Dagon y otros cuentos macabros (Dagon and other Macabre Tales, 1965)

Autor: H. P. Lovecraft

Colección: Alianza Bolsillo

Edita: Alianza, Buenos Aires, 1992

Llevo trece años en este blog y hasta ahora NUNCA había hecho una reseña sobre uno de los autores más importantes del fantástico en el siglo XX: Howard Phillips Lovecraft. Recuerdo el impacto que una recopilación de sus cuentos me hizo a los catorce años. Creo que ese impacto sísmico solo lo tuvo Poe a los 10 años.

Pero hacía mucho que no lo releía al viejo Ech-Pi-El. Y me pareció una buena idea ver qué tal se sostenía su obra a mis ojos. El revoleo azaroso por mi biblioteca me llevó a este tomo que, aclarémoslo de entrada, no trae en general sus obras más conocidas, las que pertenecen a los Mitos de Cthulhu, sino a su primer período, el formativo si se quiere. Claramente en las obras hay un autor que todavía zigzaguea entre obras de onirismo fantástico muy a lo lord Dunsany y relatos de terror mucho más clásico, de esos de remate horroroso. Y en casi ninguno hay referencias a los Mitos. Pero vayamos desgranándolos uno a uno.

Dagon es casi un borrador del núcleo de La llamada de Cthulhu. Nave perdida  (en este caso un bote) en el mar encuentra isla que ha surgido en el Pacifico. Arquitectura colosal, monstruo gigante y enloquecedor que aparece y del que se escapa el protagonista para volver a la civilización y relatarlo.

La tumba habla de la obsesión de un joven con una tumba familiar. La verdad no me engancho demasiado

Polaris es una fabulilla muy deudora del estilo de Dunsany. Casi un cuento de hadas triste.

Mas allá del muro del sueño es un relato de proto ciencia ficción atrapante con transmisión del pensamiento, entidades extraterrestres que poseen humanos y viajes incorpóreos hacia regiones del Universo. Y aquí aparece uno de las grandes bazas del estilo lovercraftianos: la construcción del verosímil. El universo en donde transcurren los mejores relatos de HPL es un mundo absolutamente racional, con una ilusión de realidad muy fuerte. El doctor que narra puede tener una teoría estrambótica pero es un profesional en un psiquiátrico serio. Y su paciente es alguien tna normal que la aparición de estos sucesos inexplicables son completamente una bomba que no logra entenderse. Ese gran truco, que Lovecraft maneja a la perfección, convierte a este en un gran cuento.

La nave blanca es otra exploración onírica en el estilo de Dunsany, sin mucho más.

Arthur Jermyn trabaja sobre otra de las obsesiones de Lovecraft: la degeneración de la estirpe familiar y el miedo a la cruza con razas extrañas, que dan origen a monstruosidades genéticas. Lo único que falta es que el Otro monstruoso sea algo venido de las estrellas y no una raza homínida, medio gorila para que este cuento fuera parte del canon clásico.

Si bien Los gatos de Ulthar está dentro del ciclo de historias ambientadas en el Mundo del Sueño, la historia es una historia que bien podría formar parte de esos terribles relatos folclóricos recopilados por los Hermanos Grimm, esos que Disney dulcifica. Me imagino que el final Disney sería con los gatos expulsando a sus abusadores y no  haciendo que… nah, léanlo.

Tambien del ciclo del Mundo del Sueño es Celephais, que trata sobre la búsqueda del sentido en ese mundo de alguien que literalmente abandona casi por completo nuestra realidad por ese otro lugar.

Del más allá juega con otro clisé lovercraftiano: ver cosas más allá den nuestros sentidos, criaturas más allá de la existencia material que además quieren hacernos daño.

El templo es brillante. Uno de esos relatos de miedo acuático que juegan con la obsesión y la sugestión. Gente que pierde la cabeza en un submarino alemán y una maldición que los persigue. Todo eso mas unas ruinas submarinas asombrosas. Y ¿Qué son exactamente esos delfines que siguen al submarino todo el camino? ¿Son delfines?

El árbol es otra fabulilla fantástica, casi una leyenda antigua.

El pantano de la Luna tiene una deuda muy grande con otro autor de relatos fantásticos de comienzos del siglo XX: Arthur Machen. Tanto la localización (un abandonado páramo campestre inglés) como ambientación (ruinas helénicas abandonadas en un pantano) como el desarrollo (gente común revirtiendo a situaciones paganas) la historia es puro Machen. Muy sólida, muy bien escrita y con la sugerencia del horror más que el horror en sí

Para muchos La Ciudad sin nombre es efectivamente el primer relato de los Mitos de Cthulhu, con la aparición en sus páginas de Abdul al-Hazred, el escritor loco del Necronomicon. Fuera de eso es la exploración de una fabulosa ciudad prehumana en el desierto de Arabia, donde yacen muertos criaturas que parecen ser  hombres serpientes. Pero… ¿están muertas?

En Los otros dioses hay un amague de cruce entre el Mundo del Sueño y los Dioses Exteriores. Falto una referencia a alguno de los primigenios y este relato de un hombre que quiere alcanzar a los dioses (Y que falla miserablemente) podría ser pate del canon de los Mitos. Porque, aparte de los dioses del mundo hay otros dioses que vienen de mucho más allá.

La búsqueda de Iranonn es otra fábula dunsaniana sobre la perpetua infructuosa búsqueda de la Belleza.

Herbert West, reanimador definitivamente tiene un tono de humor negro subrepticio. Difícilmente puedo creer que esa serie de viñetas sobre ese obsesivo pichón de doctor Frankenstein que es West y sus continuos fracasos no haya que leerlas con un tono de malsana diversión. Puedo entender porque Stuart Gordon hizo lo que hizo con Re-Animator, porque funciona perfectamente con este relato de resurrecciones de muertos que fallan de una u otra vez por alguna cosa. Es muy divertido, si uno le encuentra el morbo. Si lo hizo a propósito, me hubiera encantado que HPL siguiera con esta veta de humor macabra.

El Sabueso tiene a dos tipos obsesionados con la muerte (una suerte de chicos góticos in extremis) que entran a una tumba y roban un amuleto con forma de sabueso infernal… para ser perseguidos por una criatura muy parecida, que los acecha desde la oscuridad. La tensión está muy bien sostenida aquí.

Hipnos es un cuento donde uno nunca tiene claro si hay un relator loco o hay algo terrible pasando. En ese sentido, Lovecraft no nos deja la seguridad de si es verdad o es todo locura y sostiene un relato con el puro convencimiento de su prosa. Encomiable.

El horror oculto vuelve a hacer muy bien eso de describir realistamente un lugar (en este caso una comarca pobre y miserable “White trash”) y hacer que ocurra algo excepcional e inexplicable ahí.  Y lo cruza con su obsesión por las razas degeneradas, dejando un resultado final que funciona muy bien.

Finalmente, Lo innombrable parece un chiste privado: un escritor de terror y su amigo escriben sobre cómo contar algo innombrable sentados en el cementerio cuando aparece algo que es horrorosamente innombrable.

¿Qué puedo decir? Que hay relatos mejores y otros peores, que se nota que mucho material es de los inicios, muy deudores de otros escritores, que se nota que Lovecraft aquí anda buscando su vos y que, en algunos casos la encuentra. Que claramente es un escritor que sabe lo que hace y lo que quiere contar y que algunas de estas historias son ya de un nivel apabullante. Nada mal para este rencuentro.

Llega el Especial Fantástico de AMMyT

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Seguimos rescatando textos de nuestro antiguo blog y entregándolos en formatos comodos para que puedan leerse fuera de la pantalla de la computadora (además de otros textos que vienen de otros lados, como bonus track).

En este caso presentamos el Especial Fantástico, más de cien paginas dedicadas al terror, la ciencia ficción y lo outré en general. Con una nota sobre Carson de Venus, el perosnaje de E.R. Burroughs, una biografia de Robert Bloch , una nota sobre la Biblioteca Terror que sacara años ha Editorial Forum (todas notas de Armando Boix) y una nota sobre la filmación de White Zombie (que el que esto escribe publico hace mas de diez años en la revista La Cosa ). Mas reseñas a granel de libros de género. Todo gratis, a un clic de descarga de distancia.

Si le quieren echar una ojeada, pueden ir a verlo a Issuu , siguiendo el link

Y si lo quiren descargar, les dejamos un preicoso pack conteniendo el pdf en dos formatos diferentes (uno horizontal mas diseñado y pensado para leerse en la pantalla de la pc o del tablet, otro vertical) y los archivos epub y mobi para leer en su lector de libros elecrónicos preferido. ¿Como consiguen esto? Pues siguiendo este enlace, gente.

Espero que lo disfruten.

 

Mataré a vuestros muertos

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Autor: Daniel Ausente

Colección: Bestias Pardas

Edita: Prosa Inmortal, España, 2014

Algo muy malo repta por debajo del Barrio Chino de Barcelona. Algo que ha despertado y tiene hambre de vidas. Inmigrantes, estudiantes universitarios extranjeros, gitanos, hombres, mujeres, niños: todos son carne para consumir mientras está listo para despertar en cualquier instante. Solo una curiosa alianza de un guerrero sioux, una familia gitana y un navajero marginal parecen tener una chance para detenerlo…

Esto es serie B de la buena. Sangre, gore, sexo, violencia, narcos, monstruos lovercraftianos, todo en un ritmo imparable, incansable, un roller coaster enloquecido que hace que uno pase página tras página sin pensarlo, adictivamente. NO puedo dejar de pensar que, si Robert Rodriguez o Guillermo del Toro leyeran este libro, harían una película absolutamente adictiva. Con Danny Trejo como el indio Sioux que tiene claro el enredo como protagonista de seguro.

Algo así era de esperar de Daniel Ausente, el factótum detrás del fabuloso blog El Blog Ausente, un clásico dentro de la blogosfera de la cultura pop en español (y de la que este reseñador se confiesa no solo absoluto fan sino inspiración directa para que este blog viera originalmente la luz). Su amor por los géneros, por la cultura pop de derribo (término que creo que él acuño), por el cine zetoso, el comic, la literatura popular, todo eso está en cada página de esta novela. No es la novela que cambia el curso del a historia ni lo pretende en ningún momento. Es lo que es: una gran pasada con suficientes tiros , líos y cosa golda para satisfacer los paladares de los aficionados a este material. Como servidor.

Así que, si son fans de este material, no lo duden: vayan aquí y compren la novela (sea en papel o en digital, como la leí yo). Vale muchísimo la pena.

Cuentos de un soñador (A dreamer’s Tale,1910)

cuentos de un soñador

Autor: Lord Dunsany

Colección: Biblioteca de Novelistas

Edita: Zigzag, Santiago de Chile, ¿?

 

Edward John Moreton Drax Plunkett, XVIII Barón de Dunsany, o Lord Dunsany para los amantes de la literatura fantástica, es básicamente reconocido por ser uno de los autores que más influyó en su estilo al joven H.P. Lovecraft. Sus historias de corte fantástico publicadas en la Inglaterra pos victoriana de comienzos del siglo XX tuvieron mucho éxito, en unos años donde las historias de este tipo proliferaban como hongos. Justamente este libro es una de sus obras que más ha perdurado en el tiempo.

Hay quien dice que Dunsany es un escritor onírico. Y sí, lo es en la forma de contar sus relatos con una atemporalidad muy poco realista, donde las cosas suceden y hay como una distancia perenne y un poco irónica entre relator y relato. Pero no confundir onirismo con surrealismo (movimiento posterior en el tiempo). Mas bien estilísticamente, Lord Dunsany está profundamente hermanado a los decadentistas, a autores como Verlaine y, más cerca nuestro, a los modernistas como Rubén Darío con sus historias estilizadas y de lenguaje complejo. Hay mucho de las Mil y Una Noches y los cuentos orientalistas en sus relatos, poblados de geografías fantásticas, ciudades misteriosas y viajeros de territorios incomprensibles.

Varios de los relatos de esta compilación son clásicos del fantásticos. Por ejemplo Días del ocio en el país de Yann es parte integral de la mítica antología de Los Mitos de Cthulhu antologada por Rafael Llopis. Igual relatos como Carcasona, Poltarnees , la que mira al mar, La espada y el ídolo, En donde suben y bajan las mareas y Bethmoora son ejemplos igualmente poderosos del estilo de Dunsany, conscientemente arcaizante. No sería insensato decir que estas historias son el puente que une las fantasías orientalistas del siglo XIX con la fantasía heroica del siglo XX.

No quiero alargar mis palabras positivas sobre este libro. Si lo encuentran, vayan y léanlo. Si les gusta la literatura fantástica debería gustarles.

Abdul Alhazred: el poeta loco que surgió del desierto

El Lovecraft adulto, tímido y aislado, víctima de una educación clasista y de pobre vida social, cuyo escaso conocimiento sobre la vida real vino dado casi en exclusiva por los libros centenarios de la biblioteca de su abuelo, fue un hombre lleno de prejuicios: para él las mujeres eran seres extraños, los homosexuales anormalidades patéticas, los judíos una raza ruin…, como cualquier otra que no llevara en sus venas la «noble sangre aria» de los anglosajones. Sólo en sus últimos años, con una boda desastrosa pero catártica y por el efecto benéfico de sus colegas más jóvenes, el escritor de Providence fue dejando atrás muchos de esos prejuicios; pero para entonces el mal ya estaba hecho y en parte de su prosa había ido dejando desperdigados un buen número de comentarios hostiles sobre los rostros cetrinos y los acentos extranjeros de italianos, hispanos y sirios que invadían Nueva York y su sacrosanta Nueva Inglaterra.

De niño, sin embargo, la influencia de sus mayores aún no había ceñido fajas a su imaginación y la lectura de una edición juvenil de Las mil y una noches, con sus genios, hechiceros y alfombras mágicas, causó en el pequeño Howard tal fascinación que por un tiempo le dio por jugar a ser árabe, adornando una habitación con tapices y pebeteros de incienso, y autoproclamándose musulmán. Un pariente de visita le sugirió entonces en broma que adoptase el nombre de Abdul Alhazred.

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Lovecraft, quien siempre consideró su infancia como su particular paraíso perdido, jamás olvidó la anécdota y no dudó en utilizar tal nombre inventado cuando, en 1921, se sentó a redactar La ciudad sin nombre (The Nameless City). Allí aparece citado por primera vez el árabe loco autor del Necronomicón y su famoso dístico: «Que no está muerto lo que yace eternamente / y con el paso de los evos, aun la muerte puede morir».

Abdul Alhazred, deformación popular de un nombre que, en su origen, quizá fuera Abd Al-Azrad, nació alrededor del año 700 de nuestra era en San’a, dentro del actual Yemen, extremo sur de la península de Arabia. La ciudad, importante centro comercial, sufrió la conquista de diferentes pueblos, encontrándose en ella una amalgama de creencias que iban del judaísmo al cristianismo, pasando por el animismo original de las tribus árabes, hasta que la ocupación por parte del califato musulmán en el 632 instauró el Islam como religión oficial y dominante. En el instante en el que Alhazred llegó al mundo, pues, las enseñanzas del profeta Mahoma eran de reciente implantación y no es de extrañar que el joven erudito, durante sus estudios, tropezara con restos de antiguos cultos que hicieran tambalear sus convicciones. Lovecraft, cuando cita a Abdul Alhazred en sus relatos, suele calificarle como «blasfemo»; puesto que el escritor tenía a gala su ateismo, no podemos tomar tal apreciación como opinión subjetiva sino como descripción de la tesitura del árabe dentro de su contexto: educado dentro del islamismo, había negado la fe de sus padres para abrazar el culto a los viejos dioses.

En qué momento se produjo esta transformación, sólo nos lo podemos figurar. Sin duda la clave puede estar en el largo peregrinaje durante el cual entró en contacto con cultos secretos de la antigua Babilonia y Egipto. Después se retiraría como ermitaño durante un periodo de diez años al desierto del sur de Arabia, el Dahna o «desierto escarlata», donde se dice habitan espíritus malignos. Allí —según sus propias manifestaciones— pudo contemplar Irem de las Columnas, la Ciudad de Cobre, fundada por el mítico Ad en el principio de los tiempos y maldita por pecar de vanidad y blasfemia, al pretender su rey ser adorado como el mismo Dios. Desde entonces la ciudad sigue existiendo en el corazón del desierto, pero es invisible para la mayoría de los ojos y sólo en contadas circunstancias llega a manifestarse. Sin embargo, Alhazred, iniciado ya en los secretos de la magia, visitó el lugar prohibido y exploró unas cavernas subterráneas, conocidas como la Ciudad Sin Nombre, para rescatar los anales de una antigua raza que le servirían como fuente documental básica en la redacción de su célebre Al-Azif. A partir de entonces el erudito practicaría el peligroso culto a Yog-Sothoth y Cthulhu, con los resultados por todos conocidos: viviendo en Damasco, en el 738 fue atacado en plena calle por una entidad invisible, que lo devoró ante la presencia aterrorizada de numerosos testigos.

Al Azif The Cipher Manuscript Known As Necronomicon - Abdul Alhazred - Books Covers

Lovecraft no nos da más datos, aunque nos remite a su biógrafo, Ibn-Khallikan, quien escribió muy tardíamente, ya en el siglo XII, con la poca credibilidad que eso comporta. «Por sus obras los conoceréis», dice la frase evangélica, y así ocurre con Alhazred. Más importante que el personaje es su único libro conservado y hoy el místico árabe permanece en nuestra memoria gracias al Al-Azif, también llamado Necronomicón, mil veces perseguido y condenado a las llamas purificadoras, pero aún así superviviente a todos sus inquisidores. Su redacción tuvo lugar en Damasco y se fecha en el 730, ocho años antes, pues, de la muerte de su autor. En la forma de unos pocos manuscritos fue pasando de mano en mano hasta que Theodorus Philetas lo tradujo al griego en el 950, concediéndole su título más conocido. Su versión latina se imprimió por primera vez en Alemania, durante el siglo XV, y posteriormente en España, en el XVII. A falta de más datos, podemos suponer que es ésta la edición conservada en la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires. Francisco Torres Oliver, en Los Mitos de Cthulhu (Alianza Editorial), da noticias de una traducción castellana de principios del siglo XIV no catalogada por los especialistas y cuyo manuscrito guarda el Archivo Histórico de Simancas.

A través de autores posteriores a Lovecraft nos han llegado variados escritos en los que se amplían, incluso contradicen, los breves datos proporcionados por el escritor de Providence. No entraré aquí a comentarlos, pues la edición de la antología El Necronomicón (La Factoría de Ideas) los hace perfectamente accesibles al lector y resultaría algo superfluo proceder ahora a su resumen. Sí merece más la pena comentar las teorías expuestas por Rafael Llopis en El Novísimo Algazife o Libro de las Postrimerías (Ediciones Hiperión), bastante menos conocido entre el aficionado común a los Mitos de Cthulhu.

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A raíz del descubrimiento del manuscrito de Ajalvir y de un Testamento autógrafo, en este ensayo se discuten algunos de los datos aportados por Lovecraft en su Historia del Necronomicón (History and Chronology of the Necronomicón, 1936). El primero hace referencia al lugar de nacimiento de Alhazred: según Llopis, el sabio árabe al que los comentaristas anglosajones se refieren como Abdul Alhazred fue en realidad Abdul Yasar al Hazrid, castellanizado tradicionalmente como Abdelesar. Natural de Menfis e hijo de un converso yemení y una egipcia adoradora en secreto de los antiguos dioses de su tierra, fue enviado de niño con la tribu de su padre, de ahí la confusión habitual entre sus biógrafos. En el 712 Abdelesar participó en la expedición del emir Muza ibn Nusair con destino al Al Andalus, donde ampliaría sus conocimientos en los saberes arcanos, y fue bajo el patrocinio de este mecenas cuando emprendió la búsqueda de Irem. Por lo que se refiere a su muerte en el 738, Llopis asegura que no ocurrió como se nos ha contado hasta ahora: en realidad todo se redujo una farsa para escapar del acoso de las autoridades, irritadas por la difusión de sus enseñanzas. Abdelesar regresó al Al Andalus, donde contactó con chamanes vascos y magos cristianos, y sería en tierras españolas donde desaparecería definitivamente, más que centenario y envuelto en la leyenda, dejando no pocos seguidores, como testimonian el buen número de fragmentos y resúmenes del Al-Azif que circularon entre los moriscos granadinos y murcianos hasta el siglo XVI.

Desde luego, estas revelaciones transforman considerablemente el dibujo que muchos nos habíamos trazado sobre el autor del Necronomicón. Si la identificación entre Abdelesar y Abdul Alhazred es una propuesta convincente o cae en el error, habrá que dejarlo al gusto de los lectores y, sobre todo, al uso que los escritores futuros puedan darle en sus incursiones dentro de los tenebrosos límites literarios de los Mitos de Cthulhu.

(Artículo originalmente publicado en la revista “Lovecraft Magazine”. Como ya habrá advertido el lector, sigue el juego literario de tomar como real lo que sólo es pura ficción).