Los hijos del diablo (More Little Monsters, 1973)

Autores: Varios (editan Roger Elwood y Vic Ghidalia)

Colección: Libro Ameno nº 18

Edita: Bruguera, Barcelona , 1977)

Durante la década de 1970, las antologías de relatos de ciencia ficción y fantasía brotaban como hongos, dando a muchos una prueba de muchos autores que raramente aparecían recopilados en las editoriales. El rey de las antologías en esos años era Roger Elwood, un tipo que de hecho ha sido criticado por crear antologías como salchichas, despreocupándose de la calidad del material recopilado. Para muchos fue justamente este trabajo a diestra y siniestra que perpetró el responsable de la destrucción por saturación del libro de antología.

Aprovechando que tenemos una de sus antologías veamos si esto es asi o no.

Específicamente, esta antología se centra en relatos con niños que se relacionan con elementos fantásticos y/o paranormales como ejes del relato. Fantasmitas, brujitas, criaturitas con poderes especiales y asi. Pero vayamos uno por uno

“Dulces para esa dulzura” (sweets to the sweet) de Robert Bloch es un relato sobre una pequeña que parece saber de vudú. Breve y algo predecible.

“La Muñeca que lo hace todo” (The Doll that does everything) de Richard Matheson podría ser un guion de los que escribía para la Dimensión Desconocida, una pequeña fábula moral (esa vez sobre los padres que no se resignan a atender a sus hijos y prefieren que haya ora cosa que los distraiga) con final repentino y trágico.

“¿Amigas?” (Friends?) de Roberta Ghidalia habla de la relación obsesiva y casi parasitaria entre una niña y su gata… porque es gata, no?

“Juego del crepúsculo” (Twillight Play) de August Derleth convierte al juego entre dos niños en un descampado en algo mas temible, sobre todo porque uno no es lo que parece.

“El sombrio tercer piso” (The Shadowy third) de Ellen Glasgow se aparta estilísticamente de los relatos hasta el momento (todos relatos breves, y bastante directos) para llevarnos al relato de fantasmas que hacía furor entre 1880 y 1920, con historias cargadas de clima donde todo esta en la sugerencia. Aquí una enfermera debe cuidar a la esposa de un reputado médico, que parece haber enloquecido tras perder a su hija. Y sin embargo, de a poco se va metiendo en una trama mas turbia… en la que además va apareciendo de la nada la niña que todo el mundo dice que murió.

“La transferencia” (The transfer) de Algernon Blackwood, si bien tiene un niño clave en el climax de la historia, en realidad es un magnifico relato de vampiros psíquicos, con un hombre que puede absorber la voluntad encontrándose en una lucha con un lugar al que le pasa algo similar. Una premisa rara que se soluciona de una manera excelente

“Un futuro color de rosa para Roderick” (a Rosy future for Roderick) de Nelson Bond es una historia contada en clave humorística (con un humor medio mala leche) sobre un irritante pendejo sabelotodo que además resulta ser un mutante con un intelecto mega hiper archi dotado. Si uno piensa seriamente en el final, mas allá del tono gracioso que Bond le impone, la crueldad con la que se resuelve todo es de aquellas. Absolutamente dentro de la incorrección política.

“Brenda” de Margaret St. Claire es una historia de zombies. Y de llegada a la adolescencia. Asi, too a la vez. Extraña sobre todo.

“Mister George” de Stephen Grendon (un seudónimo de Derleth, quien se repite el plato) trata sobre una niña, su padrastro/fantasma/angel de la guarda y sus tíos abusivos. En un punto es un cuento de hadas moderno, con los culpables castigados cruelmente, los inocentes recompensados y un happpy ending. Muy solido. Seria una gran película del genero terrorífico.

“La brujita de la calle Elm” (The Little witch of Elm Street) de Mildred Clingerman es otro elato liviano sobre dos hermanitas, una mayor, simpática y muy inteligente y su hermanita menor, un terremoto viviente que parece poseída por el diablo… Que es lo que sospecha su hermana. Lo mejor de la historia es como nos encariñamos con la hermana mayor, una dulzura de niña.

“Jimmy” de Lester del Rey es, con mucho, el relato mas interesante de la antología. Una historia sobre la perdida de la bondad y la humanidad mientras crecemos. Lo que parece al principio el desvarío de una señora loca se convierte de a poco en la aparición de un fantasma… de alguien que no ha muerto. Todo de a mano de un protagonista que lentamente se va desenmascarando como un ser egoísta y aprovechador. Brillante.

“El hada de los dientes” (The tooth Fairy) de Harvey Jacobs es breve, cruel y de una maldad genial. Podría haber sido un Cuento de la Cripta, una de esas fabulas morales perversas sobre la avaricia humana.

Finalmente, “Robbie, David y el pequeño Dahl” (Robbie and David and Little Dahl) de W. Macfarlane es el único relato ubicado claramente dentro ciencia ficción de la antología. En un mundo de fanatismo religioso, un niño va sobreviviendo cambiando identidades. NO me enloquecio la verdad.

En síntesis, la antología esta buena, con un promedio bastante razonable. NO quiero opinar si esta es una excepción o la regla, pero en lo personal no me podría quejar de lo que los señores Elwood y Ghidalia eligieron poner dentro de este tomito. Se deja leer mas que bien.

El vampiro y otros cuentos de horror y misterio

Autor: Victor Juan Guillot

Colección: Los Exhumados nº3

Edita: Ignotas, San Andrés, 2016

La crítica literaria es caprichosa, sobre todo en lo que respecta a la permanencia en el tiempo de un autor. Que una creación sobreviva en el tiempo no tiene muchas veces que ver con la calidad sino con factores externos. De maneras misteriosas, la crítica pasa por alto a narradores que bien merecerían el reconocimiento. Después ya solo queda la autosatisfacción del iniciado en los misterios de la Facultad de Letras y del consenso literario para terminar de olvidar obras que bien podrían valer la pena, pero que terminan en manos de outsiders que hablan de estos libros en blogs, fanzines o similares lugares a que están fuera del campo (como diría Bourdieu). A lo mejor como este blog, que se mete con esa gente olvidada. A lo mejor como tipos como Mariano Buscaglia que edita libros que se salen del canon. Su colección Los exhumados justamente nos hace ese favor. Por eso merecen reseña aquí.

Y, si me preguntan, creo que el mayor rescate que ha hecho Mariano es con Victor Juan Guillot

Si por algo es recordado Guillot es por su participación como político radical en el escándalo de las tierras del Palomar, uno de los casos de corrupción más mentados durante la Decada de 1930 (conocida también como la Década Infame) en Argentina. Guillot terminó suicidándose ante las acusaciones que lo tenían como metido en las coimas. Tal vez eso haya sido lo que determinó su olvido como literato. O no. Pero que se lo olvidó se lo olvidó. Lo cual no debería ser asi.

Como bien demuestra este libro de relatos cortos, Guillot es un gran cuentista, a la par con tipos como Horacio Quiroga en su manejo no solo del fantástico sino en la creación del elemento macabro –a veces fantástico a veces no- en la cotidianeidad. El mundo de Guillot combina –al igual que Quiroga- la descripción cotidiana (sobre todo en el campo argentino de esos años) con ese algo raro o fuera de lo esperable que nos deja una puerta abierta ante las dimensiones desconocidas de nuestra vida. Una prosa tersa, ágil y al punto, a veces afectada por cierto lenguaje modernista, otras por un cierto humor macabro tongue –in – cheek  (pienso en “El alma en el pozo” el relato largo con el que termina el volumen). A veces ni siquiera el horror es un recurso fantástico: “El vado” es completamente realista y a la vez uno de las historias más terribles del libro.

Como es que nadie rescatara previamente la obra de Guillot, me deja simplemente entre anonadado y enojado con los guardianes del Conocimiento de la Literatura Argentina. No sé qué miércoles hacen, si un tipo de este nivel es olvidado.

Les urjo a comprarse este libro. Van a encontrar un narrador fabuloso de historias (de misterio y horror), uno de esos tipos a rescatar. Libros como estos son los que le dan sentido al blog.

Todo lo que quiso saber sobre Carnaval de Almas y nunca supo donde preguntar

(ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NUMERO 26 DE LA REVISTA LA COSA  DE BUENOS AIRES, FEBRERO DE 1998. TIENE RETOQUES MINIMOS DE SU EDICION ORIGINAL)

Todo comenzó con un centro recreativo abandonado al lado del Gran Lago Salado en Utah, Estados Unidos. Este lugar, llamado Saltair, sirvió en los años treinta como parque de diversiones y sala de baile para la gente de la cercana ciudad de Salt Lake City. El lugar era ideal para la gente que quería bañarse en las aguas del lago y pasar un rato entretenido. Para junio de 1961 sólo quedaba la construcción abandonada, un lugar verdaderamente fantasmagórico.

Resultó ser que pasaba por Ia ruta un señor llamado Herk Harvey. El tipo volvía a la ciudad donde trabajaba, Lawrence (Texas), después de filmar una película industrial en California. Porque de eso vivía: de hacer pelis sobre las maravillas del trabajo en una planta industrial determinada- proyecto pagado por esa empresa-o documentales educativos de esos que dan en las escuelas cuando la maestra no quiere dar clase. La cuestión fue que al pasar por el lugar le pareció que era un escenario perfecto para usar en una película de ficción, algo que nunca había hecho pero estaba interesado en hacer.

AI volver a su ciudad, Harvey le mostró las fotos que había tomado de Saltair a John Clifford, un guionista que trabajaba en la misma compañía productora de films que él. El resultado: en un par de semanas había un guion terminado. “Tenía la idea de una caceúa y de cuerpos saliendo del agua para perseguir a un Joven”, explicó en un reportaje Harvey. Eso, más el escenario extraño que tenían, más la presunción que un film de terror sería más fácil de comercializar en ese momento hicieron que Clifford y Harvey borronearan la estructura de uno de los films fantásticos  y más interesantes del cine.

Bienvenidos a Carnival of Souls…

COMO HACER UN FIIM BUENO, BONITO Y BARATO

Primer problema: ¿de dónde sacamos la guita?

Algunas ventajas había: por su laburo, Harvey y Clifford tenían a su disposición no sólo el equipo técnico que les prestaban “de onda” sus jefes, sino que el resto de la gente que necesitaban también estaba interesada. Claro, más divertido que hacer un documental sobre las ventajas tecnológicas de la tostadora eléctrica K-25 tenía que ser.

Pero algún dinero había que conseguir. Por lo menos se necesitaban diecisiete lucas verdes. Si, 17.000 dólares. Gracias a un amigo con contactos llamado Joe Taylor, se consiguió que empresarios locales pusieran el dinero necesario. Quinientos de Fulano, setecientos de Mengano… Y así de a poco se llegó a la suma necesaria.

Para el elenco, Harvey eligió en su mayoría a actores locales, muchos de los cuales trabajaban regularmente en sus films educativos. Sólo decidieron contratar una actriz profesional que viniera de Nueva York para darle el papel protagónico (habían decidido convertir en una mujer a la protagonista “porque hacia aparecer al personaje más vulnerable”). Así fue que hallaron a Candance Hilligoss, una actriz recién egresada del Actor’s Studio. Ella sería Mary Henry, la organista alejada de la Humanidad y perseguida por los espectros de la película.

A llegar a Lawrence, Hilligoss no dio una primera impresión muy buena a Harvey. “Ella no era lo que tenía en mente, Toda la noche estuve pensando cómo le diría que no la queríamos. A la mañana, después de tener la oportunidad de arreglar su pelo y ponerse maquillaje, ella luce como una mariposa saliendo de su capullo, Decidí usarla”.

Estaba todo listo para filmar. Casi todas las tomas se harían en exteriores, tanto en Lawrence como en Salt Lake City. Había tres semanas para filmar. No mucho tiempo. Por suerte la filmación se produjo sin incidentes. Y eso que hubo quilombos potenciales que pudieron aparecer en tomas riesgosas como la del auto cayendo al río. Había un tubo de gas que cruzaba el agua por debajo y, si el auto caía fuera del lugar marcado, podía pasar un desastre. Por suerte las cosas anduvieron bien.

En Saltair, muchas de las tomas se decidieron allí, mandando un poco a la basura lo dicho en el guión. La mejor secuencia -el fantasmagórico baile de los muertos en el pabellón- tuvo la ventaja de poder usar las viejas luces de las arañas que colgaban allí. Más allá de llamadas de vecinos a la policía que decían que ese lugar abandonado estaba intacto, las cosas funcionaron bien. El 19 de octubre del 61 ya estaba todo filmado. La edición del material se terminó en enero de 1962. El costo total había sido de treinta mil dólares. Ahora venía la pesadilla: la distribución…

DE COMO HACER QUE UNA PELICULA ANDE BIEN Y UNO NO VEA UN MANGO

La premiere del film en Lawrence, Texas, trajo una fría reacción. “Pienso que era un film duro de tragar en ese momento; todo no se autoexplicaba”. Recordemos que “terror” en esa época eran los films de la Hammer y Vincent Price haciéndose el loco en La Pavorosa Casa de Usher (The Fall of House of Usher, 1960), y demás películas del ciclo Poe dirigidas por Roger Corman. Tal vez “El Carnaval…” es un film más en la línea de las películas del productor Val Lewton en los cuarenta, al estilo La Marca de la Pantera (Cat People, 1942), con todo eso de no saber si todo es verdad o la protagonista ve cosas, con un acercamiento más sutil, más de terror blanco, no haya sido un error en términos comerciales. Pero eso había que verlo en el circuito comercial. Y el film necesitaba un distribuidor.

Aquí entra una distribuidora de films independientes que recién empezaba, la Herts-Lion Corp., que dirigía un productor llamado Kenneth Herts. Harvey se contactó con ellos por medio de un conocido y en poco tiempo había un contrato bastante bueno para distribuir el film en el circuito de los autocines, junto a The Devil’s Messenger (un engendro con Lon Chaney Jr.) en doble programa. Parecía que todo andaba sobre ruedas. La película recaudó bien pero… el dinero nunca llegó. Harvey se quejó. Le mandaron un cheque, que fue rebotado en el banco. “Entonces supe que teníamos problemas”, explicó.

AI poco tiempo la compañía quebraba y Kenneth Herts se las había tomado a Europa. Rajó como un pajarito.

El problema no terminaba ahí. La cinta original estaba en los laboratorios de donde se habían hecho las copias para mandar a los cines. Esas copias no se podían llevar por que había que poner el dinero (mucho) que se debía. Más fácil: el laboratorio se quedaba con las copias hasta que se les pagara la plata que se les debía. Además las copias tenían nueve minutos menos, una decisión tomada por la distribuidora antes de ser exhibida. Al final los derechos para televisión quedaron en manos de un vendedor de paquetes de films para la pantalla boba. ¿Resultado?: Camival… aparecería cada tanto en las trasnoches de la tele norteamericana, sin que los que la hicieron vieran un peso por eso.

Con razón Harvey no volvió a hacer otro film de ficción, volviendo a su trabajo de documentales…

SALIENDO DEL OLVIDO (o “Mira que buena peli dan a la noche. ¿Quién la habrá hecho?”)

Que la pasaran continuamente por televisión fue una ventaja para Carnival… Poco a poco fue captando espectadores que se quedaban asombrados con esa desconocida película de terror con tanto estilo y clima, con esa atmósfera de pesadilla, con esos muertos vivos similares aunque anteriores a los de La Noche de los Muertos Vivientes (Night of The Living Dead, 1968), de George Romero -otro clásico del terror hecho por dos mangos independientemente- . Con el tiempo el film empezó a tener un pequeño “status’ de “cult film”. En la prensa especializada yanqui comenzaron los artículos investigativos. Así fue que el director y cinéfilo Richard Haines convenció a Panorama Entertainnent para restaurar y relanzar el film dentro del circuito de “midnight movies” -a donde van a parar los films de culto generalmente en Yanquilandia-.

La restauración se hizo a partir del original que Harvey y Clifford habían recomprado tras muchos años. Ahora la película era de ellos y tenían un nuevo trato para lanzarla como correspondía. Así que en 1990, veintisiete años después de la “premiere” original, la versión completa y restaurada de Carnival of Souls se volvió a proyectar en Lawrence. Y esta vez el público la aplaudió a rabiar. Como se lo venía mereciendo. Que no siempre se puede ver una joya del cine de terror -una de esas que te hacen tener miedo y no sólo reírte del mostro de goma- muy seguido.

¿Y DE QUE VA LA COSA?

El argumento final es simple: una chica que trabaja de organista es la única sobreviviente de un accidente en el que un auto cae a un rio. Pero, desde que se salva, su vida no es la misma. Es perseguida por un extraño espectro con la cara blanca (interpretado por el propio director), tiene visiones de un extraño ballet con un montón de muertos, la gente ya no la escucha ni la ve. ¿Cuál es la razón? ¿Esta chica, estará realmente viva? ¿Eh?

Dos Libros de Oro de Cinefania dos

Libro de oro de Cinefania: Weird Western

Editor: Dario Lavia

Edita: Cinefania, Buenos Aires, 2015

Libro de oro Cinefania: Shock TV

Editores: Dairo Lavia Y Juan Carlos Moyano

Edita: Cinefania, Buenos Aires, 2016

Lo reconozco: adoro las enciclopedias de cultura pop excesivas, esas que exprimen un tópico hasta el fondo, que no dejan una piedra sin revolver y que, si algo se les pasó, fue porque en serio no lo vieron, y que, si tienen la opción agregaran la opción en una segunda edición. Si encima es de un tópico poco explorado, mejor.

Por eso amo estos libros de oro. Dario Lavia hace en ambos ese trabajo de dar información de un montón de material que se sabe poco y nada. Una cantidad de películas y series televisivas de las que sabemos poco y nada, que han caído en el olvido (y hasta en la desaparición física) No me puedo imaginar la cantidad de trabajo que ambos libros deben haber llevado en términos de investigación y redacción (incluso cuando no todas las reseñas son de Lavia sino que hay un grupo de gente detrás escribiendo las entradas). Pero que hay una cantidad enorme de tiempo detrás , la hay. Eso se los firmo.

Tal vez la menos asombrosa sea la del Weird Western, ya que ya hay obras dedicadas al subgénero (aunque creo que ninguna en castellano). Para el que no sepa que es, el “weird western” es el subgénero del western donde aparecen elementos extraños e inesperados en el. Normalmente se piensa en elementos de corte fantástico (vampiros, fantasmas, extraterrestres, armas futuristas, etc.) pero el tomo también agrega películas con elementos del thriller, el cine negro o hasta el género del espionaje (espías atómicos, psycho killers, asesinatos con toques de mafiosos, etc). Partiendo de una definición tan amplia, uno podría esperar que se obviaran algunas obras. Y no. El libro no habla solo de los filmes esperables en el subgénero (Billy the Kid vs. Dracula, The Pale Rider, Valey of the Gwangi, etc) sino que incursiona en material antiguo (el capítulo del material mudo es una delicia) y hasta en derivaciones del resto del mundo (Los irrompibles, El Charro de las Calaveras, las películas de Zagor, etc) y hasta en la versión argentina, el weird gaucho (con nazareno Cruz y el Lobo como mejor ejemplo, aunque no el único). Todo investigado exhaustivamente, de una forma tal que no creo que haya quedado mucho afuera.

Ahora si lo del weird western es demencial, palidece ante el Libro de oro de Shock TV, que hace algo que nunca nadie había hecho antes: un relevamiento de todo lo que se pasó en las pantallas televisivas de Argentina relacionado con os géneros del terror y el suspenso. Repito: TODO. Tanto series locales, como importadas, tanto telefilmes (nacionales o extranjeros) como ciclos de cine sobre el tema. Incluso en series donde el tema solo aparecía en un episodio o dos. Tratando de decir cuando se dio, a qué hora y en que canal. El que tenga levemente idea del paupérrimo estado del material de referencia sobre el tema en Argentina, sabe lo ciclópea que tiene que haber sido la tarea tras este libro. Referenciar todas las obras (argentinas y españolas) de ambos Narcisos (Ibañez Menta e Ibañez Serrador) ya es complejo. Poner toda la grilla de Cine de Super Accion o Viaje a lo Inesperado (ciclos claves con los que nos criamos todos los cinéfilos argentinos que pasamos de los 35) ya es jodido. Sumarle todo el otro material más oscuro, hablar de series locales de las que en un 90% no existen ni siquiera los videos, es una locura abrumadora. Y Lavia y Juan Carlos Moyano logran un producto más que digno. Posiblemente esto va a ser material de referencia para el futuro. Del que nadie que quiera investigar sobre la televisión argentina podrá zafar de referenciar.

¿Qué criticar? Si quieren el diseño, que es funcional pero poco vistoso. Pero eso es como quejarse de las teorías de Einstein porque no se sabía cortar el pelo: es algo absolutamente irrelevante.

Desde ya, si consiguen una copia de cualquiera de los dos (o de los otros Libros de Oro de Cinefania) no lo duden y gasten el dinero. Si quieren un material enciclopédico muy bien investigado no pueden fallar. Y, si no lo encuentran, siempre pueden ir a la página de Facebook del grupo Cineficción (revista que dirige Lavia y que deberían comprar si les gusta el cine fantástico) porque, en un acto de generosidad, Lavia sube los pdf de los libros de oro agotados para todos los que estén en el grupo. Yo leí de esa manera el libro de Oro de Héroes Pulp y les puedo asegurar que es igual de excesivo y brillante que estos dos. Háganme caso, ingresen al grupo que vale la pena. Y cómprense estos libros de oro.

Las cosas que perdimos en el fuego

Autor: Mariana Enriquez

Colección: Narrativas hispánicas 559

Edita: Anagrama, Barcelona, 2016

Uno es un lector bastante ducho en el género del fantástico y del terror. Ha leído mucho y eso trae como consecuencia que raramente un cuento (no digamos ya una sucesión de cuentos) me perturben, me dejen con esa sensación de malestar y de escalofrío que todo buen cuento del género debe conseguir.

Con este libro me pasó eso varias veces.

La prosa de Mariana Enriquez genera muy bien eso que uno espera del horror material (se nota que leyó muy bien a Lovecraft): esa descripción verista de lo cotidiano que, de repente, se topa de narices con algo completamente inexplicable que se le viene encima como un camión surgido de la nada y arrolla con las convicciones. Si encima acude a la vivencia de una generación (la mía) que se crió en la última dictadura militar argentina, que vivió su adolescencia descubriendo el pasado horroroso que pasaba mientras jugábamos de chicos y que crecio entre los desastres de la desigualdad y las crisis económicas que Argentina ha tenido desde entonces, las historias de este libro dejan simplemente sin aliento. Viví por años muy cerca del Riachuelo (uno de los ríos mas contaminados del mundo), cerca de villas miserias que pueblan el sur de la ciudad de Buenos Aires y escuché de abusos policiales como los que cuenta Mariana en “Aguas negras” (de hecho seguramente el disparador de la historia sea este caso ). El giro lovercraftiano de la historia hace que una realidad de por si perturbadora se convierta en aterradora. También me tocó caminar por el barrio de Constitución y ver cosas como las que describe en “El chico sucio” y, con eso, la escena final es demoledora y aterradora porque podes creer que pase algo así.

Pero todos los cuentos de este libro te dejan esa sensación de que todo se va a ir a la mierda de maneras impensadas. Que, de hecho, el horror es casi algo cotidiano y que lo inexplicable es absolutamente posible. Una suerte de versión pesadillesca del realismo mágico. Lo que es lógico: Mariana es de mi generación, esa que aprendió a resignar ideales por algo menos heroico… y que ni siquiera eso consiguió porque cada dos por tres se venía recesión, miseria y quilombo. Mariana Enriquez cuenta nuestras pesadillas cotidianas. Y le pone elementos fantásticos para explicarlas mejor. Como hacía Rod Serling, contando el lado B de la Yanquilandia triunfadora en la Twillight Zone.

Si Mariana Enriquez no queda dentro del panteón de los grandes escritores de la literatura fantástica hispanoamericana (joder, de la literatura a secas) es que el mundo es de una injusticia total…

Compren el libro. Bájenlo si les sale caro. Pídanlo prestado. Fotocópienlo. Pero, por favor: léanlo. Por libros como este hacemos este blog: para que no pasen desapercibidos. Matar un árbol por este libro vale la pena.

Dagon y otros cuentos macabros (Dagon and other Macabre Tales, 1965)

Autor: H. P. Lovecraft

Colección: Alianza Bolsillo

Edita: Alianza, Buenos Aires, 1992

Llevo trece años en este blog y hasta ahora NUNCA había hecho una reseña sobre uno de los autores más importantes del fantástico en el siglo XX: Howard Phillips Lovecraft. Recuerdo el impacto que una recopilación de sus cuentos me hizo a los catorce años. Creo que ese impacto sísmico solo lo tuvo Poe a los 10 años.

Pero hacía mucho que no lo releía al viejo Ech-Pi-El. Y me pareció una buena idea ver qué tal se sostenía su obra a mis ojos. El revoleo azaroso por mi biblioteca me llevó a este tomo que, aclarémoslo de entrada, no trae en general sus obras más conocidas, las que pertenecen a los Mitos de Cthulhu, sino a su primer período, el formativo si se quiere. Claramente en las obras hay un autor que todavía zigzaguea entre obras de onirismo fantástico muy a lo lord Dunsany y relatos de terror mucho más clásico, de esos de remate horroroso. Y en casi ninguno hay referencias a los Mitos. Pero vayamos desgranándolos uno a uno.

Dagon es casi un borrador del núcleo de La llamada de Cthulhu. Nave perdida  (en este caso un bote) en el mar encuentra isla que ha surgido en el Pacifico. Arquitectura colosal, monstruo gigante y enloquecedor que aparece y del que se escapa el protagonista para volver a la civilización y relatarlo.

La tumba habla de la obsesión de un joven con una tumba familiar. La verdad no me engancho demasiado

Polaris es una fabulilla muy deudora del estilo de Dunsany. Casi un cuento de hadas triste.

Mas allá del muro del sueño es un relato de proto ciencia ficción atrapante con transmisión del pensamiento, entidades extraterrestres que poseen humanos y viajes incorpóreos hacia regiones del Universo. Y aquí aparece uno de las grandes bazas del estilo lovercraftianos: la construcción del verosímil. El universo en donde transcurren los mejores relatos de HPL es un mundo absolutamente racional, con una ilusión de realidad muy fuerte. El doctor que narra puede tener una teoría estrambótica pero es un profesional en un psiquiátrico serio. Y su paciente es alguien tna normal que la aparición de estos sucesos inexplicables son completamente una bomba que no logra entenderse. Ese gran truco, que Lovecraft maneja a la perfección, convierte a este en un gran cuento.

La nave blanca es otra exploración onírica en el estilo de Dunsany, sin mucho más.

Arthur Jermyn trabaja sobre otra de las obsesiones de Lovecraft: la degeneración de la estirpe familiar y el miedo a la cruza con razas extrañas, que dan origen a monstruosidades genéticas. Lo único que falta es que el Otro monstruoso sea algo venido de las estrellas y no una raza homínida, medio gorila para que este cuento fuera parte del canon clásico.

Si bien Los gatos de Ulthar está dentro del ciclo de historias ambientadas en el Mundo del Sueño, la historia es una historia que bien podría formar parte de esos terribles relatos folclóricos recopilados por los Hermanos Grimm, esos que Disney dulcifica. Me imagino que el final Disney sería con los gatos expulsando a sus abusadores y no  haciendo que… nah, léanlo.

Tambien del ciclo del Mundo del Sueño es Celephais, que trata sobre la búsqueda del sentido en ese mundo de alguien que literalmente abandona casi por completo nuestra realidad por ese otro lugar.

Del más allá juega con otro clisé lovercraftiano: ver cosas más allá den nuestros sentidos, criaturas más allá de la existencia material que además quieren hacernos daño.

El templo es brillante. Uno de esos relatos de miedo acuático que juegan con la obsesión y la sugestión. Gente que pierde la cabeza en un submarino alemán y una maldición que los persigue. Todo eso mas unas ruinas submarinas asombrosas. Y ¿Qué son exactamente esos delfines que siguen al submarino todo el camino? ¿Son delfines?

El árbol es otra fabulilla fantástica, casi una leyenda antigua.

El pantano de la Luna tiene una deuda muy grande con otro autor de relatos fantásticos de comienzos del siglo XX: Arthur Machen. Tanto la localización (un abandonado páramo campestre inglés) como ambientación (ruinas helénicas abandonadas en un pantano) como el desarrollo (gente común revirtiendo a situaciones paganas) la historia es puro Machen. Muy sólida, muy bien escrita y con la sugerencia del horror más que el horror en sí

Para muchos La Ciudad sin nombre es efectivamente el primer relato de los Mitos de Cthulhu, con la aparición en sus páginas de Abdul al-Hazred, el escritor loco del Necronomicon. Fuera de eso es la exploración de una fabulosa ciudad prehumana en el desierto de Arabia, donde yacen muertos criaturas que parecen ser  hombres serpientes. Pero… ¿están muertas?

En Los otros dioses hay un amague de cruce entre el Mundo del Sueño y los Dioses Exteriores. Falto una referencia a alguno de los primigenios y este relato de un hombre que quiere alcanzar a los dioses (Y que falla miserablemente) podría ser pate del canon de los Mitos. Porque, aparte de los dioses del mundo hay otros dioses que vienen de mucho más allá.

La búsqueda de Iranonn es otra fábula dunsaniana sobre la perpetua infructuosa búsqueda de la Belleza.

Herbert West, reanimador definitivamente tiene un tono de humor negro subrepticio. Difícilmente puedo creer que esa serie de viñetas sobre ese obsesivo pichón de doctor Frankenstein que es West y sus continuos fracasos no haya que leerlas con un tono de malsana diversión. Puedo entender porque Stuart Gordon hizo lo que hizo con Re-Animator, porque funciona perfectamente con este relato de resurrecciones de muertos que fallan de una u otra vez por alguna cosa. Es muy divertido, si uno le encuentra el morbo. Si lo hizo a propósito, me hubiera encantado que HPL siguiera con esta veta de humor macabra.

El Sabueso tiene a dos tipos obsesionados con la muerte (una suerte de chicos góticos in extremis) que entran a una tumba y roban un amuleto con forma de sabueso infernal… para ser perseguidos por una criatura muy parecida, que los acecha desde la oscuridad. La tensión está muy bien sostenida aquí.

Hipnos es un cuento donde uno nunca tiene claro si hay un relator loco o hay algo terrible pasando. En ese sentido, Lovecraft no nos deja la seguridad de si es verdad o es todo locura y sostiene un relato con el puro convencimiento de su prosa. Encomiable.

El horror oculto vuelve a hacer muy bien eso de describir realistamente un lugar (en este caso una comarca pobre y miserable “White trash”) y hacer que ocurra algo excepcional e inexplicable ahí.  Y lo cruza con su obsesión por las razas degeneradas, dejando un resultado final que funciona muy bien.

Finalmente, Lo innombrable parece un chiste privado: un escritor de terror y su amigo escriben sobre cómo contar algo innombrable sentados en el cementerio cuando aparece algo que es horrorosamente innombrable.

¿Qué puedo decir? Que hay relatos mejores y otros peores, que se nota que mucho material es de los inicios, muy deudores de otros escritores, que se nota que Lovecraft aquí anda buscando su vos y que, en algunos casos la encuentra. Que claramente es un escritor que sabe lo que hace y lo que quiere contar y que algunas de estas historias son ya de un nivel apabullante. Nada mal para este rencuentro.

De cómo Norman Bates se enfrentó al Ackermonster

Calvin Beck, el protagonista de esta historia y Norman Bates, que tiene mucho que ver con él…

Leo en el indispensable (para todos aquellos que le interesa el mundillo de la cultura popular medio en los bordes) “Cult magazines from A to Z” una interesante historia sobre Calvin Thomas Beck (1929 – 1989), uno de los fans mas conocidos del mundillo de la ciencia ficción estadounidense y que publicaría por veinte años su Castle of Frankenstein, la revista de cine de terror que fue el verdadero único rival de la Famous Monsters de Filmland del adorado en este blog Forrest Ackerman. Pese a su distribución y publicación más que irregular (un hándicap contra la revista del Tío Forry), Castle of Frankenstein tenía a su favor que apuntaba a un público más adulto y a un fan de gustos más elaborados que el de Famous Monsters. Sus artículos apuntaban menos a divertir que a dar opiniones mas serias y elaboradas sobre las películas de terror. Además no se apoyaban mayoritariamente en las películas norteamericanas, sino que se ampliaban a hablar de filmes europeos. Y tampoco se dedicaban exclusivamente al cine, ampliándose a hablar de comics y novelas fantásticas. De hecho, por años hubo una rivalidad bastante abierta entre ambas publicaciones.

Un número de la Castle of Frankenstein

(por cierto, si quieren leer la revista esta subida digitalmente en el indispensable archive.org )

El libro que arrojó la pista de esta entrada. Recomendable 100%

Una de las cosas que llamaba la atención de Beck era que tenía la Madre Dominante del Infierno: Helen era una pequeña mujer de ascendencia griega que acompañaba a sol y sombra a TODOS lados a su hijo, incluso cuando ya Beck estaba lo bastante grande como para hacer cosas de adulto, como por ejemplo editar u na revista de cine fantástico. O interferir en su relación dentro del fandom de ciencia ficción en Nueva York donde Beck se hizo primeramente conocido.

Don Robert Bloch

Uno de los habituales de ese mundillo era el escritor Robert Bloch, que estaba ideando la que sería su novela más famosa , Psicosis (Psycho, 1959) tras oir sobre el caso del asesino serial Ed Gein. Sin embargo, si uno lee la novela, las comparaciones entre el Gein real y el ficticio Norman Bates son poco evidentes: si bien ambos tenían el cadáver de su madre momificaod en la casa y que mataron mujeres por compulsión, el tímido, pulcro y obsesivo Bates tiene muy poco que ver con un Gein que vivía básicamente en una pocilga. Y aparentemente la relación maternal que describe Bloch no tenía mucho que ver con la que en la vida real sostuvieron gein y su madre. Bloch de hecho reconoció qun o tenía mucha información sobre el Gein real y necesitaba rellenar al personaje de ficción.

Y decidió modelar a Norman Bates a partir de Calvin Beck y su relación con su madre, convirtiendo a Bates en ese personaje que todo conocemos: el Hijo de Mamá Dominado hasta la Locura.

Otro número de Castle of Frankenstein

Por supuesto el rumor se extendió pero nunca hubo una confirmación o negación oficial por parte del autor (en parte porque asegurarlo hubiera sido no solo mortificar a Beck sino abrirse a un juicio por difamación que nadie quería) pero muchos conocidos de esos años confirmaron, aunque otros lo niegan (si conocen la lengua de Shakespeare lean este artículo de Tom Weaver que profundiza sobre los dimes y diretes del tema). Pero una pista a favor de la opción afirmativa: el Norman Bates de la novela es un tipo Robertgordo, de barba, lentesy puntilloso en sus acciones. Igual que Beck.

Forrest Ackerman (a) el Ackermonster, el gran rival editorial de Beck

Y de última ¿qué mas divertido que saber que el principal rivla del Ackermonster era nada mas y nada menos que Norman Bates?

Cochrane Versus Cthulhu

Autor: Guillermo Villaroel

Edita: Suma de letras, Santiago de Chile, 2017

¿Qué hace un libro recién salido a la venta en este blog, donde reseño libros que, si tienen menos de una década de publicado son recientes?

Échenle la culpa a la tapa (con una ilustración muy buena a cargo de Félix Vega, dibujante chileno más conocido por sus álbumes de historieta publicados en Francia). Y al título: ¿cómo no me va a intrigar el enfrentamiento ficcional entre Lord Thomas Cochrane (probablemente uno de los marinos reales de vida más aventurera en la historia e influencia directa en el Horatio Hornblower de las novelas de C. S. Forrester) y la criatura nacida de la pluma de H. P. Lovercraft?

Al leer la contratapa, el interés subió un poco más. Transcribo el texto:

“El marino más audaz de todos los tiempos enfrenta al mayor enemigo de la Humanidad.”

“Europa, 1815. Napoleón intenta rearmar su Imperio. En la costa de Francia ha construido el imponente castillo de Fort Boyard donde, una noche, la Guardia Imperial captura en la bahía a su peor adversario: Lord Thomas Cochrane. Al mismo tiempo, extrañas criaturas asedian la fortaleza, obligando a los franceses a unir fuerzas con Cochrane para enfrentar esta amenaza sobrenatural. ¡Acaso es Cthulhu, un dios dormido, quien surge del fondo del océano a reclamar su dominio sobre el mundo?”

Ok, ya me convencieron. Pero entro al libro con cierto resquemor, a ver como soluciona el autor alog tan disímil.

Y la respuesta es… MUY BIEN

Villaroel construye muy verazmente, con detalles dignos de la mejor novela histórica, el lugar, la situación y el contexto histórico. Amen de usar a Cochrane (justamente en un período donde efectivamente podría haber estado navegando por la zona de Fort Boyard, explicado todo muy plausiblemente en la novela) utiliza a Jean Francois Champollion y a su hermano como los sabios que pueden descifrar los jeroglíficos hallados en la zona (algo que siempre hay en todo relato lovercraftiano: un texto antiguo que transmite conocimiento prohibido). Y todo sin sonar forzado, con el desarrollo creíble y los personajes desenvolviéndose de manera natural. Cuando los hechos extraños ocmienzan a pasar y el fantástico se filtra en la historia, la base es tan realista que uno acepta la situación. Algo no menor pero imprescindible para que esta novela no cayera en el absurdo.

Eso sí: si bien el respeto a los mitos de Cthulu es literal, no van a encontrar le tono ominoso de los relatos de Lovercraft. Diría que la historia se lee más como una de acción y fantasía, donde Cthulhu y sus minions podrían ser reemplazados por los Aliens de Giger, algún extraterrestre dispuesto a conquistar la Tierra o una tribu de hombres lobos. Es un relato de acción , con tipos duros (granaderos de la Guardia Imperial francesa, marinos británicos y Cochrane) enfrentándose en inferioridad de condiciones a una amenaza no humana. De hehco, no podía dejar de pensar que, si esto fuera película, quisiera que la filmara John Carpenter. Con Jason Stratham en el papel de Cocrhane, pateando culos cthulianos a diestra y siniestra. Y con toques steampunk, obra y gracia de las veleidades científicas (que tenía en la realidad) de Cochrane.

Nada que hacer. Una gran lectura para pasarse unos días sentado leyendo.

Quiero mas novelas actuales así.

El sanguinario Baron Rojo (The Bloody Red Baron, 1996)

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Autor: Kim Newman

Serie: Anno Dracula n°2

Edita: Timún Mas, 1997

Tras terminar la primera novela de la serie, Dracula quedaba expuesto en el trono de Inglaterra y era derrocado… para terminar como consejero del Kaiser y arquitecto detrás de la Primera Guerra Mundial. Una guerra mundial peleada no solo por hombres, sino por vampiros. E igual de compleja, sangrienta y brutal.

Estamos en 1918, con los aliados occidentales empezando a apretar al gobierno alemán. Todo parece ir en contra de Dracula. Pero este tiene un plan para intentar un golpe maestro que desbarate al frente. Y clave en su éxito está el escuadrón de aviadores vampiros dirigido por Manfred von Richtofen, el Barón Rojo. Que no son vampiros comunes y corrientes (como muchos de los aviadores a ambos lados de las trincheras) sino algo más. Y le toca descubrirlo a Edgar Winthrop, mano derecha de Charles Beauregard, ahora el jefe del Diogenes Club y espía maestro del imperio.

Digamos que a esta novela le pasa un poco lo que a la primera: la referencia a otros personajes (reales o ficticios) se come un poco la narración para mi gusto. Pero el desarrollo de la historia alternativa es bastante buena y creíble y la historia atrapa

No es para todos. Si te gusta la historia alternativa y te encanta el jueguito referencial, lo vas a disfrutar. Sino, puedes pasar de la novela.

Covermania: Wertham was right!

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Digamos una cosa: la mala prensa que rodea en el mundillo de los comics a Fredric Wertham no está del todo justificada. Que su libro Seduction of the innocent diera la excusa intelectual a la caza de brujas contra los comics tapo que el tipo no estaba NECESARIAMENTE contra ellos, sino solo contra aquellos que se iban al carajo mostrando escenas de violencia extrema para un público que masivamente era -en esos años- infantil. Y de hecho su propuesta era DIFERENCIAR los materiales, una suerte de calificación como se hace en las películas. Uno podría criticar su reduccionismo exagerado (una suerte de versión simplificada de los análisis de la Escuela de Frankfurt que tan de moda estaba en esos años) o su mecanicismo burdo, pero , si miramos bien tapas como las que vamos a poner a continuación, no podemos dejar de pensar que, por lo menos, era justificable el escándalo con las imágenes que daban los comic books de esos años…

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