A descargar: La Atlántida por Angélica Barron

Nuestra colaboradora Angelica Barron mando un texto masivo sobre la Atlantida y todas las implicancias que este mito tiene dentro de nuestra cultura, cruzando muchisimos textos tanto de cultura popular como cientificos y culturales.

Y la verdad, me pareció que el texto merecia un tratamiento especial. Algo mas que una simple entrada o dos en el blog.

Así que , a falta de algun especial recopilatorio de algo este año, les presentamos nuestro úlitmo e-zine, hecho en base al texto de Angélica. El texto lo amerita.

Asi que vayan , bajenlo (en el archivo encontrarán versiones en pdf, mobi, doc y epub, para que les acomode a gusto y piacere a su forma de leer) y disfrutenlo.

Y denle las gracias a Angélica por hacer un trabajo tan interesante

Ah, y si quieren leer los anteriores e-zines de este blog, pues solo sigan el link y alli los hallan

Los hijos del diablo (More Little Monsters, 1973)

Autores: Varios (editan Roger Elwood y Vic Ghidalia)

Colección: Libro Ameno nº 18

Edita: Bruguera, Barcelona , 1977)

Durante la década de 1970, las antologías de relatos de ciencia ficción y fantasía brotaban como hongos, dando a muchos una prueba de muchos autores que raramente aparecían recopilados en las editoriales. El rey de las antologías en esos años era Roger Elwood, un tipo que de hecho ha sido criticado por crear antologías como salchichas, despreocupándose de la calidad del material recopilado. Para muchos fue justamente este trabajo a diestra y siniestra que perpetró el responsable de la destrucción por saturación del libro de antología.

Aprovechando que tenemos una de sus antologías veamos si esto es asi o no.

Específicamente, esta antología se centra en relatos con niños que se relacionan con elementos fantásticos y/o paranormales como ejes del relato. Fantasmitas, brujitas, criaturitas con poderes especiales y asi. Pero vayamos uno por uno

“Dulces para esa dulzura” (sweets to the sweet) de Robert Bloch es un relato sobre una pequeña que parece saber de vudú. Breve y algo predecible.

“La Muñeca que lo hace todo” (The Doll that does everything) de Richard Matheson podría ser un guion de los que escribía para la Dimensión Desconocida, una pequeña fábula moral (esa vez sobre los padres que no se resignan a atender a sus hijos y prefieren que haya ora cosa que los distraiga) con final repentino y trágico.

“¿Amigas?” (Friends?) de Roberta Ghidalia habla de la relación obsesiva y casi parasitaria entre una niña y su gata… porque es gata, no?

“Juego del crepúsculo” (Twillight Play) de August Derleth convierte al juego entre dos niños en un descampado en algo mas temible, sobre todo porque uno no es lo que parece.

“El sombrio tercer piso” (The Shadowy third) de Ellen Glasgow se aparta estilísticamente de los relatos hasta el momento (todos relatos breves, y bastante directos) para llevarnos al relato de fantasmas que hacía furor entre 1880 y 1920, con historias cargadas de clima donde todo esta en la sugerencia. Aquí una enfermera debe cuidar a la esposa de un reputado médico, que parece haber enloquecido tras perder a su hija. Y sin embargo, de a poco se va metiendo en una trama mas turbia… en la que además va apareciendo de la nada la niña que todo el mundo dice que murió.

“La transferencia” (The transfer) de Algernon Blackwood, si bien tiene un niño clave en el climax de la historia, en realidad es un magnifico relato de vampiros psíquicos, con un hombre que puede absorber la voluntad encontrándose en una lucha con un lugar al que le pasa algo similar. Una premisa rara que se soluciona de una manera excelente

“Un futuro color de rosa para Roderick” (a Rosy future for Roderick) de Nelson Bond es una historia contada en clave humorística (con un humor medio mala leche) sobre un irritante pendejo sabelotodo que además resulta ser un mutante con un intelecto mega hiper archi dotado. Si uno piensa seriamente en el final, mas allá del tono gracioso que Bond le impone, la crueldad con la que se resuelve todo es de aquellas. Absolutamente dentro de la incorrección política.

“Brenda” de Margaret St. Claire es una historia de zombies. Y de llegada a la adolescencia. Asi, too a la vez. Extraña sobre todo.

“Mister George” de Stephen Grendon (un seudónimo de Derleth, quien se repite el plato) trata sobre una niña, su padrastro/fantasma/angel de la guarda y sus tíos abusivos. En un punto es un cuento de hadas moderno, con los culpables castigados cruelmente, los inocentes recompensados y un happpy ending. Muy solido. Seria una gran película del genero terrorífico.

“La brujita de la calle Elm” (The Little witch of Elm Street) de Mildred Clingerman es otro elato liviano sobre dos hermanitas, una mayor, simpática y muy inteligente y su hermanita menor, un terremoto viviente que parece poseída por el diablo… Que es lo que sospecha su hermana. Lo mejor de la historia es como nos encariñamos con la hermana mayor, una dulzura de niña.

“Jimmy” de Lester del Rey es, con mucho, el relato mas interesante de la antología. Una historia sobre la perdida de la bondad y la humanidad mientras crecemos. Lo que parece al principio el desvarío de una señora loca se convierte de a poco en la aparición de un fantasma… de alguien que no ha muerto. Todo de a mano de un protagonista que lentamente se va desenmascarando como un ser egoísta y aprovechador. Brillante.

“El hada de los dientes” (The tooth Fairy) de Harvey Jacobs es breve, cruel y de una maldad genial. Podría haber sido un Cuento de la Cripta, una de esas fabulas morales perversas sobre la avaricia humana.

Finalmente, “Robbie, David y el pequeño Dahl” (Robbie and David and Little Dahl) de W. Macfarlane es el único relato ubicado claramente dentro ciencia ficción de la antología. En un mundo de fanatismo religioso, un niño va sobreviviendo cambiando identidades. NO me enloquecio la verdad.

En síntesis, la antología esta buena, con un promedio bastante razonable. NO quiero opinar si esta es una excepción o la regla, pero en lo personal no me podría quejar de lo que los señores Elwood y Ghidalia eligieron poner dentro de este tomito. Se deja leer mas que bien.

Mas Mundodisco para todos

Brujerías (Wyrd Sisters, 1988)

Colección: Mundodisco 6

Edita: Martinez Roca, 1992

PIrómides (Pyramids, 1989)

Colección: Mundodisco 7

Edita: Martinez Roca, 1992

¡Guardias! ¿Guardias? (Guards! Guards?, 1989)

Colección: Mundodisco 8

Edita: Martinez Roca, 1992

Autor: Terry Pratchett

Venía remolón, dándome vueltas a la hora de escribir sobre las últimas novelas de Mundodisco que he leído. A veces es así, me da vagancia escribir sobre algo y lo voy estirando. Pero, ojo, no porque la serie decaiga. Por el contrario, a esta altura, Pratchett ya le encontró el tono definitivo a la serie y aquí nos presenta a tres historias fabulosas. Y sobre todo, muy graciosas.

En Brujerías, Pratchett va a agarrar el argumento de Macbeth de Shakespeare y convertirlo en comedia. Para eso va a usar a Yaya Ceravieja (a la que ya vimos en Ritos Iguales) junto a dos de sus compañeras, teniendo que enfrentarse a desgano a un rey usurpador y asesino del rey legítimo, que las quiere inculpar de sus problemas. Además hay un heredero justiciero, un reino enojado, una esposa que azuza al usurpador y unos actores de teatro. Sí, todo muy shakesperiano… hasta que uno lo lee. Porque esto es una farsa de tomo y lomo, con brujas enojonas y provincianas, fantasmas que no quieren serlo, príncipes que no tienen ni idea, tiranos idiotas, y saltos temporales locales. Y Yaya Ceravieja – que en la novela anterior estaba esbozada – acá deviene una fuerza de la naturaleza hecha señora, una suerte de señora de su casa que no quiere saber nada de moderneces, con cero sentidos del humor y un pragmatismo que corta boludos en cantidad. O sea el equivalente juvenil de tu tía abuela, esa que siempre sabe lo que hay que hacer aunque no tenga ni idea y no acepta un no por respuesta cuando decidió que ese es el camino correcto a seguir.

Pasando a Piromides, la parodia va hacia el Antiguo Egipto. Un lugar donde nunca pasa nada, donde todo siempre pasa exactamente igual, donde los faraones gobiernan y mueren para ser convertidos en momias que viven eternamente bajo las pirámides… les guste o no. Y donde le poder energético de las pirámides es real. Tanto que si se hace un poco demasiado grande pues… tenemos problemas con la realidad. Sumemos a un joven faraón que estudió para ser asesino (en la escuela del Gremio de Asesinos de Ankh-Morpokh nada menos) devenido en justiciero nocturno contra su propio reinado, una familia de constructores de pirámides muy ambiciosos, un Sumo sacerdote con n oscuro secreto y un camello que es un verdadero genio de las matemáticas y tenemos los ingredientes para una novela que a mí me tuvo por momento riéndome a carcajadas.

Y en ¡Guardias! ¿Guardias? Conocemos a la Guardia Nocturna de Ankh Morpokh, una de las agencias de protección más inútiles e innecesarias de la historia. Que de repente se topan con una conspiración para que aparezca un dragón y con ello, conseguir un rey que lo elimine y así conseguir un nuevo gobernante en la ciudad… excepto que el dragón no quiere. Y es inteligente. Y jodido. Súmenle a una vieja solterona obsesionada con los dragones, la aparición rutilante del simiesco Bibliotecario de la escuela de magia (si leyeron alguna de las novelas anteriores ya lo van a conocer) y el gran rol del Patricio, gobernante de la ciudad, un tipo que hace que Batman parezca un novato a la hora de urdir planes sobre planes sobre planes. Si bien las tres con muy buenas novelas, esta es simplemente genial. Hay hasta chistes con Harry el Sucio, en una escena que hay que leer para creerla.

Lo vuelvo a decir: si no leyeron nunca alguna novela de Mundo disco no sé qué hacen acá. Vayan y consíganlas. Es perderse una de las mejores sagas de literatura de los últimos cincuenta años.

El vampiro y otros cuentos de horror y misterio

Autor: Victor Juan Guillot

Colección: Los Exhumados nº3

Edita: Ignotas, San Andrés, 2016

La crítica literaria es caprichosa, sobre todo en lo que respecta a la permanencia en el tiempo de un autor. Que una creación sobreviva en el tiempo no tiene muchas veces que ver con la calidad sino con factores externos. De maneras misteriosas, la crítica pasa por alto a narradores que bien merecerían el reconocimiento. Después ya solo queda la autosatisfacción del iniciado en los misterios de la Facultad de Letras y del consenso literario para terminar de olvidar obras que bien podrían valer la pena, pero que terminan en manos de outsiders que hablan de estos libros en blogs, fanzines o similares lugares a que están fuera del campo (como diría Bourdieu). A lo mejor como este blog, que se mete con esa gente olvidada. A lo mejor como tipos como Mariano Buscaglia que edita libros que se salen del canon. Su colección Los exhumados justamente nos hace ese favor. Por eso merecen reseña aquí.

Y, si me preguntan, creo que el mayor rescate que ha hecho Mariano es con Victor Juan Guillot

Si por algo es recordado Guillot es por su participación como político radical en el escándalo de las tierras del Palomar, uno de los casos de corrupción más mentados durante la Decada de 1930 (conocida también como la Década Infame) en Argentina. Guillot terminó suicidándose ante las acusaciones que lo tenían como metido en las coimas. Tal vez eso haya sido lo que determinó su olvido como literato. O no. Pero que se lo olvidó se lo olvidó. Lo cual no debería ser asi.

Como bien demuestra este libro de relatos cortos, Guillot es un gran cuentista, a la par con tipos como Horacio Quiroga en su manejo no solo del fantástico sino en la creación del elemento macabro –a veces fantástico a veces no- en la cotidianeidad. El mundo de Guillot combina –al igual que Quiroga- la descripción cotidiana (sobre todo en el campo argentino de esos años) con ese algo raro o fuera de lo esperable que nos deja una puerta abierta ante las dimensiones desconocidas de nuestra vida. Una prosa tersa, ágil y al punto, a veces afectada por cierto lenguaje modernista, otras por un cierto humor macabro tongue –in – cheek  (pienso en “El alma en el pozo” el relato largo con el que termina el volumen). A veces ni siquiera el horror es un recurso fantástico: “El vado” es completamente realista y a la vez uno de las historias más terribles del libro.

Como es que nadie rescatara previamente la obra de Guillot, me deja simplemente entre anonadado y enojado con los guardianes del Conocimiento de la Literatura Argentina. No sé qué miércoles hacen, si un tipo de este nivel es olvidado.

Les urjo a comprarse este libro. Van a encontrar un narrador fabuloso de historias (de misterio y horror), uno de esos tipos a rescatar. Libros como estos son los que le dan sentido al blog.

Todo lo que quiso saber sobre Carnaval de Almas y nunca supo donde preguntar

(ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NUMERO 26 DE LA REVISTA LA COSA  DE BUENOS AIRES, FEBRERO DE 1998. TIENE RETOQUES MINIMOS DE SU EDICION ORIGINAL)

Todo comenzó con un centro recreativo abandonado al lado del Gran Lago Salado en Utah, Estados Unidos. Este lugar, llamado Saltair, sirvió en los años treinta como parque de diversiones y sala de baile para la gente de la cercana ciudad de Salt Lake City. El lugar era ideal para la gente que quería bañarse en las aguas del lago y pasar un rato entretenido. Para junio de 1961 sólo quedaba la construcción abandonada, un lugar verdaderamente fantasmagórico.

Resultó ser que pasaba por Ia ruta un señor llamado Herk Harvey. El tipo volvía a la ciudad donde trabajaba, Lawrence (Texas), después de filmar una película industrial en California. Porque de eso vivía: de hacer pelis sobre las maravillas del trabajo en una planta industrial determinada- proyecto pagado por esa empresa-o documentales educativos de esos que dan en las escuelas cuando la maestra no quiere dar clase. La cuestión fue que al pasar por el lugar le pareció que era un escenario perfecto para usar en una película de ficción, algo que nunca había hecho pero estaba interesado en hacer.

AI volver a su ciudad, Harvey le mostró las fotos que había tomado de Saltair a John Clifford, un guionista que trabajaba en la misma compañía productora de films que él. El resultado: en un par de semanas había un guion terminado. “Tenía la idea de una caceúa y de cuerpos saliendo del agua para perseguir a un Joven”, explicó en un reportaje Harvey. Eso, más el escenario extraño que tenían, más la presunción que un film de terror sería más fácil de comercializar en ese momento hicieron que Clifford y Harvey borronearan la estructura de uno de los films fantásticos  y más interesantes del cine.

Bienvenidos a Carnival of Souls…

COMO HACER UN FIIM BUENO, BONITO Y BARATO

Primer problema: ¿de dónde sacamos la guita?

Algunas ventajas había: por su laburo, Harvey y Clifford tenían a su disposición no sólo el equipo técnico que les prestaban “de onda” sus jefes, sino que el resto de la gente que necesitaban también estaba interesada. Claro, más divertido que hacer un documental sobre las ventajas tecnológicas de la tostadora eléctrica K-25 tenía que ser.

Pero algún dinero había que conseguir. Por lo menos se necesitaban diecisiete lucas verdes. Si, 17.000 dólares. Gracias a un amigo con contactos llamado Joe Taylor, se consiguió que empresarios locales pusieran el dinero necesario. Quinientos de Fulano, setecientos de Mengano… Y así de a poco se llegó a la suma necesaria.

Para el elenco, Harvey eligió en su mayoría a actores locales, muchos de los cuales trabajaban regularmente en sus films educativos. Sólo decidieron contratar una actriz profesional que viniera de Nueva York para darle el papel protagónico (habían decidido convertir en una mujer a la protagonista “porque hacia aparecer al personaje más vulnerable”). Así fue que hallaron a Candance Hilligoss, una actriz recién egresada del Actor’s Studio. Ella sería Mary Henry, la organista alejada de la Humanidad y perseguida por los espectros de la película.

A llegar a Lawrence, Hilligoss no dio una primera impresión muy buena a Harvey. “Ella no era lo que tenía en mente, Toda la noche estuve pensando cómo le diría que no la queríamos. A la mañana, después de tener la oportunidad de arreglar su pelo y ponerse maquillaje, ella luce como una mariposa saliendo de su capullo, Decidí usarla”.

Estaba todo listo para filmar. Casi todas las tomas se harían en exteriores, tanto en Lawrence como en Salt Lake City. Había tres semanas para filmar. No mucho tiempo. Por suerte la filmación se produjo sin incidentes. Y eso que hubo quilombos potenciales que pudieron aparecer en tomas riesgosas como la del auto cayendo al río. Había un tubo de gas que cruzaba el agua por debajo y, si el auto caía fuera del lugar marcado, podía pasar un desastre. Por suerte las cosas anduvieron bien.

En Saltair, muchas de las tomas se decidieron allí, mandando un poco a la basura lo dicho en el guión. La mejor secuencia -el fantasmagórico baile de los muertos en el pabellón- tuvo la ventaja de poder usar las viejas luces de las arañas que colgaban allí. Más allá de llamadas de vecinos a la policía que decían que ese lugar abandonado estaba intacto, las cosas funcionaron bien. El 19 de octubre del 61 ya estaba todo filmado. La edición del material se terminó en enero de 1962. El costo total había sido de treinta mil dólares. Ahora venía la pesadilla: la distribución…

DE COMO HACER QUE UNA PELICULA ANDE BIEN Y UNO NO VEA UN MANGO

La premiere del film en Lawrence, Texas, trajo una fría reacción. “Pienso que era un film duro de tragar en ese momento; todo no se autoexplicaba”. Recordemos que “terror” en esa época eran los films de la Hammer y Vincent Price haciéndose el loco en La Pavorosa Casa de Usher (The Fall of House of Usher, 1960), y demás películas del ciclo Poe dirigidas por Roger Corman. Tal vez “El Carnaval…” es un film más en la línea de las películas del productor Val Lewton en los cuarenta, al estilo La Marca de la Pantera (Cat People, 1942), con todo eso de no saber si todo es verdad o la protagonista ve cosas, con un acercamiento más sutil, más de terror blanco, no haya sido un error en términos comerciales. Pero eso había que verlo en el circuito comercial. Y el film necesitaba un distribuidor.

Aquí entra una distribuidora de films independientes que recién empezaba, la Herts-Lion Corp., que dirigía un productor llamado Kenneth Herts. Harvey se contactó con ellos por medio de un conocido y en poco tiempo había un contrato bastante bueno para distribuir el film en el circuito de los autocines, junto a The Devil’s Messenger (un engendro con Lon Chaney Jr.) en doble programa. Parecía que todo andaba sobre ruedas. La película recaudó bien pero… el dinero nunca llegó. Harvey se quejó. Le mandaron un cheque, que fue rebotado en el banco. “Entonces supe que teníamos problemas”, explicó.

AI poco tiempo la compañía quebraba y Kenneth Herts se las había tomado a Europa. Rajó como un pajarito.

El problema no terminaba ahí. La cinta original estaba en los laboratorios de donde se habían hecho las copias para mandar a los cines. Esas copias no se podían llevar por que había que poner el dinero (mucho) que se debía. Más fácil: el laboratorio se quedaba con las copias hasta que se les pagara la plata que se les debía. Además las copias tenían nueve minutos menos, una decisión tomada por la distribuidora antes de ser exhibida. Al final los derechos para televisión quedaron en manos de un vendedor de paquetes de films para la pantalla boba. ¿Resultado?: Camival… aparecería cada tanto en las trasnoches de la tele norteamericana, sin que los que la hicieron vieran un peso por eso.

Con razón Harvey no volvió a hacer otro film de ficción, volviendo a su trabajo de documentales…

SALIENDO DEL OLVIDO (o “Mira que buena peli dan a la noche. ¿Quién la habrá hecho?”)

Que la pasaran continuamente por televisión fue una ventaja para Carnival… Poco a poco fue captando espectadores que se quedaban asombrados con esa desconocida película de terror con tanto estilo y clima, con esa atmósfera de pesadilla, con esos muertos vivos similares aunque anteriores a los de La Noche de los Muertos Vivientes (Night of The Living Dead, 1968), de George Romero -otro clásico del terror hecho por dos mangos independientemente- . Con el tiempo el film empezó a tener un pequeño “status’ de “cult film”. En la prensa especializada yanqui comenzaron los artículos investigativos. Así fue que el director y cinéfilo Richard Haines convenció a Panorama Entertainnent para restaurar y relanzar el film dentro del circuito de “midnight movies” -a donde van a parar los films de culto generalmente en Yanquilandia-.

La restauración se hizo a partir del original que Harvey y Clifford habían recomprado tras muchos años. Ahora la película era de ellos y tenían un nuevo trato para lanzarla como correspondía. Así que en 1990, veintisiete años después de la “premiere” original, la versión completa y restaurada de Carnival of Souls se volvió a proyectar en Lawrence. Y esta vez el público la aplaudió a rabiar. Como se lo venía mereciendo. Que no siempre se puede ver una joya del cine de terror -una de esas que te hacen tener miedo y no sólo reírte del mostro de goma- muy seguido.

¿Y DE QUE VA LA COSA?

El argumento final es simple: una chica que trabaja de organista es la única sobreviviente de un accidente en el que un auto cae a un rio. Pero, desde que se salva, su vida no es la misma. Es perseguida por un extraño espectro con la cara blanca (interpretado por el propio director), tiene visiones de un extraño ballet con un montón de muertos, la gente ya no la escucha ni la ve. ¿Cuál es la razón? ¿Esta chica, estará realmente viva? ¿Eh?

Relatos de Espada y Brujeria

 

Autores: Varios; Claudio Diaz (selección)

Edita: Thelema, Buenos Aires, 2017

Aviso de nuevo: otro libro regalado por Claudio Diaz , que es amigo con lo que mi versión puede ser sesgada a su favor. El que avisa no es traidor.

Lo más interesante en esta antología es abrir el juego a los autores de fantasía heroica independientes de Argentina, que, por lo que se ve, son más de los que parece. Ya eso solo hace de este libro un hito importante para entrar a explorar lo que se viene haciendo con la espada y brujería en Argentina, como contaba Mariano Buscaglia hace poco en su nota en el blog.

Y por supuesto, como toda antología, hay de todo, desde cosas bien escritas pero que no emocionaron, hasta dos o tres cuentos muy poderosos que le saben sacar el jugo a las posibilidades de la fantasía Por ejemplo “La Tejehechizos” de Lucas Simmons, donde la protagonista busca hallar un camino para cambiar su destino y mala fama con un loop brillante (y no spoileo mas) o la muy bien escrita “Nigromante” de Paul Calvetti Costa (personalmente la que más me gusto de todo el libro) donde – usando el recurso de cartas y declaraciones oficiales- nos hallamos ante un enredo de un humor muy tongue in cheek que le debe mucho al Mundodisco de Terry Pratchett. Y, en registros más clásicos, las dos historias de Claudio Diaz (la escrita en solitario y la hecha en colaboración con Carolina Panero ) y “De como Palito, el Bardo, conoció al Paladín” de Graciela Rapán son tres historia sólidas y que son bueno atisbos de los mundo ficcionales que proponen sus autores. Ojo: no hay ningún relato que uno sufre, solo que los demás para mi gusto le faltan algo para terminar de disfrutarlos completamente.

Como acercamiento al género escrito en Argentina, vale la pena. Si lo encuentran y les gusta este tipo de historias, cómprenlo: vale la pena.

Paradoja Perdida (Paradox Lost, 1973)

Autor: Fredric Brown

Colección: Biblioteca de Ciencia Ficcion nº 28

Edita: Hyspamerica/Orbis, Madrid, 1986

Primero que nada, unas palabras sobre esta colección: para quienes hayan sido adolescentes en la Argentina de mediados de los ochentas y estaban interesados en el género, esta colección que se vendía en los kioscos fue una bendición caída del cielo. Con una selección encomiable (leo por ahí que el responsable de ella era Domingo Santos, uno de los próceres de la ciencia ficción española), esta colección de Hyspamerica reunía a un montón de autores y títulos clásicos , desde Isaac Asimov hasta P. K. Dick, pasando por las Visiones Peligrosas de Harlan Ellison y hasta con autores como el argentino Eduardo Goligorsky. Y en el medio, este relato de cuentos de ciencia ficción de uno de mis autores favoritos, Fredric Brown. En todos estos años lo he reseñado bastante (como pueden ver no solo en esta entrada, sino también si se leen el Especial Criminal, uno de los especiales que recopilan lo hecho en el antiguo –y que parece extinto– blog) y siempre de manera positiva.

Lo primero que llama la atención es el prólogo de Elizabeth, la viuda del autor, contando sobre los habitos de trabajos cotidianos de su esposo, un tipo al que (de acuerdo a la introducción) le costaba horrores poner le culo y sentarse a escribir. Y por eso no era prolífico pero, a su vez, lo convertía en un experto en la construcción de tramas muy pulidas y repletas de giros inesperados. Si vas a sufrir escribiendo, por lo menos tente todo muy armado antes de empezar. Y sospecho que por esto mismo también manejaba tan bien el cuento corto, ese de pocas páginas, un formato nada fácil de manejar y que Brown manejaba con maestría. Sobre todo a la hora de escribir ciencia ficción.

Aquí tenemos trece ejemplos de sus historias cortas de ciencia ficción y fantasía. Ninguna baja de buena. Por supuesto, como en toda antología algún relato mejor que otro. Yo destaco “Teatro de títeres” (una historia sobre el primer contacto entre extraterrestres y humanos con un tono de comedia soterrada y un remate fabuloso), “No sucedió” (donde, a partir de la idea solipsista, Brown lo convierte en un relato que casi podría haber sido antecesor en un punto de las realidades virtuales), “Obediencia” (que reflexiona sobre nuestro salvajismo y heroísmo inherente como hombres), “Eine Kleine Natchmusik” (versión aterradora del Flautista de Hamelin), “Sirio Nada” (una gran comedia de enredos espacial) y “Algo verde” (donde juntamos un Robinson espacial y la añoranza por el color verde de la Tierra en un relato desesperanzador). Todos ellos están dentro de lo mejor de la ciencia ficción de todos los tiempos

Si encuentran este libro, no lo dejen pasar. Si quieren conocer a un gran escritor de narrativa breve, no lo dejen pasar. Si les gusta la ciencia ficción, no lo dejen pasar. Vale mucho la pena.

Relatos de Tierra Incognita

Autor: Claudio Diaz

Edita: Fusang, Buenos Aires, 2010

La fantasía heroica literaria no es un género muy transitado en la Argentina. Sobre todo cuando juega a respetar los cánones más tradicionales. Nunca ha habido una revista de fantasía que la haya albergado en sus páginas y el ghetto de la ciencia ficción local sospecho que mira con cierto desprecio a las historias de este tipo (prefiriendo la veta más “high fantasy” de El Señor de Los Anillos y sus émulos). A diferencia de la historieta argentina –que tiene algunos ejemplos interesantes entre su producción – no tenemos muchos Conan locales.

Para subsanar eso, Claudio Diaz se embarcó en este libro de elatos, protagonizado por un trío que responden a tres estereotipos de aventureros muy instalados en el género. Por un lado tenemos a Rodrigo, suave, elegante, hábil tanto con la espada como con el laúd. Luego esta Thorvald, un vikingo grandote, forzudo, de risa sonora y la sutileza de un gancho al hígado. Finalmente Sheng Wan es una joven de rasgos orientales, ágil, astuta, de lengua ácida y personalidad mercenaria y amoral. Los tres son un equipo implacable a la hora de pelear y amigos dispuestos a todo para protegerse entre sí, desfacedores de entuertos ante todo.

El resultado es un producto digno, sólido y bien escrito, que escapa poco de los moldes del género pero que lo transita con dignidad. No esperen nada más ni nada menos que tres relatos de sword & sorcery clásicos y no se van a arrepentir. Si buscan otra cosa, bueno, esto no es para ustedes. Si además tenemos a Ariel Olivetti ilustrando la tapa y a Quique Alcatena ilustrando las páginas interiores, tenemos un librito muy sólido de leer.

Leyendo a Mauro Mantella

Fantaciencia

Autores: Mauro Mantella (guión) y Leandro Rizzo (dibujos)

Edita: Ovni press, Lomas del Mirador, 2008

Bizancio: Punta Baja

Autores: Mauro Mantella (guión) y Sergio Montes (dibujo)

Edita: Ovni press, Lomas del Mirador, 2009

El Hombre Primordial

Autores: Mauro Mantell (guión) y Germán Erramuspe (dibujo)

Edita: Rabdomantes, Rosario, 2017

Ucrónicas

Autores: Mauro Mantella (guión) y varios autores (dibujo)

Edita: Rabdomantes, Rosario, 2017

Probablemente, de todos los guionistas argentinos surgidos en los últimos 20 años, Mauro Mantella sea probablemente le mas deudor del estilo que los autores británicos (via su desembarco en USA y luego en el resto del mundo a partir del os ochentas) han convertido en marca de fábrica. Su relación con el fantástico, su prosa literaria y que juega con conceptos filosóficos, su intento de replantear continuamente las posibilidades del medio, su cuidado ante los engranajes del argumento, todo lo hermana con Moore, Morrison, Gaiman y compañía.

Esto no esta dicho como algo que le quite mérito a su tarea. Por el contrario, escribir al nivel de estos autores no es algo fácil. Y Mauro me parece poder mirar cara a cara a muchos guionistas de esa camada y no avergonzarse. Lo puedo demostrar justamente tras releer cuatro de sus libros.

Empecemos con Fantaciencia, una historia donde, lo que empieza como las aventuras de un equipo de investigadores de lo desconocido (al estilo Cuatro Fantásticos) termina convirtiéndose en una pregunta sobre la realidad, el entretenimiento pop y las formas de enmascarar la desigualdad social. Todo engarzado con esos mecanismos de relojería recontra solido, derrochando ideas para al menos un año de serie regular en apenas 64 páginas. Que encima dibuja como los dioses Leandro Rizzo. Simplemente es una injusticia que esto no tuviera continuidad.

La otra gran historia donde Mantella brilla como guionista es El Hombre Primordial, que saliera publicada primero en la revista Bastión y recopilada por Rabdomantes. Subiendo la apuesta del Miracleman de Moore, acá el superhéroe no es como un dios. Es Dios. O al menos su sucesor. Lo que empieza con la historia mas o menos esperable de un loser (aquí un pibe con síndrome de Down, huérfano y portador de HIV) adquiriendo poderes inimaginables rápidamente se convierte en una pugna por el poder de la creación y su destino. Si, pavada de ambición. Pero que Mantella se re banca construyendo personajes interesantes y tridimensionales que hacen lo que hacen por lógica. Y todo sostenido por el dibujo de German Erramuspe, de un hiperrealismo fastuoso y algo barroco, que le queda como anillo al dedo a esta historieta. No por nada quienes la leyeron en su momento la seguían recordando.

Si quieren, pongamos un escalón más abajo en la calidad a Bizancio: Punta Baja. Bizancio es un detective de lo oculto, una especie de versión criolla de John Constantine, con las mismas ambigüedades grises, la misma actitud desencantada y la misma capacidad para encontrar lo sobrenatural en los lugares más impensados. Como en Punta Baja , un pueblito de la provincia de Buenos Aires en los que queda varado por casualidad para encontrarse en una historia de secretos compartidos y posesiones demoníacas que debe resolver. Todo eso mientras su vida personal tampoco marcha demasiado. Muy solido, muy creible, bien podría haber sido un arco de Hellblazer… y tal vez por eso mismo lo pongo un poco más abajo. NO hay mucho que diferencie a Bizancio de Constantine. Y reconozco que los dibujos atmosféricos de Sergio Montes, sin ser malos ni mucho menos, empalidecen un poco frente a los de los autores anteriores.

Me dejo para el final Ucrónicas, una antología de historias cortas que Mantella hizo con varios dibujantes. El propio Mantella me reconoció charlando que no le gusta tnaot escribir relatos cortos. Y por supuesto la calidad, como en todas antología, varía, aunque el promedio es muy bueno. Ningun relato es malo y ningún dibujante es inmirable, reconozcámoslo. Pero algunos están mejor elaborados  que otros. Yo me quedo con Amor negro, una viñeta sobre zombies con un giro de mucha mala leche, dibujado por Alejandro Aragon; Fusion, una explicación de por que el Nirvana no es tan bueno como se cree, dibujada por Salvador Sanz como los dioses; la bizarrisima el Lado B, con una idea sorprendente llevada hasta la lógica ifnal y con dibujos de Mauro Lirussi, que además dibuja en un registro totalmente diferente El Cielo de los perritos, una historia durísima y con Zombiesbena dibujada por Facunod Percio y que explica las diferencias de percepción entre el zombie y el humano de una manera fabulosa. Las demás igual tienen un giro, una idea, un elemento que trata de escaparse de lo obvio. Pero reconozco que el trabajo breve de mantella me resulta menos interesante que sus obras largas.

Pero en el balance, Mauro Mantella es un guionista fantástico que ojalá se prodigara más. Yo , al menos , sería un lector fiel.

Mirando el Ojo Eléctrico

Psicocandy (2017)

Autores: Damián Connely (guión) y Nicolás Brondo (dibujos)

Colección: El Ojo Eléctrico 1

Edita: Rabdomantes; Rosario y Atmósfera; Cordoba

Paint It Black (2017)

Autores: Rodrigo Canessa (guión) y Nicolás Barbera (dibujo)

Colección: El Ojo Eléctrico 2

Edita: Rabdomantes; Rosario y Atmósfera; Cordoba

Flash Card Mystery Man (2017)

Autores. Damián Connely (guión) y Fernando Calvi (dibujos)

Colección. El ojo Eléctrico 3

Edita: Rabdomantes; Rosario y Atmósfera; Cordoba

Echenle la culpa a Bowie. Mas específicamente a su muerte.

Por ese acontecimiento, Damián Connelly decidió vestir su luto por uno de sus artistas favoritos creando un universo que referencia a bandas o solistas de música, como tratando de ponerle carnadura narrativa a esos mundos que se han creado con la música. Y a partir de ahí, tenemos esta colección que ya tiene con tres libros diferentes. Todas formando parte de una narrativa más amplia, con personajes que reaparecen en cada uno. Y con narrativas extrañas, que bien podrían estar en la línea Vértigo. En sus bordes mas fisurados incusive.

El primero, Psicocandy, marca el tono de la historia. Basado en las canciones de Jesus & Mary Chain, acá Connely nos sumerge en el extraño mundo de Cindy Reid/Candy, manipulada experimentalmente para convertirse en un ser que se alimenta de la líbido de otros. Junto a Honey, una chica que, cuando tenes con sexo con ella, terminas en la dimensión XXX, gobernada por una reina que se parece a la ex diva del porno Sasha Grey y Marky, un marsupial cachondo y fumador, se embarca en un viaje para averiguar que ha hecho su creador (el doctor ENO, científico renegado de la corporación Stardust, clave en este universo) con ellos. Y con un final tan abierto como intrigante. Todo eso por Nicolás Brondo, con un estilo muy deudor de Jamie Hewlett que funciona perfecto para este coctel de locura, violencia y erotismo.

Paint it black transcurre en el mismo universo, aunque con un diferente equipo creativo (Rodrigo Canessa en los guiones y Nicolás Barbera en dibujos). Y, luego de la novela gráfica anterior, defrauda bastante. Aca tenemos a un vigilante urbano que parece destinado a convertirse en guardián de otra dimensión. O algo así. La verdad, el guion no es muy claro. Hay otro científico renegado de la Corporación Stardust y mucha violencia pero que no se si aporta mucho a la historia. ¿El dibujo? Regular.

Por suerte, volvemos al cauce interesante con la siguiente novela gráfica, Flash Card Mystery Man. Allí tenemos a Nathan Adler, robot detective, impulsado por tarjetas que sale de su pecho que son la base para sus movimientos y decisiones. Nathan quiere saber quién es y concentrado en buscar a una persona Baby Blue. Este viaje detectivesco-iniciático esta fastuosamente dibujado por Fernando Calvi, llevando el estilo de superhéroes de Image de los noventas a una variante cuasi abstracta que le impone un sentido de locura y urgencia arrolladora al trabajo.

Como ven, hay de todo en las historias. Tal vez peca un poco de abstracto pero al menos trata de ir mas allá de lo obvio en la construcción de un universo conjunto. Veamos si hay mas historias y el relato que se va desplegando en cada tomo tenga un final satisfactorio. La apuesta sigue siendo arriesgada pero diría que en términos generales, vale la pena estar atentos a seguirla.