió, apañado bajo el nombre de su padre, algunas novelitas memorables. En El Eterno Adán -1910- retomó el concepto de una humanidad cíclica que renace de sus cenizas, en este caso, un arqueólogo descubre un manuscrito milenario que retrata la extinción masiva de la apo5especie tras una inundación que cubre los continentes. Idea recurrente en la ciencia ficción –y en la realidad- que también usó el autor J. G. Ballard en su novela El mundo sumergido -1962-, donde las aguas y el propio pasado Cretácico comienzan a anegar a una humanidad atontada por los cambios abruptos a la que es sometida. Camille Flammarion, una especie de Carl Sagan de la Belle Époque, escribió en 1894 una deliciosa novela en cuyo título lo decía todo: El Fin del Mundo. El libro tuvo un acierto que lo eleva por encima de producciones similares, el autor describe varios cataclismos que golpean la sociedad futura, pero ninguno alcanza a quebrantarla. La humanidad, tras un largo apogeo, se desinfla y muere víctima de su propia decadencia como especie. En un arrebato morboso, Flammarion elige su urbe, la ciudad luz, como la primera capital que desaparece tras la hecatombe inmensa que producen las aguas. Las descripciones frías, distantes y asépticas, propias de un científico desalmado, fueron expropiadas por el británico Olaf Stapledon en sus cosmogonías antinovelísticas de El Hacedor de Universos -1937- y Los primeros y últimos hombres -1930.

  J. H. Rosny, otro autor francés, tuvo la virtud de escribir sobre tópicos que utilizaría la ciencia ficción 40 o 50 años después, redactando fantasías de una fuerza inimaginable. La muerte de la Tierra -1910-, una novela breve, posee la audacia de retratar la extinción absoluta de la humanidad, describiendo los últimos momentos del único sobreviviente humano, que lega el planeta a unas criaturas raras, extrahumanas, los ferromagnetos. El ignoto autor galo, Jacques Sptiz, desarrolló una hipótesis que suena ridícula así narrada: la de que la humanidad se extinga a causa de una invasión masiva de moscas. Sin embargo, la novela, La guerra de las moscas -1938-, sienta cátedra de cómo escribir un libro sobre el fin de la humanidad. Los insectos sufren una mutación que los vuelve inteligentes y le declaran la guerra a la otra plaga que puebla el planeta, la de los humanos. La novela está plagada –y apo3recalco este verbo adrede- de aciertos que pronto incorporarán otros autores. Una invasión ilustrada de forma verosímil, donde las potencias reaccionan tarde, dejando que la crisis se cuele por los países más desposeídos. Hay imágenes terribles como la bandera blanca que enarbola la humanidad, rindiéndose ante el invasor, bandera que es cubierta por la mierda que lanzan las moscas desde el aire.

  Cruzando las aguas, en Inglaterra, M. P. Shiel fue el autor de una novela perfecta: La nube púrpura -1901-. Este libro, que no da concesiones, está lleno de aciertos. El primero de todos es que el sobreviviente es por completo antipático y desagradable. No es lo mejor de todos nosotros, sino casi lo peor. El último representante de la raza humana es casi un desecho de la misma, un desclasado. Un misántropo que se pasa la mitad del libro quemando las ciudades que siguen en pie, para borrar el recuerdo del hombre y temiendo a los fantasmas que acechan en las ruinas. También inglés fue W. H. Hogdson cuyo inmenso genio muchos reducen al de ser un mero precursor de Lovecraft. Hogdson fue un autor de una imaginación tan excéntrica y exuberante que aún hoy día es leído con reticencia. Su obra magna fue El reino de la noche -1912-, donde la última humanidad se recluye en pirámides gigantescas que se alimentan de la poca energía que pueden extraer de la Tierra, mientras el exterior está sumido en la negritud más absoluta, producto de la ausencia casi total de la luz del sol; el exterior está poblado por seres gigantescos, babosas horrendas y de fuerzas maléficas, invocadas milenios atrás, por nigromantes enloquecidos que experimentaban con otras dimensiones. La sensación de vacío y soledad que trasmite el libro es desoladora.

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  Y fue una mujer, Andre Norton, quien sentó los tópicos novelísticos de la Tierra tras un debacle nuclear. El libro Star man’son, 2250 A.D. -1952- habla de un mundo devastado por la guerra atómica, del hombre que olvida ese pasado y lo restringe a leyendas terribles, donde las ciudades en ruinas, sembradas de selvas y cráteres, sólo sugieren, a la memoria dormida, su esplendor de antaño. Lo mutante y lo monstruoso adquieren un protagonismo absoluto. Esta novela, sin dudas, inspiró el mundo de post humano de Thundarr the barbarian, serie animada creada por Ruby-Spears  que se mantuvo en el aire durante tres años (1980-83) con un total de 23 capítulos.

IMAGE0372Tampoco podemos olvidar novelas esenciales como Soy leyenda de Richard Mathenson (1954), El día de los trífidos de John Wyndham (1951), La máquina del tiempo de H. G. Wells (en su viaje más extenso hacia el crepúsculo de la historia del mundo, el viajero se encuentra con una criatura tentaculada, de color oscuro, que emerge sobre la orilla del mar), La tierra permanece de George R. Stewart (entre las mejores novelas jamás escritas sobre el género) o la extrañísima Castaway (1934) de James Gould Cozzens que no habla específicamente del fin del mundo, pero desarrolla el peculiar comportamiento de un hombre, parapetado en soledad, dentro de un centro comercial abandonado; El fin de la infancia de Arthur C. Clarke (1953) o las titánicas obras Apocalipsis de Stephen King (1978), El canto del cisne de Robert R. McCammon (1987) y la trilogía de El autocine (The drive-in series, 1988-2005) de Joe R. Lansdale que mezcla zombis, dinosaurios, vaqueros y toda clase de delirios en un mismo plató. De este mismo autor no podemos olvidar su nouvelle On the Far Side of the Cadillac Desert with Dead Folks, 1989, que combina con absoluta destreza Apocalipsis zombi y destrucción.

  Basta lo dicho para tener un pantallazo breve del fin de los tiempos en la literatura de los pasados dos siglos. Como dije más arriba, Paisajes del apocalipsis es una antología que se destaca por su inusitada selección de relatos que, muchas veces, van a contrapelo de lo que un lector experimentado o no espera del género. La antología resguarda en todo momento un vector característico que es el de la esperanza: a pesar de que la especie parece haber llegado a su final, detrás de la última línea parece haber siempre otro amanecer.

Hay cuentos donde la angustia se sobrecarga, como el relato que abre la antología, El sonido de las palabras de Octavia Butler. Aquí  la humanidad pierde la capacidad del habla y eso, por sí solo, basta para desencadenar asesinatos y caos contra los pocos que aún son capaces de comunicarse con sonidos y que, en sociedad, se guardan muy bien de hacerlo saber. Inercia de Nancy Kress relata la vida dentro de una colonia de sobrevivientes a una plaga, que están aislados, porque son contagiosos y tienen el aspecto de leprosos. Mientras que los enfermos sobreviven contra todo pronóstico a la hambruna y la violencia, en el exterior la humanidad comienza a destruirse.

Otro relato que posee un desarrollo espléndido y un trabajo documental digno de mérito es Cuando los admindesis gobernaron la Tierra de Cory Doctorow que se encarga de describir con minúsculo detalle qué pasaría con Internet si el fin de los tiempos no alcanzara. ¿Cómo nos las arreglaríamos para mantener funcionando las redes? Doctorow lo explica en un verdadero tour de force que pone los pelos de punta. En Gentecasta de arena y escoria Paolo Bacigalupi habla de la deshumanización en un cuento espeluznante sobre unos guerreros cyborgs que recuerdan a las creaciones del cine zetozo de los 80 como Eliminators (1986) de Peter Manoogian o Hands of steel del italiano Sergio Martino. Los Ángeles de Artie de Catherine Wells puede leerse como una de las la inspiraciones que los directores canadienses tomaron para filmar Turbo kid (2015). La autora construye su trama alrededor de un mundo escindido en dos sociedades, una condenada a agonizar en una Tierra moribunda y la otra que se fuga a las estrellas. La humanidad vive recluida en ghettos violentos, donde un chico con mucho genio vuelve a hacer uso de las bicicletas para impulsar la dinámica del hombre, todo esto enmarcado por un rígido código moral, que se inspira en las leyendas artúricas.

 

Pero las frutillas del postre son los cuentos Y el profundo mar azul de Elizabeth Bear y El apo1circo ambulante de Ginny Caderasdulces de Neal Barret Jr. El primero relata el viaje de una mensajera en una moto Kawasaki que atraviesa el desierto radioactivo de Nevada para hacer una entrega a vida o muerte. La descripción del paisaje es desoladora, pero la fuerza y la voluntad que emana la protagonista insufla energía al lector. El segundo es un cuento que recuerda, en su ambientación, a las mejores historietas post nucleares de Richard Corben. Amalgama sideshows junto a animales humanizados muy mala leche. El detalle de unos perros Chow motociclistas, en plan Hells Angels, encuerados con unas camperas que tienen bordado el logo de Purina sobre sus espaldas es, la verdad, un toque de genio. Hacia el final, quedan otras dos piezas magistrales: El fin del mundo tal como lo conocemos de Dale Bailey en que se deja de lado los clichés catastróficos del género y se habla, más bien, de un fin del mundo aburrido, donde el protagonista se hace alcohólico y duerme hasta tarde, porque no sabe muy bien qué hacer con su tiempo. Y, por último,  Una canción antes del ocaso de David Grig que elucubra sobre qué pasaría con un músico virtuoso en un mundo en manos de vándalos salvajes. Tal vez en los autores más reconocidos es donde la antología decae un poco, por ejemplo en el cuento de George Martin Oscuros, oscuros eran los túneles que es algo predecible y soso o en Modo silencio de Gene Wolfe.

Queda pendiente, para un futuro artículo, hablar del desarrollo del género en estos lares, ya sea en la Argentina o en el resto de Hispanoamérica que, a pesar de no ser tan prolífico como en el norte del hemisferio, hubo y hay algunas gemas literarias.

En 1947 el Boletín de científicos atómicos creó el llamado “reloj del apocalipsis” con el objetivo de dar un pronóstico real de cuán cerca estamos de una conflagración atómica. La medianoche señala la destrucción total del hombre. Los últimos ajustes de los relojeros del fin del mundo dicen que apenas estamos a dos minutos del desenlace absoluto. Eso nos deja, lamentablemente, con menos tiempo del que pensábamos para sumergirnos en estas terribles lecturas sin final o, mejor dicho, con finales a todo trapo.

Mariano Buscaglia

Espadas Salvajes nº 1 (2018)

Autores: Varios

Edita: Suseya, Madrid, 2018

De nuevo aviso: estoy participando con un cuento aquí. Asi que la reseña –como siempre que reseño algo donde participo o hay alguna relación amistosa con el autor – lo aviso para que se evalúe a la hora de creer mi reseña.

Esta vez, la culpa de todo fue el hecho que la obra literaria de Robert Howard quedó en la Union Europea en dominio público. Eso implicaba que cualquiera puede escribir sobre sus personajes sin quebrantar la ley. Si tenemos en cuenta que en esos personajes tenemos a Conan, King Kull, Salomon Kane y demás héroes aventureros, esto daba pie para el entusiasmo de muchos autores. Por ejemplo los que participaban (mos) en un grupo de Facebook de aficionados a la literatura pulp. Rápidamente salió la idea de hacer una revista donde se escribieran historias de los diferentes personajes de Howard. Pastiches si se quiere. Que es un género que cada vez se ve con más frecuencia (y que no quiere decir que el material sea inferior al original, que ahí tenemos versiones muy interesantes de personajes clásicos hechas por otros autores). Este es el resultado de esta idea.

En primer lugar, la principal crítica que uno puede hacer es que casi todos no pudieron resistirse a escribir historias sobre los personajes más conocidos de Howard: Conan y Kull. De los siete relatos, solo dos (el mío, dedicado a Steve Costigan, el marinero boxeador de Howard y “el aliento de la muerte” de Andrés Diaz Sanchez, que, sin embargo está ambientado en un momento crucial en la biografía del guerrero cimerio, aunque este hace solo un cameo al final) no los usan. Pero, vamos, era de esperar que, ante la posibilidad de jugar con el juguete soñado, la mayoría fuera a por él. Vamos que esto es para disfrutarlo.

Pero fuera de eso el contenido de la revista es parejamente sólido con historias que bien podrían haber sido del canon de los personajes howardianos sin inconvenientes. Sólidas, efectivas, bien hechas, que se leen bien. Lo que toda buena revista de relatos de aventuras debe hacer. Además hay un artículo sobre el paso de Conan por otros medios que es sucinto pero bien investigado.

En síntesis, yo creo que es un buen primer paso. Si les gusta Howard, sus personajes, la aventura y la fantasía épica, vale la pena conseguírselo. Y a esperar números con mas historias (y esperemos que con mas personajes).

Paradoja Perdida (Paradox Lost, 1973)

Autor: Fredric Brown

Colección: Biblioteca de Ciencia Ficcion nº 28

Edita: Hyspamerica/Orbis, Madrid, 1986

Primero que nada, unas palabras sobre esta colección: para quienes hayan sido adolescentes en la Argentina de mediados de los ochentas y estaban interesados en el género, esta colección que se vendía en los kioscos fue una bendición caída del cielo. Con una selección encomiable (leo por ahí que el responsable de ella era Domingo Santos, uno de los próceres de la ciencia ficción española), esta colección de Hyspamerica reunía a un montón de autores y títulos clásicos , desde Isaac Asimov hasta P. K. Dick, pasando por las Visiones Peligrosas de Harlan Ellison y hasta con autores como el argentino Eduardo Goligorsky. Y en el medio, este relato de cuentos de ciencia ficción de uno de mis autores favoritos, Fredric Brown. En todos estos años lo he reseñado bastante (como pueden ver no solo en esta entrada, sino también si se leen el Especial Criminal, uno de los especiales que recopilan lo hecho en el antiguo –y que parece extinto– blog) y siempre de manera positiva.

Lo primero que llama la atención es el prólogo de Elizabeth, la viuda del autor, contando sobre los habitos de trabajos cotidianos de su esposo, un tipo al que (de acuerdo a la introducción) le costaba horrores poner le culo y sentarse a escribir. Y por eso no era prolífico pero, a su vez, lo convertía en un experto en la construcción de tramas muy pulidas y repletas de giros inesperados. Si vas a sufrir escribiendo, por lo menos tente todo muy armado antes de empezar. Y sospecho que por esto mismo también manejaba tan bien el cuento corto, ese de pocas páginas, un formato nada fácil de manejar y que Brown manejaba con maestría. Sobre todo a la hora de escribir ciencia ficción.

Aquí tenemos trece ejemplos de sus historias cortas de ciencia ficción y fantasía. Ninguna baja de buena. Por supuesto, como en toda antología algún relato mejor que otro. Yo destaco “Teatro de títeres” (una historia sobre el primer contacto entre extraterrestres y humanos con un tono de comedia soterrada y un remate fabuloso), “No sucedió” (donde, a partir de la idea solipsista, Brown lo convierte en un relato que casi podría haber sido antecesor en un punto de las realidades virtuales), “Obediencia” (que reflexiona sobre nuestro salvajismo y heroísmo inherente como hombres), “Eine Kleine Natchmusik” (versión aterradora del Flautista de Hamelin), “Sirio Nada” (una gran comedia de enredos espacial) y “Algo verde” (donde juntamos un Robinson espacial y la añoranza por el color verde de la Tierra en un relato desesperanzador). Todos ellos están dentro de lo mejor de la ciencia ficción de todos los tiempos

Si encuentran este libro, no lo dejen pasar. Si quieren conocer a un gran escritor de narrativa breve, no lo dejen pasar. Si les gusta la ciencia ficción, no lo dejen pasar. Vale mucho la pena.

Un mago contra Hitler (y le ganó)- Parte 2: Trucos de guerra

“YO PUEDO MOSTRAR A HITLER EN EL CIELO SENTADO SOBRE EL WATER”

Esto prometió Jasper Maskeyline al colaborador mas cercano del primer ministro británico en 1940 cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial e Inglaterra las estaba pasando negras.

Jasper Maskeline (Londres 1902 – Kenia 1973) hubiera cumplido encantado su promesa. No en vano provenía de una estirpe de magos tan ingeniosos como buscapleitos que gustaban de dar espectáculos apabullantes y aun mas de dar pelea.

En ese momento el ultimo Maskeyline sostenia su propia pelea. Debía convencer a los altos mandos de que era muy útil pese a sus casi cuarenta años. Querían rechazarlo por demasiado viejo -lo mismo le ocurrió a Houdini en USA durante la Primera Guerra- pero los Maskelyne no se daban por vencidos. Ni siquiera por el tiempo. Que jorobar.

“Puedo hacer mas que todo un ejercito de veinteañeros”, aseguro con su arrasadora confianza en si mismo. Estaba golpeando bien. Pero aun faltaba el escepticismo de los altos generales hiperconservadores. El escepticismo lo provocaba su profesión : mago. Por su persistente insistencia estaban dispuestos a reclutarlo para divertir a la tropa en los espectaculos para soldados. Pero la propuesta del mago fue… un poquito distinta:

“Denme libertad y no habra limite a los efectos que pueda producir en el campo de batalla. Puedo crear cañones donde no los hay y hacer que disparos fantasmas crucen el mar. Puedo colocar un ejercito entero en el campo de batalla si eso es lo que quieren, o aviones invisibles surcando el cielo… Y a Hitler en el water, claro.”

Posiblemente esto ultimo le hubiera divertido mas. pero el Alto Mando se intereso mas por el resto. Claro que necesitaban alguna pruebita… que casi les provoca un infarto al ver avanzar ahí no mas, en el Tamesis, un imponente acorazado alemán. Algo suficiente para atragantarles el te a todos.

Tranquilos ,el acorazado era un barquito de juguete ,una maquetita y un juego con espejos proyectado contra la ventana (en nuestros días David Copperfield hace juegos muy parecidos con enormes monumentos). Con toda Inglaterra en alerta roja por una inminente invasión nazi ,ese barquito que logro engañar a todos, cayo peor que ver a Hitler en el cielo. Cuando se recuperaron un poco, los oficiales reconocieron que la cosa pintaba bien. En seguida se acepto a Maskeyline y se lo envio a Egipto, tal vez para evitar un nuevo soponcio militar.

DEBUT

En 1941, cuando nuestro mago llega a Egipto, la situación de los aliados esta tan amenazada como en Londres. La aviación del Eje puede acabar en cualquier momento con el puerto de Alejandria,donde esta la base principal de los aliados en el norte de África y un bombardeo masivo seria nefasto.

Aun así Maskelyne no es visto con muy buenos ojos por los conservadores oficiales británicos que insisten en verlo ocupar su lugar: en el teatro de variedades para divertir a la tropa…

Sorprende el tozudo escepticismo de estos mandos cuando justamente un mago posee cualidades inmejorables para tretas y el espionaje, como lo prueba la actuación de muchos de ellos. El propio Houdini ,rechazado en el ejercito estadounidense por su edad, habria cumplido mas tarde varias brillantes misiones de espionaje. Al menos esa es la leyenda. Se puede ver esta version en la serie de tv mas reciente “Houdini”. Pero esto requiere mucho espacio y lo dejaremos para otras historias…

Volvamos al ultimo Maskelyne. El inspector general le exigió pruebas. Y Maskeyline respondió haciendo desaparecer las ametralladoras. Ahi al fin fue aprobado. Tal vez pueda hacer desaparecer también el peligro que tiene a todos en jaque. Por otra parte, entre la la aviación nazi y Rommel ya estaban tan desesperados como para intentar lo que fuera.

Se le ofreció a Maskeyline la entera libertad que pretendía y hasta 400 colaboradores con tal de salvar a Alejandria. Pero el hará su propia elección.

¡CASTING!

Maskeyline se encargara personalmente de seleccionar a sus colaboradores. Esta especie de Liga de la Justicia mágica constara de 14 personas. Un ingeniero electricista, un experto vidriero ,un dibujante, un químico, carpinteros, pintores… Según una versión hasta algún delincuente. Aunque su mas reconocido colaborador es un experto escenógrafo conocedor del valor de la perspectiva y los juegos de sombra. Ya esta armada la “magic gang” o en otras traducciones la cuadrilla de magia, la pandilla de magos, los magos pandilleros o, como diria el Alto Mando, el Cuerpo de Camuflaje.

Más allá del nombre, esta banda y su jefe deben trabajar a marcha forzada sabiendo que el bombardeo se viene encima en cualquier momento y deben ocultar Alejandria entera: barracones, edificios, buques, armamento, viviendas y ademas un faro. Todo con muy poco tiempo y recursos.

El 14 de junio de 1941 comienza a trazar su plan. Es imposible ocultar Alejandria. Por lo tanto utilizaran un viejo truco de escena: ¡hacer que el publico mire hacia otro lado!
Se creara una copia de la ciudad de Alejandria en la deshabitada bahia de Mayrut situada a unos kilómetros de la real. A toda maquina utilizan cartón, madera, lonas, pintura, papel de embalaje y todo lo que se pueda acaparar para la construcción de un simulacro bastante similar a Alejandria. Al menos de noche y desde lo alto. No olvidemos que, en ese momento, no se disponía de fotografía aérea ni radares tan desarrollados como los de hoy. Los pilotos solo veían grupos de edificios a bulto y se guiaban sobre todo por las luces. Asi que consiguieron una enorme cantidad de luces y las distribuyeron con la mayor precisión posible siguiendo el plano de la ciudad.
Cuando se acercaba el bombardeo, encendieron todas las luces de la ciudad falsa mientras apagaban las de la verdadera. Además hicieron estallar aparatosamente varias bombas ocultas en Bahia Mayrut para hacer creer a los pilotos nazis que esas eran sus propias bombas dando en el blanco. El cuidado por el detalle llevo a grabar emisiones de radio falsas y toda clase de ruidos propios de una población en Bahia Mayrut, para ser escuchada por la aviación enemiga al tiempo que la verdadera se sumía en el silencio mas absoluto posible.

Los pilotos alemanes efectivamente se engañaron. Durante dos noches vaciaron su cargamento de explosivos sobre la falsa ciudad deshabitada. Hasta bombardearon el falso faro que se había reconstruido con tanto detalle. Un perfecto ejemplo de “misdirection ” los había hecho mirar para otro lado. Algo que todo mago aprende a hacer cuando es necesario. Esto simplemente fue en escala gigante. A lo bestia.

Se había salvado Alejandria, que permanecería en poder de los aliados. Y no sabemos si hubo aplausos, pero el triunfo de Don Mago y su Pandilla fue aplastante. Esto le valdrá el grado de coronel, el control absoluto de esta clase de tácticas y estrategias, el respeto de subordinados y superiores… y una nueva misión. Bastante mas jorobada que la primera

SEGUNDA FUNCION (de gala)

El canal de Suez.

Ya no se trata de defender el puerto de Alejandria, sino de ocultar un canal de 170 kms.
Absolutamente indispensable para los aliados , ya que sus buques necesitaban atravesarlo para aprovisionarse de suministros y combustible. Es decir, un objetivo principalisimo para la aviación nazi. La perdida del canal seria un golpe mortal para la causa aliada. Un problema nada pequeño a resolver. Seguro que el mago llego a extrañar las funciones donde hacia desaparecer palomas o moneditas. Pero sin amilanarse se traslado al terreno.

Nuevamente los problemas giraban en torno a la luz. Apenas llego le mostraron las baterías antiaéreas. Su utilidad no era mucha. Le pidieron a Maskeline algún modo de aumentar la iluminación para que los artilleros pudieran apuntar correctamente.

Maskeline se puso nuevamente a meditar. Luego de analizar la situacion anuncio lo que habia decidido.

La solucion era aumentar la luz, pero no para que se orienten mejor los defensores, sino para desorientar a los atacantes. Las nuevas luces cegarían a los pilotos nazis. Un canal de 170 kms estaría protegido simplemente por la luz.

Nuestro mago se traslado inmediatamente a examinar las baterias comprobando la potencia de sus focos. Se necesitaba algo mas fuerte. Pero tampoco alcanzaba con un intenso rayo de luz dirigido a los ojos del piloto. Eso podía evitarse con una simple maniobra

Entonces el ingenio de Maskeline, unido a los recuerdos que guardaba de aquellos juegos de luces deslumbrantes en los espectáculos de su padre, sale a relucir creando el “Pulverizador giratorio estroboscopico”, que permitirá emitir varios haces de luz al mismo tiempo girando enloquecidamente hacia un lado y hacia el otro , superponiendose y multiplicandose por todos los focos de todas las fuentes de luces multiplicadas por los espejos convirtiendo el canal en un océano pre psicodelico de luz.

No existen muchos planes o imágenes del tubo estroboscopico, pues todavia hoy es top secret para el ejercito británico (los expedientes Maskeline solo serán desclasificados en el 2046, tan importantes se consideran). Sin embargo, se filtro alguna imagen. Basicamente, es un gran embudo con muchas salidas de luz y cantidad de espejos que la multiplican, todo girando en una y luego otra direccion. Imposible evitar la desorientación absoluta.

¡¡PUEDE FALLAR!!

El peligro de que un acto peligroso resulte ser de pronto el ultimo siempre esta acechando al mago. La noche anterior al ataque casi le costo la vida al mago invencible. En un intento de probar la eficacia de su estrategia y su iluminacion, el propio Maskeyline subió a un caza

Por poco fue este el ultimo acto de su existencia. Apenas se encendieron las luces se comprobo su mortal eficacia: el cielo, convertido en alucinación de luces desatada, cegó al piloto. Y el caza se precipito en picada. Solamente.con una maniobra de ultimo minuto se pudo enderezar el avión y volver a ganar altura, cuando ya faltaban solo trecientos metros para estrellarse contra el suelo.

Perfectamente comprobada la eficacia de los focos,todo estaba listo.

Al desatarse el ataque se encendió el océano luminoso. Victimas del huracán de luz, los pilotos se enceguecieron. Sus aviones sin control se estrellaron uno tras otro contra el suelo. Ni una bomba enemiga causo daño al canal. La aviación alemana fue derrotada totalmente

La simple luz puede ser el mas perfecto escudo. Y el arma mas letal. Si puede encandilar al enemigo nada mas hace falta.

Lo que sorprendía al propio Maskeyline es que estos principios se volvieran super top secret para el ejercito cuando todos los magos los conocen. Su propio abuelo los utilizaba y mas tarde su padre. Tenian mucho exito con la torenta de luces en la “camara oscura”. Era un efecto muy antiguo.

Como sea el canal estaba libre de alemanes y Maskeyline se anotaba otro exito total en esta segunda funcion.

Y por supuesto,seguiria la mas grande

FUNCION SUPER ESPECIAL DEFINITiVA

La batalla de El Alamein va a marcar un viraje decisivo en el curso de la guerra. Esta vez es  el enfrentamiento final entre Montgomery por los aliados y Rommel por los nazis. Rommel, “el zorro del desierto”, ha sido una verdadera pesadilla para el ejercito ingles. Ahora Montgomery lo atacara por el norte.

¿Podra Maskeyline hacerle creer que el ataque sera por el sur?

Despues de todo la magia consiste en hacer creer que lo que existe no existe (lo habia logrado al ocultar Alejandria y el canal) y también lo contrario. Ahora debia lograr que el enemigo creyera en un ejercito que no estaba realmente allí. Parecía demasiado hasta para un mago y los suyos. Esta vez nadie apostaba por el éxito, pero el mago los tranquilizaba con su frase celebre. “Si puedo engañar al publico sentado frente a mi a pocos metros. Como no voy a poder engañar a los alemanes a tantas millas?”

El mago y su pandilla se jugaban el todo por el todo En este momento ponían toda la carne al asador. Luchando con el poco tiempo y los mas escasos recursos se creó todo un ejercito británico falso preparado para el ataque. Se construyeron tanques, armas, transportes, depositos de viveres y agua. Se vistieron de uniforme gran cantidad de muñecos bastante convincentes desde el cielo. Se construyo un falso oleoducto que estaba dándoles un buen dolor de cabeza hasta llegar a la solución gracias a bidones vacios de buen tamaño. Un truco especial fingía en el suelo la huella de los tanques. El mismo mago que habia camuflado tanques reales para que no se vieran, ahora creaba tanques irreales para que fueran avistados. No se podia llegar mas lejos en el arte de transformar la realidad.

Parrafo aparte merece el detalle del sonido, algo que jamas descuidaba. Nuevamente se emitieron falsos mensajes radiales para ser captados por el enemigo. Todo lo que concierne a un verdadero ejercito en marcha. Ordenes e instrucciones, claro. Pero también conversaciones casuales, sin olvidar los sonidos de soldados en marcha, transportes avanzando, armas y bagajes movilizados. Todo guionado hasta el ultimo detalle. Con la pandilla actuando como interpretes. Y no menos importante produciendo los sonidos de fondo.

Aqui no habian inventado mucho, amigo lector: nuestros radioteatros argentinos (sin duda desconocidos por el mago y su pandilla) lo lograban todo con el ingenio de los esforzados “sonidistas”. Esto no tiene que ver con la magia ni con la guerra pero no puedo evitar la mencion.

Se luchaba nada menos que con el “zorro del desierto” merecedor de este nombre por sus magnificas dotes de estratega. Pero todo buen mago debe tener bastante de zorro. Y la familia Maskeyline llevaba siglos ejercitando la zorreria. No podia resultar de otra manera.

El alto mando aleman se convenció finalmente de que el ataque de Montgomery se produciría en el sur y desplazo el grueso de sus tropas en esa direccion, dejando casi desprotegido al norte, lo que ayudó bastante a la contundente victoria de El Alamein.

Esta batalla fue el  de inflexion de la contienda en el norte de Africa. Africa permaneceria en manos de los aliados. Maskelyne consiguió un triunfo mucho mas alla de lo imaginado. No se gano la guerra solo con eso, claro. Fueron necesarios muchos momentos decisivos como la invasion a Normandia o la batalla de Stalingrado, pero no se puede negar la importancia de salvar el Africa del norte en momentos en que la situacion era desesperada

Maskelyne habia logrado cuanto quiso. Puede que solo una frustración le quedara picando…

Nadie le habia pedido que mostrara a Hitler en el cielo sobre el vater!

EPILOGO

Tal vez mas fascinante y misterioso aun es el destino del ultimo gran Maskelyne despues de terminada la guerra. Aqui su biografia se vuelve confusa. Existen muchos textos que lamentan su presunto final en la pobreza y un injusto olvido a quien tanto hizo. Otras sospechan mas bien que debio guardar un perfil bajo justamente por el enorme secreto que implicaba todo lo que hizo. No olvidemos que sale de la contienda con el grado de coronel del servicio secreto y se le adjudica haber ayudado a formar el organismo precursor de la CIA, la OSS, donde diseñó toda clase de nuevos equipos. ¿Una especie de Q? Tal vez mas de lo que pensaríamos, puesto que Ian Fleming (el creador de james Bond) pertenecia la inteligencia británica  y no es imposible que llegara a conocer a Maskeline.

El secreto seguía siendo importantisimo. Se había terminado la Segunda Guerra Mundial pero casi inmediatamente comenzó la Guerra Fria. Lo mas seguro es que el ejercito no lo olvidara: Maskelyn permaneció activo despues de la guerra, en misiones secretas a favor del imperio britanico.

Se dice que terminado su trabajo en Africa estuvo presente en 16 paises y en la formacion de varias agencias de espionaje. Ya se habia probado claramente que semejante creador de trucos era perfecto para el espionaje. Asi que muchos se han quedado pensando en los gruesos archivos sobre sus intervenciones, que recién serán desclasificados en el año 2046.

Por supuesto, también hay quien cree que simplemente se mandaba la parte. Pero, si fuera asi, no existiria la necesidad de clasificar su archivo hasta el 2046

Sin dar una opinión definitiva, tambien dudo de que haya muerto en la pobreza como algunos señalaron. Como otros trabajos hacen notar, era el único heredero de la Maskeyline Lmtd. y conversaba con el propio Winston Churchill. Es decir que tampoco le faltaban contactos de primer nivel. Puede que mas bien tratara de pasar desapercibido y aparentar poca importancia para protegerse y a los suyos

Se lo acuso de exagerar los hechos pero se lo está revalorizando poco a poco

Inmejorablemente para cualquier actuacion ,dejo una estela de misterio hasta el final y hasta despues del final.

El ultimo de los grandes Maskelyne hizo honor a su estirpe legendaria.

El diablo de Max Brand (y algunos devaneos sobre la verborrea pulposa)

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Max Brand fue el seudónimo más popular del autor estadounidense Frederick Schiller Faust que nació en 1892 y murió en 1944. Faust, sin lugar a dudas, fue el autor pulp por antonomasia. A pesar de haber gozado en vida de una popularidad rayana en el fanatismo y de ocupar un espacio privilegiado en cuanta revista popular surgiera en el mercado; hoy en día su obra ha quedado relegada al olvido. Faust era sin duda un artesano del género y un especialista en fórmulas que funcionaban muy bien por aquellos años. En la actualidad esos artificios se han petrificado y el encanto de su prosa ya no hechiza al lector de nuestros días, poco enamorado de los personajes acartonados y de los argumentos donde el bien triunfa siempre sobre el mal. Los héroes en espuelas de Brand no engañan a nadie y sus tramas, lamentablemente en muchas ocasiones, sólo pueden reducirse a grandes muestras de estilo y poco más. Resulta casi imposible catalogar las obras de Faust, ya que fue el artista más profuso del género, y su talento también se propaló a campos diferentes como el guión radiofónico, cinematográfico o historietístico. Su obra es, prácticamente, inabarcable.

tmpAB10_thumb6Fue en Hollywood donde el legendario Frank Gruber tomó contacto con Faust. Esta amistad merece recordarse, ya que Gruber le dedicó un capítulo entero a Max Brand en su mítico libro The pulp jungle. Gruber cuenta que Brand escribía por día no menos (y tampoco no más) de catorce páginas. Esa producción dio como resultado que tuviese, tras treinta años de trabajo infatigable, el total de un millón y medio de palabras al año. Lo hacía sin tomarse  descansos, feriados o fines de semana. Todos los días, catorce páginas. Ni una más, ni una menos. Por eso Gruber lo llamó: “el autor más prolífico de todos los tiempos”. Gruber señala: “Empezaba a trabajar por la mañana llevando consigo un termo lleno de whiskey y, hacia el mediodía, ya lo había terminado. Durante la tarde, escapaba por la puerta trasera, por alrededor de una hora y media, y tomaba tres tragos de parado en un bar. Cuando regresaba a su casa, a las cinco y media, tomaba una cena ligera y empezaba a beber en serio”. Faust le confesó a Gruber que no podía empezar a escribir hasta no haber bebido lo suficiente como para “salirse del mundo”.  El método de trabajo de Brand en Hollywood era escribir argumentos, ya que nunca se rebajaba a la parte técnica de pulir un guión.

Faust entró en el mercado de los westerns gracias al mítico editor Bob Davis (director de las legendarias Munsey’s magazine y All story). Davis fue el que le propuso a Faust ser el próximo Zane Grey, pero para lograrlo necesitaba un nombre de pluma más corto. Así nació Max Brand. Probablemente, aventuran los estudiosos del autor, la causa del cambio del nombre se debió a que, por aquellos años, EE.UU. estaba en guerra con Alemania y se quería evitar una mala predisposición de los lectores ante el origen germánico del apellido del autor. En todo caso, Max Brand fue el seudónimo más conocido de unos quince seudónimos diferentes que ponen en evidencia la capacidad camaleónica y la copiosidad literaria del autor. En los años treinta cambiaría de casa editora y se volcaría por la sempiterna Street & Smith y su publicación estrella Western Story Magazine dirigida por Frank Blackwell. El período de oro de la producción western la escribió Max Brand en Italia. Faust vivía en una villa en Florencia, desde donde producía las infatigables aventuras de sus héroes de espuelas y revólver. Fue durante esos años que se ganó la corona que le valió el indiscutido título de “Rey de los pulps”. Frederick se instaló en Italia, porque fue diagnosticado con una afección cardíaca que en cualquier momento podía producirle la muerte. En Italia, además de continuar escribiendo poesía, pasión que lo acompañó toda la vida, se dedicó a profundizar, con la ayuda de un profesor, sus estudios del griego. La pasión por la literatura clásica se ve reflejada en los argumentos vertiginosos de Brand, muchos de ellos salpimentados del pathos greco-latino. Personajes atormentados y dispuestos a todo. Al final de su vida, Faust regresó a Italia como corresponsal de guerra para la revista Harper. Allí encontraría su muerte bajo el fuego de la metralla enemiga. Su sueño de escribir la gran novela de guerra, nunca llegó a realizarse.

El diablo fue como se conoció en la Argentina a la primera novela de la saga de Silvertip. Un personaje legendario de Max Brand que contó con no menos de trece novelas (aunque algunas fuentes sólo señalan nueve). Silvertip es el clásico héroe del oeste que luego asumiría Clint Eastwood, ya con un tratamiento más maduro y metafísico del género, en el mundo del cine. Un héroe de rígidos principios, pero que carga sobre sus espaldas un pasado donde ha cometido errores que necesita borrar a través del duro camino de la redención y la violencia. La novelita fue publicada originalmente en formato libro por Grosset & Dunlap en 1942 y contó con una serialización  previa y condensada en la  Western Story’s magazine en marzo de 1933 (tal vez la versión que usó Acme fue la de la revista y no la de la novela. Por lo que es probable que los textos que se traducían surgieran de estas publicaciones y no de los libros). El personaje, Jim Silver, apareció por primera vez en la novela The stolen Stallion también publicada en la Western Story’s magazine.

La novela cuenta con 83 páginas a dos columnas, de letra bastante apretada. Si bien el texto se lee con fluidez y, sinceramente, los cortes no se ven, me asalta la duda de si el traductor (¿Julio Vaccareza?) hizo lo suyo a la hora de reducir la novela o si, como dije más arriba, usó la primera versión del texto.

Christian Vallini Lawson, editor de revistas como Aventurama u Ópera Galáctica, fue la primera persona que me habló de esta novela. El diablo siempre surgía en nuestras conversaciones cada vez que hablábamos de ese subgénero, tan poco conocido y frecuentado por estos lares, que tiene el nombre de “weird western”, o sea, western raro o extraño. Lawson siempre sostuvo que El diablo se trataba de una novela de vampiros bien camuflada. Y, sinceramente, existen elementos en el texto como para jugar con esta hipótesis. Sin embargo, a la hora de llegar a una conclusión, es imposible considerar fantástica a la novela, y los flirteos de Faust con el género fantástico, en esta ocasión, sólo parecen ser giros literarios para imprimirle una atmósfera algo ominosa al argumento. Se habla de un pueblo llamado Harverhill como una zona maldita y misteriosa. Sus habitantes, de personalidades apocadas y reservadas, provienen de algún sector del este de Europa, y nadie sabe, a ciencia cierta, hace cuánto tiempo viven en ese pueblo aislado. A la vez, hay elementos que codean con otro género popular de aquellos años: el weird menace. Este subgénero había nacido bajo la inspiración del teatro francés de Grand Guignol (fenómeno que merece por sí solo otro artículo). En la novela hay ranchos que parecen castillos, hay mazmorras húmedas, salas de tortura  y un enano perverso que posee la cara desfigurada por un accidente que le arrancó toda la piel de su rostro. En conclusión, la novela no es fantástica, pero cuenta con elementos suficientes para, al menos, considerar que es un western atípico, o sea, raro, o sea, weird.

silEl diablo, como dije más arriba, se publicó en la colección “Suplemento de Rastros, selección de novelas y cuentos de aventuras” de la editorial Acme, el 30 de mayo de 1951. El formato tenía 13cm de ancho por 18cm de alto. Se trataba del número 19 de una colección que llegó a casi trescientos números (extendiéndose hasta principios de los años sesenta, ya con un formato de bolsilibro). La dinámica de la colección era publicar una novela corta, a lo que le seguían dos o tres cuentos y una historieta, en sus primeros números, a color. En los cuentos el western se combinaba con el género gauchesco y también, muchas veces, con el género fantástico. Por sus páginas se pasearon destacados autores locales del género popular como Rodofo Bellani, Miguel A. Marseglia o Sara Poggi.

Dada la producción infatigable de Faust, sus tramas y personajes son necesariamente acartonados y formularios, sin embargo, eso no le resta encanto ni méritos. Hay talento detrás de los atajos literarios que usaba Max Brand y se nota. Bandini es el mexicano malo de turno. Un personaje mefistofélico que parece extraído de algún serial de la Republic o de alguna página dominical firmada por Alex Raymond. Es este carácter el que mete en problemas a Silvertip y el que, a su vez, le permite ser un héroe y, como ya dije, el que le abre el camino para hallar la redención a través de la violencia. Bandini es un mexicano que se ajusta a clichés que hoy pasarían por poco éticos y racistas. Es un mexicano roñoso, bocón y cobarde, que elude un duelo con Silvertip, disfrazando de sí mismo a su compañero, para que el héroe lo confunda con él y lo liquide antes de que se aperciba de su error. Este traspié conduce a Jim Silver a buscar el perdón en el padre del muchacho asesinado, que resulta ser un mexicano hacendado que vive en pie de guerra con unos vecinos gringos que tienen algo de cuatreros y de asesinos. Naturalmente, la buena predisposición de Silvertip no cae en gracia al padre del muchacho asesinado que lo arroja, sin mayor trámite, al calabozo. Poco  después, el argumento da un giro y la suerte vuelve a posarse sobre los hombros de Silvertip que se transforma en una especie de reencarnación del hijo que siempre quiso Pedro Monterrey, el hacendado. Lo que sigue es un ajuste de cuentas con los malvados, algún romance en ciernes, traiciones, y el camino del perdón que es lo que desenvuelve la trama de esta novelita sencilla, aunque no menos encantadora.

Tres cuentos acompañan a la novela. El primero se titula Un trabajo privado y pertenece a Wayne D. Overholser, autor posterior a Max Brand, que tuvo una dilatada carrera como escritor de westerns y que conoció, también, muchas traducciones al castellano de sus novelas, sobre todo en los años setenta. Tuvo además un breve acercamiento a la temática weird western con la novela Diablo Ghost en 1978. El cuento es uno más del montón y va sobre mineros, ladrones y un hombre contra todos. Le sigue Fuego de Jack London. Seguramente esta no sea la primera traducción al castellano de lo que es, para mí, el mejor cuento de London y, sin duda, uno de los mejores relatos jamás escritos. Fuego es una lección de suspenso en pocas páginas. Es un cuento que delata su final apenas comienza y que, sin embargo, se lee con mayor fruición a medida que se adelantan las palabras. La ansiedad y la posterior resignación del personaje que se dirige a un campamento en el helado Klondike son inolvidables, así como también la percepción tardía de que el frío liquidará al personaje en pocas horas. Casi 60 grados bajo cero. Cuentos del agua de Pedro Inchauspe es un relato campero que aborda el tema de la sequía para armar una correcta historia de suspenso, alrededor de un olvido que puede acarrear mortales consecuencias. La historieta (como la mayoría de las historietas que publicó en su primera etapa el Suplemento) es olvidable. Da la impresión que está dibujada sobre fotos y tiene algo de fotonovela romántica, con el plus de estar pésimamente coloreada. La historia, basada en algún argumento de Zane Grey, es  sosa y trillada. No tiene otro valor más que el que posee como curiosidad documental.

Tal vez sea en sus fallas y en las zonas más petrificadas de su literatura donde veamos los rasgos más populares de la fórmula de Max Brand. Sin embargo, fueron los detalles que imprimió a su producción (en este caso la atmósfera que parece haber tomado prestada de una novela de vampiros) lo que lo diferencia de autores cuyos nombres y seudónimos hoy yacen, definitivamente, sepultados en el desierto del olvido.

 

Mariano Buscaglia

Exhumando libros olvidados

Tres Nouvelles fantásticas argentinas 1880 – 1920

Contiene: “El doctor Whüntz, fantasía de Raúl Waleis (1880); “Mandinga” de Enrique Rivarola (1895) y “El homunculus” de Pedro Angelici (1918)

Colección: Los exhumados nro. 1

Edita: Ignotas, San Andrés, 2015

La máscara del horror y otras pesadillas fanta-bélicas

Autor: Ernesto Bayma

Contiene: “La máscara del horror” (1967); “Frente a la muerte” (1965); “Metralla para los monstruos” (1967); “El prisionero” (1968)

Colección: Los exhumados nº 4

Edita: Ignotas, San Andrés, 2015

Como siempre hago la aclaración: aparte de ser el editor de los libros, Mariano Buscaglia es amigo y colaborador de este blog, así que eso puede redundar inconscientemente en una reseña favorable. Están advertidos. Aunque les juro que eso no influye en la reseña.

Dicho esto, el trabajo de mariano en rescatar perlas olvidadas de nuestra literatura es en mi opinión encomiable. Hay un montón de material publicado que queda tirado en los canjes de usado de la historia (y este blog es en buena medida una operación de rescate de esas obras). Que alguien se tome el trabajo de reeditar esto y darlo a conocer para más público me resulta algo absolutamente valioso. Sobre todo cuando hablamos del fantástico argentino, género que tiene una invaluable cantidad de material olvidado.

En este caso tenemos dos libros que rescatan autores de dos periodos completamente diferentes (y dos formatos completamente diferentes) del devenir editorial de Argentina. Por un lado, las publicaciones de la Argentina de la república oligárquica que va entre 1880 y 1920, un periodo de alta inmigración, veloz crecimiento poblacional urbano, desigualdades sociales y un esfuerzo gigantesco por aumentar la alfabetización, lo que daba como resultado la aparición de una verdadera literatura de masas por primera vez. El segundo libro corresponde a los sesentas, años de una sociedad en pleno Estado de Bienestar, con la literatura amenazada por la televisión pero todavía con un pujante sector de literatura popular, expresada principalmente en los “bolsilibros” que poblaban los kioscos de esos años. En esos momentos se enmarcan las obras fantásticas de ambos libros

En “Tres nouvelles fantásticas argentinas” nos hallamos con tres novelas cortas de diferente índole, aunque todas marcadas por las temáticas y los estilos de esos años. Primero “El doctor Whüntz” de Raul Waleis es una historia muy deudora del estilo de E.T.A. Hoffmann sobre un científico cuyos conocimientos alquímicos están ayudando al hijo de su prometida, que por tradición familiar debe volverse verdugo, aunque él no desea eso. Con un final truculento, la historia tiene esa floritura decimonónica que puede hacerla un poco farragosa para el lector desacostumbrado a éste.

Le sigue “Mandinga” de Enrique Rivarola, que en el fondo es una farsa sobre dos medio pelo provinciales y chupacirios que ven la mano del Diablo tentándolos porque esta uno de ellos caliente por la sirvienta. Hay una corriente de humor muy mala leche en la obra y unos apuntes costumbristas de esos años. El narrador destila ironia en cada página. De las tres es la que más me gusto.

Finalmente ”El homunculus” de Pedro Angelici es una historia de “mad doctor” que quiere crear vida y lo logra, con terribles resultados. Muy en la vena de Frankenstein si quieren. El estilo es mucho más moderno ya (se notan los casi cuarenta años de diferencias con las historias anteriores) y bien podría haber estado, de publicarse en USA, en los primeros números de Weird Tales, esos donde todavía no aparecían Lovecraft y su círculo. Nada excepcional pero bien escrito.

El segundo libro que reseñamos tiene una diferencia: se compone de tres novelas de bolsillo (y un cuento) escritos exclusivamente por un mismo autor, Ernesto Bayma, un periodista deportivo y libretista de teatro que escribe cruzando géneros, en este caso el bélico con el fantástico. El resultado es… ufff… extrañísimo. Como pone en el estudio (que está también en el libro) Christian Vallini “el verdadero apocalipsis no pasa por los escenarios de guerra, sino por le sentido de caos e irrealidad que subyace bajo la superficie”. De hecho, las historias están bastante caóticamente construidas, con personajes que aparecen y desaparecen, con explicaciones de conductas que aparecen casi en offside, con giros increíbles y, sobre todo con una atmosfera enloquecida y malsana que no se puede creer. Aclaro que no es para todo el mundo. Si te gustan cosas como argumentos coherentes, no es lo tuyo. Pero es fascinante. Un poco lo que pasa cuando lees a Harry Stephen Keeler o cuando ves una peli de Ed Wood: la bizarría de todo supera por lejos a lo que “debe ser” una buena novela de género. En serio es fascinante.

Que Mariano haga esos rescates es algo que me parece valiosísimo. Ojala que las ediciones ignotas sigan su marcha por muchos años más.

Llega el Especial Dunga Dunga (Y Bonus) de AMMYT

Al final tenemos la última recopilación del material del antiguo blog en formato revista digital para que puedan disfrutar todos los que no lo leyeron en su momento.

Y viene en dos partes. Por un lado el Especial Dunga Dunga, porque la literatura erótica y romántica tiene también muy poco reseñado y/o investigado. Y después tenemos el Bonus track, con todas esas cositas que, por una cosa u otra, quedaron fuera del tintero y merecían rescatarse.

Todo eso junto en un mismo pack para que puedan leer en el formato que mas le apetezca, sea pdf, epub o mobi.

Desde ya si quieren ver buscarse y bajar los antiguos especiales que recopilan el material antiguo (o los anuarios que recopilan lo publicaod aqui cada año) solo tienen que ir a este link y bajarlos

MIentras disfruten esto . Ah: ultima advertencia: si les molestan las imagenes subidas de tono o algo asi, no lo lean. Estan advertidos.

Descargar 

Carne y fantasy (A la criolla)

REB

El referente esencial para comprender el término fantasy en la literatura es Lin Carter (1930-1988), eterno desclasado de las letras norteamericanas por sus pastiches de las obras de H. P. Lovecraft, Robert E. Howard o Edgard R. Burroughs; sólo recientemente comienzan a apreciarse sus aportes literarios y, sobre todo, su imprescindible labor en el campo de la edición y el ensayo. Su notable erudición hizo posible la relectura de libros que habían quedado relegados al olvido. Convocado por la editorial Ballantine, a fines de los 60, Lin Carter se puso a la cabeza de la colección Ballantine Adult Fantasy series. Su catálogo es hoy tomado como canónico y los libros que surgieron en esa colección ya son clásicos del género. En esa misma colección, en el año 1973, Lin Carter editó un ensayo esencial: Imaginary Worlds donde se encargó de justificar el por qué de sus elecciones, a través de un análisis minucioso de las obras y la de los autores que había elegido. Carter señaló que la primera novela de fantasía moderna fue El bosque más allá del mundo (1894) del multifacético William Morris, situada en un mundo fantástico, de ambientación medieval, con una prosa repleta de arcaísmos y de giros propios de la novelística artúrica. Entrado el siglo veinte, el género comenzó a asentarse con la aparición de autores esenciales como J. R. R. Tolkien, C. S. Lewis, Lord Dunsany, Mervyn Peake, Fritz Leiber, Ursula K. Le Guin, Michael Moorcock o, más acá, R. A. Salvatore. El fantasy, a partir de entonces, no hizo más que crecer y expandirse, obras como la archifamosa saga de Juego de tronos de George Martin o la del brujo Geralt De Riva de Andrzej Sapkowski son sus epígonos más modernos.

Conrado N. Roxlo-Alberto Breccia-1954-editorial AbrilVale la pena hablar brevemente de los pocos autores que pueden señalarse como precursores del género en nuestro país. Guillermo Enrique Hudson, autor rioplatense de origen inglés, escribió una serie de cuentos con rasgos fantásticos, entre los que se cuenta el ya clásico Marta Riquelme (1903), inspirado en la leyenda jujeña del kakué y que constituye, por sí mismo, un cuento que podría figurar en cualquier antología de relatos de fantasía. A mediados de los años veinte, Enrique Richard Lavalle (lejano pariente del General unitario) tenía, entre otras manías, la debilidad por escribir novelas de caballerías. Pueden señalarse, aunque muchas se consideran perdidas, las novelas Alexo el conquistador, Amadis de las Indias, El corazón de Walcacinda. Entre sus novelas en preparación, figuraba una que se titulaba Uroboli el brujo (libro de caballerías). Lamentablemente, esta novela nunca conoció la imprenta, pero seguramente fue el primer intento genuino de escribir una novela con rasgos fantásticos y medievales que, años después, se agruparía dentro del fantasy. Roberto Payró, en su larga estancia en los Países Bajos, durante la Primera Guerra Mundial, escribió un hermoso libro de fantasía, donde agrupó leyendas autóctonas bajo el título de El diablo en Bélgica (1953). Un libro que recuerda al Thyl Ulenspiegel y en cuyos relatos abunda la brujería medieval, los gnomos y los ogros. En 1940, Draghi Lucero publicó su hoy clásico Mil y una noches argentinas que puede considerarse precursor en su estilo, ya que los cuentos folklóricos que escribe Lucero son tópicos en su estructura y respetan los lugares comunes del género. Lucero logró naturalizar la idea de gauchos que pelean contra demonios en el infierno o que deben defender la causa de algún rey criollo (por contradictorio que suene el sustantivo). A fines de los años 40, el inmenso Conrado Nalé Roxlo escribió la obra de teatro La cola de la sirena y publicó en editorial Abril el libro infantil La escuela de las hadas con ilustraciones de Alberto Breccia. Además de este libro, Roxlo escribió otra aventura de seres feéricos para los fascículos de El diario de mi amiga, con el hada Cornelia por protagonista. Borges, difusor incansable de las vertientes más desconocidas de la literatura, estableció, a principios de los 60, una extraña escuela de cultores de la literatura escandinava y germánico medieval, sobre todo entre sus alumnas. La gesta del Beowulf comenzó a ser conocida entre el público lector de habla hispana gracias a las traducciones o resúmenes de Borges y de sus discípulas. Tampoco podemos olvidar su Manual de zoología fantástica (1957), escrito junto a Margarita Guerrero, que puso en circulación toda una serie de bestias y bibliografía que hasta entonces no estaban en boca de nadie. A pesar de ser un libro abominable, hay que nombrar las          Aventuras de Chiqui Chiqui y Capachito: los enanitos de la gran familia del Lago Nahuel Huapi  (1965) de Graciela Albornoz, que fue un extrañísimo rejunte de mitos en clave novelada.Los héroes del hierro-Editorial América Unida, 1926

A fines de los 70, aparece Angélica Gorodischer con Kalpa Imperial, una obra imaginativa, pero esquiva a la fantasía pura, que se concentra más en la crónica y en los personajes mundanos que en los eventos fantásticos, sin embargo, la calidad de la prosa de Gorodischer y su ambientación, ubican a este conjunto de relatos como una de las mejores obras escritas en nuestra lengua. Se pueden sumar, además, algunas de las insólitas novelitas de la colección Chiquilibros que se escribieron a mediados de los ochenta. Y queda, por último, como un proyecto trunco, el principio de una novela llamada La ciudad Esmeralda del talentosísimo Charles Feiling. Novela de la que sólo alcanzó a escribir cuatro capítulos, antes de fallecer a sus escasos 36 años.

IMAGE0321El mundo de los escritores de fantasía en la Argentina puede dividirse entre los autopublicados y los pocos elegidos por las grandes editoriales. El caso más paradigmático fue el de Liliana Bodoc (el pasado 6 de febrero se cumplió un año de su muerte). En el año 2000, el Grupo Editorial Norma publicó el primer tomo de su hoy ya clásica obra titulada La saga de los confines. El gran golpe de efecto de Bodoc fue la ambientación autóctona de su fantasía. La saga tiene ganado su lugar como clásico literario por su calidad prosística, creatividad y complejidad argumental. No hay que olvidar, además, que la mismísima Ursula K. Le Guin consideró a Bodoc como un clásico del género y se encargó personalmente de la traducción al inglés de La saga de los confines.

Leo Batic.foto de Guille MoyaOtro autor que fue seleccionado por los grandes sellos fue el joven Julián Cáceres Narizzano que, con apenas veintidós años, publicó en el año 2012 su saga Dracomana para Ediciones B. Ese mismo año, y en la misma editorial, el polifacético Leo Batic publicó el primer tomo de su saga El último reino y su discípula literaria, María Inés Linares, también para la misma editorial, publicó la muy celebrada novela Hechicera de relojes que conoció una secuela en el 2013 con el título Hechicera de tesoros. Consultado por Perfil, Batic sostiene acerca del fantasy: “a mí me gusta el fantasy porque es una metáfora. Si yo voy a contar una historia con enanos y elfos, eso solo no me aporta mucho. O sea, hay mucho libro que lo toma como un elemento decorativo para contar una historia donde, en realidad, no pasa nada. Para mí tiene que pasar otra cosa, entonces a la historia le pongo el disfraz de lo que yo conozco, que es el fantasy, lo que yo amo”.

En el 2015, Victoria Bayona reeditó, bajo el sello editorial Del nuevo extremo, el primer tomo de su trilogía Los viajes de Marión (la primera edición fue del año 2011, impresa por el Grupo Editorial Norma y bajo el título Camino a Aletheia). Obra que constituyó otro hito editorial y que tuvo gran aceptación entre los lectores. Ese mismo año, Liliana Bodoc se alejó de la saga que la había hecho famosa para probar suerte en un fantasy más próximo en el género anglosajón. La saga se llamó Tiempo de dragones y su primer tomo La profecía imperfecta. En un principio, el proyecto era muy ambicioso, ya que nació con la idea de generar una película animada con el imaginario draconiano de la obra pictórica del artista Ciruelo. Pero el libro no tuvo la recepción esperada. A pesar de ello, en el 2017, se editó un segundo tomo: El elegido en su soledad, sin la participación de Ciruelo. Bodoc alcanzó a escribir el tercer tomo antes de fallecer, aunque  Random House no ha anunciado aún una fecha de impresión de esta ansiada conclusión. Otras autoras impresas por grandes sellos como Planeta, son Tiffany Calligaris con su trilogía de Lesath y su exitosa saga Witches;  Susana Lara con su saga En los umbrales del tiempo (2015)  y, por último, Magias ajenas (2017) de Márgara Averbach.

Tanto Bodoc como Batic se preocuparon por reescribir el fantasy desde el aspecto histórico, originario y folklórico de nuestras leyendas. Leo Batic sostiene que: “por ser el fantasy un formato que viene de Europa, la pregunta es qué podemos aportarle nosotros al género, quizás castillos no; pero sí dragones que ya había dragones antes de que vinieran los españoles, porque a los duendes, a las hadas, a los dragones y a las sirenas no los trajeron los españoles con sus barcos. Había acá, desde mucho antes, sólo que se conocían con otros nombres”. Fruto de esa idea fueron la serie de  libros que él mismo ilustró y que se llamaron Seres mitológicos argentinos (2003), impresos por editorial Albatros.

Vanesa O'Toole-María Fernanda Bertonatti-1

Entre los cultores más reconocidos en el fandom, y considerado además uno de sus mayores difusores y conocedores, está Claudio Díaz, autor del libro  Relatos de Tierra Incógnita (Ediciones Fusang, 2010), que plantea personajes en la línea de Conan, el bárbaro o Fafhrd y el Ratonero Gris. Díaz sostiene que en la Argentina “existen, al menos, mil lectores que compran en las ferias o en los eventos la obra escrita por autores argentinos” por eso sostiene que “no es descabellado hacer tiradas de hasta mil ejemplares”. Díaz abrió el camino a una ola de autores del género que decidieron recorrer solos el camino de la edición y aprender lo necesario sobre la marcha. 1004Todos los años surgen nuevos escritores, con obras autopublicadas, algunas de dudosa calidad, hay que admitirlo (en una entrevista a Bodoc, realizada por Patricio Zunini, sobre el estado actual de la literatura fantástica, dijo: “hay mucho de moda, de papel crepe, de escenografía de poca monta”); pero existen otras que podrían figurar en los catálogos de las grandes editoriales. Sus métodos de publicación varían, muchos eligen el papel, pero otros tienen legión de seguidores en formatos de lecturas alternativos como Wattpad, donde reciben puntajes de lecturas y donde hay un feedback inmediato con los lectores. La mayoría de estos autores sobrevivieron a las crisis que se suceden en este país, a fuerza de empeño y garra. Todos manejan con soltura diferentes métodos de autopromoción, ya sea en redes sociales, páginas webs o plataformas de reseñas como Goodreads o Youtube. Concurren además a cuanto evento y feria se realiza, allí se disfrazan de caballeros o princesas medievales, arman mesas vistosas e incluso montan escenarios de castillos y mazmorras (como suele hacerlo  el autor Cristian Arlia Ciommo), ganándose la fama a pulmón. Por momentos, estos escenarios tienen algo de farsa (muchos stands están plagados de banners inmensos que reclaman la atención hacia autores desconocidos como si tuviesen la talla de escritores consagrados internacionalmente). Hay algo lúdico en esto y mucho de vanidad herida. Batic sostiene: “como al fantasy lo han corrido de las editoriales grandes, la gente ha empezado a autoeditarse y entonces es ahí donde yo dije ok […] voy también a los otros eventos y apoyo a los chicos que están tratando de salir a la luz […], doy charlas, y defendemos el fantasy desde ese lugar” y concluye que gracias a los eventos: “sostenemos a ese público que tiene ganas de recibir lo que las editoriales no les da y que se está sosteniendo ahora con esta gente que hace autopublicaciones”.

Diego Furbatto es autor de una curiosa saga de libros titulada Letgrín de Eumeria que tiene como escenario el Medioevo, dentro de un mapa alternativo en el que Europa es trasladada a la América Patagónica. Furbatto sostiene acerca de la autogestión: “La autopublicación no es una decisión, sino la consecuencia de falta de opciones. No hago distribución, sino venta directa, en eventos medievales, ferias de libros, y eventos de fantasy. Bah, en cualquier lugar donde tenga oportunidad”. De la camada de autores autogestionados se destacan por su vivacidad, calidad literaria y supervivencia: Graciela Rapán, Matías D’Angelo, Nico Manzur, Sandra López, Lucas Simons, Vanesa O’Toole, Fernanda Bertonatti, Max Bravo, Carolina Panero, Leonor Ñañez, Gabriel Sosa, Rubén Risso, Paul Calvetti Costa, Natalia Alejandra, Daniela Suárez y Mariana Di Acqua, entre otros. De este colectivo de autores surgió, años atrás, el primer intento de nuclear a todos los escritores de fantasía independientes, ese intento se denominó ELFA. Leonor Ñañez dice acerca de esta experiencia: “trabajamos arduamente por difundir nuestras obras y la de todos aquellos autores independientes y autogestionados que, como nosotros, buscaban darse a conocer” y Furbatto agrega: “Tuvo su momento, teníamos muchas buenas intenciones”. Claudio Díaz dice que el grupo llegó a conjugar hasta cincuenta escritores, aunque no todos mantenían el mismo nivel de calidad y el grupo terminó por diluirse, por desinterés y rencillas internas.

Máximo Morales, editor del sello TirNanOg, sostiene que las cosas interesantes suceden en este mundillo de las editoriales independientes, donde se arriesga mucho más. Y agrega: “con la crisis la gente apuesta a lo seguro y hoy está difícil. Nosotros no apostamos por las sagas ni por el libro grueso. Porque el autor no es muy conocido y a la gente le cuesta apostar por un libro caro y grande”. En este submundo, despreciado por los grandes sellos, que tiene su propio fandom, existen también proyectos editoriales especializados, a la ya nombrada TirNanOg, se suma la editorial Thelema, creada por las escritoras Vanesa O’Toole y Fernanda Bertonatti (quienes escribieron en conjunto la saga Aquelarre que ya va por su segunda reedición). En palabras de O’ Toole: “Editorial Thelema surgió en el 2012, a partir de una necesidad […], decidí abrir mi propia editorial, capacitándome para hacer un trabajo profesional. Así fue como publiqué un primer libro “para practicar”, luego el primer volumen de la saga Aquelarre junto a María Fernanda Bertonatti, mi coautora y coeditora, y a partir de ese momento, el boca en boca nos trajo a otros autores independientes que confiaron en nuestro trabajo”.

Hoy, el panorama para el fantasy autóctono, no es tan alentador como años anteriores. Las grandes editoriales se mantienen alejadas del género, salvo sellos como Del Nuevo Extremo o V&R que, al parecer, tienen proyectado seguir apostando por la fantasía. Batic sostiene que esa renuencia puede deberse a: “…que de última, un problema que hemos tenido siempre los que logramos que nos publiquen en las editoriales es que competimos con (George) Martin en la vidriera, digo, tenés que competir con Martin en la vidriera […]. Yo creo que mientras las editoriales piensen que lo que se vende afuera es lo que se va a vender acá, tenemos un problema”.

A pesar de estar aún en pañales, el fantasy criollo ha demostrado ser fecundo en ideas y copioso en autores. Queda todavía mucho camino por recorrer, pero el portal al otro mundo ya está abierto, lo cual puede considerarse como un deseo cumplido a favor de la fantasía.

Mariano Buscaglia

Relatos de Tierra Incognita

Autor: Claudio Diaz

Edita: Fusang, Buenos Aires, 2010

La fantasía heroica literaria no es un género muy transitado en la Argentina. Sobre todo cuando juega a respetar los cánones más tradicionales. Nunca ha habido una revista de fantasía que la haya albergado en sus páginas y el ghetto de la ciencia ficción local sospecho que mira con cierto desprecio a las historias de este tipo (prefiriendo la veta más “high fantasy” de El Señor de Los Anillos y sus émulos). A diferencia de la historieta argentina –que tiene algunos ejemplos interesantes entre su producción – no tenemos muchos Conan locales.

Para subsanar eso, Claudio Diaz se embarcó en este libro de elatos, protagonizado por un trío que responden a tres estereotipos de aventureros muy instalados en el género. Por un lado tenemos a Rodrigo, suave, elegante, hábil tanto con la espada como con el laúd. Luego esta Thorvald, un vikingo grandote, forzudo, de risa sonora y la sutileza de un gancho al hígado. Finalmente Sheng Wan es una joven de rasgos orientales, ágil, astuta, de lengua ácida y personalidad mercenaria y amoral. Los tres son un equipo implacable a la hora de pelear y amigos dispuestos a todo para protegerse entre sí, desfacedores de entuertos ante todo.

El resultado es un producto digno, sólido y bien escrito, que escapa poco de los moldes del género pero que lo transita con dignidad. No esperen nada más ni nada menos que tres relatos de sword & sorcery clásicos y no se van a arrepentir. Si buscan otra cosa, bueno, esto no es para ustedes. Si además tenemos a Ariel Olivetti ilustrando la tapa y a Quique Alcatena ilustrando las páginas interiores, tenemos un librito muy sólido de leer.