Pánico a flor de piel (Panique a fleur de peau, 1960)

Autor: André Lay

Colección: Débora nro. 56

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1961

Hillen ha sido contratado por el magnate cinematográfico Herbert Creston para que vigile a su esposa Helena. Ella ha sido diagnosticada con trastornos de personalidad y Herbert quiere que un psicólogo como Hillen la vigile discretamente, haciéndose pasar por su valet. Pero la cosa no es tan simple: Helena es una mina astuta, jodida y muy hermosa. Así que en menos de lo que decimos “femme fatale”, Hillen está metido en una lucha de poder entre marido y mujer (porque Herbert también tiene planes). Una lucha que termina en crimen y en que el psicólogo tiene todos los números de ser el jamón del sándwich… Un jamón que puede terminar freído eléctricamente…

Este es uno de las innumerables novelas policiales de André Lay, uno de los prolíficos autores franceses que publicaron en la serie francesa Fleuve Noir, una de las colecciones más señeras de la literatura popular policial francesa de la posguerra y claramente una de las principales fuentes de novelas de la editorial Malinca (junto con las novelas publicadas en Inglaterra en la inmediata posguerra). Y es una novela típica, bien llevada, con dos personajes muy divertidos como son el comisario Debaker y su ayudante Robin, ambos dotados de cierto sarcasmo brillante en sus frases. Sin ser un clásico, es un policial sólido con ciertas dosis de suspense y escrito agradablemente. En fin, un pasa páginas bastante digno.

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Los muertos no hablan (Stiffs don´t squeal, 1953)

Autor: “Ricky Drayton” (seudónimo de Michael Gorell Barnes)

Colección Débora n° 46

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1960

A Ricky Drayton, periodista de policiales del New Orleans Messenger, lo llaman para que vaya a una habitación de hotel donde conseguirá una noticia bomba. Cuando llega al hotelucho, hay una noticia peor no la esperada: la persona que lo había citado se ha suicidado tirándose desde la ventana. ¿O no fue suicidio? Al ponerse a investigar Drayton encuentra una trama que involucra a las chicas de un club de “strip-tease “, un club de moda con secreto lugar de apuestas, gente influyente e intentos de extorsión. Que resolverá Drayton usando astucia, redaños, puños y pegando unos cuantos tiros (cosa medio raro en un periodista pero bueh…)

Esta es otra de las novelas que se publicaron en la Inglaterra post Segunda Guerra copiando el modelo de las novelas americanas de esos años, muy herederas del exceso de violencia salpicado con sexo de Mickey Spillane y sucesores. Y que la editorial Malinca tradujo de manera frecuente en Argentina. Dentro de ese contexto escribe una historia pasable, pero nada especial.

El autor es más conocido por su trabajo posterior como guionista y productor cinematográfico en su país natal. Otro obrero del plumín escribiendo novelas para ganarse el puchero. Solo para lectores aficionados al género o para aquellos que les gustan las tapas de la editorial y quieren ser completistas.

Ladrones de cadáveres (Me and my ghoul, 1953)

Autor “Michael Storme” (seudónimo de George H. Dawson)

Colección: Pandora nro. 47

Edita: Malinca, Buenos Aires, 1959

El comienzo promete: el detective Nick Cranley despierta dentro de la tumba abierta de un cementerio, sin tener claro cómo llegó ahí. Una gran imagen para enganchar con unan ovela.

Lamentablemente lo que sigue no es para nada igual de bueno.

Cranley está en esa ficticia ciudad americana buscando la pista de una banda criminal y se topa con un caso de ladrones de cadáveres. Que de alguna manera se terminan cruzando. Y de alguna manera hay una intriga de tipos turbios con pasado oscuro. Y de alguna manera siempre hay señoritas dispuestas a dejarse seducir por Cranley, al que no le importa para nada ser un hombre felizmente casado, aparentemente. Y de alguna manera, Cranley es aporreado reiteradamente en el cráneo, colgado de unas cadenas en un sótano y hasta arrojado por un acantilado en un automóvil en llamas y, sin embargo, sigue como si nada. Esto último es casi cómico: Cranley está a un paso de ser un cartoon de la Warner Bros de la manera que le aplican violencia y sale sin que le pase nada. Uno está esperando que de la nada le caiga un yunque en la cabeza. Y de alguna manera hay páginas escritas con acontecimientos que se suceden. Decirle argumento sería abusar un poco de la palabra.

No asombra que esta sea una de las muchas novelas seudoamericanas de novela negra (bajas en argumento, altas en sexo y violencia) que en la inmediata posguerra hicieron furor en Inglaterra. De hecho este autor fue bastante prolífico en ellas. Igual, si pensamos que sus novelas si son coleccionadas es porque las tapas originales eran hechas por Reginald Heade 8uno del os ilustradores más buscados de tapas de novelas británicos) nos queda claro que no era un gran escritor que digamos.

Pero aparentemente la editorial argentina Malinca tuvo algún tipo de convenio con las editoriales británicas y publicó muchas de ellas en español. Novelas que parecen ser en gran medida como esta: completamente olvidables y solo recuperadas por blogs de arqueología pop como este. De hecho hay tan poco sobre esta editorial, que sospecho que por un rato me pienso dedicar a reseñar los que estén a mi alcance. Así que ahí vamos, a leerlos para ver si les ahorro el esfuerzo…