¿De dónde te tengo? – Hoy: Alan Napier

– ¡Santos secundarios, Batman! Acabo de descubrir que Alfred trabajó en un montón de films de terror de tos cuarenta, bajo el nombre de Alan Napier.

-¿Recién te das cuenta de esto, Robin? Mmmm… Tal vez tengas que volver a repasar tu tarea de observación detallada. Recuerda que ningún buen paladín de la justicia debe descuidar este trabajo.

-Tienes razón. Lo siento Batman.

Esta secuencia imaginaria sirve para presentar a uno de estos actores secundarios que han actuado en muchas pelis que hemos visto, pero al que sólo reconocemos por un único papel. A Alan Napier le pasa eso: es conocido apenas como el mayordomo de Adam West y Burt Ward, en la serie de tevé Batman. Mientras que el tipo tiene un historial impresionante dentro del género fantástico (y en el cine “serio”, ¡berp!).

Alan William Napier-Clavering nació en 1903 en Birmingham, Inglaterra. Era de una familia de clase alta, siendo su primo nada menos que Neville Chamberlain (el Primer Ministro de Inglaterra a principios de la Segunda Guerra Mundial). Según él, su interés por la actuación nació de pequeño, gracias a las historias que le contaba su madre. Ya de joven entró a estudiar en la Royal Academy of Dramatics Arts, para seguir en el Oxford Players. Durante la década del veinte comenzó a conseguir papeles cada vez mayores en el teatro británico. Un problema que tuvo para llevar adelante su carrera profesional fue su estatura: medía más de un metro noventa, lo que dificultó conseguir trabajos en ciertas películas. “¡Cuántas partes perdí simplemente por pararme! Lo peor de todo es que yo entendía lo que querían”, explicó una vez en un reportaje el actor. Como positivo, tenía esa voz muy cuidada y una excelente dicción.

Napier trabajó en varias obras de Broadway durante la década del treinta, hasta que se quedó definitivamente en Estados Unidos en 1940. Pronto Hollywood lo llamó a trabajar. Su primer papel cinematográfico en el país del norte fue en We Are Not Alone (1939). A partir de allí trabajaría como actor de reparto en muchos films de los años cuarenta, en general en roles de hombre suave, educado y “temiblemente británico”, como lo explicó alguna vez.

Varios de esos papeles lo hicieron ingresar al género de terror. La primera de estas películas que hizo fue Vuelve el Hombre invisible (The lnvisible Man Returns, 1940) donde era el chantajista que amenazaba al protagonista. Otros roles serían el de novio de Ruth Hussey en El Mandato de otro Mundo (The Uninvited, 1944); el crítico de arte que mataba Rondo Hatton en La Mansión del Mal (House of Horrors, 1946); y uno de los atrapados por la peste -junto a Boris Karloff- en La isla de los Muertos (lsle Of the Dead, 1945), producida por Val Lewton; entre otros trabajos en pelis similares. En décadas posteriores tampoco se alejó del cine fantástico, laburando, entre otras, en El Entierro prematuro (The Premature Burial, 1962) de Roger Corman y Viaje al Centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, 1959). También apareció en Marnie (1964), del maestro Alfred Hitchcock. Y en el Macbeth de Orson Welles , entre otras (muchísimas) participaciones mas.

Pero la carrera de Napier cambiaría totalmente cuando acepta trabajar en una serie de televisión basada en un personaje de historieta: Batman. A partir de ese momento se convierte en Alfred, el mayordomo de Bruno Diaz. Alfred sabe de la identidad secreta de Bruno y lo ayuda en la medida de lo posible. Incluso llega a disfrazarse del Encapotado para despistar a los villanos. El éxito del programa le daría a Alan sus momentos de gloria, pero también quedaría encasillado. dijo en un reportaje.

Tras esto, hizo poco y nada, retirándose a pasar los últimos años de su vida en paz. Siempre recibió a los fans que lo buscaban para hacerle preguntas, a veces invitándolos a tomar el té. En 1988, Alan Napier murió. Así que, la próxima vez que miren una peli de los cuarenta y vean a un tipo alto, elegante y de aire familiar, puede que sepan la respuesta a esa pregunta que les quedó rondando en la cabeza: ¿y a éste, de dónde lo tengo?

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La vida de Victor Von Doom (parte 1)

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La primera vez que el Doctor Doom aparece es en el número 5 de la revista de los Fantastic Four, allá por 1962 en una historia hecha por Stan Lee y Jack Kirby, como era de esperarse. Y aparece decidido a que los Cuatro Fantásticos hagan su voluntad. Primero encierra el edificio Baxter con una poderosa red electrificada para que no puedan salir fácilmente. Al hablar, Reed Richards lo reconoce como un colega de la universidad fascinado con mezclar la ciencia y la hechicería. Primer rasgo individualizador de Doom: no es un científico ni un hechicero, sino que quiere saber y mezclar dos vertientes que son básicamente incompatibles entre sí. Justamente experimentando con la mezcla sufrirá un accidente en la universidad que dejará su cara desfigurada de por vida, además de expulsado del establecimiento. Segundo gran detalle de Doom: su armadura no es solo un arma ofensiva, también es una forma de esconder su deformidad, su monstruosidad. Deformidad o monstruosidad que no puede arreglar su intelecto superior. O sea, en  las primeras páginas de su primera aparición, elementos centrales de su personalidad ya quedan definidos. Por algo lo que hacían Lee y Kirby en estos años tienen el título de clásico.

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La cuestión es que, tras tomarlos prisioneros, Doom lleva a los 4 Fantásticos a un castillo donde aparece la primera de sus grandes invenciones: la máquina del tiempo. Con ella Doom envía a Reed, The Thing y The Human Torch rumbo al pasado, para que le traigan el cofre del tesoro del pirata Barbanegra. La Chica Invisible, eso sí queda como rehén, para que no hagan ningún truquito (porque, como todo el mundo sabe, las chicas parece que solo sirven para ser rehenes). Pero aquí aparece mencionada otra de las características intrínsecas de Doom: es un hombre de palabra. Si promete que soltará a Sue si no vuelven, lo hará y a Reed Richards eso le alcanza.

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Al volver con el cofre del tesoro nos enteramos de los planes de Doom. Sabe que en él están las joyas de Merlin, que le darán un poder invencible. Lástima que solo le han traído el cofre, porque las joyas las dejaron tiradas en el fondo del mar. Cuando lo atacan, descubren otro de los inventos clásicos de Doom: el Doombot, robot idéntico a Doom mientras este está en otro cuarto, listo para sacarle el aire de la habitación y asfixiarlos (vamos, que no cumplieron con su parte del trato. Doom  no es un tipo al que le gusta que lo engañen). Por suerte la Chica Invisible deja de ser ahí solo una rehén, escapándose y rompiendo el mecanismo de la trampa. Los 4F se liberan e incendian el castillo, del que Doom saldrá volando con un jetpack. Fin por ahora.

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Cuando se tiene un personaje ganador, no hay que desaprovecharlo. Lee y Kirby traerán de vuelta a Doom en el número 6 de Fantastic Four, para juntarlo con otro de los enemigos interesantes que en poco tiempo se habían hecho los 4F: nada menos que Namor. Manipulando su furia ante la destrucción de su ciudad por una bomba atómica del mundo de la superficie (en ese tiempo Namor creía que los atlantes habían desaparecido como civilización y quería venganza) Doom consigue su alianza para eliminar a los 4F. Lo único que tenía que hacer Namor era entrar en el edificio Baxter, armar un pequeño artilugio de Doom y él haría el resto. El problema es que ese artilugio genera un poderoso campo magnético que levanta al edificio íntegramente. Así, con su nave, Doom arrastra al edificio hacia la estratosfera donde la falta de aire matará a los Cuatro… y a Namor, que también es un peligro para sus planes.

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Lo que no esperaba era que Namor diera un salto tan largo en el espacio que le permitiera llegar hasta la nave de Doom, donde le pondrá una carga eléctrica que arroja a Doom al espacio. Nuestro villano favorito terminará aferrado de un asteroide viajando al espacio profundo.

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Uno creería que aquí se terminó la historia del Doctor Doom, pero, gracias al cielo, estos son comic books.

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En el número 10 de Fantastic Four, Doom reaparece… en las oficinas de Marvel, frente a los propios Lee y Kirby. A los que obliga a llamar a Mr. Fantastic.

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Cuando aparece lo desmaya con un gas y les dice a los historietistas que llamen a los otros 4 Fantásticos para que vengan los otros 3

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Pero ¿cómo se salvó del asteroide? Pues lo salvan unos extraterrestres cabezones…

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… que, de buenazos que son, le enseñan a cambiar las mentes con los cuerpos. Cosa que hace con Reed Richards.

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Asi que cuando sus compañeros rescatan a Reed, en realidad, rescatan a Doom. Y Richards, en el cuerpo de Doom, queda atrapado en una trampa mortal , mientras Doom (en el cuerpo de Reed Richards) esta pensando en usar un rayo reductor con los otros miembros del grupo. Y disfrutándolo como un guanaco, por cierto

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Pero Richards/Doom se libera y termina convenciendo a sus compañeros que algo raro pasa. Y cuando Doom se ve confrontado, pierde la concentración y cada mente vuelve a su cuerpo original. Y en la pelea subsiguiente, el rayo reducidor le pega a Doom y se vuelve microscópico

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Demostrando el éxito del villano, la próxima aparición de Doom será en dos números consecutivos. Primero el numero 16

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Ahí empequeñece a los 4F y los manda a un micro mundo (que ha conquistado en poco tiempo, demostrando que es un tipo muy talentoso) y está listo para venderlos a unos alienígenas de ese micro mundo, reduciéndolos aún más.

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Si no es porque los ayuda Ant Man (Y porque la Chica Invisible resulta más inteligente y habilosa de lo que siempre parece que le quieren dar crédito), Doom es derrotado y vuelve a crecer rumbo a la tierra

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Los 4F y Ant Man lo siguen y en el numero 17…

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Al volver a la Tierra, los 4F buscan a Doom. Pero este los tiene en la mira primero. Primero les manda unos ridículos muñecos flotantes que los siguen a todas parte. Por joder en realidad…

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Después secuestra a Alicia (la novia ciega de Ben Grimm) y la lleva por el aire a su nave aérea escondida en una nube

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Y después les dice a los héroes que, si intentan detenerlo, puede generar alucinaciones masivas en la población o crear plantas gigantes que destruyan las ciudades.

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Todo eso ¿para qué? Para pedirle a Washington que lo nombren… ministro en el gabinete de John Kennedy. Si, tal cual.

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Yo no sé ustedes, pero yo si fuera Kennedy me lo pensaría. Digo un genio del mal así ayudando… claro, el puesto estaba competido por tipos como Kissinger y McNamara

Pero el gobierno yanqui dice no y Doom responde dejando paralizado el país

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Denle el cargo de ministro, muchachos…

Los 4f descubren la nave de Doom, pero que está cubierta con un dispositivo que los descubre genéticamente y los ataca. La solución es darle a La Cosa un suero que lo convierte por unos minutos en Ben Grimm (modificando su ADN) para que pueda engañar la barrera y desactivar la barrera. Y así entran y lo derrotan, pese a las trampas letales que monta nuestro villano favorito. Que termina saltando al vacío

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Por supuesto, esto continuará…

 

Doc Savage, su vida apocalíptica (Doc Savage, His Apocaliptic Life, 1973)

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Autor: Philip Jose Farmer

Serie: Edición especial de Hombres Audades Nº 36 – serie Doc savage

Edita: Fernando Bosch Serrano, 2005 (fanedicion)

Por un buen tiempo estuve muy interesado en el Wold Newton Universe. Me leí todos los trabajos de mitografía creativa (ejercicio “ubernerd” que junta personajes ficticios en una misma genealogía) que había online y llegué a escribir uno que por ahí anda colgado en la web. Pero no había tenido la posibilidad de leer ninguno de los dos textos que definieron el concepto que en la década de 1970 había escrito Philip José Farmer. Todavía estoy al debe con su Tarzan Alive, por, gracias a un amigo internético, me pasaron esta traducción faneditada de su otra biografía ficticia, centrada en Doc Savage.

La premisa es que, partiendo de los datos internos que aparecen en todas las novelas de Doc Savage, y aplicando inferencias y cruces con otros textos, se genera una biografía “realista” del hombre detrás de las hazañas de los pulps y sus socios. El resultado final es a la vez fascinante y un poco demente. Como dije más arriba, un ejercicio muy pero muy nerd que puede sr excesivo si uno no entra en la lógica implícita. Por suerte, yo SI soy muy nerd y me divertí mucho, pero mucho con la lectura. Pero no se metan si no tienen esa veta,PP porque puede resultarles un aburrimiento soberano.

La puerta con siete llaves (The door with seven locks, 1926)

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Autor: Edgar Wallace

Colección: La Linterna n°25

Edita: Zigzag, Santiago de Chile, 1945

Cuando uno compra libros antiguos de novela popular, hay autores que se le aparecen una y otra vez, autores que aparecen en cuanta editorial publicase en un período de tiempo determinado. Autores que, evidentemente, eran garantía en esos años de ventas. Y que hoy por hoy han desaparecido, que no se han convertido en clásicos.

Uno de esos autores es Edgar Wallace. Si la editorial se dedicaba a hacer ediciones populares (no importa si era de España, de Argentina, de México, de Chile o de donde fuere) durante la primera mitad del siglo XX, lo más probable que estaría en el catálogo alguna de las novelas de este escritor inglés. Sin embargo, hoy por hoy casi no está publicado y ha caído en el olvido.

Tras leer esta novela, el olvido parece justificado.

Aclaro: no es la primera novela de Wallace que intento leer. De hecho creo que es la tercera o cuarta que empiezo. Pero es la primera que termino, y porque hice el esfuerzo. Es que la prosa de Wallace es confusa, farragosa y – en última instancia – aburrida. Los personajes hablan y hablan, y se mueven sin crear interés en lo que hacen al lector. Y, lo que es peor, es una narración descoyuntada, con escenas que no se deshilvanan lógicamente una a otra sino que se atropellan entre sí, empujando a la anterior para que puedan aparecer en el relato.

Eso sí, a cambio de esos defectos, Wallace nos entrega momentos de la mejor imaginería gótica trash que puede haber. Hombretones salvajes semidesnudos obedientes a científicos locos torvos y extraños (para más inri, extranjeros, ¡horror de los horrores!), que discursean sobre extrañas teorías genéticas. Criptas subterráneas debajo de mansiones victorianas. Persecuciones de heroínas en la noche por criaturas asesinas en medio de los bosques normalmente tan pacíficos de la campiña inglesa. Delincuentes de miradas desconfiadas en medio de los barrios bajos londinenses cubiertos por la niebla. Esos momentos casi compensan el destartalado argumento y los personajes de cartón piedra.

De hecho tal vez la mejor comparación pueda hacerse a los filmes “giallo” italianos: ambos productos están llenos de imaginería fascinante pero en general carecen de plots interesantes y/o lógicos. Bueno, no por nada los giallo son descendientes de los filmes “krimis” alemanes, basados en las novelas de Wallace.

Respecto al argumento de esta novela específica, tenemos a Dick Martin, ex inspector de Scotland Yard que es contratado para seguir a un misterioso lord que viaja por todo el mundo. A su vez se enamora de la prima de este, una bibliotecaria. Y se encuentra investigando el asesinato de un revienta cajas que había sido contratado para intentar abrir una misteriosa puerta con siete llaves que se halla en la cripta de la mansión de dicho Lord. Todo eso se relaciona de alguna manera con un misterioso genio criminal italiano y sus teorías para conseguir al bruto perfecto. Y con un plan criminal con más implicados del os que parece. Quisiera poder desarrollar con más exactitud la historia pero, como dije antes, ella no es algo a la que Edgar Wallace parezca preocuparse demasiado.

Todavía hay muchos otros libros de Wallace esperando a que los lea. ¿Sentiré le impulso saodmasoquista de hacerlo? En el corto plazo, claramente no. Muy exitoso podrá haber sido en su momento (y tiene momentos pulps muy poderosos en sus páginas), pero ha envejecido mal. Y he ahí el motivo de su olvido en el canon literario, diría yo.

PD: Por cierto, la tapa de esta edición está agraciada con una ilustración de Coré, uno de los ilustradores más importantes de Chile.

Kryptonita

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Autor: Leonardo Oyola

Edita: Mondadori, Buenos Aires, 2014

La idea de la historia alternativa existe desde hace mucho tiempo en la literatura de ficción. Lo mismo que las versiones alternativas de los personajes que pueblan los universos de la Marvel y de la DC Comics, donde se han contado innumerables relatos contando qué hubiera pasado si los orígenes “canónicos” de los superhéroes variaran. ¿Qué pasaría si Batman apareciera a finales del siglo XIX en vez de la actualidad? ¿O si Superman fuera criado en la Unión Soviética? ¿O si el universo Marvel se desarrollara en la Inglaterra de Isabel I? ¿O si…?

Personalmente, creo que pocas de estas historias alternativas de los superhéroes están tan logradas como la variación que plantea esta novela, variación por cierto no reconocida oficialmente por la DC Comics, aunque los personajes se basan claramente en ese universo.

La premisa aquí es “¿Qué pasaría si Superman cayera en la década de 1970 y se criara en el Gran Buenos Aires, la zona de extrema pobreza y desprotección social que rodea la ciudad de Buenos Aires, en una villa de emergencia (chabola, población o como quieran llamarla)? ¿Qué pasaría si sus compañeros de la liga de la Justicia se criaran allí también? Respuesta: tenemos a Pinino (a) “Nafta Super”, el líder de una de las bandas más conocidas y respetadas de la zona Oeste. Una pandilla que se ha ganado a pulso su fama, respetando los códigos de la calle. Una pandilla enfrentada a la corrupta policía de la Provincia de Buenos Aires, que los va a cercar en un hospital al que han llevado a Pinino, malherido por un trozo de vidrio verde que le clavó arteramente su archirrival, el Pelado (jefe de otra banda y que tiene arreglos con la bonaerense). Un doctor de guardia y una enfermera veterana serán los testigos y destinatarios del relato de la vida de estos “super amigos” barriobajeros.

La novela de Oyola logra algo poco común en estas historias alternativas: escaparse de la visión moral del mundo norteamericano, un mundo donde, no importa el lugar o tiempo en que ocurra la historia, Superman es el paradigma de la Verdad, la justicia y La Forma Americana de Vida (traducción: democracia capitalista). Un Superman siempre puro e idealista. Y algo que NO ES Nafta Super. Es un tipo con códigos, pero diferentes a los habituales en su versión “oficial”. Para él (y sus amigos / colegas), matar no es reprobable, robar o secuestrar tampoco. Sí lo es matar, robar y secuestrar a ciertas personas y ciertos lugares. Hay códigos callejeros que se respetan y por eso se diferencian de sus rivales: justamente por respetar esos códigos.

Y también hay la sensación de crepúsculo del grupo: Super Nafta quiere abrirse y, si logra zafar de esta, abandonar esta vida. Ya son grandes (frisan casi todos los cuarenta) y quieren otra vida, una donde no se jueguen la vida en cada momento, todo por un poco de respeto.

Nafta Super y su banda de Super Amigos, en una escena de la película que se viene, basada en este libro

Nafta Super y su banda de Super Amigos, en una escena de la película que se viene, basada en este libro

La historia también tiene momentos tragicómicos, como el secuestro de Carozo (un muñeco televisivo con el que crecimos los argentinos que, como yo, tienen 40 y tantos años) para cumplirle el “sueño del pibe” a Super Nafta. Las carcajadas que genera toda la secuencia oculta en el fondo una situación de profunda amargura y desigualdad social.

Eso sí, un problema para leer la novela fuera de Argentina es su localismo: entre giros de argot actual, referencias a suceso y lugares específicos del Gran Buenos Aires, de la historia argentina reciente y de la cultura popular (como, por ejemplo, Carozo o el mundillo de las “barras bravas” futboleras), un lector no argentino puede perderse la mitad de la gracia. Vamos, un argentino menor de 35 pirulos puede no entender varios chistes.

Aún así, no puedo dejar de recomendar esta novela lo suficiente. Como reconstrucción del género de superhéroes y su lectura desde una mirada NO norteamericana de íconos considerados profundamente yanquis, es impecable. Hay una versión cinematográfica en fase de posproducción mientras escribo estas líneas. Si es la cuarta parte de buena que la novela, va a ser un peliculón.

Superhombres ibéricos

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Autor: Pedro Porcel

Edita: Edicions dePonent, Alicante, 2014

Si alguno de ustedes se ha topado con el blog El Desván del Abuelito, sabrán que es uno de los mejores lugares en Internerd para saber sobre la cultura popular del siglo XX producida y consumida en España (y que muchas veces ha interactuado con Sudamérica por cierto). Informativo, bien escrito y con investigación minuciosa, el blog que regente Pedro Porcel es una delicia. Que el Propio señor Porcel saque este libro me daba muchas expectativas. Que no me ha defraudado tras leerlo.

El libro se divide en cuatro secciones, dedicada cada uno a diferentes tipos de personajes que pueden calificar como superheroicos. La primera parte se dedica a hablar de los héroes y villanos del folletín y la novela pulp, personajes de antifaces y trajes elegantes que se enfrentan a trampas mortales  de las que salen con su ingenio y sus puños, los más obvios antecesores  del superhombre propiamente dicho.  En segundo lugar tenemos a los arquetipos de la ciencia ficción primigenia: el científico loco listo para arruinar al mundo con sus creaciones, el autómata a su servicio, los extraños laboratorios provistos de artefactos futuristas, etc. La siguiente parte se dedica a los personajes de mundos fantásticos que pulularon en las páginas de las historietas del siglo XX, que hoy podríamos definir de espada y brujería pero que no tenían tanta especificidad. Finalmente la última sección trata sobre los superhombres enmascarados que trajeron sus poderes a la historieta de la España franquista y Y DEMOCRCIA POSTERIOR.

Dentro de esos cuatro bloques, Porcel hace un exhaustivo recorrido por cada uno de los personajes adscrito a alguno de esos géneros producidos alguna vez en España. Historietas y autores olvidados por el tiempo aparecen con fuerza en el libro. Autores como J. Canellas Casals y Alfons Figueras son recatados y develados en detalle para el público no especifico (y también para el conocedor, que igualmente se asombrará de la variedad de lo publicado en todo este tiempo en la cultura pop española), autores que merecen el reconocimiento por sus contribuciones creativas.

Tal vez la principal crítica (y es una muy menor) es que el espacio dedicado a personajes o publicaciones salidas luego de la década de 1970 desciende bastante. Pero es una crítica menor para un libro que intenta recordar tanto en un espacio que es evidentemente limitado.

Yo tengo claro que, a la hora de investigar sobre personajes hispanos con calzones largos, habrá que ir inevitablemente a este libro. Lo recomiendo absolutamente.

Doc Savage, el Hombre de Bronce

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Lester Dent (1905-1959) es uno de los autores más característicos de la era de los «pulp magazines» norteamericanos. Prolífico y popular presumía de haber llegado a escribir hasta cien mil palabras a la semana, su estilo descuidado lo compensaba con una agilidad narrativa indispensable en un género dirigido, ante todo, a la acción como meta fundamental. Realmente, a sus miles de lectores no parecía importarles demasiado que cojeara su gramática, pues para ellos las narraciones de Lester Dent sobre Doc Savage no eran literatura, sino crónicas de aventuras vividas casi como reales.

Nacido con las primicias del siglo e hijo de una pareja de rancheros de Wyoming, Dent sufrió de una infancia solitaria, ligada a duros trabajos, apenas aliviados por una excesiva imaginación y la fascinación que los más sensacionalistas folletines despertaban en él. Su primer objetivo juvenil, convertirse en banquero, le dirigió a la Escuela de Ciencias Administrativas, en Chillicothe, Missouri; pero el azar le acabó conduciendo a estudiar telegrafía, profesión que desempeñará, ya casado, en Tulsa, Oklahoma.

Es en este lugar donde, tentado por el ejemplo de un compañero que en sus horas libres redactaba relatos para las revistas, se decidió a escribir por primera vez. Tras serle rechazada su primera docena de relatos, consiguió vender una historia de aventuras, Death Zone, a «Top-Notch», que la publicaría en su número de abril de 1930. A partir de ese momento Dent colocará sus trabajos regularmente, hasta que un contrato exclusivo con la editorial Dell hizo que abandonase su empleo y se trasladara a Nueva York, ya convertido en escritor profesional.

Durante un breve período de tiempo la fortuna le sonrió: elaboró casi íntegramente el contenido de tres revistas y ganó dinero a espuertas. En 1932, sólo cuatro meses después de su llegada a la ciudad, la depresión económica se contagió al sector editorial y las revistas para las que trabajaba se vieron obligadas a cerrar. Dent y su esposa, pronto sin un centavo, viajaron hacia el suroeste en un aventurado intento de buscar oro. No tuvieron éxito y, desesperanzados, en 1933 emplearon el escaso beneficio obtenido en comprar un billete de regreso a Nueva York.

De nuevo en la capital del mundo editorial americano, Dent ofreció a la veterana y prestigiosa Street & Smith un proyecto en el que venía pensando, una serie de novelas de aventuras protagonizadas por un héroe híbrido según el propio autor entre Sherlock Holmes, Tarzán y Abraham Lincoln: Clark Savage, más conocido como Doc Savage. La editorial aceptó, sentado el precedente de «The Shadow Magazine», que con un personaje similar venía publicándose desde 1931 exitosamente.

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La nueva revista aparecería en marzo de 1933 y se prolongó a lo largo de 181 números, hasta el verano de 1949, todos ellos firmados con el seudónimo de Kenneth Robeson. No hay, sin embargo, que atribuir a Dent todas las obras bajo este nombre, propiedad de la editorial. Dent escribió 138 novelas sobre Doc Savage, siendo las restantes obra de William G. Bogard, Alan Hathaway, Rymon Johnson, F. N. William, Laurence Donovan y Harold A. Davis, entre otros. De igual modo, deseando rentabilizar su popularidad, Street & Smith publicó a partir de 1939 una nueva revista, protagonizada por otro justiciero, El Vengador, cuyas historias, aunque figurara como autor Kenneth Robeson, fueron escritas en realidad por Paul Ernst.

Por lo que se nos cuenta en su primera aventura, El hombre de bronce, Clark Savage Jr. es hijo de un aventurero muerto en extrañas circunstancias asesinado, sabremos después y que dilapidó su fortuna empeñado en deshacer entuertos por todo el mundo, como si de un moderno caballero andante se tratara. Desde niño Clark Savage fue educado en un plan rígido para convertirle en todo un superhombre. Durante dos horas diarias, sin excepción, realizaba ejercicios para desarrollar sus músculos, sus sentidos y su cerebro. Sus estudios se habían iniciado con medicina y cirugía, pero luego los había ampliado a toda suerte de ciencias y técnicas química, geología, ingeniería… convirtiéndose en un experto de primera línea en cada una de ellas. Por supuesto, tal entrenamiento habría de dar lugar a un hombre intelectual y físicamente impresionante:

«Aquel busto era un espectáculo sorprendente. Las líneas de las facciones; la frente, extraordinariamente alta; la boca, móvil y musculosa, aunque no demasiado llena; las mejillas, delgadas, todo denotaba una fuerza de carácter rara vez alcanzada por un ser humano.

»El bronce del cabello era algo más oscuro que el de las facciones. Peinado liso, aplanado y apretado, lanzaba metálicos reflejos a la luz. Sólo un genio de la escultura pudo dar aquellas sensación de vida a un metal inanimado.

»Lo más maravilloso eran los ojos. Brillaban como reflejos de oro puro cuando las lucecitas de la lámpara jugueteaban sobre ellos (…). Parecían ejercer una influencia hipnótica (…), una cualidad que hacía vacilar hasta al hombre más temerario».

Aunque Doc Savage parece muy capaz de derrotar a un ejército completo con las manos desnudas, no le faltará auxilio en la larga serie de sus aventuras. A su lado tiene a cinco amigos de fidelidad irreprochable que también servirán a Lester Dent para ofrecer un oportuno contrapunto humorístico a la marmórea seriedad de Savage: el coronel John Renwich, Renny para los amigos, un gigante de casi dos metros y puños como mazas, formidable ingeniero; William Harper Littlejohn, experto geólogo y arqueólogo; el comandante Thomas J. Roberts, apodado «Long Tom», de aspecto enclenque pero todo un mago de la electricidad; el brigadier general Theodoro Mafley Brooks, «Ham», de porte distinguido y algo pedante, abogado por la Universidad de Harvard; y por último el simiesco Monk, teniente coronel, cien kilos de puro músculo distribuidos en apenas metro y medio de estatura.

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Si fuera poco, Doc Savage posee también todo tipo de artilugios científicos, los más avanzados para los años treinta: lámparas de rayos ultravioleta para descubrir pistas invisibles, granadas de gas anestesiante, radares, detectores de metal, un autogiro… Además de su cuartel general, en el piso 86 de un rascacielos de Nueva York, Doc Savage dispone de un retiro privado, «La Fortaleza de la Soledad», construida por su padre en una isla del círculo ártico.

Ya desde esa primera aventura, las novelas de Doc Savage se inscriben claramente en el campo del fantástico. A modo de muestra, en El hombre de bronce encontrará una cultura perdida en la selva de Centroamérica y un fabuloso tesoro que le servirá para financiar sus andanzas a partir de entonces (como Tarzán con el oro de Opar). En la segunda novela, La tierra del terror, Savage y su grupo se superan a sí mismos enfrentándose al villano Kar, creador de una nueva arma el Humo de la Eternidad, en el escenario de la isla del Trueno, habitada por nada amigables monstruos prehistóricos. Toda la serie Asesinos en acción, El tesoro del Polo, Los piratas del Pacífico, La calavera roja, $1.000.000 de recompensa, El ogro del mar de los Sargazos, La campana verde, La ciudad fantasma, etc. continúa este tono inicial: acción trepidante, prodigios científicos, lugares exóticos y terribles villanos, en la mejor tradición de la literatura «pulp» y los seriales radiofónicos y cinematográficos, muy en boga en aquellos tiempos.

Lester Dent, pese al esfuerzo que suponía llevar adelante esta obra, siempre encontró tiempo y energías para escribir otras narraciones, generalmente de temática criminal, con su propio nombre o bajo el seudónimo de Tim Ryan, para revistas como «Black Mask», donde compartía páginas con Chandler, Hammett o Stanley Gardner. Relatos como Angelfish (1936) son un excelente ejemplo de este trabajo mucho más elaborado, que contribuyó a moldear la novela negra norteamericana, aunque permanezca hoy ensombrecido por la popularidad de su personaje más importante.

Después de Lester Dent, la titánica figura de Doc Savage ha atraído a otros autores, como Philip José Farmer, que no sólo creará una parodia del personaje, Doc Calibán, en The Mad Goblin (1970), con una visión entre admirada y sarcástica, sino que escribirá una presunta biografía del personaje Doc Savage: His Apocalyptic Life (1973) y una novela original, Doc Savage: Escape from Loki: Doc Savage’s First Adventure (1991), en la que nos cuenta cómo Savage, durante la I Guerra Mundial, conoce a sus inseparables compañeros en un campo de prisioneros alemán.

No es ésta la única historia nueva de Doc Savage escrita en los últimos años. Tras la reedición de la serie original completa por Bantam Books (1964-1990), Will Murray continuó escribiendo aventuras originales del personaje, aún con el seudónimo de Kenneth Robeson, siendo la primera Doc Savage: Python Isle (1991). El mismo Murray, buen conocedor de la literatura «pulp», es autor también de un ensayo sobre el personaje: Secrets of Doc Savage (1981).

La primera edición en lengua castellana de las novelas de Doc Savage fue debida a la Editorial Molino, dentro de su colección «Hombres Audaces», que se publicó en Barcelona y Buenos Aires a partir de 1936.

Cada novela aparecía en un cuadernillo de 14,5 x 21,5 cm., pronto sustituido por el formato definitivo de 14,3 x 19,5 cm., con 64, 80 o 96 páginas (64 fue la extensión más común). Texto a dos columnas. Las cubiertas a color reproducían las ilustraciones originales de Walter M. Baumhofer y Robert G. Harris, aunque ocasionalmente fueron sustituidas por otras del español Bocquet. Las ilustraciones interiores en blanco y negro eran, como en el original norteamericano, de Paul Orban.

Esta edición española recogió sólo 97 de los 181 números que formaron la serie completa.

Como otros colegas de la ficción popular, Doc Savage protagonizó un serial radiofónico en la década de los treinta y, algo más tarde, sería trasladado al cómic. Su primera aparición en viñetas fue en unas aventuras por episodios que ocupaban la contraportada del cómic «The Shadow»; luego obtendría una revista propia, «Doc Savage Comics», cuyo primer número está fechado en 1940.

Seguramente resultará curioso para los coleccionistas saber que incluso se hizo una adaptación española. En 1961 la madrileña editorial Rollán publicó un Doc Savage de aparición semanal, dibujado por el excelente Antonio Hernández Palacios y con guiones de González Casquel. La revista se mantendría durante 26 números y en 1974 fue reeditada por la misma editorial.

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Hasta una década más tarde ninguna de las grandes editoriales de cómics de superhéroes se interesó por el personaje. Marvel creó en 1972 un comic-book de no muy larga existencia, con adaptaciones de las novelas de Kenneth Robeson debidas a las plumas de guionistas de la casa como Roy Thomas o Doug Moench. Retomado tres lustros después por su principal competidora editorial, DC, el Hombre de Bronce protagonizará una miniserie de cuatro episodios, La herencia de Doc Savage (1987), con Dennis O’Neil en el guión y en el dibujo Adam y Andy Kubert, hijos y discípulos, en cuanto a estilo gráfico, del gran Joe Kubert. Aprovechando el éxito de héroes nostálgicos como Indiana Jones, esta serie sitúa la acción en 1945, con científicos nazis como los villanos de turno. En los últimos años, los derechos del personaje han ido saltando por diversas editoriales independientes, como Dynamite, que siente un interés especial por las licencias de personajes célebres en medios ajenos a la narrativa dibujada.

Aunque en los cómics Doc Savage nunca acabó de cuajar, menos afortunada resultó incluso su única adaptación a la pantalla. Doc Savage, the Man of Bronze (1975) fue la última producción de todo un clásico del cine de ciencia ficción, George Pal Con destino a la Luna (1950), Cuando los mundos chocan (1951), La guerra de los mundos (1953), El tiempo en sus manos (1960)…. Pese a contar como director con Michael Anderson, un elegante realizador británico responsable, entre otras, de La vuelta al mundo en ochenta días (1956) o Las sandalias del pescador (1968), el público no conectó en aquel momento con el héroe casto e impoluto que Doc Savage representa. George Pal pretendía iniciar toda una serie, al estilo James Bond, e incluso el mismo Farmer trabajó en un guión futurible, pero el escaso éxito de la primera entrega abortó el proyecto.