Tex: Camino a Oregon (Verso l’Oregon, 2011)

Autore: Gianfranco Manfredi (guión) y Carlos Gomez (dibujos)

Edita: Acción Comics, Santiago, 2015

En Italia, hablar de Tex es hablar de un fenómeno editorial que sigue intacto desde su primera aparición allá por 1948. Las aventuras de Tex Willer, ranger texano en el Salvaje Oeste norteamericano llevan desde entonces publicándose continuamente en ese país. Muchìsimos autores italianos y extranjeros han pasado por las aventuras de este personaje. En este caso, quien dibuja esta aventura es Carlos Gomez, dibujante argentino cuyo trabajo más conocido sea haber seguido con las historietas de Dago tras el fallecimiento de Alberto Salinas, el dibujante original de la serie.

Este es un número especial de la serie con más páginas de las habituales. Un ranger es asesinado a sangre fría por un joven con pinta de inocente pero que, al investigar, resulta haber dejado un rastro de muertos en su viaje desesperado hacia Oregon. Efectivamente el tipo parece ser un desequilibrado, presto a matar al primero que le desencadene la más mínima sospecha. Tex y Kit Carson son designados para perseguir y buscar a este asesino y llevarlo a la justicia.

La investigación los lleva a toparse con una pequeña caravana de mujeres solas, que viajan a Oregon, en busca de una vida nueva con esposos que las esperan allí. No es una ruta fácil para mujeres solas y sin experiencia, por lo que Tex y Kit las acompañarán en todo el viaje, ya que descubrirán que el asesino también se dirige a Oregon, junto a su tío, que ¡oh, casualidad también es el reverendo que ha convocado a las mujeres. En ese viaje pasarán miles de peligros, desde ríos traicioneros hasta partidas de indios dedicadas al bandidaje, pasando por cruces montañosos imposibles. Y al llegar a Oregon las cosas no terminan porque hay algo mucho más siniestro detrás de la oferta original.

Estel Ibor se lee como lo que es: un western clásico, con héroes, villanos, acción en la medida justa, con personajes muy sólidos (las mujeres de la caravana se van construyendo de a poco como personajes complejos y tridimensionales) y un relato que, por lineal que sea, no deja de ser atrapante. Y todo complementado con el dibujo de Carlos Gomez, muy realista, muy detallado, muy cuidadoso con la expresión y los fondos.

Desde ya, esta no es una obra rompedora de nada. Pero es una aventura del Oeste solidísima, bien escrita y excelentemente dibujada. Si les gusta el western, léanla y les va a quedar claro porque Tex todavía sigue siendo un ícono popular en Italia.

Doctor Campeón

Autor: José Mallorquí

Colección: La novela deportiva n° 38

Edita: Molino, Buenos Aires, 1941

Bill Collins es un boxeador excesivamente técnico, con cero emoción a la hora de pelear. No da ningún golpe espectacular, se la pasa defendiéndose del rival, golpeando pequeños golpes en lugares precisos hasta que los cansa y los noquea. Todo muy frio, muy prolijo, muy matemático. Para eso usa sus conocimientos como médico para convertirse en campeón universitario de boxeo. O sea es un “pecho frio”: talentoso pero con menos onda que leer un libro de contabilidad.

Y por supuesto el joven médico-boxeador se topa con la disyuntiva de seguir en el boxeo profesional o en su carrera. Y, si bien preferiría seguir como médico, los problemas económicos familiares lo hacen decidir por el ring. Y se labra una carrera de ser el Messi boxeador: un tipo que gana todo pero no emociona. Y de hecho la mayoría cree que es un tipo con suerte. Por supuesto la disyuntiva final es pelear un combate final para demostrar su talento antes de retirarse como campeón invicto…

Uno de sus primeros trabajos como novelista de Cesar Mallorquí era escribir estas novelas deportivas que Editorial Molino publicaba en Argentina, aunque con autores españoles. El resultado final (si esta novela es un ejemplo típico, que no lo sé) es que Mallorquí ya estaba para jugar en primera fila. La novela corta se sostiene en todo momento, con personajes creíbles, una trama muy bien llevada y un ritmo muy creíble.

Pero, como la historia se quedaba corta, Mallorquí entrega un segundo relato, un western protagonizado por los Tres Hombres Buenos, una de sus primeras creaciones con un cierto éxito. Y por cierto, acá tenemos un dato interesante: revisando la web, hallo que todo el mundo registra su primera publicación en la serie Nuevos hombres Audaces en 1942. Y aquí tengo un relato en 1941. Otro dato: los protagonistas son el mexicano Diego de Abriles, el portugués Joao Da Silveira y… el americano Allen Moffett, en vez del español César Guzman. Este relato “piloto” casi siempre se salta en las bibliografías oficiales de la serie. Tan solo (como me indica le colega Armando Boix Millan) Ramón Charlo indica de su existencia en su monografía “José Mallorquí, creador de El Coyote”.

Pero vamos a la historia en sí, “La ciudad del crimen”. Los Tres hombres Buenos llegan a la San Francisco de 1865, una ciudad para nada pacífica, dominada por la banda de Hubert Hicks. Y la única solución es volver a reflotar los Vigilantes de san Francisco (un grupo que efectivamente existió en la vida real) para ajusticiar a los bandidos (nada de esas tonterías de juicio justo y respeto a la ley, que joder). Lo interesante es que, en esa trama funcional, logra darles ciertas pinceladas tridimensionales a los personajes. Hicks no es un villano obvio: tiene rasgos generosos en un momento, una tristeza oculta y hasta una cierta justificación en sus actos. Y su mano derecha termina enfrentando la horca con un valor innegable y que le gana el respeto de los presentes, pese a ser un hijo de puta de cuidado.

En síntesis, tenemos una gran novela corta deportiva y el episodio “piloto” de la primera serie western de Mallorquí (y que casi nadie recuerda). Nada mal para una compra azarosa.

Los Contrabandistas

Autor: Guillermo Lopez Hipkiss (sin acreditar)

Serie: Popular Molino  nro. 22 (Bufalo Bill)

Edita: Molino Argentina, Buenos Aires, 1942

 Bufallo Bill (sí, ese) tiene que enfrentarse a unos contrabandistas en la frontera con México que están dirigidos por un enano jorobado. Y hay una chica que parece que está con ellos, aunque uno de los colegas de Bill está seguro que es su novia y no puede ser porque… bueno porque es su novia.

Y, golpe va, tiro viene, encerrona va, cabalgata viene, Bufalo Bill y sus ayudas les ganan. Y la novia estaba hipnotizada.

Sí, todo muy burdo. Escrito con cero estilo, con personalidades que decirles bidimensionales es darles una dimensión más de la que tienen realmente. Y no una narración sino más bien acontecimientos que pasan.

Uno hubiera supuesto que este era otro ejemplo más de “dime novels” (los antecesores de los “pulps”) escritos a principios del siglo XX y reciclados al formato en esos años. Pero gracias a la información que, en el grupo de Facebook Barsoom (al que recomiendo encarecidamente sumarse si les interesa el tema: van a toparse con gente que sabe mucho pero mucho) y, especialmente a don Jorge Tarancon (uno de los que sabe mucho pero mucho) me desayuno con que esta es una obra primeriza de Guillermo Lopez Hipkiss, uno de los grandes autores de la novela popular española (junto con José Mallorquí y Pedro Debrigode). Hipkiss, que traducía (al igual que Mallorquí) novelas del inglés para Molino, harían sus primeros pinitos narrativos con esta serie, que era considerada de segunda categoría. De ahí la simpleza de su estilo. Posteriormente Hipkiss mejoraría (y mucho) en sus historias de El Encapuchado.

Así que, si quieren ver como escribía Hipkiss en sus inicios, pueden ir por esta novela. Sino, pueden pasar olímpicamente de ella sin que les remuerda la conciencia.

Dos hombres

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Autor: “Tex Taylor” (seudónimo de Mario Calero Montejano)

Colección: Bisonte n° 225

Edita: Bruguera, Barcelona, 1952

Dick Sandon es un peon pobre pero honrado. Sam Kinner es un ranchero rico y prepotente. Ambos están enfrentados desde niños y ambos están enamorados de Kitty… que ama a Dick y detesta a Sam. Que además es víctima del desprecio de Cruz, la hija del dueño del rancho donde trabaja Dick y que Sam quiere casar como una forma para obtenerlo. Y por supuesto, Sam no acepta un no por respuesta, aunque tenga que llevar a todos al desastre, auxiliado por unos “amigos” de mala avería. Por suerte , los otros tienen un ángel guardian: Clark, un vaquero de un pasado pesado que, además está enamorado de Cruz.

El resultado es una novela mas efectista que efectiva. Sin ser un desastre ilegible, uno no se siente demasiado envuelto por lo que le pasa a los personajes, al os que arrojan a situaciones espectaculares cada diez páginas. Un poco como un guion de una película de Michael Bay, a ver si nos entendemos: mucho efecto, mucho espectáculo pero tras terminar no queda demasiado para sostener el relato.

Bolsilibro desechable y no particularmente rescatable, aunque tampoco abominable. Meh.

Revista “Rojinegro” n° 268 (junio de 1958)

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Contiene:

“Cañón del Lobo” (W. C. Tuttle)

“Robo en el fondo del mar” (Richard Howells Watkins)

“El turno del Rojo Clarke” (conclusión) (Gordon Young)

“Sangre en el Yellow Sea” (E. Hoffmann Price)

“Matar sus propios tigres” (Chandler Whipple)

Edita: Bell, Buenos Aires, 1958

“Rojinegro” fue una de las muchas revistas de literatura pulp que existieron en Argentina, alimentando los gustos populares con aventuras de todo tipo y factor, moldeada (sospecho) al estilo de la mítica “Argosy” norteamericana. Por lo que podemos deducir leyendo este ejemplar, la revista apuntaba a la aventura en ambientes exóticos, descartando el relato policial (que si estaba presente en su competidora “Leoplan”). Tengo varias en la biblioteca, pero decidi empezar con ella, principalmente por el nombre de la tapa. E. Hoffmann Price, uno de los escritores conocidos por pertenecer al círculo de escritores con los que se carteaba H. P. Lovecraft y que devendría en escritor especialista en relatos de corte orientalista. Así que aquí leí este número.

Abrimos con “Cañon del Lobo”, un western muy sólido escrito por W. C. Tuttle. Red Snow es un vaquero en las últimas que accede a hacerse pasar por el hijo perdido de un ranchero recién muerto, que llegará, recibirá su “herencia” y se la venderá al creador del plan. Pero al llegar al lugar decidirá cambiar de bando y enfrentar a sus jefes. Muy entretenido, con personajes creíbles, mucha acción y con una secuencia en un desfiladero muy bien resuelta. Fuera de un innecesario giro final (que realmente no quiero contar) porque es un shock innecesario que no aporta mucho al relato, es una historia muy buena.

“Robo en el fondo del mar” tiene una premisa excelente: un barco recién hundido bajo 30 metros de agua en el puerto, ha desaparecido de un día para el otro del fondo, inexplicablemente. Lamentablemente, la resolución no está a la altura y la historia se pierde en un sinnúmero de peleas innecesarias, con una resolución que no me entusiasmó.

Al ser la conclusion de una historia serializada en vairos numeros de la revista, obvié leer “El Turno del Rojo Clark”.

Llego a “Sangre en el Yellow Sea” de Hoffmann Price y me encuentro ocn un relato de piratas. O de corsairos más específicamente. Tenemos al capitán Lucifer, que viendo el enfrentamiento desigual entre una nave francesa (país que le dio su patente de corso) y una escuadrilla de holandeses e ingleses, decide contra todo pronóstico, ayudar a los primeros. Básicamente una gran escena de combate en el mar. No está mal pero digamos que tampoco un relato de primera línea.

Finalmente “Matar sus propios tigres” es el relato de la paranoia de un jefe de factoría perdida en el medio de las selvas de la india, que cree que sus obreros lo quieren matar… cuando la realidad es otra muy diferente. El tono es relajado y con mucho de humor “tongue-in-cheek” aunque tiene un tonito levemente paternalista en la explicación de porque los indígenas hacen lo que hacen. Pero estuvo bueno.

En el balance, este número de “Rojinegro” satisfizo las ansias lectoras de mi aventurero interior. Iré a por más

¡Zambomba! ¡El Especial Héroes de Papel está aquí!

Arboles Muertos y Mucha Tinta

Piratas, vaqueros, vigilantes enmascarados, soldados, aventureros de toda laya y pelaje viviendo historias plenas de acción, suspenso y romance. Villanos malvaods, mujeres seductoras, tiernas damiselas, rescates imposibles.

¿Qué sería de nuestra imaginación sin los héroes de papel?

Por eso hicimos este Especial, recopilando material de nuestro antiguo blog, además de notas hechas para otros medios y material original. Para que puedan descargar GRATIS y leerlo a gusto y piacere.

Si quieren una preview (o leerlo directamente desde su computadora, solo deben ir a Isuu y verlo allí.

Si lo quieren descargar, les dejo un pack aquí , con versiones en pdf horizontal (para leerlo desde la pantalla), vertical, y en epub y mobi.

Pasen leanlo y comenten. Espero que lo disfruten

Camino del Oregon (“Mano Fuerte”)

camino del oregon

Autor: “Edward Goodman” (seudónimo de Eduardo de Guzman)

Colección: Jaguar n°3

Edita: ¿Alhambra?, ¿Madrid? , 1950

Jed Smith es de esa gente que necesita vivir en lo salvaje, rodeado de la naturaleza y lo más alejado del ser humano posible. Así que hace lo que cualquier joven de 18 años con un padre violento puede hacer en el estados Unidos de 1830: huir de us hogar y convertirse en explorador y trampero. Junto a los exploradores Jim Bridges y Dick McLellan, viajarán hacia la zona donde habitan los pies negros, tribu absolutamente hostil a los blancos. Se enamorará de una joven pies negros y su historia quedará indisolublemente ligada a esa tribu, convirtiéndose en Mano Fuerte, una leyenda del Oeste cuando se abría el camino hacia el Pacífico.

La novela se basa en las hazañas del real Jedediah Smith, pero con muchos elementos ficticios (por ejemplo, nunca vivió ni se casó con miembros de la tribu pies negros) y es un relato absolutamente repleto de peleas, enfrentamientos con la naturaleza, aventuras con animales y otros indios. Está claro que el autor está a favor de ese hombre sin límites ni reglas, que prefiere la libertad que le ofrecen los indios que las restricciones de la civilización. Algo entendible al leer la biografía de Guzman, periodista anarquista represaliado (y casi fusilado) tras la Guerra civil Española, que usó los bolsilibros para sobrevivir laboralmente en el franquismo. Este debe de ser uno de sus primeros trabajos en la literatura de a duro, pero  ya resulta una obra que cumple con la función básica, que es entretener. El relato es ágil y se deja leer sin problemas y no hay inconsistencia e lo que pasa. Los personajes son un poco más que clisés y evolucionan bien. Hay novelas históricas más elaboradas que son peores que este librito.

Por cierto pongo con signo de interrogación la editorial y el lugar porque no aparece directamente en algún lado y estoy haciendo una inferencia. Si alguien tiene más detalles de esta evidente pequeña editorial y colección, se los agradezco si lo comentan.

Si podemos, iremos a por más bolsilibros de Eduardo de Guzman. Parece ser uno de los escritores a rescatar dentro de esa industria de literatura popular.

El Llanegro Solitario

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Probablemente no sepas que el Llanero Solitario estuvo basado en un personaje real del Oeste. Un oficial de la ley experto tirador, con nervios de acero, de fama reconocida (tanto que hubo quien se entregó al saber que él lo seguía), experto en el arte del disfraz, honesto e incorruptible, excelente rastreador, montando en un caballo blanco, que era acompañado regularmente por un indio y que repartía plata entre la gente.

Solo hay dos diferencias claves.

Uno, no tenía identidad secreta.

Dos, era negro.

Señoras y señores, les presento a Bass Reeves.

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Bass Reeves, el Llanegro Solitario (¡ y qué bigote!)

Reeves nació en 1838 en Arkansas, hijo de una familia de esclavos propiedad de la familia Reeves (de quien tomó el nombre, como era costumbre que hicieran los esclavos en esos años). Al estallar la Guerra Civil acompañó a su dueño, el coronel George Reeves, al ejército. Pero, tras circunstancias no esclarecidas (hay quien dice que ambos riñeron por una disputa en un partida de cartas y Bass terminó noqueando a su patrón) el esclavo huyó y se refugió en el Territorio Indio -lo que hoy se conoce como Oklahoma- donde una tribu lo recibió y protegió. Terminada la Guerra Civil y con la esclavitud abolida, se va a Arkansas, se casa, tiene diez hijos y durante diez años es un pacífico granjero y criador de caballos. Eso sí, haciendo platas extra como rastreador para partidas que persiguen a los muchos forajidos que pasan por la zona. Esos trabajos extras le dan fama dentro de la ley en la zona.

¿Por qué tanto forajido por la zona? Por el dichoso Territorio Indio, que era el lugar de reservas de varias tribus indias que se gobernaban por sus propias leyes y con sus propios alguaciles… solo para casos donde estuvieran involucrados los miembros de éstas. Si había un negro o un blanco involucrado, eso le correspondía al gobierno estadounidense, que debía mandar alguaciles federales para perseguirles. Obviamente eran pocos en una zona muy pero muy extensa. El resultado era que muchos de los blancos y negros que vivían en el Territorio Indio eran prófugos (se calcula que había veintitrés mil…de los cuales diecisiete mil tenían algún problema con la ley). Meterse ahí con la insignia de justicia era garantizarte que te iban a disparar (de los aproximadamente 200 alguaciles muertos en el siglo XIX, ¡120 habían caído en el Territorio Indio!). Había que tener las pelotas de acero para ser alguacil.

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El juez Parker y sus alguaciles . En el extremoderecho, Bass Reeves (¡que bigote!)

En 1875, el juez Isaac Parker (otro mito del Oeste que será conocido como “el Juez Ahorcador”) llegó para hacerse cargo de la justicia en ese territorio. Y decide contratar a 200 alguaciles para hacer cumplir la ley en esa zona. Uno de ellos (el primer afroamericano al Oeste del Mississipi en conseguir el título) será Bass Reeves. Y acá empiezan sus hazañas.

¿Por qué lo contrataron pese al color? Primero, Reeves conocía el territorio: no solo había vivido allí, sino que tenía muy buena relación con las tribus que allí vivían. Hablaba con fluidez sus idiomas y siempre había respetado a los nativos, que le correspondían. Además conocía al dedillo la zona, lo que ayudaba a rastreara sus perseguidos. Eso sí, muchas veces iba acompañado por rastreadores pertenecientes a la policía india. Parece que particularmente le tenía aprecio a uno que era lacónico y reservado. No se recuerda el nombre de éste, eso sí. Si quieren díganle Tonto =)

Reeves era además un excelente tirador, tanto con el rifle Winchester como con sus dos revólveres Colt, que podía disparar simultáneamente cual Chow Yun Fat (Reeves era ambidextro) con una precisión encomiable. Además era un maestro del disfraz, capaz de cambiar de apariencia y engañar a los que perseguía fácilmente. Se dice que atrapó a dos peligrosos bandoleros haciéndose pasar por un vagabundo que venía perseguido por la ley. Se presentó con un sombrero con tres agujeros de bala en la casa de la madre de los bandidos, los esperó, habló con ellos de proyectos para trabajar juntos en algún crimen y, cuando se durmieron, los esposó silenciosamente a sus camas. Al despertarse, se encontraron con que el vagabundo los había arrestado. La madre los siguió todo el camino de vuelta, puteando en todos los idiomas habidos y por haber al alguacil.

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El viejo Reeves (sentado en el extremo derecho) cuando ya era un vigilante (pero ¡qué bigote!)

Pero donde Reeves destacaba era en su implacabilidad y su sangre fría. Cada encargo que aceptaba implicaba que iba a perseguir al acusado de manera imparable. Se dice que, de las 3.000 personas que persiguió durante los más de 30 años que trabajó como alguacil, solo se le logró escapar uno. Incluso se sabe de personas que, sabiéndose perseguidos por Reeves, prefirieron entregarse. Y nada lo asustaba: una vez tres criminales lo detuvieron, apuntándole a quemarropa. Lo único que hizo fue sacar un lápiz y preguntar la hora:

– ¿Por qué? – le preguntaron

– Tengo que anotar la hora cuando los detuve – contestó.

Los bandidos se rieron incrédulos y  bajaron la guarida solo un segundo. Reeves se acercó hacia el más cercano, le aferró el arma , disparó hacia el segundo ladrón, matándolo, para luego partirle el cráneo con su propio revolver al primero. El tercero, asombrado, arrojó su arma y se entregó.

Por cierto tan implacable era que, cuando su propio hijo mató a su mujer, fue Reeves quien lo persiguió, capturó y entregó a la justicia.

Incorruptible, enorme (medía un metro noventa y tenía unas espaldas anchas) y de modales impecables, Reeves se ganó a pulso su apodo de “el Alguacil indomable”. En sus años en el cargo, arrestó a 3000 personas y tuvo que matar a 14. Respetado por todos sus colegas y superiores, su carrera terminó en 1907 cuando se creó el estado de Oklahoma… y comenzaron a aplicarse las leyes de segregación racial. Los alguaciles federales fueron integrados en el aparato del estado y Reeves fue degradado a vigilante. Por dos años continuó su tarea hasta que en 1909 una nefritis lo mandaría primero a la cama y luego, el 12 de enero de 1910 a la tumba. Su nombre – a diferencia de otros personajes del oeste- quedaría en el olvido por muchos años, gracias a esto de ser negro (ustedes saben: en el oeste pop solo había blancos, indios malos y mexicanos que funcionaban como acompañamiento gracioso) hasta recientemente… a menos que haya sido efectivamente la base de la leyenda del Llanero Solitario.

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Reeves ya viejo con bastón y su poderoso bigote

Este es un punto muy debatido por los especialistas, que todavía no están de acuerdo en si hay una influencia directas o es una consecuencia. Los que  apoyan la teoría que el Lone Ranger es una versión ficcionalizada (y blanca) de Reeves tienen varios puntos a su favor:

  • Reeves era un eximio tirador, un gran rastreador y muy hábil a la hora de disfrazarse, igual que el Llanero.
  • Ambos eran conocidos por su honestidad, sentido del deber e incorruptibilidad.
  • Ambos tenían acompañantes indígenas: Lone rangers su fiel compañero indio Tonto (Toro para los hispanoparlantes) y Reeves una sucesión de guías indígenas que lo ayudaban, como explicamos más arriba.
  • Si bien Reeves no dejaba como firma balas de plata, era conocido por recompensar a quien le daba alguna información valiosa con dólares de plata.
  • Como era un hombre enorme necesitaba un caballo que pudiera llevarlo. El que más uso era de un color blanco grisáceo, color plata… justo igual que el caballo del Llanero Solitario.

Como ven argumentos muy contundentes a la hora de darle peso a la teoría. Por el lado contrario, el principal argumento es uno de localización: Reeves nunca (o raras veces) estuvo en Texas como alguacil ni tuvo nada que ver con los Rangers de Texas , elemento crucial en la mitología del Lone Ranger. Además ningún documento, entrevista o dato relacionado con la creación del personaje lo nombra.

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El afiche de la biopic de Reeves. Todo bien pero ¿Y los bigotes?

Sea como sea, Reeves es un personaje que es muy poderoso como para que no sea aprovechado en la ficción. Si bien esto ha sido hecho recientemente, a partir del rescate histórico del personaje.

En el 2010 salió una biopic del personaje hecha directamente para video, dirigida por Brett William Mauser y con James House como el alguacil. Se viene hablando de una película sobre Reeves que interpretaría Morgan Freeman, pero todavía no hay nada concreto.

Por el lado de la historieta, el volumen uno de Tales of the talented tenth (hecho por Joel Christian Gill) cuanta la historia de Reeves en viñetas. Reeves también aparece como secundario en una de las historias del fabuloso Atomic Robo.

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El último libro sobre Reeves (¡Y sus bigotes!) , de la mano de la editora neopulp Airship 27

Por el lado de la narrativa, Ken Farmer ha convertido a Reeves en el protagonista de la saga The nations, una pentalogía de novelas del Oeste de las que por ahora hay cuatro escritas.

Tambien Reeves aparece en la novela steampunk Karen Memory de Ellizabeth Bear

Y finalmente hace muy poco, la editorial Airship 27 (una de las editoriales señeras del neo pulp) acaba de sacar a la venta Bass Reeves – Frontier Marshal, una antología de relatos que tiene como protagonista al Alguacil Indomable.

Mientras tanto, cada vez que ahora oigamos el ¡HI YO, silver! Podremos pensar en un justiciero cabalgando como el rayo. Un justiciero negro y bigotón.

UPDATE (10-09-2016) : Lamentablemente, parece que las coincidencias entre Reeves y el Llanero son… coincidencias. Al menos si leemos este artículo que da bastantes pistas informadas del origen del personaje. Una pena. Porque, más allá de todo, Reeves es un gran personaje histórico.