Los muertos no hablan (Stiffs don´t squeal, 1953)

Autor: “Ricky Drayton” (seudónimo de Michael Gorell Barnes)

Colección Débora n° 46

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1960

A Ricky Drayton, periodista de policiales del New Orleans Messenger, lo llaman para que vaya a una habitación de hotel donde conseguirá una noticia bomba. Cuando llega al hotelucho, hay una noticia peor no la esperada: la persona que lo había citado se ha suicidado tirándose desde la ventana. ¿O no fue suicidio? Al ponerse a investigar Drayton encuentra una trama que involucra a las chicas de un club de “strip-tease “, un club de moda con secreto lugar de apuestas, gente influyente e intentos de extorsión. Que resolverá Drayton usando astucia, redaños, puños y pegando unos cuantos tiros (cosa medio raro en un periodista pero bueh…)

Esta es otra de las novelas que se publicaron en la Inglaterra post Segunda Guerra copiando el modelo de las novelas americanas de esos años, muy herederas del exceso de violencia salpicado con sexo de Mickey Spillane y sucesores. Y que la editorial Malinca tradujo de manera frecuente en Argentina. Dentro de ese contexto escribe una historia pasable, pero nada especial.

El autor es más conocido por su trabajo posterior como guionista y productor cinematográfico en su país natal. Otro obrero del plumín escribiendo novelas para ganarse el puchero. Solo para lectores aficionados al género o para aquellos que les gustan las tapas de la editorial y quieren ser completistas.

Ladrones de cadáveres (Me and my ghoul, 1953)

Autor “Michael Storme” (seudónimo de George H. Dawson)

Colección: Pandora nro. 47

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1959

El comienzo promete: el detective Nick Cranley despierta dentro de la tumba abierta de un cementerio, sin tener claro cómo llegó ahí. Una gran imagen para enganchar con unan ovela.

Lamentablemente lo que sigue no es para nada igual de bueno.

Cranley está en esa ficticia ciudad americana buscando la pista de una banda criminal y se topa con un caso de ladrones de cadáveres. Que de alguna manera se terminan cruzando. Y de alguna manera hay una intriga de tipos turbios con pasado oscuro. Y de alguna manera siempre hay señoritas dispuestas a dejarse seducir por Cranley, al que no le importa para nada ser un hombre felizmente casado, aparentemente. Y de alguna manera, Cranley es aporreado reiteradamente en el cráneo, colgado de unas cadenas en un sótano y hasta arrojado por un acantilado en un automóvil en llamas y, sin embargo, sigue como si nada. Esto último es casi cómico: Cranley está a un paso de ser un cartoon de la Warner Bros de la manera que le aplican violencia y sale sin que le pase nada. Uno está esperando que de la nada le caiga un yunque en la cabeza. Y de alguna manera hay páginas escritas con acontecimientos que se suceden. Decirle argumento sería abusar un poco de la palabra.

No asombra que esta sea una de las muchas novelas seudoamericanas de novela negra (bajas en argumento, altas en sexo y violencia) que en la inmediata posguerra hicieron furor en Inglaterra. De hecho este autor fue bastante prolífico en ellas. Igual, si pensamos que sus novelas si son coleccionadas es porque las tapas originales eran hechas por Reginald Heade 8uno del os ilustradores más buscados de tapas de novelas británicos) nos queda claro que no era un gran escritor que digamos.

Pero aparentemente la editorial argentina Malinca tuvo algún tipo de convenio con las editoriales británicas y publicó muchas de ellas en español. Novelas que parecen ser en gran medida como esta: completamente olvidables y solo recuperadas por blogs de arqueología pop como este. De hecho hay tan poco sobre esta editorial, que sospecho que por un rato me pienso dedicar a reseñar los que estén a mi alcance. Así que ahí vamos, a leerlos para ver si les ahorro el esfuerzo…

Doctor Campeón

Autor: José Mallorquí

Colección: La novela deportiva n° 38

Edita: Molino, Buenos Aires, 1941

Bill Collins es un boxeador excesivamente técnico, con cero emoción a la hora de pelear. No da ningún golpe espectacular, se la pasa defendiéndose del rival, golpeando pequeños golpes en lugares precisos hasta que los cansa y los noquea. Todo muy frio, muy prolijo, muy matemático. Para eso usa sus conocimientos como médico para convertirse en campeón universitario de boxeo. O sea es un “pecho frio”: talentoso pero con menos onda que leer un libro de contabilidad.

Y por supuesto el joven médico-boxeador se topa con la disyuntiva de seguir en el boxeo profesional o en su carrera. Y, si bien preferiría seguir como médico, los problemas económicos familiares lo hacen decidir por el ring. Y se labra una carrera de ser el Messi boxeador: un tipo que gana todo pero no emociona. Y de hecho la mayoría cree que es un tipo con suerte. Por supuesto la disyuntiva final es pelear un combate final para demostrar su talento antes de retirarse como campeón invicto…

Uno de sus primeros trabajos como novelista de Cesar Mallorquí era escribir estas novelas deportivas que Editorial Molino publicaba en Argentina, aunque con autores españoles. El resultado final (si esta novela es un ejemplo típico, que no lo sé) es que Mallorquí ya estaba para jugar en primera fila. La novela corta se sostiene en todo momento, con personajes creíbles, una trama muy bien llevada y un ritmo muy creíble.

Pero, como la historia se quedaba corta, Mallorquí entrega un segundo relato, un western protagonizado por los Tres Hombres Buenos, una de sus primeras creaciones con un cierto éxito. Y por cierto, acá tenemos un dato interesante: revisando la web, hallo que todo el mundo registra su primera publicación en la serie Nuevos hombres Audaces en 1942. Y aquí tengo un relato en 1941. Otro dato: los protagonistas son el mexicano Diego de Abriles, el portugués Joao Da Silveira y… el americano Allen Moffett, en vez del español César Guzman. Este relato “piloto” casi siempre se salta en las bibliografías oficiales de la serie. Tan solo (como me indica le colega Armando Boix Millan) Ramón Charlo indica de su existencia en su monografía “José Mallorquí, creador de El Coyote”.

Pero vamos a la historia en sí, “La ciudad del crimen”. Los Tres hombres Buenos llegan a la San Francisco de 1865, una ciudad para nada pacífica, dominada por la banda de Hubert Hicks. Y la única solución es volver a reflotar los Vigilantes de san Francisco (un grupo que efectivamente existió en la vida real) para ajusticiar a los bandidos (nada de esas tonterías de juicio justo y respeto a la ley, que joder). Lo interesante es que, en esa trama funcional, logra darles ciertas pinceladas tridimensionales a los personajes. Hicks no es un villano obvio: tiene rasgos generosos en un momento, una tristeza oculta y hasta una cierta justificación en sus actos. Y su mano derecha termina enfrentando la horca con un valor innegable y que le gana el respeto de los presentes, pese a ser un hijo de puta de cuidado.

En síntesis, tenemos una gran novela corta deportiva y el episodio “piloto” de la primera serie western de Mallorquí (y que casi nadie recuerda). Nada mal para una compra azarosa.

Rechicero (Sourcery, 1988)

Autor: Terry Pratchett

Serie: Mundodisco nro. 5

Edita: Debolsillo, 2010

En Mundodisco, el octavo hijo de una persona puede convertirse en un hechicero. Si ese hechicero tiene a su vez ocho hijos, el octavo será un rechicero, una persona que puede manejar la magia como otros usan el cuchillo y el tenedor: con absoluta facilidad. Por suerte, las reglas de las escuelas de hechicería obligan a todo hechicero a ser célibe.

Pero cuando un antiguo hechicero concibe a so octavo hijo, Coin, las cosas comienzan a ir mal. Porque a los diez años, aconsejado por su padre (cuya espíritu pasò al cayado mágico que lleva su hijo), Coin llegara para convertirse en jefe de todos los hechiceros y decidir que es hora de usar magia de verdad para hacer del mundo u lugar mejor, les guste o no a las personas. O a los objetos mágicos como el Sombero del Archicanciller Hechicero, que no quiere perder su poder y va a hacer lo imposible para evitar eso. Incluso si para hacerlo hacemos pomada el mundo o no.

En el medio de este potencial cataclismo, tenemos a Rincewind (el inepto, cobarde y sensato hechicero de las dos primeras novelas de Mundodisco) tratando de conseguir que las cosas no se salgan de madre, ayudado por Conina (hija de Cohen el Barbaro, con el mismo talento para la masacre que este , peor que sueña con ser peluquera), Nijel el Destructor (héroe bárbaro recién salido de la escuela por correspondencia de héroes), Creosoto (gordo, millonario, y preocupado por la poesía y el que le cuenten historias) y el Equipaje (esa cruza entre bestia del infierno e implemento móvil para llevar cosas que ya habíamos visto en la aventura anterior de Rincewind).

Como siempre me pasa en Mundodisco, no puedo parar de reirme ante las certeras observaciones que hace Pratchett sobre las convenciones de los relatos fantásticos en un relato donde el autor expone la idea que no hay nada peor que alguien con mucho poder, poco sentido común y demasiadas buenas intenciones para hacer que todo se vaya al carajo.

Seguimos avanzando en Mundodisco. Cada novela lo vale.

La dama del lago (Pani Jeziora, 1999)

Autor: Andrzej Saprowski

Serie: Geralt de Rivia nro. 7

Edita: Alamut, 2009

Al fin tenemos el final de la saga de Geralt de Rivia, y es un final realmente apoteósico, de acorde con todas las expectativas que la lectura de los tomos anteriores habían generado. Al fin el destino de Geralt, Ciri y Yennefer se resuelve y no hay final feliz comiendo perdiz. Cuando mucho hay un cambio en las roscas políticas del mundo, con nueva gente moviendo los hilos de otra manera. Descubrimos una revelación asombrosa sobre el emperador de Nilfgaard (que se relaciona con algo pasado en los primeros volúmenes de la saga y explica su obsesión por Ciri de una manera… escabrosa si se quiere), tenemos la destrucción del hechicero que más había hecho para escupirle el asado a nuestros protagonistas (magro consuelo si se quiere) y sobre todo, tenemos la sensación de que la leyenda que los tres generan esconde una realidad mucho más triste, opaca e inútil. Y el final de Geralt y Yennefer es… increíblemente brutal, azaroso y banal. Al menos Ciri logra escapar del designio al que todo el mundo parecía querer llevarla cambiando de mundo y cayendo en… otro mundo con muchas leyendas de por medio, más conocido por los lectores.

Todo esto, Saprowski lo resuelve con una habilidad abrumadora, cerrando todos los subargumentos que venían ocurriendo en los tomos anteriores con una maestría que espero que George Martin consiga cuando finiquite su Canción de Hielo y Fuego. Su visión del mundo es más desoladora aún que la de esta saga: si en Martin la referencia es la Guerra de las Dos Rosas, en Saprowski parece serlo la Guerra de Bosnia: un choque de culturas brutal, absurdo y caótico que no se resuelve sino que apenas se pacifica.

Tras un par de tomos que parecían haber perdido el paso ante demasiadas historias que se perdían, este último volumen trae un cierre perfecto y demoledor a una saga que no por nada tiene las buenas críticas que tiene. Absolutamente recomendable si les gusta este tipo de fantasía épica sangrienta y realista.

Cochrane Versus Cthulhu

Autor: Guillermo Villaroel

Edita: Suma de letras, Santiago de Chile, 2017

¿Qué hace un libro recién salido a la venta en este blog, donde reseño libros que, si tienen menos de una década de publicado son recientes?

Échenle la culpa a la tapa (con una ilustración muy buena a cargo de Félix Vega, dibujante chileno más conocido por sus álbumes de historieta publicados en Francia). Y al título: ¿cómo no me va a intrigar el enfrentamiento ficcional entre Lord Thomas Cochrane (probablemente uno de los marinos reales de vida más aventurera en la historia e influencia directa en el Horatio Hornblower de las novelas de C. S. Forrester) y la criatura nacida de la pluma de H. P. Lovercraft?

Al leer la contratapa, el interés subió un poco más. Transcribo el texto:

“El marino más audaz de todos los tiempos enfrenta al mayor enemigo de la Humanidad.”

“Europa, 1815. Napoleón intenta rearmar su Imperio. En la costa de Francia ha construido el imponente castillo de Fort Boyard donde, una noche, la Guardia Imperial captura en la bahía a su peor adversario: Lord Thomas Cochrane. Al mismo tiempo, extrañas criaturas asedian la fortaleza, obligando a los franceses a unir fuerzas con Cochrane para enfrentar esta amenaza sobrenatural. ¡Acaso es Cthulhu, un dios dormido, quien surge del fondo del océano a reclamar su dominio sobre el mundo?”

Ok, ya me convencieron. Pero entro al libro con cierto resquemor, a ver como soluciona el autor alog tan disímil.

Y la respuesta es… MUY BIEN

Villaroel construye muy verazmente, con detalles dignos de la mejor novela histórica, el lugar, la situación y el contexto histórico. Amen de usar a Cochrane (justamente en un período donde efectivamente podría haber estado navegando por la zona de Fort Boyard, explicado todo muy plausiblemente en la novela) utiliza a Jean Francois Champollion y a su hermano como los sabios que pueden descifrar los jeroglíficos hallados en la zona (algo que siempre hay en todo relato lovercraftiano: un texto antiguo que transmite conocimiento prohibido). Y todo sin sonar forzado, con el desarrollo creíble y los personajes desenvolviéndose de manera natural. Cuando los hechos extraños ocmienzan a pasar y el fantástico se filtra en la historia, la base es tan realista que uno acepta la situación. Algo no menor pero imprescindible para que esta novela no cayera en el absurdo.

Eso sí: si bien el respeto a los mitos de Cthulu es literal, no van a encontrar le tono ominoso de los relatos de Lovercraft. Diría que la historia se lee más como una de acción y fantasía, donde Cthulhu y sus minions podrían ser reemplazados por los Aliens de Giger, algún extraterrestre dispuesto a conquistar la Tierra o una tribu de hombres lobos. Es un relato de acción , con tipos duros (granaderos de la Guardia Imperial francesa, marinos británicos y Cochrane) enfrentándose en inferioridad de condiciones a una amenaza no humana. De hehco, no podía dejar de pensar que, si esto fuera película, quisiera que la filmara John Carpenter. Con Jason Stratham en el papel de Cocrhane, pateando culos cthulianos a diestra y siniestra. Y con toques steampunk, obra y gracia de las veleidades científicas (que tenía en la realidad) de Cochrane.

Nada que hacer. Una gran lectura para pasarse unos días sentado leyendo.

Quiero mas novelas actuales así.

Los Contrabandistas

Autor: Guillermo Lopez Hipkiss (sin acreditar)

Serie: Popular Molino  nro. 22 (Bufalo Bill)

Edita: Molino Argentina, Buenos Aires, 1942

 Bufallo Bill (sí, ese) tiene que enfrentarse a unos contrabandistas en la frontera con México que están dirigidos por un enano jorobado. Y hay una chica que parece que está con ellos, aunque uno de los colegas de Bill está seguro que es su novia y no puede ser porque… bueno porque es su novia.

Y, golpe va, tiro viene, encerrona va, cabalgata viene, Bufalo Bill y sus ayudas les ganan. Y la novia estaba hipnotizada.

Sí, todo muy burdo. Escrito con cero estilo, con personalidades que decirles bidimensionales es darles una dimensión más de la que tienen realmente. Y no una narración sino más bien acontecimientos que pasan.

Uno hubiera supuesto que este era otro ejemplo más de “dime novels” (los antecesores de los “pulps”) escritos a principios del siglo XX y reciclados al formato en esos años. Pero gracias a la información que, en el grupo de Facebook Barsoom (al que recomiendo encarecidamente sumarse si les interesa el tema: van a toparse con gente que sabe mucho pero mucho) y, especialmente a don Jorge Tarancon (uno de los que sabe mucho pero mucho) me desayuno con que esta es una obra primeriza de Guillermo Lopez Hipkiss, uno de los grandes autores de la novela popular española (junto con José Mallorquí y Pedro Debrigode). Hipkiss, que traducía (al igual que Mallorquí) novelas del inglés para Molino, harían sus primeros pinitos narrativos con esta serie, que era considerada de segunda categoría. De ahí la simpleza de su estilo. Posteriormente Hipkiss mejoraría (y mucho) en sus historias de El Encapuchado.

Así que, si quieren ver como escribía Hipkiss en sus inicios, pueden ir por esta novela. Sino, pueden pasar olímpicamente de ella sin que les remuerda la conciencia.

La Atlántida (L’Atlantide, 1919)

Autor: Pierre Benoit

Edita: Pharos, México D.F., 1945

Pierre Benoit (del que hablamos alla hace mucho tiempo, en los inicios del blog) es uno de esos ejemplos de autores cuyo éxito en vida no se ha convertido en perdurabilidad post mortem. El porqué de ello está más allá de esta reseña. Lo cierto es que –sobre todo en el período de entreguerras- su éxito fue notable. Sin embargo hoy por hoy casi no se lo recuerda. Y cuando eso ocurre se debe principalmente a esta novela.

La Atlántida cuenta la historia de dos oficiales franceses en misión científica al Sahara, quienes terminan en el mítico reino de la Atlántida. Porque la Atlántida nunca estuvo en el mar, sino en el centro del desierto, en medio de los tuaregs. Y allí quedarán prendados de la reina del lugar, Antinea, femme fatale en la estela de Ayesha, de la que todos los hombres se enamoran hasta no poder vivir sin ella. El destino de todo amante de Antinea es ser convertido en una estatua de oro y pasar la eternidad en un salón junto a las estatuas-cadáveres de los otros antiguos amantes. Y la inevitabilidad de ello parece completa. Incluso la huida de uno de ellos (que será el narrador de la historia y que, por orden de Antinea, matará al otro hombre casi inconscientemente) solo asegura que volverá.

Dentro del subgénero del “mundo perdido”, La Atlántida es un clásico. Pese a su evidente dependencia argumental de Ella de Rider Haggard, la novela de Benoit hace muy bien lo que toda novela de este subgénero tiene que hacer, o sea convencernos de la factibilidad de la existencia de dicha civilización perdida. Y Antinea como Diosa-Que-Ama-y-Mata-A-Los-hombres funciona bien.

Definitivamente, si están interesados en el subgénero de mundos perdidos, no pueden dejar de leer está novela.

Dos hombres

dos-hombres

Autor: “Tex Taylor” (seudónimo de Mario Calero Montejano)

Colección: Bisonte n° 225

Edita: Bruguera, Barcelona, 1952

Dick Sandon es un peon pobre pero honrado. Sam Kinner es un ranchero rico y prepotente. Ambos están enfrentados desde niños y ambos están enamorados de Kitty… que ama a Dick y detesta a Sam. Que además es víctima del desprecio de Cruz, la hija del dueño del rancho donde trabaja Dick y que Sam quiere casar como una forma para obtenerlo. Y por supuesto, Sam no acepta un no por respuesta, aunque tenga que llevar a todos al desastre, auxiliado por unos “amigos” de mala avería. Por suerte , los otros tienen un ángel guardian: Clark, un vaquero de un pasado pesado que, además está enamorado de Cruz.

El resultado es una novela mas efectista que efectiva. Sin ser un desastre ilegible, uno no se siente demasiado envuelto por lo que le pasa a los personajes, al os que arrojan a situaciones espectaculares cada diez páginas. Un poco como un guion de una película de Michael Bay, a ver si nos entendemos: mucho efecto, mucho espectáculo pero tras terminar no queda demasiado para sostener el relato.

Bolsilibro desechable y no particularmente rescatable, aunque tampoco abominable. Meh.

No Hero (1935)

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Tambien conocido como: Your Turn, Mr. Moto

Autor: John P. Marquand

Serie: Mr. Moto n°1

Edita: Edición electrónica

Kenneth “Casey” Lee es un antigua gloria de la aviación que ahora anda por el Extremo Oriente de la década de 1930 con empleos ocasionales y una adicción meido poderosa al alcohol. Cuando le caerá una oportunidad: trabajar en un encargo aparentemente inocente para un pequeño japonés, educado hasta la exageración y puntillosamente vestido llamado Moto. El problema es que Moto además resulta ser un muy eficiente agente secreto de Japón y Casey se encuentra metido en un complicadísimo y peligroso juego de espionaje en China, junto a una encantadora rusa blanca que también está metida en el juego del espionaje…

La primer novela del señor Moto da el molde para todas las que seguirían en los años subsiguientes: Un americano o extranjero inocente se encuentra con el cortés Moto, que termina siendo un maestro en el Gran Juego del espionaje internacional, siendo un eficaz servidor del servicio secreto Imperial japonés. Y ocultando, tras su máscara de cortesía, una capacidad para ser completamente despiadado si lo requiere, aunque no mata por que si. La novela en si todavía se lee con placer, sin envejecer en su estilo.

El señor Moto ya fue reseñado alguna vez en el antiguo blog y, si es posible, continuaremos reseñándolo cuando consigamos mas de sus novelas. Eso seguro. Es un personaje muy bien escrito y con suficiente incorrección política para continuar su lectura.