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read, you bastards!!!!

Colección Patoruzú vol. 1 y 2

Autor: Dante Quinterno

Edita: Assisi, Buenos Aires, 2017

El rescate de material clásico en la historieta argentina es algo normalmente impensable. Incluso hoy día, con el formato del libro bastante instalado en la producción editorial de historieta, encontrar reediciones de historietas antiguas es improbable. Por ende, la tan cacareada tradición de la historieta argentina es algo que se toca de oídas y que- si hay suerte- no pasa de la reedición de las cosas hechas por Oesterheld en Hora Cero. Más allá de 1957, ver reeditado alguna historieta hecha en Argentina es algo casi mítico (aclaremos: reediciones post 1957 tampoco es que haya tantas)

Que eso pasara con un personaje de la importancia de Patoruzú era algo sencillamente frustrante. El 95% de todos aquellos que hemos leído sus aventuras, lo hacíamos de la mano de las historias en formato apaisado que reeditaron una y otra vez aventuras hechas normalmente hechas en las décadas entre 1950 y 1970, donde el indio ya no tenía input de su creador, Dante Quinterno, sino que era realizada por los autores de su estudio. Muy pocos habíamos visto el trabajo de Quinterno como autor de historietas, trabajo que le había dado fama y el ímpetu para después seguir como editor. Una deuda que estos dos libros vienen a suplir, al reeditar en orden cronológico las historietas de Patoruzu publicadas originalmente en los diarios de la década de 1930 (y que después el propio Quinterno reeditaría en su propia revista Patoruzu). Gracias al excelente trabajo de restauración de Pablo Sapia, hoy podemos darnos el gusto de leer las bases que permitieron crear a uno de los íconos argentinos del siglo XX

Pero, más allá del rescate arqueológico ¿la historieta está buena? ¿Ha soportado el paso del tiempo o es un artefacto infumable para un lector contemporáneo? La respuesta es un resonante sí. El Patoruzu de Quinterno está lleno de acción, con personajes bien definidos, diálogos bien trabajados, con un equilibro entre la comedia y la aventura muy bien llevado y con un manejo del suspenso (necesario en una tira que continuaba día a dia) muy bien logrado. La influencia del Mickey Mouse de Floyd Gottfredson está bastante clara en el estilo de dibujo de Quinterno (fluido, ágil, que se presta muy fácilmente para adaptarse al dibujo animado) así como en el manejo de la acción y del cliffhanger. Comparado con muchos de sus contemporáneos, quinterno es un autor moderno, uno que no se corta un pelo a la hora de cambiar los puntos de vistas de la viñeta, de darle agilidad al encuadre, de evitar el punto de vista único, ese de “cámara fija” que lastra a varios de sus contemporáneos. También su ambientación habla de situaciones contemporáneas (los veraneos de mar del Plata, cuando esto era algo solo para gente con plata; la etiqueta social de la aristocracia, el futbol cunando ya empieza a sr deporte de masas, la representación de varios personajes típicos de la sociedad en esos años, etc). Aclaremos eso sí que, si usted es políticamente correcto, raje inmediatamente: no solo hay muchos estereotipos, sino que son estereotipos cargados de su buena dosis de xenofobia y racismo (los judíos son avaros, los negros son ignorantes y supersticiosos, los gitanos son ladrones, etc). Acepten la historia con esos puntos, resultado de que Quinterno era un conservador en lo político (en las páginas de la revista públicamente llega a apoyar a Manuel Fresco, uno de esos gobernadores de la provincia de Buenos Aires que se ganó fama por lo corrupto durante la Década infame de Argentina), si quieren disfrutar las historias.

Quiero volver a destacar el trabajo de Pablo Sapia como restaurador de la serie. Además de hacer un trabajo casi detectivesco para poder armar en orden cronológico la serie, contextualiza la publicación de ambos libros con dedicación. Con este y su recopilacion de Pi-Pio, Sapia tiene bien ganado su lugar como restaurador de antiguos materiales de historieta argentina.

Hay prometidos dos tomos más de esta serie. Ojala se venda lo suficiente y podamos seguid disfrutando de este clásico de la historieta argentina.

UPDATE: El propio Pablo Sapia hace una acotación muy válida sobre mi reseña en Facebook. No quiero dejar de ponerla aqui:

Linda nota… Una pequeña aclaración sobre los estereotipos. Más allá de lo que señalás del personaje judio, el negro, el gitano, etc… tenemos que tener en cuenta que A) trabajar con estereotipos era la metodológía de la época (Quinterno toma el molde Disney de esa misma época, similar) y B) Los estereotipos valen para todos los personajes: El villano mayor es el hotelero francés (¿se lo puede acusar de galicofobia por eso?) Isidoro es el estereotipo del porteño vividor y chanta capaz de vender a la madre por dinero (¿hay que acusarlo de antiporteñismo?) Patoruzú mismo, en sus inicios era el estereotipo del paisano que llega de provincias a la gran ciudad ¿Era antipaisano, entonces? Yo creo que no, si no sus personajes no hubieran sido populares como fueron. Tampoco olvidemos que estas historias fueron escritas antes de los pogroms y de los campos de concentración. Naturalmente que respiran el aire de época de la década infame y del caldo de cultivo que desencadenó la segunda guerra mundial. Por eso creo que hay que leerlas en su contexto histórico y hacer una nueva lectura con la perspectiva adecuada y dejar atrás la visión de Steimberg, que es la única referencia sobre este material hasta ahora y que es citada desde Trillo y Saccomanno hasta Gociol y, al disponer de la lectura original, sacar nuevas conclusiones (el análisis de Steimberg es muy anticuado y simplista a esta altura). ¡¡¡Abrazo y gracias por la reseña!!!

Comparto plenamente su posicion (y hago mea culpa por no dejarlo mas claro en la reseña): lo que hoy percibimos hoy como racismo y xenofobia en esos años era una situación normal. Quinterno no era un tipo considerado racista en el promedio de la sociedad. Que hoy nuestra sensibilidad haya cambiado no deberia ser óbice para leer esta obra y disfutarla como el clásico que es (nadie discute, por poner una comparación, “La Bolsa” de Julián Martel como un clásico de la literatura argenitna de fin de siglo XIX, pese a tener unos tintes de antisemitismo absolutamente recargados, mucho mas que el retrato amable que hace Quinterno). Ahi dejo la aclaración… Esperemos que la aclaración no oscurezca =)

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Siguiendo a los sajones, vikingos y normandos

Northumbria, el último reino (The Last Kingdom, 2004).

Svein, el del caballo blanco (The Pale Horseman, 2005).

Los señores del norte (The Lords of the North, 2006).

La canción de la espada (Sword Song, 2007).

La tierra en llamas (The Burning Land, 2009)

Autor: Bernard Cornwell

Edita: Edhasa

 

Me habían recomendado mucho esta serie de novelas, vendiéndomela como el equivalente en novela histórica de la Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin. Saber que la BBC la estaba adaptando para televisión también era un punto a favor, teniendo en cuenta le buen gusto que habitualmente tiene la BBC con lo que produce, con lo que me aseguraba que no podía ser un desastre el producto original. Así que me embarqué en la lectura de esta saga escrita por Bernard Cornwell. Normalmente habría comentado tomo a tomo las incidencias de la lectura pero ocurrió algo que no me pasa tan seguido (échenla la culpa al síndrome del lector veterano), que es leer una novela de un tirón y querer leer enseguida la que viene.

Sí, así de bien escribe Cornwell. Es de esa prosa pegadiza, que no soltás aunque tengas cosas más importantes que hacer en la vida, absorbente como body snatcher suelto en pueblito americano, devorador del seso como zombie de Romero. Lo que los gringos describen como un Page Turner. De hecho, en ese sentido le gana por robo a Martin: mientras le creador de Juego de tronos a veces (sobre todo en los últimos tonos) parece querer perderse en el gigantesco mundo que explora, Cornwell nunca deja que el ritmo decaiga. Las descripciones justas, personajes secundarios que no se toman el control de la historia por 30 páginas para desesperación del lector, explicaciones de lugares y costumbres no alargadas más de lo necesario. Ahí Cornwell gana por goleada.

Ahora ¿de dónde sale la comparación entre ambas historias? Bueno, hay varios elementos similares en ambas. En primer lugar la ambientación no es tan diferente: ambos mundos son lugares hostiles para la gente, donde la muerte violenta parece dispuesta a caer en un instante sobre las personas y la guerra está desatada y no es nada bonita ni para los que la hacen ni para los que la padecen. También en la cantidad de personajes secundarios definidos y con motivaciones para hacer cosas. No hay un bando bueno ni uno malo: todos tienen sus posiciones justificadas en algún momento (que no necesariamente que las aceptemos como lectores).

La historia se ambienta en la Inglaterra sajona que recibe como un vendaval las incursiones de los vikingos escandinavos, dispuestos a conquistar la isla. Allí nos encontramos con Uthred de Babbenburg, el hijo de un señor del norte sajón (del reino de Northumbria) que, por caprichos del destino, termina en manos de los conquistadores y crece en sus costumbres, viviendo como uno de ellos. Pero su destino lo llevará a quedar indisolublemente unido al del rey de Wessex, Alfredo el Grande. Alfredo es un chupacirios de cuidado, con alma de burócrata y siempre listo a escuchar a los sacerdotes en todas decisiones (algo que le cae particularmente mal al pagano, deslenguado y mercurial Uthred). Pero también es un líder astuto, calculador y hasta maquiavélico, que sabe conocer la valía de los hombres y la manera de que sus resortes salten para que lo ayuden en su objetivo final: la construcción de un único reino inglés en la isla. Y en eso Uthred (que se va revelando como un guerrero muy inteligente, capaz de inventar los planes más ingeniosos y vencer en situaciones desesperadas) queda siempre atrapado en la maraña por el rey. Un rey al que más de una vez ha querido abandonar y hasta enfrentar, porque Uthred se siente mucho más cómodo con los daneses paganos que con los ingleses cristianos. Pero al que los juramentos de lealtad (y si hay algo que siempre hace Uthred es respetar esos juramentos a toda costa) lo tienen todavía ahí, bajo el servicio de Alfredo.

Otro gran detalle son la vivida descripción de las batallas de Cornwell hace. Debe haber investigado mucho sobre esa faceta del periodo porque las construye muy vivamente, con información clara, todo eso sin dejar de hacer una narración que transmite además la excitación, el miedo y la salvajada que eran esas peleas.

No quiero contar mucho que pasa exactamente en cada novela, pero solo quiero decir que las recomiendo plenamente. Ya van cinco y espero seguir con las que falten. Valen mucho la pena

¿De dónde te tengo? – Hoy: Lupita Tovar

Estamos en 1931. Llega a Buenos Aires una nueva película que viene de los estudios Universal y que causa sensación, Drácula. Asombrados, los espectadores porteños del cine Renacimiento (situado en Lavalle 925) siguen a ese seductor Conde vampiro que anda mordiendo señoritas a troche y moche. Su víctima principal es Eva, la novia de Juan Harker. Si, leyeron bien, la chica se llama Eva, no Mina. Porque el film que llegó primero acá fue la versión en español que se hizo en Estados Unidos, al mismo tiempo que se realizaba la protagonizada por Bela Lugosi. Y la chica que hacía el papel de Mina era una jovencita mexicana llamada Lupita Tovar.

Tovar nació en Oaxaca, México en 1911. Nunca pensó en dedicarse a la actuación hasta que, siendo adolescente, el cineasta Robert Flaherty la vio haciendo gimnasia en su colegio. Flaherty le hizo un test que llevó a los estudios Fox, y a las pocas semanas la empresa volvió con un contrato para Tovar. Pese a la resistencia inicial de los padres, la chica finalmente viajó a Hollywood junto a su abuela. Alli comenzó a trabajar en algunas películas mudas de la Fox. Mientras, aprendía a bailar con Eduardo Cansino, padre de Rita Hayworth, quien trató a Lupita como a su propia hija.

En esa época apareció el cine sonoro. Se presentó entonces un problema: muchos actores no angloparlantes (como Lupita) perdieron su trabajo de un día para otro. Luego de recibir el aviso de que no le renovarían el contrato, Tovar se dirigió a los estudios Universal con una carta de recomendación de sus antiguos empleadores. El productor que la atendió era un checoslovaco llamado Paul Kohner, joven, ambicioso y trabajador. Kohner había tenido bastante que ver con el ingreso del director Paul Leni a ese estudio. Leni había logrado en poco tiempo dos éxitos: El Hombre Que Ríe (The Man Who Laughs, 1927) y El Gato y el Canario (The Cat and the Canaty,1927). Kohner enseguida vio algo en Tovar, y no creemos que fueran sólo sus habilidades artísticas. De más está decir que Lupita consiguió trabajo, y conoció así a su futuro marido, porque Paul Kohner se casaría años más tarde con ella. El matrimonio duraría hasta la muerte del productor en 1988.

Kohner era quien producía las versiones en otros idiomas de las pelis que hacía el estudio. Esta fue una práctica común en Hollywood a principios del cine sonoro, cuando el procedimiento del doblaje no era muy conocido. Así fue como Lupita terminaría protagonizando la versión castellana de The Cat Creeps (1930) dirigida por Rupert Julian, a la que titularon La Venganza del Muerto. Este papel la convirtió en una estrella en su país natal. Su próximo proyecto sería la versión española del Drácula, realizada por Tod Browning.

El Drácula español fue dirigido por George Melford quien, pese a no hablar una palabra de castellano, se ganó rápidamente el respeto de sus actores. La película se hacía en los mismos escenarios de la versión en inglés, filmando de noche. “El equipo norteamericano se iba a las seis y nosotros ya estábamos preparados. Empezábamos a rodar a las ocho de la noche. A la medianoche parábamos para cenar”, recuerda la actriz. La relación entre los actores era muy buena, lo mismo que con la del elenco del film en inglés. Tovar asegura que Lugosi en particular “era terriblemente educado. Acostumbraba a verlo los fines de semana. Todos los europeos se juntaban para tomar café con masas y charlar, Paul Kohner era parte de ese grupo y como me estaba cortejando en esa época, cada vez que lo invitaban, me llevaba con é1”.

Este cortejo del productor hacia la actriz era obvio para todo el mundo. Los regalos, ya fueran flores o chocolates, eran tan continuos que Barry Norton, el actor argentino que hacía de Juan Harker en el film, le dijo bromeando “si seguis comiendo los chocolates de Kohner Dracula no podrá cargarte por las escaleras”.

La película se terminó a tiempo y gastando menos de lo presupuestado originalmente. Incluso se estrenó antes que la versión en inglés. Fue tan exitosa en Hispanoamérica como la de Lugosi en Estados Unidos, y Lupita Tovar quedó confirmada como una estrella de la pantalla mexicana. Durante toda la década siguiente, alternaría trabajos en films de su país de origen (entre ellos el protagónico del primer largometraje sonoro de México, Santa, en el año 1931) y norteamericanos. De estos últimos, siguió haciendo versiones en español hasta que el avance de la tecnología hiciera obsoleta la existencia de estas películas. Tovar continuaría, por un tiempo, interpretando papeles secundarios, generalmente en westerns. Pero en 1945, luego de casarse con Kohner, dejaría de actuar para convertirse en ama de casa y esposa de uno de los representantes de estrellas (ese fue su trabajo después de retirarse de la Universal) más importante del Hollywood de la edad de oro. “Una vez que renuncié a actuar sólo viví para mi marido y nunca pensé en volver”, reconoció Lupita en una entrevista.

Fallecería recién el 12 de noviembre del 2016 (con 106 años) rescatada para la posteridad gracias a su papel en el Drácula español. Ya no tenemos que preguntarnos, al verse atacada por nuestro vampiro favorito en la versión latina “¿De dónde te tengo?”

Deedee (1969)

Autor: “Alison Lord” (seudónimo de Julie Ellis)

Colección: Jaguar n°66

Edita: Diana, México, 1970

Deedee tiene 18 años recién cumplidos, un departamento recién alquilado en la Sunset Strip de Los Angeles de finales de los años sesenta, un novio contracultural que no quiere ir a Vietnam y un gusto por los Doors. Pero tiene una segunda vida, como hija de una superestrella de Hollywood que sucesivamente la consiente y la ignora y que últimamente se ha enrollado en Las Vegas con un tipo que aparentemente es un mafioso… y que la mira como un lobo a una oveja tierna. Y que, en un punto la tienta…

Pero tranquilos, porque, la verdad, el triángulo madre/hija/amante que amenaza ocurrir (y que la contraportada vende prometiendo algo muy hot, como pueden leer)…

…se queda en nada y solo una escena final (que deriva en un momento criminal) amaga a ir por ahí. Pero a cambio de eso hay varias escenas de sexo (no descritas pero insinuadas) en la que actúa más que nada la madre antes que la chica protagonista. Parece que las superestrellas decadentes del cine tienen sexo más glamoroso que las jovencitas hippies.

Igual, lo más entretenido del libro para un lector hoy día es leer el vocabulario “joven” de esos años. Sobre tod teniendo en cuenta la traducción mexicana, que lo convierte (al menos para mis ojos) en un documento entre sociológico e hilarante. Ponte en onda, fresa, y salgamos de la covacha para chequear la escena. ¿Me explico?

Tras el seudónimo se escondía una primeriza Julie Ellis, quien años después sería una prolífica autora de paperbacks románticos e históricos. Y pese a hacer sus primeras armas como novelista es clara y coherente en su estilo. Una productora eficiente de basura softcore de la época. Dentro de ese subgénero, no es lo peor que a uno le puede tocar…

Hellhound on my trail (2017)

Autores: Juan Bertazzi (guión) y Hernan Gonzalez (dibujo)

Edita: Buen Gusto, Córdoba, 2017

Si hay un personaje misterioso en la historia del blues es Robert Johnson. Salido de la nada, sus pocas grabaciones (29 en total) lo convirtieron en un músico que influencio a varias generaciones de bluseros y sus derivados rockeros. Además, la leyenda que corre que su éxito se debió a vender su alma al diablo a cambio de tocar el blues y la escasez de sus datos fehacientes sobre su historia han fascinado a muchas personas en el tiempo. Incluyendo a estos autores, que se despachan con una novela gráfica donde juegan con todos estos elementos para dar una versión mitad realista, mitad fantástica de ese pacto final.

Y es una historia con el ritmo justo, el tono justo, el clima justo: Bertazzi construye una historia apremiante, donde Johnsson está a un paso de terminar el contrato y se haya asfixiado, sintiendo que hay un escape inevitable, con un “sabueso infernal en su sendero” (como se titula uno de los blues que Johnson dejó grabado) listo para atraparlo. Y ese ritmo asfixiante se potencia por el expresionismo gráfico que Hernan Gonzalez le pone a las viñetas. Gonzalez me recuerda al Paul Pope de los inicios (elogio poderoso en mi libreta critica) con toques de José Muñoz por ahí .

Tal vez el peor problema es que la historieta se lea rápido. Porque realmente hay que seguir leyendo trabajos de ambos. Gran novela gráfica que debería llegar a la mayor cantidad de gente posible.

3 libros de no ficción sobre cultura pop 3

En el blog no se nota, pero leo mucho libros de no ficción. De hecho últimamente la historia se ha ganado a pulso mi tiempo lector en cantidades. Como me parece que esas lecturas normalmente no acompañan a lo que pretendo hacer con el blog, quedan sin reseñar.

Pero por una coincidencia astral esta vez, en rápida sucesión llegaron a mis manos tres libros que encajan perfectamente con el concepto de “arqueología pop”. Los tres cruzan la historia con la cultura de masas de maneras excelentes, dando pistas para entender cómo evoluciona ese complejo rompecabezas que es la cultura pop. Así que, como mínimo, corresponde hablar de ellos.

En primer lugar tenemos Arte salvaje: una biografía de Jim Thompson (Savage art, 1995) de Robert Polito, editado por la editorial española Es Pop en el 2014. Quien alguna vez se haya acercado a las novelas criminales de Jim Thompson (incluso las mediocres, como la que reseñe en el antiguo blog) se queda atrapado por su prosa cruel y demoledora. La biografía de Polito es el retrato de este hombre, alcohólico, antiguo vagabundo en la Depresión, trabajador manual en condiciones paupérrimas en la Depresión, afiliado al Partido Comunista de Estados Unidos, con una conflictiva relación con su padre, carismático sheriff de un Oeste apenas menos Salvaje y que volcó todo esas experiencias en una sucesión de novelas entre las décadas de 1950 y 1960 que son un muestrario de grandes perdedores, psicópatas y criminales de baja estofa que pueblan un Estados Unidos muy diferente del que el gobierno de Eisenhower y Kennedy vendían. Thompson (como los comics de la EC, como los dobles programas de ciencia ficción de mostros de esos años) nos muestran el lado B del Sueño Americano, cuando éste se convierte en pesadilla. Y lo sostiene con una narrativa fascinante de este tipo que parece haber sacado boleto de Pasajero frecuente al Infierno. Y una edición muy cuidada, de tapa dura que es hermosa de tener.

Siguiendo con Es Pop tenemos Hollywood Gótico (Hollywood Gothic, 1990) el ensayo en donde David Skal cuenta el desarrollo de Drácula desde la novela hasta la primera adaptación cinematográfica, pasando por el teatro. El resultado es un complejo y cambiante fresco que explica con pelos y señales todos los problemas que se fueron dando con las diferentes adaptaciones. Mención especial a los capítulos sobre el juicio por el Nosferatu de Murnau (con la viuda de Stoker literalmente saltando a la yugular a los productores alemanes de una manera feroz) y el de la versión en español del Dracula de la Universal (versión que Skal – que se tomó en su momento el trabajo de ir a la Cuba de Fidel para ver la única copia completa conocida en esos años y que se convirtió en clave para la restauración final del filme- considera –y yo concuerdo con él- muy superior a la versión de Tod Browning y Bela Lugosi). Cualquier buen aficionado a los vampiros o al cine fantástico debería leer este libro.

Finalmente tenemos La editorial Acme de Carlos Abraham que hace poco sacó la editorial argentina Tren en movimiento. Para el que no sepa, Acme fue la editorial detrás de la Colección Robin Hood, esos libros de tapas amarillas que alimentaron las infancias de los chicos que hoy tienen entre 35 y 55 años en Argentina y América Latina (y que aparecen con frecuencia en las reseñas de este blog). Una verdadera editorial de literatura de masas, sus colecciones (no solo la Robin Hood sino también Rastros, Suplemento de Rastros, Pistas del espacio, etc.) fueron parte de la cultura lectora argentina durante la segunda mitad del siglo XX. Y Abraham hace lo que raras veces se hace en los estudios de historia cultural: un trabajo de campo rigurosísimo, pleno de entrevistas inéditas, investigación en revistas y libros y catalogación de material de la editorial. Realmente cualquier estudiante de Ciencias de la Comunicación y/o Literatura tiene que leer este libro para ver cómo es de verdad un trabajo sobre la industria cultural. Y más de un académico universitario debería llamarse a silencio tras ver la sonora cachetada que el trabajo de Abraham le da sus manidas gilipolleces cuando hablan de literatura. Yo ya había reseñado sus libros anteriores sobre la editorial Tor y las revistas de ciencia ficción argentinas, pero esta vez se superó. Un aplauso por Carlos que demuestra todo el jugo que la arqueología literaria bien hecha puede dar.

De cómo Norman Bates se enfrentó al Ackermonster

Calvin Beck, el protagonista de esta historia y Norman Bates, que tiene mucho que ver con él…

Leo en el indispensable (para todos aquellos que le interesa el mundillo de la cultura popular medio en los bordes) “Cult magazines from A to Z” una interesante historia sobre Calvin Thomas Beck (1929 – 1989), uno de los fans mas conocidos del mundillo de la ciencia ficción estadounidense y que publicaría por veinte años su Castle of Frankenstein, la revista de cine de terror que fue el verdadero único rival de la Famous Monsters de Filmland del adorado en este blog Forrest Ackerman. Pese a su distribución y publicación más que irregular (un hándicap contra la revista del Tío Forry), Castle of Frankenstein tenía a su favor que apuntaba a un público más adulto y a un fan de gustos más elaborados que el de Famous Monsters. Sus artículos apuntaban menos a divertir que a dar opiniones mas serias y elaboradas sobre las películas de terror. Además no se apoyaban mayoritariamente en las películas norteamericanas, sino que se ampliaban a hablar de filmes europeos. Y tampoco se dedicaban exclusivamente al cine, ampliándose a hablar de comics y novelas fantásticas. De hecho, por años hubo una rivalidad bastante abierta entre ambas publicaciones.

Un número de la Castle of Frankenstein

(por cierto, si quieren leer la revista esta subida digitalmente en el indispensable archive.org )

El libro que arrojó la pista de esta entrada. Recomendable 100%

Una de las cosas que llamaba la atención de Beck era que tenía la Madre Dominante del Infierno: Helen era una pequeña mujer de ascendencia griega que acompañaba a sol y sombra a TODOS lados a su hijo, incluso cuando ya Beck estaba lo bastante grande como para hacer cosas de adulto, como por ejemplo editar u na revista de cine fantástico. O interferir en su relación dentro del fandom de ciencia ficción en Nueva York donde Beck se hizo primeramente conocido.

Don Robert Bloch

Uno de los habituales de ese mundillo era el escritor Robert Bloch, que estaba ideando la que sería su novela más famosa , Psicosis (Psycho, 1959) tras oir sobre el caso del asesino serial Ed Gein. Sin embargo, si uno lee la novela, las comparaciones entre el Gein real y el ficticio Norman Bates son poco evidentes: si bien ambos tenían el cadáver de su madre momificaod en la casa y que mataron mujeres por compulsión, el tímido, pulcro y obsesivo Bates tiene muy poco que ver con un Gein que vivía básicamente en una pocilga. Y aparentemente la relación maternal que describe Bloch no tenía mucho que ver con la que en la vida real sostuvieron gein y su madre. Bloch de hecho reconoció qun o tenía mucha información sobre el Gein real y necesitaba rellenar al personaje de ficción.

Y decidió modelar a Norman Bates a partir de Calvin Beck y su relación con su madre, convirtiendo a Bates en ese personaje que todo conocemos: el Hijo de Mamá Dominado hasta la Locura.

Otro número de Castle of Frankenstein

Por supuesto el rumor se extendió pero nunca hubo una confirmación o negación oficial por parte del autor (en parte porque asegurarlo hubiera sido no solo mortificar a Beck sino abrirse a un juicio por difamación que nadie quería) pero muchos conocidos de esos años confirmaron, aunque otros lo niegan (si conocen la lengua de Shakespeare lean este artículo de Tom Weaver que profundiza sobre los dimes y diretes del tema). Pero una pista a favor de la opción afirmativa: el Norman Bates de la novela es un tipo Robertgordo, de barba, lentesy puntilloso en sus acciones. Igual que Beck.

Forrest Ackerman (a) el Ackermonster, el gran rival editorial de Beck

Y de última ¿qué mas divertido que saber que el principal rivla del Ackermonster era nada mas y nada menos que Norman Bates?

La última jugada de Jack Hamlin (¿1943?)

Autor: José Mallorquí

Colección: Hombres del Oeste nro. 115

Edita: Cliper, Barcelona, ¿?

Jack Hamlin es un personaje del escritor americano Bret Harte, prototipo del jugador elegante dedicado a esquilmar gente en los pueblos del Far West. Si bien no hay un Hamlin real, Harte se basó en varios personajes que efectivamente pululaban por el oeste real para componer al personaje. Lo curioso es que aquí José Mallorquí decida usar el personaje para su novela. ¿Era exitoso el personaje en esos años? ¿Mallorquí quiso hacer su propia fanfic? ¿Qué motivo hace que use al personaje y no se invente uno con un nombre real? Misterios que quedaran posiblemente sin resolver…

La historia, de hecho tiene que ver mas con la compañera de Hamlin, Louise Perry (a) “Serena Lovat”, pobre niña abandonada devenida primero en mujer de vida fácil, después en mano derecha y cuidadora de una dura estanciera y luego heredera del rancho al que están robándole el ganado de manera frecuente. Y de su relación con el hijo de la estanciera, un hijo extrañado, con un pasado igual de turbio.

Y aquí es donde hallamos uno de esos giros que hacen a José Mallorquí EL ESCRITOR SUPREMO DE LA NOVELA POPULAR que todos respetamos. Lo esperable sería que le hijo de la estanciera fuera un tipo cobarde, despreciable y traidor, dispuesto de maneras taimadas a sacarle el rancho a la joven. O volverlo un héroe intachable pero con tanta mala fama como rectitud encomiable. Y no hace eso. El personaje cambia, de manera creíble y sin negar sus errores. Que lo logre mientras suceden tres conflictos paralelos (con los cuatreros, con los ex compañeros de rumbo del hijo del ranchero y con Hamlin, que vuelve a reconquistar a su ex amor) en un formato tan breve como el de la novela de bolsillo y logre salir airoso, demuestra el excelente hacer de Mallorquí.

Imperdible este western para todos los aficionados a la novela popular y al western. Nada que hacer: Mallorquí la tenía muy clara.

Lo mejor de Fredric Brown (The best of Fredric Brown, 1977)

Autor: Fredric Brown

Colección: Libro Amigo Ciencia Ficción n° 16

Edita: Ediciones B, Barcelona, 1988

NO es novedad decir que Fredric Brown es uno de mis escritores favoritos, especialmente a la hora de escribir cuentos. Su habilidad para tomar una premisa extraña y retorcerla para dar un resultado original e inesperado es bien conocida por todos aquellos que se hayan asomado a sus relatos ultracortos y cortos. En ese sentido su trabajo para la ciencia ficción es particularmente excelente.

Ahora bien, como ocurre en toda antología, no todos los relatos de este libro son, en mi opinión, de los absolutamente mejores que ha producido Brown en su carrera. Si bien absolutamente todos ellos tienen premisas interesantes, no todas las resoluciones son igual de impecables. Ejemplos de esto son “Ven y enloquece”, “Llamada” o “Recesional”, donde los finales no me terminan de convencer o se revelan poco más que un chiste. NO son malos: solo que, comparado con el resto de las historias, son relatos fallidos.

Pero en el balance , la cantidad de historias realmente geniales, con ideas novedosas, desarrollos trepidantesy desenlaces inesperados, se revela abrumadoramente superior en cantidad a los casos no tan buenos. Desde el ejercicio ultracorto formal de “El final” (¡111 palabras!), la apabullante “Respuesta” (que en dos páginas resume todos nuestros miedos tecnológicos con las computadoras) , las cómicas “Pi en el cielo” y “Sirio Nada”, la tenebrosa “Eine kleine Natchmusik” y hasta la aventurera “Arena” (que sirvió de base para uno de los episodios más conocidos de la “Star trek” Original) son ejemplos del talento de Brown para el cuento.

A falta de un libro que reúna todos sus relatos breves, esto es una gran manera de acercarse a Fredric Brown. Un autor que cualquier buen lector de ciencia ficción y fantasía no debería dejar pasar.

Pánico a flor de piel (Panique a fleur de peau, 1960)

Autor: André Lay

Colección: Débora nro. 56

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1961

Hillen ha sido contratado por el magnate cinematográfico Herbert Creston para que vigile a su esposa Helena. Ella ha sido diagnosticada con trastornos de personalidad y Herbert quiere que un psicólogo como Hillen la vigile discretamente, haciéndose pasar por su valet. Pero la cosa no es tan simple: Helena es una mina astuta, jodida y muy hermosa. Así que en menos de lo que decimos “femme fatale”, Hillen está metido en una lucha de poder entre marido y mujer (porque Herbert también tiene planes). Una lucha que termina en crimen y en que el psicólogo tiene todos los números de ser el jamón del sándwich… Un jamón que puede terminar freído eléctricamente…

Este es uno de las innumerables novelas policiales de André Lay, uno de los prolíficos autores franceses que publicaron en la serie francesa Fleuve Noir, una de las colecciones más señeras de la literatura popular policial francesa de la posguerra y claramente una de las principales fuentes de novelas de la editorial Malinca (junto con las novelas publicadas en Inglaterra en la inmediata posguerra). Y es una novela típica, bien llevada, con dos personajes muy divertidos como son el comisario Debaker y su ayudante Robin, ambos dotados de cierto sarcasmo brillante en sus frases. Sin ser un clásico, es un policial sólido con ciertas dosis de suspense y escrito agradablemente. En fin, un pasa páginas bastante digno.