3 libros de no ficción sobre cultura pop 3

En el blog no se nota, pero leo mucho libros de no ficción. De hecho últimamente la historia se ha ganado a pulso mi tiempo lector en cantidades. Como me parece que esas lecturas normalmente no acompañan a lo que pretendo hacer con el blog, quedan sin reseñar.

Pero por una coincidencia astral esta vez, en rápida sucesión llegaron a mis manos tres libros que encajan perfectamente con el concepto de “arqueología pop”. Los tres cruzan la historia con la cultura de masas de maneras excelentes, dando pistas para entender cómo evoluciona ese complejo rompecabezas que es la cultura pop. Así que, como mínimo, corresponde hablar de ellos.

En primer lugar tenemos Arte salvaje: una biografía de Jim Thompson (Savage art, 1995) de Robert Polito, editado por la editorial española Es Pop en el 2014. Quien alguna vez se haya acercado a las novelas criminales de Jim Thompson (incluso las mediocres, como la que reseñe en el antiguo blog) se queda atrapado por su prosa cruel y demoledora. La biografía de Polito es el retrato de este hombre, alcohólico, antiguo vagabundo en la Depresión, trabajador manual en condiciones paupérrimas en la Depresión, afiliado al Partido Comunista de Estados Unidos, con una conflictiva relación con su padre, carismático sheriff de un Oeste apenas menos Salvaje y que volcó todo esas experiencias en una sucesión de novelas entre las décadas de 1950 y 1960 que son un muestrario de grandes perdedores, psicópatas y criminales de baja estofa que pueblan un Estados Unidos muy diferente del que el gobierno de Eisenhower y Kennedy vendían. Thompson (como los comics de la EC, como los dobles programas de ciencia ficción de mostros de esos años) nos muestran el lado B del Sueño Americano, cuando éste se convierte en pesadilla. Y lo sostiene con una narrativa fascinante de este tipo que parece haber sacado boleto de Pasajero frecuente al Infierno. Y una edición muy cuidada, de tapa dura que es hermosa de tener.

Siguiendo con Es Pop tenemos Hollywood Gótico (Hollywood Gothic, 1990) el ensayo en donde David Skal cuenta el desarrollo de Drácula desde la novela hasta la primera adaptación cinematográfica, pasando por el teatro. El resultado es un complejo y cambiante fresco que explica con pelos y señales todos los problemas que se fueron dando con las diferentes adaptaciones. Mención especial a los capítulos sobre el juicio por el Nosferatu de Murnau (con la viuda de Stoker literalmente saltando a la yugular a los productores alemanes de una manera feroz) y el de la versión en español del Dracula de la Universal (versión que Skal – que se tomó en su momento el trabajo de ir a la Cuba de Fidel para ver la única copia completa conocida en esos años y que se convirtió en clave para la restauración final del filme- considera –y yo concuerdo con él- muy superior a la versión de Tod Browning y Bela Lugosi). Cualquier buen aficionado a los vampiros o al cine fantástico debería leer este libro.

Finalmente tenemos La editorial Acme de Carlos Abraham que hace poco sacó la editorial argentina Tren en movimiento. Para el que no sepa, Acme fue la editorial detrás de la Colección Robin Hood, esos libros de tapas amarillas que alimentaron las infancias de los chicos que hoy tienen entre 35 y 55 años en Argentina y América Latina (y que aparecen con frecuencia en las reseñas de este blog). Una verdadera editorial de literatura de masas, sus colecciones (no solo la Robin Hood sino también Rastros, Suplemento de Rastros, Pistas del espacio, etc.) fueron parte de la cultura lectora argentina durante la segunda mitad del siglo XX. Y Abraham hace lo que raras veces se hace en los estudios de historia cultural: un trabajo de campo rigurosísimo, pleno de entrevistas inéditas, investigación en revistas y libros y catalogación de material de la editorial. Realmente cualquier estudiante de Ciencias de la Comunicación y/o Literatura tiene que leer este libro para ver cómo es de verdad un trabajo sobre la industria cultural. Y más de un académico universitario debería llamarse a silencio tras ver la sonora cachetada que el trabajo de Abraham le da sus manidas gilipolleces cuando hablan de literatura. Yo ya había reseñado sus libros anteriores sobre la editorial Tor y las revistas de ciencia ficción argentinas, pero esta vez se superó. Un aplauso por Carlos que demuestra todo el jugo que la arqueología literaria bien hecha puede dar.

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La última jugada de Jack Hamlin (¿1943?)

Autor: José Mallorquí

Colección: Hombres del Oeste nro. 115

Edita: Cliper, Barcelona, ¿?

Jack Hamlin es un personaje del escritor americano Bret Harte, prototipo del jugador elegante dedicado a esquilmar gente en los pueblos del Far West. Si bien no hay un Hamlin real, Harte se basó en varios personajes que efectivamente pululaban por el oeste real para componer al personaje. Lo curioso es que aquí José Mallorquí decida usar el personaje para su novela. ¿Era exitoso el personaje en esos años? ¿Mallorquí quiso hacer su propia fanfic? ¿Qué motivo hace que use al personaje y no se invente uno con un nombre real? Misterios que quedaran posiblemente sin resolver…

La historia, de hecho tiene que ver mas con la compañera de Hamlin, Louise Perry (a) “Serena Lovat”, pobre niña abandonada devenida primero en mujer de vida fácil, después en mano derecha y cuidadora de una dura estanciera y luego heredera del rancho al que están robándole el ganado de manera frecuente. Y de su relación con el hijo de la estanciera, un hijo extrañado, con un pasado igual de turbio.

Y aquí es donde hallamos uno de esos giros que hacen a José Mallorquí EL ESCRITOR SUPREMO DE LA NOVELA POPULAR que todos respetamos. Lo esperable sería que le hijo de la estanciera fuera un tipo cobarde, despreciable y traidor, dispuesto de maneras taimadas a sacarle el rancho a la joven. O volverlo un héroe intachable pero con tanta mala fama como rectitud encomiable. Y no hace eso. El personaje cambia, de manera creíble y sin negar sus errores. Que lo logre mientras suceden tres conflictos paralelos (con los cuatreros, con los ex compañeros de rumbo del hijo del ranchero y con Hamlin, que vuelve a reconquistar a su ex amor) en un formato tan breve como el de la novela de bolsillo y logre salir airoso, demuestra el excelente hacer de Mallorquí.

Imperdible este western para todos los aficionados a la novela popular y al western. Nada que hacer: Mallorquí la tenía muy clara.

Lo mejor de Fredric Brown (The best of Fredric Brown, 1977)

Autor: Fredric Brown

Colección: Libro Amigo Ciencia Ficción n° 16

Edita: Ediciones B, Barcelona, 1988

NO es novedad decir que Fredric Brown es uno de mis escritores favoritos, especialmente a la hora de escribir cuentos. Su habilidad para tomar una premisa extraña y retorcerla para dar un resultado original e inesperado es bien conocida por todos aquellos que se hayan asomado a sus relatos ultracortos y cortos. En ese sentido su trabajo para la ciencia ficción es particularmente excelente.

Ahora bien, como ocurre en toda antología, no todos los relatos de este libro son, en mi opinión, de los absolutamente mejores que ha producido Brown en su carrera. Si bien absolutamente todos ellos tienen premisas interesantes, no todas las resoluciones son igual de impecables. Ejemplos de esto son “Ven y enloquece”, “Llamada” o “Recesional”, donde los finales no me terminan de convencer o se revelan poco más que un chiste. NO son malos: solo que, comparado con el resto de las historias, son relatos fallidos.

Pero en el balance , la cantidad de historias realmente geniales, con ideas novedosas, desarrollos trepidantesy desenlaces inesperados, se revela abrumadoramente superior en cantidad a los casos no tan buenos. Desde el ejercicio ultracorto formal de “El final” (¡111 palabras!), la apabullante “Respuesta” (que en dos páginas resume todos nuestros miedos tecnológicos con las computadoras) , las cómicas “Pi en el cielo” y “Sirio Nada”, la tenebrosa “Eine kleine Natchmusik” y hasta la aventurera “Arena” (que sirvió de base para uno de los episodios más conocidos de la “Star trek” Original) son ejemplos del talento de Brown para el cuento.

A falta de un libro que reúna todos sus relatos breves, esto es una gran manera de acercarse a Fredric Brown. Un autor que cualquier buen lector de ciencia ficción y fantasía no debería dejar pasar.

Pánico a flor de piel (Panique a fleur de peau, 1960)

Autor: André Lay

Colección: Débora nro. 56

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1961

Hillen ha sido contratado por el magnate cinematográfico Herbert Creston para que vigile a su esposa Helena. Ella ha sido diagnosticada con trastornos de personalidad y Herbert quiere que un psicólogo como Hillen la vigile discretamente, haciéndose pasar por su valet. Pero la cosa no es tan simple: Helena es una mina astuta, jodida y muy hermosa. Así que en menos de lo que decimos “femme fatale”, Hillen está metido en una lucha de poder entre marido y mujer (porque Herbert también tiene planes). Una lucha que termina en crimen y en que el psicólogo tiene todos los números de ser el jamón del sándwich… Un jamón que puede terminar freído eléctricamente…

Este es uno de las innumerables novelas policiales de André Lay, uno de los prolíficos autores franceses que publicaron en la serie francesa Fleuve Noir, una de las colecciones más señeras de la literatura popular policial francesa de la posguerra y claramente una de las principales fuentes de novelas de la editorial Malinca (junto con las novelas publicadas en Inglaterra en la inmediata posguerra). Y es una novela típica, bien llevada, con dos personajes muy divertidos como son el comisario Debaker y su ayudante Robin, ambos dotados de cierto sarcasmo brillante en sus frases. Sin ser un clásico, es un policial sólido con ciertas dosis de suspense y escrito agradablemente. En fin, un pasa páginas bastante digno.

Los muertos no hablan (Stiffs don´t squeal, 1953)

Autor: “Ricky Drayton” (seudónimo de Michael Gorell Barnes)

Colección Débora n° 46

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1960

A Ricky Drayton, periodista de policiales del New Orleans Messenger, lo llaman para que vaya a una habitación de hotel donde conseguirá una noticia bomba. Cuando llega al hotelucho, hay una noticia peor no la esperada: la persona que lo había citado se ha suicidado tirándose desde la ventana. ¿O no fue suicidio? Al ponerse a investigar Drayton encuentra una trama que involucra a las chicas de un club de “strip-tease “, un club de moda con secreto lugar de apuestas, gente influyente e intentos de extorsión. Que resolverá Drayton usando astucia, redaños, puños y pegando unos cuantos tiros (cosa medio raro en un periodista pero bueh…)

Esta es otra de las novelas que se publicaron en la Inglaterra post Segunda Guerra copiando el modelo de las novelas americanas de esos años, muy herederas del exceso de violencia salpicado con sexo de Mickey Spillane y sucesores. Y que la editorial Malinca tradujo de manera frecuente en Argentina. Dentro de ese contexto escribe una historia pasable, pero nada especial.

El autor es más conocido por su trabajo posterior como guionista y productor cinematográfico en su país natal. Otro obrero del plumín escribiendo novelas para ganarse el puchero. Solo para lectores aficionados al género o para aquellos que les gustan las tapas de la editorial y quieren ser completistas.

Ladrones de cadáveres (Me and my ghoul, 1953)

Autor “Michael Storme” (seudónimo de George H. Dawson)

Colección: Pandora nro. 47

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1959

El comienzo promete: el detective Nick Cranley despierta dentro de la tumba abierta de un cementerio, sin tener claro cómo llegó ahí. Una gran imagen para enganchar con unan ovela.

Lamentablemente lo que sigue no es para nada igual de bueno.

Cranley está en esa ficticia ciudad americana buscando la pista de una banda criminal y se topa con un caso de ladrones de cadáveres. Que de alguna manera se terminan cruzando. Y de alguna manera hay una intriga de tipos turbios con pasado oscuro. Y de alguna manera siempre hay señoritas dispuestas a dejarse seducir por Cranley, al que no le importa para nada ser un hombre felizmente casado, aparentemente. Y de alguna manera, Cranley es aporreado reiteradamente en el cráneo, colgado de unas cadenas en un sótano y hasta arrojado por un acantilado en un automóvil en llamas y, sin embargo, sigue como si nada. Esto último es casi cómico: Cranley está a un paso de ser un cartoon de la Warner Bros de la manera que le aplican violencia y sale sin que le pase nada. Uno está esperando que de la nada le caiga un yunque en la cabeza. Y de alguna manera hay páginas escritas con acontecimientos que se suceden. Decirle argumento sería abusar un poco de la palabra.

No asombra que esta sea una de las muchas novelas seudoamericanas de novela negra (bajas en argumento, altas en sexo y violencia) que en la inmediata posguerra hicieron furor en Inglaterra. De hecho este autor fue bastante prolífico en ellas. Igual, si pensamos que sus novelas si son coleccionadas es porque las tapas originales eran hechas por Reginald Heade 8uno del os ilustradores más buscados de tapas de novelas británicos) nos queda claro que no era un gran escritor que digamos.

Pero aparentemente la editorial argentina Malinca tuvo algún tipo de convenio con las editoriales británicas y publicó muchas de ellas en español. Novelas que parecen ser en gran medida como esta: completamente olvidables y solo recuperadas por blogs de arqueología pop como este. De hecho hay tan poco sobre esta editorial, que sospecho que por un rato me pienso dedicar a reseñar los que estén a mi alcance. Así que ahí vamos, a leerlos para ver si les ahorro el esfuerzo…

Doctor Campeón

Autor: José Mallorquí

Colección: La novela deportiva n° 38

Edita: Molino, Buenos Aires, 1941

Bill Collins es un boxeador excesivamente técnico, con cero emoción a la hora de pelear. No da ningún golpe espectacular, se la pasa defendiéndose del rival, golpeando pequeños golpes en lugares precisos hasta que los cansa y los noquea. Todo muy frio, muy prolijo, muy matemático. Para eso usa sus conocimientos como médico para convertirse en campeón universitario de boxeo. O sea es un “pecho frio”: talentoso pero con menos onda que leer un libro de contabilidad.

Y por supuesto el joven médico-boxeador se topa con la disyuntiva de seguir en el boxeo profesional o en su carrera. Y, si bien preferiría seguir como médico, los problemas económicos familiares lo hacen decidir por el ring. Y se labra una carrera de ser el Messi boxeador: un tipo que gana todo pero no emociona. Y de hecho la mayoría cree que es un tipo con suerte. Por supuesto la disyuntiva final es pelear un combate final para demostrar su talento antes de retirarse como campeón invicto…

Uno de sus primeros trabajos como novelista de Cesar Mallorquí era escribir estas novelas deportivas que Editorial Molino publicaba en Argentina, aunque con autores españoles. El resultado final (si esta novela es un ejemplo típico, que no lo sé) es que Mallorquí ya estaba para jugar en primera fila. La novela corta se sostiene en todo momento, con personajes creíbles, una trama muy bien llevada y un ritmo muy creíble.

Pero, como la historia se quedaba corta, Mallorquí entrega un segundo relato, un western protagonizado por los Tres Hombres Buenos, una de sus primeras creaciones con un cierto éxito. Y por cierto, acá tenemos un dato interesante: revisando la web, hallo que todo el mundo registra su primera publicación en la serie Nuevos hombres Audaces en 1942. Y aquí tengo un relato en 1941. Otro dato: los protagonistas son el mexicano Diego de Abriles, el portugués Joao Da Silveira y… el americano Allen Moffett, en vez del español César Guzman. Este relato “piloto” casi siempre se salta en las bibliografías oficiales de la serie. Tan solo (como me indica le colega Armando Boix Millan) Ramón Charlo indica de su existencia en su monografía “José Mallorquí, creador de El Coyote”.

Pero vamos a la historia en sí, “La ciudad del crimen”. Los Tres hombres Buenos llegan a la San Francisco de 1865, una ciudad para nada pacífica, dominada por la banda de Hubert Hicks. Y la única solución es volver a reflotar los Vigilantes de san Francisco (un grupo que efectivamente existió en la vida real) para ajusticiar a los bandidos (nada de esas tonterías de juicio justo y respeto a la ley, que joder). Lo interesante es que, en esa trama funcional, logra darles ciertas pinceladas tridimensionales a los personajes. Hicks no es un villano obvio: tiene rasgos generosos en un momento, una tristeza oculta y hasta una cierta justificación en sus actos. Y su mano derecha termina enfrentando la horca con un valor innegable y que le gana el respeto de los presentes, pese a ser un hijo de puta de cuidado.

En síntesis, tenemos una gran novela corta deportiva y el episodio “piloto” de la primera serie western de Mallorquí (y que casi nadie recuerda). Nada mal para una compra azarosa.

Rechicero (Sourcery, 1988)

Autor: Terry Pratchett

Serie: Mundodisco nro. 5

Edita: Debolsillo, 2010

En Mundodisco, el octavo hijo de una persona puede convertirse en un hechicero. Si ese hechicero tiene a su vez ocho hijos, el octavo será un rechicero, una persona que puede manejar la magia como otros usan el cuchillo y el tenedor: con absoluta facilidad. Por suerte, las reglas de las escuelas de hechicería obligan a todo hechicero a ser célibe.

Pero cuando un antiguo hechicero concibe a so octavo hijo, Coin, las cosas comienzan a ir mal. Porque a los diez años, aconsejado por su padre (cuya espíritu pasò al cayado mágico que lleva su hijo), Coin llegara para convertirse en jefe de todos los hechiceros y decidir que es hora de usar magia de verdad para hacer del mundo u lugar mejor, les guste o no a las personas. O a los objetos mágicos como el Sombero del Archicanciller Hechicero, que no quiere perder su poder y va a hacer lo imposible para evitar eso. Incluso si para hacerlo hacemos pomada el mundo o no.

En el medio de este potencial cataclismo, tenemos a Rincewind (el inepto, cobarde y sensato hechicero de las dos primeras novelas de Mundodisco) tratando de conseguir que las cosas no se salgan de madre, ayudado por Conina (hija de Cohen el Barbaro, con el mismo talento para la masacre que este , peor que sueña con ser peluquera), Nijel el Destructor (héroe bárbaro recién salido de la escuela por correspondencia de héroes), Creosoto (gordo, millonario, y preocupado por la poesía y el que le cuenten historias) y el Equipaje (esa cruza entre bestia del infierno e implemento móvil para llevar cosas que ya habíamos visto en la aventura anterior de Rincewind).

Como siempre me pasa en Mundodisco, no puedo parar de reirme ante las certeras observaciones que hace Pratchett sobre las convenciones de los relatos fantásticos en un relato donde el autor expone la idea que no hay nada peor que alguien con mucho poder, poco sentido común y demasiadas buenas intenciones para hacer que todo se vaya al carajo.

Seguimos avanzando en Mundodisco. Cada novela lo vale.

La dama del lago (Pani Jeziora, 1999)

Autor: Andrzej Saprowski

Serie: Geralt de Rivia nro. 7

Edita: Alamut, 2009

Al fin tenemos el final de la saga de Geralt de Rivia, y es un final realmente apoteósico, de acorde con todas las expectativas que la lectura de los tomos anteriores habían generado. Al fin el destino de Geralt, Ciri y Yennefer se resuelve y no hay final feliz comiendo perdiz. Cuando mucho hay un cambio en las roscas políticas del mundo, con nueva gente moviendo los hilos de otra manera. Descubrimos una revelación asombrosa sobre el emperador de Nilfgaard (que se relaciona con algo pasado en los primeros volúmenes de la saga y explica su obsesión por Ciri de una manera… escabrosa si se quiere), tenemos la destrucción del hechicero que más había hecho para escupirle el asado a nuestros protagonistas (magro consuelo si se quiere) y sobre todo, tenemos la sensación de que la leyenda que los tres generan esconde una realidad mucho más triste, opaca e inútil. Y el final de Geralt y Yennefer es… increíblemente brutal, azaroso y banal. Al menos Ciri logra escapar del designio al que todo el mundo parecía querer llevarla cambiando de mundo y cayendo en… otro mundo con muchas leyendas de por medio, más conocido por los lectores.

Todo esto, Saprowski lo resuelve con una habilidad abrumadora, cerrando todos los subargumentos que venían ocurriendo en los tomos anteriores con una maestría que espero que George Martin consiga cuando finiquite su Canción de Hielo y Fuego. Su visión del mundo es más desoladora aún que la de esta saga: si en Martin la referencia es la Guerra de las Dos Rosas, en Saprowski parece serlo la Guerra de Bosnia: un choque de culturas brutal, absurdo y caótico que no se resuelve sino que apenas se pacifica.

Tras un par de tomos que parecían haber perdido el paso ante demasiadas historias que se perdían, este último volumen trae un cierre perfecto y demoledor a una saga que no por nada tiene las buenas críticas que tiene. Absolutamente recomendable si les gusta este tipo de fantasía épica sangrienta y realista.

Cochrane Versus Cthulhu

Autor: Guillermo Villaroel

Edita: Suma de letras, Santiago de Chile, 2017

¿Qué hace un libro recién salido a la venta en este blog, donde reseño libros que, si tienen menos de una década de publicado son recientes?

Échenle la culpa a la tapa (con una ilustración muy buena a cargo de Félix Vega, dibujante chileno más conocido por sus álbumes de historieta publicados en Francia). Y al título: ¿cómo no me va a intrigar el enfrentamiento ficcional entre Lord Thomas Cochrane (probablemente uno de los marinos reales de vida más aventurera en la historia e influencia directa en el Horatio Hornblower de las novelas de C. S. Forrester) y la criatura nacida de la pluma de H. P. Lovercraft?

Al leer la contratapa, el interés subió un poco más. Transcribo el texto:

“El marino más audaz de todos los tiempos enfrenta al mayor enemigo de la Humanidad.”

“Europa, 1815. Napoleón intenta rearmar su Imperio. En la costa de Francia ha construido el imponente castillo de Fort Boyard donde, una noche, la Guardia Imperial captura en la bahía a su peor adversario: Lord Thomas Cochrane. Al mismo tiempo, extrañas criaturas asedian la fortaleza, obligando a los franceses a unir fuerzas con Cochrane para enfrentar esta amenaza sobrenatural. ¡Acaso es Cthulhu, un dios dormido, quien surge del fondo del océano a reclamar su dominio sobre el mundo?”

Ok, ya me convencieron. Pero entro al libro con cierto resquemor, a ver como soluciona el autor alog tan disímil.

Y la respuesta es… MUY BIEN

Villaroel construye muy verazmente, con detalles dignos de la mejor novela histórica, el lugar, la situación y el contexto histórico. Amen de usar a Cochrane (justamente en un período donde efectivamente podría haber estado navegando por la zona de Fort Boyard, explicado todo muy plausiblemente en la novela) utiliza a Jean Francois Champollion y a su hermano como los sabios que pueden descifrar los jeroglíficos hallados en la zona (algo que siempre hay en todo relato lovercraftiano: un texto antiguo que transmite conocimiento prohibido). Y todo sin sonar forzado, con el desarrollo creíble y los personajes desenvolviéndose de manera natural. Cuando los hechos extraños ocmienzan a pasar y el fantástico se filtra en la historia, la base es tan realista que uno acepta la situación. Algo no menor pero imprescindible para que esta novela no cayera en el absurdo.

Eso sí: si bien el respeto a los mitos de Cthulu es literal, no van a encontrar le tono ominoso de los relatos de Lovercraft. Diría que la historia se lee más como una de acción y fantasía, donde Cthulhu y sus minions podrían ser reemplazados por los Aliens de Giger, algún extraterrestre dispuesto a conquistar la Tierra o una tribu de hombres lobos. Es un relato de acción , con tipos duros (granaderos de la Guardia Imperial francesa, marinos británicos y Cochrane) enfrentándose en inferioridad de condiciones a una amenaza no humana. De hehco, no podía dejar de pensar que, si esto fuera película, quisiera que la filmara John Carpenter. Con Jason Stratham en el papel de Cocrhane, pateando culos cthulianos a diestra y siniestra. Y con toques steampunk, obra y gracia de las veleidades científicas (que tenía en la realidad) de Cochrane.

Nada que hacer. Una gran lectura para pasarse unos días sentado leyendo.

Quiero mas novelas actuales así.