Acerca de rbarreiro

read, you bastards!!!!

3 libros de no ficción sobre cultura pop 3

En el blog no se nota, pero leo mucho libros de no ficción. De hecho últimamente la historia se ha ganado a pulso mi tiempo lector en cantidades. Como me parece que esas lecturas normalmente no acompañan a lo que pretendo hacer con el blog, quedan sin reseñar.

Pero por una coincidencia astral esta vez, en rápida sucesión llegaron a mis manos tres libros que encajan perfectamente con el concepto de “arqueología pop”. Los tres cruzan la historia con la cultura de masas de maneras excelentes, dando pistas para entender cómo evoluciona ese complejo rompecabezas que es la cultura pop. Así que, como mínimo, corresponde hablar de ellos.

En primer lugar tenemos Arte salvaje: una biografía de Jim Thompson (Savage art, 1995) de Robert Polito, editado por la editorial española Es Pop en el 2014. Quien alguna vez se haya acercado a las novelas criminales de Jim Thompson (incluso las mediocres, como la que reseñe en el antiguo blog) se queda atrapado por su prosa cruel y demoledora. La biografía de Polito es el retrato de este hombre, alcohólico, antiguo vagabundo en la Depresión, trabajador manual en condiciones paupérrimas en la Depresión, afiliado al Partido Comunista de Estados Unidos, con una conflictiva relación con su padre, carismático sheriff de un Oeste apenas menos Salvaje y que volcó todo esas experiencias en una sucesión de novelas entre las décadas de 1950 y 1960 que son un muestrario de grandes perdedores, psicópatas y criminales de baja estofa que pueblan un Estados Unidos muy diferente del que el gobierno de Eisenhower y Kennedy vendían. Thompson (como los comics de la EC, como los dobles programas de ciencia ficción de mostros de esos años) nos muestran el lado B del Sueño Americano, cuando éste se convierte en pesadilla. Y lo sostiene con una narrativa fascinante de este tipo que parece haber sacado boleto de Pasajero frecuente al Infierno. Y una edición muy cuidada, de tapa dura que es hermosa de tener.

Siguiendo con Es Pop tenemos Hollywood Gótico (Hollywood Gothic, 1990) el ensayo en donde David Skal cuenta el desarrollo de Drácula desde la novela hasta la primera adaptación cinematográfica, pasando por el teatro. El resultado es un complejo y cambiante fresco que explica con pelos y señales todos los problemas que se fueron dando con las diferentes adaptaciones. Mención especial a los capítulos sobre el juicio por el Nosferatu de Murnau (con la viuda de Stoker literalmente saltando a la yugular a los productores alemanes de una manera feroz) y el de la versión en español del Dracula de la Universal (versión que Skal – que se tomó en su momento el trabajo de ir a la Cuba de Fidel para ver la única copia completa conocida en esos años y que se convirtió en clave para la restauración final del filme- considera –y yo concuerdo con él- muy superior a la versión de Tod Browning y Bela Lugosi). Cualquier buen aficionado a los vampiros o al cine fantástico debería leer este libro.

Finalmente tenemos La editorial Acme de Carlos Abraham que hace poco sacó la editorial argentina Tren en movimiento. Para el que no sepa, Acme fue la editorial detrás de la Colección Robin Hood, esos libros de tapas amarillas que alimentaron las infancias de los chicos que hoy tienen entre 35 y 55 años en Argentina y América Latina (y que aparecen con frecuencia en las reseñas de este blog). Una verdadera editorial de literatura de masas, sus colecciones (no solo la Robin Hood sino también Rastros, Suplemento de Rastros, Pistas del espacio, etc.) fueron parte de la cultura lectora argentina durante la segunda mitad del siglo XX. Y Abraham hace lo que raras veces se hace en los estudios de historia cultural: un trabajo de campo rigurosísimo, pleno de entrevistas inéditas, investigación en revistas y libros y catalogación de material de la editorial. Realmente cualquier estudiante de Ciencias de la Comunicación y/o Literatura tiene que leer este libro para ver cómo es de verdad un trabajo sobre la industria cultural. Y más de un académico universitario debería llamarse a silencio tras ver la sonora cachetada que el trabajo de Abraham le da sus manidas gilipolleces cuando hablan de literatura. Yo ya había reseñado sus libros anteriores sobre la editorial Tor y las revistas de ciencia ficción argentinas, pero esta vez se superó. Un aplauso por Carlos que demuestra todo el jugo que la arqueología literaria bien hecha puede dar.

Anuncios

De cómo Norman Bates se enfrentó al Ackermonster

Calvin Beck, el protagonista de esta historia y Norman Bates, que tiene mucho que ver con él…

Leo en el indispensable (para todos aquellos que le interesa el mundillo de la cultura popular medio en los bordes) “Cult magazines from A to Z” una interesante historia sobre Calvin Thomas Beck (1929 – 1989), uno de los fans mas conocidos del mundillo de la ciencia ficción estadounidense y que publicaría por veinte años su Castle of Frankenstein, la revista de cine de terror que fue el verdadero único rival de la Famous Monsters de Filmland del adorado en este blog Forrest Ackerman. Pese a su distribución y publicación más que irregular (un hándicap contra la revista del Tío Forry), Castle of Frankenstein tenía a su favor que apuntaba a un público más adulto y a un fan de gustos más elaborados que el de Famous Monsters. Sus artículos apuntaban menos a divertir que a dar opiniones mas serias y elaboradas sobre las películas de terror. Además no se apoyaban mayoritariamente en las películas norteamericanas, sino que se ampliaban a hablar de filmes europeos. Y tampoco se dedicaban exclusivamente al cine, ampliándose a hablar de comics y novelas fantásticas. De hecho, por años hubo una rivalidad bastante abierta entre ambas publicaciones.

Un número de la Castle of Frankenstein

(por cierto, si quieren leer la revista esta subida digitalmente en el indispensable archive.org )

El libro que arrojó la pista de esta entrada. Recomendable 100%

Una de las cosas que llamaba la atención de Beck era que tenía la Madre Dominante del Infierno: Helen era una pequeña mujer de ascendencia griega que acompañaba a sol y sombra a TODOS lados a su hijo, incluso cuando ya Beck estaba lo bastante grande como para hacer cosas de adulto, como por ejemplo editar u na revista de cine fantástico. O interferir en su relación dentro del fandom de ciencia ficción en Nueva York donde Beck se hizo primeramente conocido.

Don Robert Bloch

Uno de los habituales de ese mundillo era el escritor Robert Bloch, que estaba ideando la que sería su novela más famosa , Psicosis (Psycho, 1959) tras oir sobre el caso del asesino serial Ed Gein. Sin embargo, si uno lee la novela, las comparaciones entre el Gein real y el ficticio Norman Bates son poco evidentes: si bien ambos tenían el cadáver de su madre momificaod en la casa y que mataron mujeres por compulsión, el tímido, pulcro y obsesivo Bates tiene muy poco que ver con un Gein que vivía básicamente en una pocilga. Y aparentemente la relación maternal que describe Bloch no tenía mucho que ver con la que en la vida real sostuvieron gein y su madre. Bloch de hecho reconoció qun o tenía mucha información sobre el Gein real y necesitaba rellenar al personaje de ficción.

Y decidió modelar a Norman Bates a partir de Calvin Beck y su relación con su madre, convirtiendo a Bates en ese personaje que todo conocemos: el Hijo de Mamá Dominado hasta la Locura.

Otro número de Castle of Frankenstein

Por supuesto el rumor se extendió pero nunca hubo una confirmación o negación oficial por parte del autor (en parte porque asegurarlo hubiera sido no solo mortificar a Beck sino abrirse a un juicio por difamación que nadie quería) pero muchos conocidos de esos años confirmaron, aunque otros lo niegan (si conocen la lengua de Shakespeare lean este artículo de Tom Weaver que profundiza sobre los dimes y diretes del tema). Pero una pista a favor de la opción afirmativa: el Norman Bates de la novela es un tipo Robertgordo, de barba, lentesy puntilloso en sus acciones. Igual que Beck.

Forrest Ackerman (a) el Ackermonster, el gran rival editorial de Beck

Y de última ¿qué mas divertido que saber que el principal rivla del Ackermonster era nada mas y nada menos que Norman Bates?

La última jugada de Jack Hamlin (¿1943?)

Autor: José Mallorquí

Colección: Hombres del Oeste nro. 115

Edita: Cliper, Barcelona, ¿?

Jack Hamlin es un personaje del escritor americano Bret Harte, prototipo del jugador elegante dedicado a esquilmar gente en los pueblos del Far West. Si bien no hay un Hamlin real, Harte se basó en varios personajes que efectivamente pululaban por el oeste real para componer al personaje. Lo curioso es que aquí José Mallorquí decida usar el personaje para su novela. ¿Era exitoso el personaje en esos años? ¿Mallorquí quiso hacer su propia fanfic? ¿Qué motivo hace que use al personaje y no se invente uno con un nombre real? Misterios que quedaran posiblemente sin resolver…

La historia, de hecho tiene que ver mas con la compañera de Hamlin, Louise Perry (a) “Serena Lovat”, pobre niña abandonada devenida primero en mujer de vida fácil, después en mano derecha y cuidadora de una dura estanciera y luego heredera del rancho al que están robándole el ganado de manera frecuente. Y de su relación con el hijo de la estanciera, un hijo extrañado, con un pasado igual de turbio.

Y aquí es donde hallamos uno de esos giros que hacen a José Mallorquí EL ESCRITOR SUPREMO DE LA NOVELA POPULAR que todos respetamos. Lo esperable sería que le hijo de la estanciera fuera un tipo cobarde, despreciable y traidor, dispuesto de maneras taimadas a sacarle el rancho a la joven. O volverlo un héroe intachable pero con tanta mala fama como rectitud encomiable. Y no hace eso. El personaje cambia, de manera creíble y sin negar sus errores. Que lo logre mientras suceden tres conflictos paralelos (con los cuatreros, con los ex compañeros de rumbo del hijo del ranchero y con Hamlin, que vuelve a reconquistar a su ex amor) en un formato tan breve como el de la novela de bolsillo y logre salir airoso, demuestra el excelente hacer de Mallorquí.

Imperdible este western para todos los aficionados a la novela popular y al western. Nada que hacer: Mallorquí la tenía muy clara.

Lo mejor de Fredric Brown (The best of Fredric Brown, 1977)

Autor: Fredric Brown

Colección: Libro Amigo Ciencia Ficción n° 16

Edita: Ediciones B, Barcelona, 1988

NO es novedad decir que Fredric Brown es uno de mis escritores favoritos, especialmente a la hora de escribir cuentos. Su habilidad para tomar una premisa extraña y retorcerla para dar un resultado original e inesperado es bien conocida por todos aquellos que se hayan asomado a sus relatos ultracortos y cortos. En ese sentido su trabajo para la ciencia ficción es particularmente excelente.

Ahora bien, como ocurre en toda antología, no todos los relatos de este libro son, en mi opinión, de los absolutamente mejores que ha producido Brown en su carrera. Si bien absolutamente todos ellos tienen premisas interesantes, no todas las resoluciones son igual de impecables. Ejemplos de esto son “Ven y enloquece”, “Llamada” o “Recesional”, donde los finales no me terminan de convencer o se revelan poco más que un chiste. NO son malos: solo que, comparado con el resto de las historias, son relatos fallidos.

Pero en el balance , la cantidad de historias realmente geniales, con ideas novedosas, desarrollos trepidantesy desenlaces inesperados, se revela abrumadoramente superior en cantidad a los casos no tan buenos. Desde el ejercicio ultracorto formal de “El final” (¡111 palabras!), la apabullante “Respuesta” (que en dos páginas resume todos nuestros miedos tecnológicos con las computadoras) , las cómicas “Pi en el cielo” y “Sirio Nada”, la tenebrosa “Eine kleine Natchmusik” y hasta la aventurera “Arena” (que sirvió de base para uno de los episodios más conocidos de la “Star trek” Original) son ejemplos del talento de Brown para el cuento.

A falta de un libro que reúna todos sus relatos breves, esto es una gran manera de acercarse a Fredric Brown. Un autor que cualquier buen lector de ciencia ficción y fantasía no debería dejar pasar.

Pánico a flor de piel (Panique a fleur de peau, 1960)

Autor: André Lay

Colección: Débora nro. 56

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1961

Hillen ha sido contratado por el magnate cinematográfico Herbert Creston para que vigile a su esposa Helena. Ella ha sido diagnosticada con trastornos de personalidad y Herbert quiere que un psicólogo como Hillen la vigile discretamente, haciéndose pasar por su valet. Pero la cosa no es tan simple: Helena es una mina astuta, jodida y muy hermosa. Así que en menos de lo que decimos “femme fatale”, Hillen está metido en una lucha de poder entre marido y mujer (porque Herbert también tiene planes). Una lucha que termina en crimen y en que el psicólogo tiene todos los números de ser el jamón del sándwich… Un jamón que puede terminar freído eléctricamente…

Este es uno de las innumerables novelas policiales de André Lay, uno de los prolíficos autores franceses que publicaron en la serie francesa Fleuve Noir, una de las colecciones más señeras de la literatura popular policial francesa de la posguerra y claramente una de las principales fuentes de novelas de la editorial Malinca (junto con las novelas publicadas en Inglaterra en la inmediata posguerra). Y es una novela típica, bien llevada, con dos personajes muy divertidos como son el comisario Debaker y su ayudante Robin, ambos dotados de cierto sarcasmo brillante en sus frases. Sin ser un clásico, es un policial sólido con ciertas dosis de suspense y escrito agradablemente. En fin, un pasa páginas bastante digno.

El futuro no es lo que era – Hoy: ¿Llega la television?

Por Angélica Barron

Prologo: Angélica es una fiel lectora del blog, continuamente pasando datos o cosas curiosas para ver si pueden usarse. Como en este caso, al enviar una vieja nota de Selecciones del Reader’s Digest sobre la television cuando recien comenzaba. En vez de darles yo la lata, prefiero copiar y pegar la misiva electronica enviada junto con el artículo (que pegamos al final). Adelante, Angélica…

Hola Roberto: encontré algo que tal vez le pueda ser útil. Se trata de una nota salida en Selecciones del Reader’s Digest, esas revistas antiguas que siempre heredábamos. Más exactamente del número de Septiembre de 1946. Al igual que el artículo que usted subió hace un tiempo sobre los dirigibles (que iban a ser el transporte del futuro) esta nota se ocupa de la televisión, otro sueño del futuro, otra promesa para “después de la victoria”.

¿LLEGA YA LA TELEVISION?” es una nota condensada de “The saturday evening post” sobre la televisión y sus duros, impredecibles y a veces tragicómicos comienzos. Creo que puede interesar a los seguidores de la página, porque, aunque la tele desde que nacimos era tan común como una licuadora, durante muchas décadas fue uno de los sueños de la ciencia ficción y de las novelas “pulp”. Mucho antes de que existiera en nuestros livings, existió en las cubiertas pulp. Todos sabemos que desde principios del siglo veinte ya existía como proyecto en fase experimental y que poco a poco fue progresando hasta lograrse algunas emisiones históricas como la que da la bienvenida a las olimpiadas de Alemania en 1939. Pero en este artículo se habla de la lucha por conseguir la televisión como hoy la entendemos, como medio de comunicación realmente masivo, con una tv en cada casa. En fin nuestra “tele” -la que nos hacía volver corriendo a casa, la que satiriza la apertura de “Los Simpson”- era una más de las “promesas para después de la victoria” a la que, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, estaban poniendo todo el esfuerzo y las esperanzas en lograrlo, lo que no era en ese momento nada fácil. Tan complicado estaba resultando, que el título del artículo es una interrogación.

En estas páginas se muestran en vivo y en directo (nunca mejor dicho) toda clase de inconvenientes que hacían por demás dudoso su éxito inmediato. Desde el calor infernal que producía (recordemos que en un principio funcionaba con válvulas), haciendo que todo objeto de metal se recalentase al punto de sacar ampollas a quien tomara -por ejemplo- una tetera con las manos y volvía insoportable el ambiente, bañando a todos en sudor y haciendo muy corto el tiempo en que se podía actuar en cámara, a tal punto que los “actores” más utilizados y famosos en ese entonces fueron muñecos. Ellos aguantaban todo el tiempo que hiciera falta y no tenían sindicato… algo que me pregunto es si sirvió de inspiración a Gerry Anderson para sus supermarionation dos décadas después….

Después estaban los receptores enormes y pesados. El peso desmesurado de los aparatos primitivos que superaba todos los cálculos (aquí se cuenta como una exhibición en un teatro estaba resultando muy exitosa hasta que, debido al peso enorme, el aparato se desfondo el piso del escenario y todo el mundo al suelo).

Otro problema eran los constantes errores que se producían al ser todas las transmisiones “en vivo” aun sin grabación y que desembocaban a veces en momentos bizarros muy memorables, como el ocurrido durante el ballet “Carmen” donde una confusión entre el fondo y el vestido de la bailarina protagonista transmitió a los espectadores la imagen de una mujer que bailaba cortada por la mitad… Actores supuestamente muertos en escena que se levantaban antes de tiempo al no poderse “cortar” la transmisión. Televidentes que se echaban hacia atrás al ver un animal peligroso en la pantalla, exactamente como sus abuelos lo hicieron cuando se les “venía encima” el tren de los primeros cortos de los hermanos Lumiere. El precio absolutamente prohibitivo que tenían: si bien todos esperaban que cuando el nuevo medio se masificara, caerían los costos(como siempre ocurre) en ese momento tener un aparato de televisión era una muestra de status tanto o más valorado que poseer una Ferrari. Posiblemente más, por la rareza que suponían en esos años (recordar “Volver al Futuro” y el comentario de la joven madre de Marty Mc Fly:”Nadie en el mundo podría tener mas de un televisor”)

Y, quizá lo peor de todo: el paupérrimo nivel general de todos estos programas primitivos. Aunque poco a poco las  transmisiones iban mejorando, pero pasada la curiosidad inicial…. no había mucho que valiera la pena transmitir. ¿Porque resultaba tan mala la programación? Según se cuenta, porque no era mucho el capital disponible para contratar buenos actores, directores, escenógrafos, músicos, etc. y así mejorarla. Ahora bien, solamente se podía esperar que hubiera más dinero, cuando más personas compraran y miraran televisores, y este nuevo medio se haría más rentable, de lo contrario no mejoraría nunca. Concluyendo entonces que la televisión era tan mala porque nadie invertía y nadie iba a invertir mientras siguiera siendo tan mala. Un círculo vicioso perfecto.

Los pioneros de este medio trabajaron durante varios años a pura pérdida, estaban trabajando así en el momento en que se publica este número de Selecciones. Eran arriesgados visionarios que esperaban el futuro mejor, pero en ese momento no ganaban nada. Muchos críticos del nuevo medio temían que nunca saliera de ese estado -el mismo artículo muestra serias dudas de que en las siguientes décadas la esperada televisión continúe tan estancada como la veían en ese año de 1946. Entre otras críticas (algunas  ingenuas) se decía que ningún trabajador dejaría la radio que permite moverse por toda la casa y continuar con su trabajo, reemplazándola con la tele, que exige estar sentado enfrente. Esto se aplicaba especialmente a las amas de casa: jamás podrían estar sentadas mucho tiempo con todas las responsabilidades del hogar. Hoy podemos sonreírnos pensando en el furor absoluto de los teleteatros de la tarde apenas unos años después.

También aparecen, como siempre que existe una novedad, algunas truchadas risueñas como la promesa de arquitectos y diseñadores de proyectar nuevas viviendas especialmente pensadas para que la televisión pueda ser el centro del hogar.Y (fijese esto) ¡¡¡¡sillones especialmente diseñados para ver el televisor cómodamente!!!… Vamoooos, un sillón lo único que necesita para permitir ver tele es que lo ubiquen enfrente de la tele….

Ahora bien, el aviso que aparece en este mismo número y del que adjunto copia (es la única página dibujada) ,ofrece por contraste un visión super optimista ,verdaderamente eufórica de lo que sería este medio en el futuro. Y por esta vez tuvo razón todo el optimismo del aviso y no la prudente reticencia del artículo. Es sorprendente que los televisores dibujados, como se puede apreciar en la imagen, se parecen muchísimo a nuestros plasmas actuales. El dibujante los hace con pantalla bastante grande (cuando en esos años eran de pantalla muy pequeña, rodeadas de un aparato enorme), los hace muy prácticos y livianos (cuando aún estaba fresco el recuerdo de los voluminosos equipos que reventaban escenarios) y tan cómodos que pueden adosarse fácilmente a la pared. Considera que los precios habrán bajado lo suficiente como para permitir que un restaurante tenga varios aparatos, uno en cada pared cuando en aquella época era dificilísimo adquirir uno. Evidentemente el dibujante del aviso no comparte las dudas del redactor del artículo, sino que tenía la plena seguridad de que todos los inconvenientes desaparecerían pronto.

Bueno, nosotros que vivimos en este siglo y heredamos o conseguimos usadas estas viejas Selecciones ya sabemos lo que paso con los dirigibles y lo que paso con la tele… es mas ,si esta nota viene de los tiempos “pre tele” al menos pre tele masiva, nosotros ya casi vivimos en la era “post tele”. Hoy hasta los Simpson están desactualizados, los milenial ya no se pelean por un lugar en el sillón frente a la tv, esta cada uno con su propia pantallita y sus redes sociales. La familia Simpson puesta al día nos mostraría a cada uno por su lado, mirando cosas totalmente diferente, quizá Homero riéndose de los blooper, Lisa buscando el National Geographic o algo asi, Marge el canal de cocina, Bart algo quizá no apto para niños…

Bueno, ojala le guste, un saludo y gracias por su tiempo!

Ahora les dejamos el articulo completo para que lo puedan leer si les ha llamado la atencion…

…Y si quieren pueden bajar el pdf con este mismo articulo. Solo sigan el link. Y agradézcanle a Angelica por la colaboracion

 

 

Los muertos no hablan (Stiffs don´t squeal, 1953)

Autor: “Ricky Drayton” (seudónimo de Michael Gorell Barnes)

Colección Débora n° 46

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1960

A Ricky Drayton, periodista de policiales del New Orleans Messenger, lo llaman para que vaya a una habitación de hotel donde conseguirá una noticia bomba. Cuando llega al hotelucho, hay una noticia peor no la esperada: la persona que lo había citado se ha suicidado tirándose desde la ventana. ¿O no fue suicidio? Al ponerse a investigar Drayton encuentra una trama que involucra a las chicas de un club de “strip-tease “, un club de moda con secreto lugar de apuestas, gente influyente e intentos de extorsión. Que resolverá Drayton usando astucia, redaños, puños y pegando unos cuantos tiros (cosa medio raro en un periodista pero bueh…)

Esta es otra de las novelas que se publicaron en la Inglaterra post Segunda Guerra copiando el modelo de las novelas americanas de esos años, muy herederas del exceso de violencia salpicado con sexo de Mickey Spillane y sucesores. Y que la editorial Malinca tradujo de manera frecuente en Argentina. Dentro de ese contexto escribe una historia pasable, pero nada especial.

El autor es más conocido por su trabajo posterior como guionista y productor cinematográfico en su país natal. Otro obrero del plumín escribiendo novelas para ganarse el puchero. Solo para lectores aficionados al género o para aquellos que les gustan las tapas de la editorial y quieren ser completistas.

Kiky Bananas y otras historias

Autor: Claudio Andrés Romero Toledo (a) “Karto”

Colección: Ojo Blindado

Edita: Ocho Libros, Santiago de Chile, 2016

Karto fue uno de los autores que surgieron en el Chile de finales de los ochentas, tratando de resucitar la historieta local, que había sido herida de muerte por la dictadura de Pinochet. De la mano de revistas como Trauko, Bandido y Matucana, nuevos autores más influenciados por las revistas internacionales de la época como Fierro, El Vibora, Cairo y Zona 84, intentaron armar una una historieta más acorde con los tiempos que corrían, dejando atrás los productos que en los sesentas y setentas había publicado editoriales como Zig Zag y Quimantú. Fue una etapa breve que dejo una marca en la historieta de Chile.

Justamente este libro recopila historietas que Karto hará en ese período, entre ellas las dedicadas al personaje del título del libro, una modelo muy ochentosa que vive aventuras de sexo, droga y rock and roll, con un estilo que recuerda a cosas de El Vìbora y Cairo. Publicada en la Trauko, Kiky Bananas es el personaje más representativo de su autor. Ademas hay otras historietas publicadas en otros medios alrededor del mismo período.

¿Qué me pareció? Honestamente, creo que las historietas que aparecen aquí no han soportado muy bien el paso del tiempo. Sobre todo creo que la falla está en los guiones, que nunca terminan de ser muy profundos ni atrapantes. El dibujo de Karto tiene sus momentos (hay cosas mejores y cosas peores, como toda recopilación de trabajos de diferentes períodos) pero los guiones oscilan entre lo pasable y lo directamente aburrido. Eso sí: nada es 100% por ciento infumable. Solo que medio mediocre.

Me parece muy bien que Ocho Libros haga este rescate de autores chilenos de historieta. Pero realmente todavía no logro encontrar un autor de este país que me entusiasme demasiado con sus historietas. Esto no es malo, pero tampoco me parece del otro mundo.

¿De dónde te tengo? – Hoy: Alan Napier

– ¡Santos secundarios, Batman! Acabo de descubrir que Alfred trabajó en un montón de films de terror de tos cuarenta, bajo el nombre de Alan Napier.

-¿Recién te das cuenta de esto, Robin? Mmmm… Tal vez tengas que volver a repasar tu tarea de observación detallada. Recuerda que ningún buen paladín de la justicia debe descuidar este trabajo.

-Tienes razón. Lo siento Batman.

Esta secuencia imaginaria sirve para presentar a uno de estos actores secundarios que han actuado en muchas pelis que hemos visto, pero al que sólo reconocemos por un único papel. A Alan Napier le pasa eso: es conocido apenas como el mayordomo de Adam West y Burt Ward, en la serie de tevé Batman. Mientras que el tipo tiene un historial impresionante dentro del género fantástico (y en el cine “serio”, ¡berp!).

Alan William Napier-Clavering nació en 1903 en Birmingham, Inglaterra. Era de una familia de clase alta, siendo su primo nada menos que Neville Chamberlain (el Primer Ministro de Inglaterra a principios de la Segunda Guerra Mundial). Según él, su interés por la actuación nació de pequeño, gracias a las historias que le contaba su madre. Ya de joven entró a estudiar en la Royal Academy of Dramatics Arts, para seguir en el Oxford Players. Durante la década del veinte comenzó a conseguir papeles cada vez mayores en el teatro británico. Un problema que tuvo para llevar adelante su carrera profesional fue su estatura: medía más de un metro noventa, lo que dificultó conseguir trabajos en ciertas películas. “¡Cuántas partes perdí simplemente por pararme! Lo peor de todo es que yo entendía lo que querían”, explicó una vez en un reportaje el actor. Como positivo, tenía esa voz muy cuidada y una excelente dicción.

Napier trabajó en varias obras de Broadway durante la década del treinta, hasta que se quedó definitivamente en Estados Unidos en 1940. Pronto Hollywood lo llamó a trabajar. Su primer papel cinematográfico en el país del norte fue en We Are Not Alone (1939). A partir de allí trabajaría como actor de reparto en muchos films de los años cuarenta, en general en roles de hombre suave, educado y “temiblemente británico”, como lo explicó alguna vez.

Varios de esos papeles lo hicieron ingresar al género de terror. La primera de estas películas que hizo fue Vuelve el Hombre invisible (The lnvisible Man Returns, 1940) donde era el chantajista que amenazaba al protagonista. Otros roles serían el de novio de Ruth Hussey en El Mandato de otro Mundo (The Uninvited, 1944); el crítico de arte que mataba Rondo Hatton en La Mansión del Mal (House of Horrors, 1946); y uno de los atrapados por la peste -junto a Boris Karloff- en La isla de los Muertos (lsle Of the Dead, 1945), producida por Val Lewton; entre otros trabajos en pelis similares. En décadas posteriores tampoco se alejó del cine fantástico, laburando, entre otras, en El Entierro prematuro (The Premature Burial, 1962) de Roger Corman y Viaje al Centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, 1959). También apareció en Marnie (1964), del maestro Alfred Hitchcock. Y en el Macbeth de Orson Welles , entre otras (muchísimas) participaciones mas.

Pero la carrera de Napier cambiaría totalmente cuando acepta trabajar en una serie de televisión basada en un personaje de historieta: Batman. A partir de ese momento se convierte en Alfred, el mayordomo de Bruno Diaz. Alfred sabe de la identidad secreta de Bruno y lo ayuda en la medida de lo posible. Incluso llega a disfrazarse del Encapotado para despistar a los villanos. El éxito del programa le daría a Alan sus momentos de gloria, pero también quedaría encasillado. dijo en un reportaje.

Tras esto, hizo poco y nada, retirándose a pasar los últimos años de su vida en paz. Siempre recibió a los fans que lo buscaban para hacerle preguntas, a veces invitándolos a tomar el té. En 1988, Alan Napier murió. Así que, la próxima vez que miren una peli de los cuarenta y vean a un tipo alto, elegante y de aire familiar, puede que sepan la respuesta a esa pregunta que les quedó rondando en la cabeza: ¿y a éste, de dónde lo tengo?

Tex: Camino a Oregon (Verso l’Oregon, 2011)

Autore: Gianfranco Manfredi (guión) y Carlos Gomez (dibujos)

Edita: Acción Comics, Santiago, 2015

En Italia, hablar de Tex es hablar de un fenómeno editorial que sigue intacto desde su primera aparición allá por 1948. Las aventuras de Tex Willer, ranger texano en el Salvaje Oeste norteamericano llevan desde entonces publicándose continuamente en ese país. Muchìsimos autores italianos y extranjeros han pasado por las aventuras de este personaje. En este caso, quien dibuja esta aventura es Carlos Gomez, dibujante argentino cuyo trabajo más conocido sea haber seguido con las historietas de Dago tras el fallecimiento de Alberto Salinas, el dibujante original de la serie.

Este es un número especial de la serie con más páginas de las habituales. Un ranger es asesinado a sangre fría por un joven con pinta de inocente pero que, al investigar, resulta haber dejado un rastro de muertos en su viaje desesperado hacia Oregon. Efectivamente el tipo parece ser un desequilibrado, presto a matar al primero que le desencadene la más mínima sospecha. Tex y Kit Carson son designados para perseguir y buscar a este asesino y llevarlo a la justicia.

La investigación los lleva a toparse con una pequeña caravana de mujeres solas, que viajan a Oregon, en busca de una vida nueva con esposos que las esperan allí. No es una ruta fácil para mujeres solas y sin experiencia, por lo que Tex y Kit las acompañarán en todo el viaje, ya que descubrirán que el asesino también se dirige a Oregon, junto a su tío, que ¡oh, casualidad también es el reverendo que ha convocado a las mujeres. En ese viaje pasarán miles de peligros, desde ríos traicioneros hasta partidas de indios dedicadas al bandidaje, pasando por cruces montañosos imposibles. Y al llegar a Oregon las cosas no terminan porque hay algo mucho más siniestro detrás de la oferta original.

Estel Ibor se lee como lo que es: un western clásico, con héroes, villanos, acción en la medida justa, con personajes muy sólidos (las mujeres de la caravana se van construyendo de a poco como personajes complejos y tridimensionales) y un relato que, por lineal que sea, no deja de ser atrapante. Y todo complementado con el dibujo de Carlos Gomez, muy realista, muy detallado, muy cuidadoso con la expresión y los fondos.

Desde ya, esta no es una obra rompedora de nada. Pero es una aventura del Oeste solidísima, bien escrita y excelentemente dibujada. Si les gusta el western, léanla y les va a quedar claro porque Tex todavía sigue siendo un ícono popular en Italia.