Un piquete para Walt (3): El final y lo que vino despues

Tercera y última parte de esta nota que fuera publicada originalmente (años ha) en la revista La Cosa. Para leer la primera parte vayan aquí . La segunda parte, vaya aqui

Para agosto la situación estaba bastante clara: Disney tendría que negociar sí o sí con los huelguistas y aceptar la mayoría de sus condiciones. Pero Walt no era la persona ideal para esto con su carácter temperamental, paternalista y, sobre todo, obcecadamente ciego para aceptar la derrota. Así que el día 17 de ese mes partió en un tour de buena voluntad por Sudamérica, funcionando como una suerte de embajador extraoficial de Estados Unidos (en un momento en que la participación de los yanquis en la Segunda Guerra comenzaba a volverse algo inminente y por eso con necesidad de tener a sus vecinos sudacas en sintonía política), pero que también sirvió como excusa para sacarlo del medio en el momento de negociar. Walt se fue, no sin antes decir en una entrevista que la situación lo había desilusionado y descorazonado.

Walt se hace el gaucho en Sudamérica , en su gira de buena voluntad (que además sirve para que se arregle la huelga con él fuera)

Sin él se llegó rápidamente a un acuerdo donde se consiguieron la mayoría de las condiciones reclamadas. Muchos, inclusive Art Babbitt, fueron contratados nuevamente. Pero en cuanto volvió Disney, la presión interna para sacarse de encima a estos indeseables se hizo notoria y entonces varios empleados buscarían otros lugares donde trabajar (como explicamos más arriba). El propio Babbitt terminaría negociando su renuncia en 1947 y se iría a otro lado.

Saludos Amigos, el resultado de la gira. y un film mediocre de Disney

Las consecuencias de esta huelga repercutirían no sólo en el estudio, sino en toda la industria. Internamente, los estudios Disney perderían a una gran cantidad de gente creadora. Pero sobre todo, el lugar se convertiría en otro estudio de animación más. La mística creadora que movía a la gran mayoría de los artistas que trabajaban allí durante los 30 se perdió irremediablemente. De hecho, los 40 fueron una década terrible. Sus largometrajes post paro, con la excepción de Dumbo (1941), que se terminó con los huelguistas en la puerta, resultaron fracasos- como Bambi (1942) o tibios éxitos en la taquilla. Y lo peor es que después de Bambi y hasta Cenicienta (Cinderella, 195O), los largometrajes serían productos mediocres que no ganarían el aplauso unánime de la crítica (como pasaba antes).

Bambi , otro fracaso comercial (que no creativo) de Disney en los cuarentas

También la ideología de Disney se modificaría sensiblemente por obra y gracia de la huelga. El conservadurismo populista de sus inicios mutaría en un conservadurismo defensor del “status quo” capitalista, rabiosamente anticomunista. No por nada Disney sería uno de los miembros más importantes de la Motion Picture Alliance for the Preservation of American ldeals, el principal grupo dentro de la industria que apoyó la caza de brujas en Hollywood durante los 50. Disney siempre estaría convencido que la huelga de 1941 fue producto de la manipulación comunista. Y actuaría en consecuencia y sin remordimientos más tarde.

Disney ante el Comité de Actividades Antiamericanas en la decada de 1950, denunciando a los bolches que le hicieron la huelga en 1941

Pero tal vez el efecto más grande del paro haya sido la aparición de la United Productions of America, más conocido como el estudio UPA. Fundado y lleno de trabajadores que habían participado del conflicto de 1941, la UPA y su estilo de animación nuevo y osado, donde predominaba el diseño no realista, revolucionó la técnica de una manera que no ocurría desde comienzos del sonoro… cuando Disney y sus primeros cortos de Mickey y las Silly Simphonies cambiaron el lenguaje del dibujo. Ese tal vez sea el resultado más irónico del conflicto: fue el que plantó las semillas de la nueva revolución animada.

en los años 50 la creatividad en animación abandona a Disney y se va a la UPA

Una revolución en la Walt Disney sería sólo un espectador.

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Un piquete para Walt (2): El tio Walt y los seiscientos enanos

Quien quiera leer la primera parte , solo vaya aqui.

Uno de los protagonistas de esta huelga por venir fue el animador Art Babbitt. Babbitt había entrado en 1933, luego de sus comienzos en los estudios Terrytoons. Se convirtió en el principal desarrollador del personaje de Goofy, además de ganar la reputación de un rápido y excelente animador dentro de la empresa. También era conocido por su fama de seductor inveterado (que recién se calmaría tras casarse con Marge Belcher, la bailarina que sirvió de modelo para Blanca Nieves), algo que no le caía bien en lo personal a su conservador patrón. Otro gran punto de divergencia era el ideológico: Babbitt tenía posiciones políticas claramente delineadas hacia la izquierda. Eso lo motivó en un principio a unirse al sindicato de la empresa.

Art Babbitt, animador y lider sindical

Desgraciadamente, pronto se dio cuenta que estar allí no serviría de nada a la hora de negociar aumentos de sueldo. Sin embargo, intentó actuar como un líder sindical real y fue con un pedido de aumento de dos dólares semanales para los entintadores y pintores. La respuesta de Roy Disney, el hermano de Walt encargado de las finanzas, fue: “Mantené tu nariz lejos de nuestro negocio o te vamos a sacar de acá!”.

Un boletin del sindicato “trucho” de la Disney

Desilusionado, Babbitt comenzó a buscar otro lugar donde afiliarse. Lo encontró en la Screen Cartoonists Guild. Poco después, Babbitt sería uno de los principales reclutadores dentro de la Disney. Para enero de 194]-, había suficientes afiliados a la SCG en el estudio como para reclamar ante las autoridades laborales de Estados Unidos, entidad ante la cual Disney debería negociar las relaciones sindicales con sus trabajadores. Además acusó a la empresa, en un tribunal laboral, de faltas en la forma de contratación de los empleados.

Si tenes creativos huelguistas, salen cosas como esta…

La respuesta de la Disney fue de categórico rechazo ante los pedidos: si bien disolvió su sindicato interno, lo reemplazó… por otro también controlado por la empresa. Y además contraatacó pidiendo una elección para que los empleados eligieran la asociación que querían que los representara. El SCG se negó argumentando que la compañía metería presión para que los trabajadores votaran por el sindicato de la empresa y continuaron con disputa.

Disney con Gunter Lessing, su abogado y uno del os itpos que mas enojó a los huelguistas.

La situación no fue aliviada por la conducta del abogado laboral de Disney Gunter Lessing, quien antes de representar a la compañía había auxiliado legalmente a Pancho Villa, el revolucionario mexicano. Pero eso no lo hacía para nada un tipo de mente abierta. Por el contrario. su posición reaccionaria, sus discursos antisindicales y su actitud sobradora y prepotente ante la situación que se estaba desarrollando lo hizo blanco de duras críticas, incluso de gente que no apoyaba al movimiento sindical. Cuando Lessing fue puesto a cargo por Disney para manejar las relaciones laborales “no pudo hacerse una elección menos sensata”. como dijo el animador Seamus Culhane, poniendo en palabras el sentimiento generalizado de los trabajadores.

Un pato enojado

La situación entre la Disney y el sindicato continuó empeorando gracias a los buenos oficios de Lessing y sus cohortes. Art Babbitt fue arrestado por dos policías bajo el falso cargo de llevar un arma ilegal justo el día que tenía una importante reunión con el tribunal laboral. Otros miembros conocidos del SCG también recibieron presiones y aprietes en el trabajo. Como la cosa no paraba, a fines de mayo, la Disney lomó una decisión fatal: echar a 18 de los “agitadores”, incluyendo a Art Babbitt. Hubo una reunión de urgencia en el sindicato y se decidió que había que ir a la huelga.

Rodeando el auto del tio Walt

El 28 de mayo de 1941, más o menos la mitad de los empleados de la Disney se encontraban parados en la puerta haciendo un paro, ante la atónita mirada del resto de sus colegas… y la más sorprendida aún de Walt Disney, que no podía creer que su “lugar de trabajo perfecto” estuviera con tantos descontentos. Los demás sindicatos de la zona apoyaron la huelga solicitando un boicot contra los productos de Disney. A pesar de todo, el ambiente en ese primer día era bastante apacible: los huelguistas y los que no la apoyaban se hacían más bromas que insultos, y los carteles (con personajes de la Disney apoyando la medida o poniendo a Disney disfrazado de Blanca Nieves y a sus empleados como los “Seiscientos enanos”) hacían que la cosa tuviera mucho de carnaval. Sólo hubo un momento algo tenso, cuando entró Disney en su auto. Mientras avanzaba lentamente hacia la puerta en su Packard en medio de la rechifla, Walt escuchó una voz en un megáfono que decía “¡Ahí está… El hombre que cree en la hermandad para todos excepto para él..! ¡Todos juntos ahora…. BOOOOOOOOOOO…..!!!” Walt frenó en seco, se bajó del auto, se sacó la chaqueta y, muy enojado, se puso a buscar a Art Babbitt – persona que él suponía tras el megáfono- listo para cagarlo a palos. Un guardia lo detuvo y lo convenció de que se metiera en el estudio antes de que pasara algo. Ese fue el único incidente en un día relativamente normal.

Piquetes en los cines. Art Babbit, montonero!!!

Sin embargo, los que pensaban que la huelga terminaría rápidamente se vieron defraudados. Walt rechazó todo intento de mediación y denunció que era víctima de un complot de un sindicato manejado por los comunistas, que intentaban infiltrarse en la industria de Hollywood y usaban a sus empleados como peones inocentes en ese luego. El SCG también endureció su posición ante los ataques y amenazas que recibía diariamente. Los piquetes también empezaron a aparecer frente a cines donde proyectaban películas de Disney. Los huelguistas y los que no lo eran comenzaron a intercambiar insultos. Un día un rompehuelgas atacó con palos contra el piquete (para todo el mundo fue una de las grandes ideas de Lessing), que sirvió para que se sumaran más compañeros a las filas. Un intento para formar una nueva organización sindical leal al estudio fue arruinado cuando un grupo grande de miembros del SCG entró a la fuerza donde se reunían. El resultado fue una pelea gigantesca que paró cuando vino la policía. Y todo esto mientras la prensa seguía con inusitado cuidado los dimes y diretes del problema. La idea mítica del estudio Disney como un lugar creativo e ideal para trabajar, donde todos eran ¡guales, se desvaneció en un instante a partir de esta medida de fuerza.

otro boletin

Y muchos de los desencantados comenzaron a pensar en buscar trabajo en otros lados. Por ejemplo en el departamento de animación de los estudios Columbia que tenía un nuevo jefe: Frank Tashlin. Conocido por su trabajo innovador en los estudios Warner en los 30 (y mucho antes que se convirtiera en uno de los directores de comedia más grandes de Hollywood), Tashlin contrató a muchos de los disconformes empleados de la Disney pata que trabajaran en su estudio. Gente como John Hubley, Zack Schwartz y John McLeish se fueron sin dudarlo. Algunos, como Walt Kelly se volcarían a dibujar para los recién nacidos “comic books” (y posteriormente en las tiras de prensa donde crearía la maravillosa sátira “Pogo”). Otros, como Ray Patterson, terminarían trabajando con William Hanna y Joe Barbera haciendo Tom y Jerry.

(continuara…)

Un piquete para Walt (1): El lado oscuro del ratón

A principios de la década de 1940, los estudios Disney estaban en su punto más alto, creativamente hablando. Desde que en 1928, Walt Disney creara el primer dibujo animado sonoro con Steamboat Willie e inventara al ratón Mickey, el éxito de la compañía había crecido tanto como la demoledora originalidad que ponían en cada proyecto. La visión de Disney permitió que durante todos esos años, su estudio rompiera y expandiera los límites del dibujo como no se había visto antes. El equipo de animadores que se forjó en esos tiempos, hizo posible generar obras con éxito tanto de crítica como a nivel popular. Mickey, Donald, las Silly Symphonies, los Tres Cerditos, Blanca Nieves y los Siete Enanitos (Snow White and the Seven Dwarfs, 1937), Pinocho (Pinocchio, 1940) y Fantasía (1940) son algunos de tos resultados de ese período fecundo y creativo.

Disney en los treintas: un estudio (aparentemente) feliz

La imagen que en esos años daba el estudio era la de un espacio informal, donde todos podían hablar con Walt y proponer ideas, y en donde se vivía en una atmósfera laboral que potenciaba la imaginación de todo el mundo. Y en parte era cierto: la preocupación por la calidad que demostraba Disney se convertía en más y mejores equipos de trabajo, en el empeño personal de muchos trabajadores para aportar ideas y sugerencias en las reuniones y una búsqueda personal de conseguir el mejor resultado posible en todos los aspectos. Disney era un tipo básicamente accesible y que rebosaba una innegable pasión por la animación y sus posibilidades.

Comiendo en la cantina de los esutdios Disney

En síntesis, la Disney en 1941 parecía ser un lugar ideal para trabajar. Algo que no era cierto.

El Jefazo y su mujer

Para ese momento varios problemas internos y externos estaban poniendo al estudio en tensión, generándose fricciones que poco a poco convergieron en lo que sería Ia huelga.

Poster de Fantasia. Una gran película que dejó un agujero financiero enorme.

En primer lugar, la empresa estaba teniendo dificultades financieras. Por un lado, Fantasía no había sido un éxito de taquilla, con lo que había un hueco de plata bastante grande que cubrir. Además, la guerra en Europa había cerrado mercados y por ende, había menos ingresos. Y esto ocurría con Disney en un momento de crecimiento. El flamante estudio de Burbank permitía albergar cómodamente a la gran cantidad de trabajadores (algo así como mil doscientos) que la compañía tenía en ese tiempo, pero a la vez había ocasionado un gran gasto que ahora estaba costando recuperar.

Los estudios de Disney en Burbank, otro gasto a recuperar en esos años

Esta gran cantidad de empleados también estaba conspirando para que la empresa pudiera funcionar de acuerdo a lo que ellos consideraban que era lo correcto. El principal problema era que la escala salarial en la Disney era un concepto inexistente. Dos personas que hacían el mismo trabajo podían estar ganando salarios muy diferentes uno del otro. Walt era un patrón a la vieja usanza y creía que había que pagar de acuerdo al talento. Con lo que desde el comienzo del estudio había dado premios y aumentos para quienes sentía que lo merecían. El problema era que esto era posible cuando la compañía era relativamente pequeña y Disney {que era un verdadero “control freak”) podía conocer personalmente a cada uno de sus empleados. Pero claro, esto no era así por la cantidad de gente que tenía en 1941. Con lo cual este sistema terminaba en ese momento, beneficiando a los tipos más cercanos al jefe, generando resentimientos en los demás. El problema salarial era especialmente duro en los escalones más bajos de la organización. Si bien los animadores y directores ganaban unos sueldos altísimos para la época, sus asistentes. Y los in-betweeners (los tipos que dibujan lo cuadros intermedios entre una posición animada y la otra) podían recibir pagas de subsistencia… además debían entrenar a gente que de entrada ganaba más plata que ellos y que habían sido contratados sólo porque se venía una película y se necesitaban dibujantes a toda costa.

Disney revisando la historia de Fantasia. Como buen control freak que era, nada escapaba a su ojo

Aparte, muchos de estos animadores eran más jóvenes y habían sobrevivido a lo más duro de la gran depresión por su cuenta. A diferencia de los más veteranos del estudio, a los que Disney les había salvado en esos tiempos y por eso le tenían un respeto rayando en la adoración. Estos pibes tenían sus distancias con el tío Walt, a quien consideraban como un “dictador benévolo”, que se quedaba con más crédito del debido y no quería que nadie le hiciera sombra.

Ub Iwerks, mano derecha de Disney en los inicios. Se fue a armar un estudio por su cuenta , fracasó y Disney lo recontrató a cambio de que no le hiciera sombra otra vez

Ejemplos no faltaban: cuando Ub lwerks -mano derecha de Disney en sus primeros años- volvió a pedir empleo luego de varios años de andar fracasando de un lado a otro del universo del “cartoon”, Disney lo aceptó con brazos abiertos… a condición que no fuera más que empleado. Uno muy bien pago, pero empleado al fin. Nada de lo que habían hecho juntos en sus primeros años -e lwerks había sido fundamental en el éxito del primer Disney- impidió que Walt dejara las cosas en claro, y a partir de ese momento lo tuviera sólo como un asalariado más en la compañía. Sólo Walt Disney era el que decidía las cosas y sólo él merecía el crédito del trabajo de todos.

Disney se preparo para apoyar a la guerra que se venía, aunque con eso se quedaba sin el mercado europeo

Además, el momento político hacia que muchos de ellos tuvieran posiciones progresistas y de izquierda que no le caían bien al jefe, un tipo de pensamiento conservador. Entre esas posiciones divergentes estaba la creencia en la necesidad de tener un sindicato que defendiera sus intereses. Y eso era algo que Walt no podía aceptar. Como buen jefe paternalista, creía que su trato era más que justo con todos y que si alguien tenía una queja tenía que venir a presentársela personalmente (aunque claro, la respuesta podía ser “no, y si no te gusta te podes ir a otro lado”). Eso de que se juntaran para reclamos colectivos era ponerse en su contra de él. Y si algo no le gustaba a Disney era que desafiaran su autoridad.

El del medio es Art Babbitt, el otro protagonista de lo que se venía

Otro factor externo empañaba también esta cuestión gremial. Por esos años los sindicatos de Hollywood se encontraban divididos en dos grupos: unos respondían a una central más poderosa y moderada, pero que se hacía cada vez más notoria su conexión con la mafia y su corrupción. Por otro lado, un grupo de sindicatos disidentes tomaba posiciones más izquierdistas, lo que hacía que mucha gente los acusara de títeres de la Unión Soviética. Justamente. Uno de los organismos que pertenecía a ese grupo era la naciente Screen Cartoonists Guild (SCG), que pretendía representar a todos aquellos que tenían que ver con el dibujo animado, y habían ganado el derecho a representar a los empleados en la MGM y a la gente de la Warner.

La huelga del Screen Cartoonist Guild contra los estudios Fleischer.

Y ahora el turno era mirar a la Disney. En esa búsqueda, se encontró con estos descontentos, que no tenían quien los defendiera: es que el sindicato de Ia empresa era básicamente una entidad apoyada por la patronal y que no tenía poder de negociación colectiva, con lo cual su poder efectivo era nulo. Las cosas estaban listas para estallar. El volcán estaba pronto a mandar todo para arriba. Lo que nadie se esperaba era que eso se convirtiera en Krakatoa.

 

(continuará…)

¿De dónde te tengo? – Hoy: Julie Adams

La peli El Monstruo de la Laguna Negra (Creature from the Black Lagoon, 1954) estaba hecha en 3-D. O sea que había que verla con los anteojitos colorados y azules. En un momento te aparecía la heroína ahí nomás frente tuyo con un traje de baño blanco que marcaba todo lo marcable (y permisible para la época) y la monada empezaba a entender por qué la Criatura quería capturar a Julie Adams.

Julie -nacida Betty May Adams en Waterloo, un pueblito del estado norteamericano de Iowa en 1926- nunca pensó que sus quince minutos de gloria llegarían con ese film: “Ninguno de nosotros tomaba muy seriamente el film cuando lo hacíamos”, dijo en un reportaje. Recordemos que esta es la época en que laburar en ciencia ficción no era algo prestigioso. Más bien no era una película que una actriz con cierta experiencia como Julie quisiera hacer.

Experiencia cinematográfica ya tenía, empezando desde abajo en la pantalla, pateando departamentos de castings mientras trabajaba como secretaria “part time” para ganarse el sustento. Su primer trabajo cinematográfico sería un papel de reparto sin acreditar (casi un bolo de extra) en Red, Hot and Blue (1949). Tras eso la pequeña compañía Lippert le dio el protagónico femenino en un western de bajo presupuesto llamado The Dalton Gang (1949). Lo hizo bien y la contrataron para trabajar en seis westerns más… todos hechos uno tras otro en pocas semanas. “¡Era una locura! Había dos protagonistas y una cantidad de actores secundarios que estábamos en todos los films. Yo era la Chica en todos ellos, por eso tenía tres trujes. Tenía un traje de montar, uno para la diligencia y uno de granjera. Filmamos todas las escenas de granja para las seis películas de una vez y luego todas las de diligencia. Me costaba recordar quién era. ‘¿Soy la granjera o la vaquera esta vez?’ ¡Era extraño!”

Al poco tiempo, Betty May sería contratada por los estudios Universal un poco por casualidad. La habían contratado para dar pie a otro actor que estaban considerando contratar… y ella les gustó más a los ejecutivos. En los estudios decidieron cambiar su nombre -hasta ahora había actuado con su nombre real- por el de Julia Adams (luego Julie). Empezó a hacer todo tipo de papeles. Hizo pelis con temática de guerra como Bright Victory (1951); comedia -o algo así- en películas como Francis joins the WACS (1954), donde el protagónico lo tenía Francis la Mula que Habla; y muchos westerns: The Lawless Breed (1952), The Missisipi Gambler (1953), etc.. Y en 1954 estuvo en The Creature…, un clásico del género fantástico. Parece que la pasó bastante bien con sus colegas y con la dirección de Jack Arnold, un tipo con quien, en sus palabras, “era muy fácil trabajar”. Aunque parece que el agua estaba bastante fría en las escenas en que tuvo que nadar mientras el monstruo la perseguía por debajo.

Tras terminar su contrato con la Universal, Julie siguió haciendo trabajos en cine y televisión de manera freelance. Trabajó junto a John Wayne en Mc Q. (1974). Y junto a Dennis Hopper en La Última Película (The Last Movie, 1971), hoy un film de culto hecho en medio de los Andes peruanos sin guion alguno, improvisando la historia y las escenas sobre la marcha. Actuó en la adaptación fílmica de El Asesino Dentro de Mi (The Killer lnside of Me, 1976), un policial brillante del escritor Jim Thompson. Actu{o junto a Elvis –“un caballero y sorprendentemente tímido”, según sus palabras- en Tickle Me (1963).

En televisión también trabajó mucho, desde ser la esposa de Jimmy Stewart en The Jimmy Stewart Show y actuar, a fines de los sesenta, en LA “soap opera” (el teleteatro, ¡bah!) Hospital General, hasta tener un rol recurrente en Reportera del Crimen (Murder, She wrote), esa donde Angela Lansbury se hacía pasar por las fantasías de Agatha Christie. Pasando por episodios de Kolchak y de la Galería Nocturna de Rod Serling. Todavía hoy cada tanto sigue actuando y public{o hace un tiempo su autobiografía “The Lucky Southern Star: Reflections from the Black Lagoon”

Pero nunca podrá dejar de ser esa chica con las “piernas más simétricas del mundo” que nadaba en un traje blanco mientras desde abajo, el Mostro de la Laguna Negra (y muchos de nosotros al mismo tiempo) se preguntaba: ¿Y a esta, de dónde la tengo?

formas antiguas del agua

Todos vimos ya el gran exito del cine fantastico de este año : La forma del agua.Todos comprendimos en seguida que se trataba de una “remake” de “El monstruo de la laguna negra” y en parte de “La cosa ( o mas precisamente el coso) del pantano” con algo quiza de E.T. (¡Si! ¡Hay que ser bueno con el no-humano!), con una pizca de King Kong, un eco de viejisimas leyendas y todavia quedaba espacio para un larguisimo etcetera donde conviven toda clase de mitos de todos los tiempos y civilizaciones.

La forma Del Toro

Incluso  ese toro sobrenatural que se une a la reina Pasifae, segun el poco pudoroso mito griego, surgia del mar: era un toro marino enviado precisamente por Poseidon, dios de los mares y oceanos.De esta union poco probable se generaria el Minotauro. Otro mas entre los semi humanos fruto de otra historia sobre uniones que ignoran alegremente la especifidad y la genetica.

La mitologia griega nos presenta una sobreabundancia de estos seres y uniones, brindando una ayuda invalorable para los guionistas de los futuros milenios. No solo la griega: hasta los supuestos angeles caidos que aparecen en textos biblicos se supone que vieron hermosas a las mujeres terrestres y engendraron hijos con ellas. Ya el problema habia comenzado…

Muchisimas historias por el estilo fuerzan los limites del adn. El trasfondo de todas ellas es la posibilidad de unirse (o no) con lo diferente. Y Sudamerica parece una region privilegiada para estas convivencias insolitas. Hasta Gabriel Garcia Marquez menciona las leyendas narradas por su abuela Tranquilina  sobre los “mariños”, extraños seres semi-humanos, semi-peces salidos del sustrato legendario celta (era gallega la abuela de Garcia Marquez) y afincados luego en Sudamerica.

Tanto el monstruo de la Laguna Negra como este nuevo ser super taquillero son oriundos del Amazonas. ¿Tal vez cierto temor de los estadounidenses a la apasionada y primitiva raza del sur que puede acechar a las chicas de Usa?

No se sabe,pero la febril busqueda de la chica por este ser no es muy diferente a la de King Kong que es capturado en una isla remota, al parecer tambien del primitivo mundo no desarrollado. Al parecer el gigantesco Kong no termina de comprender que hay cierto impedimento (en fin que aqui el tamano si importa).

La forma  Del Barco.

Y uno en particular le gana en antiguedad a los monstruos amazonicos. Se trata de la version argentina. La primera obra escrita que menciona el nombre de nuestro pais, “La Argentina” de Martin Del Barco Centenera, nos presenta a estos seres ávidos de chicas humanas colonizadoras. Quien desee comprobarlo puede buscar el Canto Nono de este poema. Dice lo siguiente:

“Un peje de espantable compostura/ del mar salio,reptando por el suelo/la infeliz salio huyendo hacia la altura/con gritos que ponia alla en el cielo/ el peje con sus ojos la miraba/ y al parecer ,gemidos arrojaba”

Asi que el nombre de nuestro pais, quedo desde el principio ligado al universo pulp y comiquero que vendria siglos despues…

Era inevitablemente un destino de historieta…

Pero ¿qué clase de bichos sirvieron de modelo a Martin Del Barco? ¿Podria tratarse de algun indigena disfrazado con mascara ceremonial tal vez? Poco creible: aunque bastante racistas, los colonizadores sabian ya lo que era un indigena.

En este caso se refieren a pejes ¿Tal vez algun lobo marino atrapado en nuestra playa como a veces alguna orca o tonina? Podria ser, especialmente por los “gemidos” que el monstruo al parecer arrojaba…

¿O estaba la explicacion en el transfondo de creencias y leyendas raras propias de la tradicion hispanica, ese mundo de novelas de caballeria -forma primitiva de la cultura popular de hoy- donde no faltan gigantes, sirenas, carbunclos, indios patagones gigantes y serpientes marinas de decenas de metros?

Las formas de Torquemada

En su “Jardin de flores curiosas”, Antonio de Torquemada abunda en historias, que asegura reales, sobre mujeres que se “ayuntan” con toda clase de seres y espiritus sobrenaturales, sin faltar los casos de simios (anticipandose a las historietas de jungla donde estos se dedican a raptar chicas). Entre ellas nos cuenta de un hombre semi pez que tomo por la fuerza a una chica, quedando ella embarazada. “Cuando la criatura vino a nacer,aunque parecia racional, no dejo de traer señales que probaban ser verdad lo que ella contaba,con el triton le habia sucedido”. Sorprendente que estos seres, de existir, no se hayan extinguido hace siglos, dado su inexplicable interes por humanas y no por sus propias hembras. Sorprendente también la fertilidad de aquellos tiempos,con lo que fuera se podia tener hijos.

¿Estaria el verdadero temor causado por las nuevas etnias de “pueblos originarios” tan diferentes a la normalidad, al hombre blanco conquistador? ¿Y seguimos arrastrando el mismo temor atavico? El extraño siempre resulta un mal (aunque en si mismo no sea malo). El mal esta en hacer surgir un hibrido, en que la raza humana se convierta en otra cosa, pierda su esencia. De ahi el gran peligro que, en realidad, nunca ha desaparecido… y no poca parte de ese peligro es el atractivo o flojera de las mujeres ,como es facil deducirlo en la obra de Torquemada.

Las formas de la cultura

Como comentaba Roberto Barreiro es interesante ver como la cultura “nerd” y la “cultura no-nerd” se mezclan en este triunfo de Del Toro. La primera parece estar arrasando definitivamente a la segunda. Lo “nerd” estaria pasando, para bien y para mal, a ser de marginal a central. De algún modo esta clase de peliculas seria un hibrido entre ambas culturas… Todavia no sabemos como terminaran las cosas pero algo es seguro: si debido al exito inesperado de esta pelicula, pronto nos anuncian “El hijo de la forma del agua” no habra ninguna duda del triunfo nerd..

¿De dónde te tengo? – Hoy: Lupita Tovar

Estamos en 1931. Llega a Buenos Aires una nueva película que viene de los estudios Universal y que causa sensación, Drácula. Asombrados, los espectadores porteños del cine Renacimiento (situado en Lavalle 925) siguen a ese seductor Conde vampiro que anda mordiendo señoritas a troche y moche. Su víctima principal es Eva, la novia de Juan Harker. Si, leyeron bien, la chica se llama Eva, no Mina. Porque el film que llegó primero acá fue la versión en español que se hizo en Estados Unidos, al mismo tiempo que se realizaba la protagonizada por Bela Lugosi. Y la chica que hacía el papel de Mina era una jovencita mexicana llamada Lupita Tovar.

Tovar nació en Oaxaca, México en 1911. Nunca pensó en dedicarse a la actuación hasta que, siendo adolescente, el cineasta Robert Flaherty la vio haciendo gimnasia en su colegio. Flaherty le hizo un test que llevó a los estudios Fox, y a las pocas semanas la empresa volvió con un contrato para Tovar. Pese a la resistencia inicial de los padres, la chica finalmente viajó a Hollywood junto a su abuela. Alli comenzó a trabajar en algunas películas mudas de la Fox. Mientras, aprendía a bailar con Eduardo Cansino, padre de Rita Hayworth, quien trató a Lupita como a su propia hija.

En esa época apareció el cine sonoro. Se presentó entonces un problema: muchos actores no angloparlantes (como Lupita) perdieron su trabajo de un día para otro. Luego de recibir el aviso de que no le renovarían el contrato, Tovar se dirigió a los estudios Universal con una carta de recomendación de sus antiguos empleadores. El productor que la atendió era un checoslovaco llamado Paul Kohner, joven, ambicioso y trabajador. Kohner había tenido bastante que ver con el ingreso del director Paul Leni a ese estudio. Leni había logrado en poco tiempo dos éxitos: El Hombre Que Ríe (The Man Who Laughs, 1927) y El Gato y el Canario (The Cat and the Canaty,1927). Kohner enseguida vio algo en Tovar, y no creemos que fueran sólo sus habilidades artísticas. De más está decir que Lupita consiguió trabajo, y conoció así a su futuro marido, porque Paul Kohner se casaría años más tarde con ella. El matrimonio duraría hasta la muerte del productor en 1988.

Kohner era quien producía las versiones en otros idiomas de las pelis que hacía el estudio. Esta fue una práctica común en Hollywood a principios del cine sonoro, cuando el procedimiento del doblaje no era muy conocido. Así fue como Lupita terminaría protagonizando la versión castellana de The Cat Creeps (1930) dirigida por Rupert Julian, a la que titularon La Venganza del Muerto. Este papel la convirtió en una estrella en su país natal. Su próximo proyecto sería la versión española del Drácula, realizada por Tod Browning.

El Drácula español fue dirigido por George Melford quien, pese a no hablar una palabra de castellano, se ganó rápidamente el respeto de sus actores. La película se hacía en los mismos escenarios de la versión en inglés, filmando de noche. “El equipo norteamericano se iba a las seis y nosotros ya estábamos preparados. Empezábamos a rodar a las ocho de la noche. A la medianoche parábamos para cenar”, recuerda la actriz. La relación entre los actores era muy buena, lo mismo que con la del elenco del film en inglés. Tovar asegura que Lugosi en particular “era terriblemente educado. Acostumbraba a verlo los fines de semana. Todos los europeos se juntaban para tomar café con masas y charlar, Paul Kohner era parte de ese grupo y como me estaba cortejando en esa época, cada vez que lo invitaban, me llevaba con é1”.

Este cortejo del productor hacia la actriz era obvio para todo el mundo. Los regalos, ya fueran flores o chocolates, eran tan continuos que Barry Norton, el actor argentino que hacía de Juan Harker en el film, le dijo bromeando “si seguis comiendo los chocolates de Kohner Dracula no podrá cargarte por las escaleras”.

La película se terminó a tiempo y gastando menos de lo presupuestado originalmente. Incluso se estrenó antes que la versión en inglés. Fue tan exitosa en Hispanoamérica como la de Lugosi en Estados Unidos, y Lupita Tovar quedó confirmada como una estrella de la pantalla mexicana. Durante toda la década siguiente, alternaría trabajos en films de su país de origen (entre ellos el protagónico del primer largometraje sonoro de México, Santa, en el año 1931) y norteamericanos. De estos últimos, siguió haciendo versiones en español hasta que el avance de la tecnología hiciera obsoleta la existencia de estas películas. Tovar continuaría, por un tiempo, interpretando papeles secundarios, generalmente en westerns. Pero en 1945, luego de casarse con Kohner, dejaría de actuar para convertirse en ama de casa y esposa de uno de los representantes de estrellas (ese fue su trabajo después de retirarse de la Universal) más importante del Hollywood de la edad de oro. “Una vez que renuncié a actuar sólo viví para mi marido y nunca pensé en volver”, reconoció Lupita en una entrevista.

Fallecería recién el 12 de noviembre del 2016 (con 106 años) rescatada para la posteridad gracias a su papel en el Drácula español. Ya no tenemos que preguntarnos, al verse atacada por nuestro vampiro favorito en la versión latina “¿De dónde te tengo?”

¿De dónde te tengo? – Hoy: Alan Napier

– ¡Santos secundarios, Batman! Acabo de descubrir que Alfred trabajó en un montón de films de terror de tos cuarenta, bajo el nombre de Alan Napier.

-¿Recién te das cuenta de esto, Robin? Mmmm… Tal vez tengas que volver a repasar tu tarea de observación detallada. Recuerda que ningún buen paladín de la justicia debe descuidar este trabajo.

-Tienes razón. Lo siento Batman.

Esta secuencia imaginaria sirve para presentar a uno de estos actores secundarios que han actuado en muchas pelis que hemos visto, pero al que sólo reconocemos por un único papel. A Alan Napier le pasa eso: es conocido apenas como el mayordomo de Adam West y Burt Ward, en la serie de tevé Batman. Mientras que el tipo tiene un historial impresionante dentro del género fantástico (y en el cine “serio”, ¡berp!).

Alan William Napier-Clavering nació en 1903 en Birmingham, Inglaterra. Era de una familia de clase alta, siendo su primo nada menos que Neville Chamberlain (el Primer Ministro de Inglaterra a principios de la Segunda Guerra Mundial). Según él, su interés por la actuación nació de pequeño, gracias a las historias que le contaba su madre. Ya de joven entró a estudiar en la Royal Academy of Dramatics Arts, para seguir en el Oxford Players. Durante la década del veinte comenzó a conseguir papeles cada vez mayores en el teatro británico. Un problema que tuvo para llevar adelante su carrera profesional fue su estatura: medía más de un metro noventa, lo que dificultó conseguir trabajos en ciertas películas. “¡Cuántas partes perdí simplemente por pararme! Lo peor de todo es que yo entendía lo que querían”, explicó una vez en un reportaje el actor. Como positivo, tenía esa voz muy cuidada y una excelente dicción.

Napier trabajó en varias obras de Broadway durante la década del treinta, hasta que se quedó definitivamente en Estados Unidos en 1940. Pronto Hollywood lo llamó a trabajar. Su primer papel cinematográfico en el país del norte fue en We Are Not Alone (1939). A partir de allí trabajaría como actor de reparto en muchos films de los años cuarenta, en general en roles de hombre suave, educado y “temiblemente británico”, como lo explicó alguna vez.

Varios de esos papeles lo hicieron ingresar al género de terror. La primera de estas películas que hizo fue Vuelve el Hombre invisible (The lnvisible Man Returns, 1940) donde era el chantajista que amenazaba al protagonista. Otros roles serían el de novio de Ruth Hussey en El Mandato de otro Mundo (The Uninvited, 1944); el crítico de arte que mataba Rondo Hatton en La Mansión del Mal (House of Horrors, 1946); y uno de los atrapados por la peste -junto a Boris Karloff- en La isla de los Muertos (lsle Of the Dead, 1945), producida por Val Lewton; entre otros trabajos en pelis similares. En décadas posteriores tampoco se alejó del cine fantástico, laburando, entre otras, en El Entierro prematuro (The Premature Burial, 1962) de Roger Corman y Viaje al Centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, 1959). También apareció en Marnie (1964), del maestro Alfred Hitchcock. Y en el Macbeth de Orson Welles , entre otras (muchísimas) participaciones mas.

Pero la carrera de Napier cambiaría totalmente cuando acepta trabajar en una serie de televisión basada en un personaje de historieta: Batman. A partir de ese momento se convierte en Alfred, el mayordomo de Bruno Diaz. Alfred sabe de la identidad secreta de Bruno y lo ayuda en la medida de lo posible. Incluso llega a disfrazarse del Encapotado para despistar a los villanos. El éxito del programa le daría a Alan sus momentos de gloria, pero también quedaría encasillado. dijo en un reportaje.

Tras esto, hizo poco y nada, retirándose a pasar los últimos años de su vida en paz. Siempre recibió a los fans que lo buscaban para hacerle preguntas, a veces invitándolos a tomar el té. En 1988, Alan Napier murió. Así que, la próxima vez que miren una peli de los cuarenta y vean a un tipo alto, elegante y de aire familiar, puede que sepan la respuesta a esa pregunta que les quedó rondando en la cabeza: ¿y a éste, de dónde lo tengo?

El Valle a veinticuatro imágenes por segundo (parte 2)

Por Carlos Diaz Maroto

(Segunda parte del extenso artículo de nuestro colaborador sobre las versiones cinematográficas de El Valle de la Muerte, novela de Sherlock Holmes. Para leer la primera parte, solo sigan el link ).

Sherlock Holmes: “The Case of the Pennsylvania Gun” (1954)

Pese a que este artículo se denomina “El Valle a veinticuatro imágenes por segundo”, ahora pasaremos a veinticinco imágenes por segundo, pues también la televisión se encargaría, en cierta manera, de aportar una visión a la novela que nos incumbe.

Sherlock Holmes es una serie de nacionalidad norteamericana (aunque casi todos sus capítulos se rodarían en París por parte de Guild Films) producida por el neoyorquino Sheldon Reynolds, que había tenido un gran éxito al pergeñar en Europa una serie titulada Foreign Intrigue (1951-1955), que daría lugar después a la película Intriga extranjera (Foreign Intrigue, 1956), dirigida por él mismo y protagonizada por Robert Mitchum. Así pues, con este logro a sus espaldas decidió adaptar a Holmes y contactó con los herederos de Doyle para conseguir los derechos.

La intención era ofrecer cierta fidelidad, basándose en tal como se retrataba al detective en Estudio en escarlata. En ese sentido, en una ocasión declararía: “Me quedé anonadado por la diferencia entre el personaje de este libro y el del cine y el teatro. Aquí, Holmes es un hombre joven de unos treinta años, humano, inteligente y con inclinaciones filosóficas y cultas, pero sujeto a errores fatales que se derivaban de su impaciencia y falta de experiencia”(13). Y también diría: “En las historias iniciales como esa, Conan Doyle no se había cansado aún de su personaje, que más tarde se convirtió en un monstruo literario para él. Y, como literatura, las primeras historias son mucho mejores. Sin embargo, prácticamente todas las representaciones en teatro y pantalla del detective se basan en las historias posteriores” (14).

Por tanto, se contrataría al actor Ronald Howard, que entonces contaba con 36 años, para el papel. Howard (1918-1996) era hijo del mítico Leslie Howard (el Ashley de Lo que el viento se llevó), y guardaba un apreciable parecido físico con su padre. Tras la universidad se dedicó al periodismo, hasta que optó por volcarse a la interpretación. Su primera aparición cinematográfica, nimia, fue en ‘Pimpernel’ Smith [tv/dvd: Pimpinela Smith, 1941], dirigida y protagonizada por Leslie Howard. Si bien el papel que Leslie interpretaba en esta película era una especie de modernización de la Pimpinela Escarlata de la baronesa de Orczy, al mismo tiempo recordaba no poco al propio Holmes (15). Durante la década de los cuarenta Ronald ganaría experiencia actuando en teatro de provincias, para trabajar luego en Londres, y su debut “oficial” en el cine se produjo con el film While de Sun Shines (1947), de Anthony Asquith, una comedia basada en la obra de Terence Rattigan. Tras su éxito con Sherlock Holmes se volcó preferentemente en la televisión, pero al no lograr seguir a ese nivel terminó abandonando la carrera interpretativa y abrió una galería de arte. En los años ochenta escribiría una biografía de su padre.

Sobre su papel de Holmes, Howard comentó: “En mi interpretación, Holmes no ofrece esa personalidad infalible, de ojo de halcón y fuera de lo común, sino que es un joven de una sinceridad excepcional que trata de salir adelante en su profesión. Mientras que el Holmes de Basil Rathbone se mostraba nervioso y tenso, el mío tiene una calidad más ascética, se muestra deliberadamente carente de bohemia, y se ve minimizado por la realidad” (16).

En cuanto al personaje de Watson, el actor convenido fue H. Marion Crawford (1914-1964). En el cine desde 1935 con un pequeño papel en Music Hath Charms (1935), de Thomas Bentley, Alexander Esway, Walter Summers y Arthur B. Woods, fue una presencia habitual en las pantallas británicas. En la serie cinematográfica producida por Harry Alan Towers en los años sesenta sobre Fu Manchú, y protagonizada por Christopher Lee como el pérfido oriental, Crawford se hizo cargo del cometido del doctor Petrie, que no era otra cosa que una trasposición de Watson. Encarnó el papel en todos los títulos de la saga, así El regreso de Fu Manchú (The Face of Fu Manchu, 1965), Las novias de Fu Manchú (The Brides of Fu Manchu, 1966), ambos de Don Sharp, La venganza de Fu Manchú (The Vengeance of Fu Manchu, 1967), de Jeremy Summers, Fu Manchú y el beso de la muerte / The Blood of Fu Manchu (1968) y El castillo de Fu Manchú / The Castle of Fu Manchu (1969), estas dos últimas de Jesús Franco. Ese mismo año 1969 Crawford moría a los 55 años de edad.

Desde hacía mucho tiempo H. Marion Crawford iba detrás de interpretar el personaje de Watson, a quien quería aportar un perfil distinto al de bufón que le había otorgado el por otra parte excelente Nigel Bruce en las películas con Basil Rathbone. En ese sentido refirió: “Nunca había considerado a Watson como un constante chapucero sin cerebro, que proporciona alivio cómico en las representaciones anteriores. Es un hombre normal, con los pies en el suelo, un estudiante de medicina que ofrece valiosos consejos… En otras palabras, es el complemento ideal al joven optimismo de Holmes” (17).

Para algunos críticos, pese a lo referido, Ronald Howard resultaría demasiado joven y bisoño para el papel. Sin embargo, H. Marion Crawford goza de mayor prestigio, a tal punto que está considerado uno de los mejores Watson de la historia.

El reparto semi-fijo se completaba con el actor escocés Archie Duncan en el cometido de Lestrade, que esta vez sí suponía el “alivio cómico” que refería Crawford, y Richard Larke como el sargento Wilkins. Entre los invitados estuvieron el francés Eugene Deckers, que encarnó a lo largo de la serie a siete personajes diferentes, entre víctimas y criminales, amén de figuras de fama como Delphine Seyrig, Michael Gough, Dawn Addams o, en especial, Paulette Goddard. Esta última, que tenía fobia a los cementerios, cuando era llevada en limusina a los estudios hacía que el vehículo diera un rodeo de kilómetros para evitar pasar frente a uno.

Se construyeron en estudio varios decorados para figurar tanto el interior como los exteriores de Baker Street. El encargado de ello fue Michael Weight, quien, en verano de 1951, y dentro del Festival of Britain, ya había ejecutado una exhibición sobre Sherlock Holmes y su mundo. Aparte de ello, se edificaron otros decorados para representar parques, las oficinas de Scotland Yard, otras viviendas… Casi todo se filmó en estudio, añadiendo de forma constante una toma de archivo de coches de caballos pasando por el Puente de Londres, con el Big Ben de fondo, una imagen tópica que se ha visto miles de veces. Unos pocos exteriores franceses fueron utilizados, así como actores de esa nacionalidad, para cometidos sin diálogo o de carácter secundario, donde sus acentos colaban con mayor o menor fortuna. Se rodaron 39 episodios distribuidos en una única temporada, para sindicación, si bien hubo rumores de una segunda tanda a filmar a partir de junio de 1955, si bien no se llegó a hacer.

Como directores se contó con Steve Previn, hermano del compositor André Previn, que se hizo cargo de nada menos que veinticinco de ellos. Previn ya había dirigido antes Foreign Intrigue. Después, el propio Sheldon Reynolds dirigió nueve de los capítulos, y por último Jack Gage, que también había colaborado en la citada serie de espías, se hizo cargo de los cuatro restantes.

En 1980, Reynolds produjo una nueva serie sobre nuestro detective, ahora titulada Sherlock Holmes and Dr. Watson, en la que muchos de los capítulos eran remakes de los de esta. Esta nueva serie se haría en colaboración con Alemania, y como directores figuraron nombres de la talla de Val Guest o Roy Ward Baker; Holmes sería encarnado aquí por Geoffrey Whitehead, y Watson por Donald Pickering.

De los treinta y nueve episodios, la mayoría partió de guiones originales, y solo unos pocos se basan en el Canon: “The Case of the French Interpreter” se basa en “The Adventure of the Greek Interpreter”, “The Case of the Pennsylvania Gun” en The Valley of Fear, como ahora veremos, “The Case of the Shoeless Engineer” en “The Adventure of the Engineer’s Thumb” y “The Case of the Red-Headed League” no es necesario precisarlo. Amén de ello, el primer episodio, “The Case of the Cunningham Heritage”, adapta el inicio de A Study in Scarlet, donde Holmes y Watson se conocen (siendo una de las pocas veces que este hecho se ha visto en pantalla), y luego prosigue con una historia original; y otros cuantos episodios son versiones lejanas de otros relatos de Conan Doyle.

El primer capítulo, ya citado, se emitió en la televisión norteamericana el 18 de octubre de 1954, y el último fue “The Case of the Tyrant’s Daughter”, que se vería el 17 de octubre de 1955. En Inglaterra, curiosamente, no se llegó a ver hasta 2006, hasta que se emitió por un canal llamado Bonanza. En España jamás ha podido ser vista.

Como se ha referido, el episodio “The Case of the Pennsylvania Gun”, que es el capítulo tres de la serie, se basa en The Valley of Fear, y el guion y la dirección corrieron a cargo del propio Reynolds. Atendiendo a la duración de los episodios, cualquier conocedor de la novela se hará una idea de cómo se ha procedido para la adaptación. Pese a ese escaso metraje, aún se tiene tiempo para introducir elementos humorísticos al inicio, con Holmes tonteando con un equipo de pesca y la reacción que la actitud de la pareja despierta en un mozo que trae una carta. A continuación, la llegada de Holmes y Watson al lugar del suceso se presenta de un modo similar a como en la novela, si bien simplificando la exposición y reduciendo personajes; el tono un tanto burlón, mientras, persiste. El cambio más acusado se refiere al fondo del asunto, pues aquí no tenemos ninguna sociedad secreta, sino simplemente un yacimiento de oro compartido por tres personas: la supuesta víctima, el amigo que comparte vivienda con él y su esposa, y un tercer desconocido. Para cualquier espectador desconocedor del libro, la conclusión es obvia. El inspector encargado del caso, Mac Leod, pese a su definición un poco bufonesca y, por supuesto, estar equivocado en sus conclusiones, sin embargo saca algunas deducciones nada desdeñables.

El resultado es una aportación ligera y sencilla, que dado su tono hacer aparentar la trama más simple de lo que en realidad es. Solo se centra en la primera parte de la novela, simplificando todo de un modo extraordinario, y con el cambio referido sobre la relación entre los implicados. Crawford interpreta a Watson con rasgos muy británicos y, tal como se refería al respecto, no es para nada el lerdo que popularizó el bueno de Nigel Bruce. En cuando a Howard, aparte del sorprendente parecido que tiene con su padre, tanto en el físico como en los gestos, aporta un perfil demasiado jovial de Holmes, sin duda para hacerlo más accesible al público, lo cual difumina ese aura de misterio y complejidad que ha acompañado a la creación de Conan Doyle.

Dirección: Sheldon Reynolds. Productor: Sheldon Reynolds para Guild Films. Productora asociada: Nicole Milinaire. Guion: Sheldon Reynolds. Fotografía: Raymond Clunie. Música: Paul Durand. Montaje: George Gale. Decorados: Raymond Druart. Intérpretes: Ronald Howard (Sherlock Holmes), Howard Marion-Crawford (Dr. John H. Watson), Russell Waters (Mac Leod), Maurice Teynac (Morelle), Frank Dexter (sargento), Richard Larke (sargento Wilkins). Nacionalidad y año: Estados Unidos 1954. Duración y datos técnicos: 26 min. B/N 1.33:1.

Fecha de emisión: 1 de noviembre de 1954 (1ª temporada, episodio 3).

El collar de la muerte (Sherlock Holmes und das Halsband des Todes / Sherlock Holmes et le collier de la mort / Sherlock Holmes la valle del terrore) (1962)

 

En Alemania, la literatura del autor británico de misterio Edgar Wallace (1875-1932) era inmensamente popular. Ya en 1927 se realizó en aquel país una adaptación de su obra, Der große Unbekannte, por parte de Manfred Noa, la primera de una serie de escasas adaptaciones hacia la época. Fue sin embargo, y tras un exitoso grupo de telefilmes a mediados de la década de 1950, cuando se inició un amplio ciclo de adaptaciones cinematográficas del autor con La banda de la rana (Der Frosch mit der Maske, 1959), de Harald Reinl, y que duraría hasta principios de los setenta, dando lugar a toda una tradición de filmes alemanes de misterio denominados krimi.

Sherlock Holmes, por supuesto, también era de gran éxito en el país germano, como de hecho toda la tradición criminal y de misterio, y ya en época del cine mudo fue abordado con abundancia, en especial El perro de los Baskerville. No era extraño, pues, que en plena eclosión del fenómeno decidieran realizar una película sobre nuestro personaje. Así, Constantin Film Verleih, uno de los mayores estudios berlineses del momento, se planteó adaptar la obra de Arthur Conan Doyle, para lo cual solicitaron permiso a los herederos, haciéndose cargo de la producción Artur Brauner (junto a su hermano Wolf), responsable del ciclo de los sesenta dedicado al doctor Mabuse.

Viendo la ficha técnica, no puede decirse que se lo tomaran con superficialidad, sino que tenían verdades intenciones de hacer un producto de peso. Como director escogieron al británico Terence Fisher, que en la época estaba en su mejor momento.

Descubrimiento de la productora británica Hammer Films, Fisher fue el renovador de la tradición de cine de terror de la época con obras maestras como Drácula (Dracula, 1958), The Revenge of Frankenstein [tv/dvd: La venganza de Frankenstein, 1958], Las novia de Drácula (Brides of Dracula, 1960) o La maldición del hombre lobo (Curse of the Werewolf, 1961), por solo citar unas pocas previas a la presente película. Además, y lo más importante, en 1959 había dirigido El perro de Baskerville (The Hound of the Baskervilles), espléndida adaptación de la novela, teñida del toque Hammer, con el gran Peter Cushing como Holmes, André Morell como Watson y Christopher Lee en el rol de Sir Henry Baskerville.

Así pues, poner al magnífico Terence Fisher al frente de todo era una decisión admirable. Además, como guionista se contó con Curt Siodmak, novelista de origen alemán que había alcanzado el éxito en Hollywood con algunas aportaciones a los clásicos de terror de los cuarenta, principalmente El hombre lobo (The Wolf Man, 1941), de George Waggner. En todo caso, existen rumores de que su guion sería reescrito en abundancia por un colaborador desconocido.

Como Sherlock Holmes se decidió escoger a Christopher Lee, quien haría triplete con personajes del Canon encarnando a Mycroft en la esencial La vida priviada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970), de Billy Wilder. No serían estas tres las únicas colaboraciones con el mundo de Conan Doyle: a principios de los noventa volvió a dar vida a Holmes en un díptico de mini-series televisivas, Sherlock Holmes y la prima donna (Sherlock Holmes and the Leading Lady, 1991), del hammeriano Peter Sasdy, e Incidente en las cataratas Victoria (Incident at Victoria Falls, 1992), de Bill Corcoran. Además, fue presentador del documental The Many Faces of Sherlock Holmes (1985), de Michael Muscal.

En el papel de doctor Watson se contó con alguien también procedente de la plantilla Hammer, Thorley Walters, quien volvería a asumir ese rol en un cameo en La mejor casa de Londres (The Best House in London, 1969), de Philip Saville, en El hermano más listo de Sherlock Holmes (The Adventure of Sherlock Holmes’ Smarter Brother, 1975), de Gene Wilder, y en el corto televisivo Silver Blaze (1977), de John Davies, dentro de la serie ITV Sunday Night Drama. Y también daría vida al mayor John Sholto en el telefilm El signo de los cuatro (The Sign of Four, 1985), de Desmond Davies.

Christopher Lee y Thorley Walters serían los únicos actores británicos dentro de un reparto compuesto por, principalmente, alemanes, junto a algunos pocos intérpretes franceses e italianos que aportaban la co-producción con esos dos países. El papel de Mrs. Hudson corrió a cargo de Edith Schultze-Westrum; dentro de su muy poco conocida carrera en España cabe destacarla como una de las madres de El puente (Die Brücke, 1959), de Bernhard Wicki. Moriarty fue encarnado por Hans Söhnker, prestigioso actor alemán premiado con la Cruz del Mérito en 1973. Más conocida será la “chica de la película”, Ellen Blackburn, a la que da vida Senta Berger, de carrera internacional, destacando sus participaciones para Sam Peckinpah en Mayor Dundee (Major Dundee, 1965) y La cruz de hierro (Cross of Iron, 1977).

Esta película se rodó sin sonido directo. Christopher Lee, quien habla excelentemente el alemán, puso su propia voz, por ejemplo, en otra producción germana, el krimi El misterio de los narcisos amarillos (Das Geheimnis der gelben Narzissen, 1961), de Ákos Ráthonyi. Sin embargo, aquí fue doblado para la versión alemana y, cuando el film se exportó a Inglaterra (estrenándose allí en 1968), fue también doblado por una voz anónima, por lo cual no se le puede oír ni en una ni en otra versión (ni, por descontado, en la francesa o en la italiana), como tampoco, de hecho, se puede oír a Thorley Walters. Aparte de ello, en el doblaje al inglés se variaron algunos elementos de los diálogos originales. Esto repercute, lamentablemente, en poder disfrutar de la interpretación completa de este prodigioso actor, quien además posee una voz espléndida (18). Añadamos que, de paso, se le caracterizó con una nariz postiza.

El rodaje, que ocupó entre julio y agosto de 1962, tuvo lugar casi en toda su totalidad en Alemania, aunque algunas escenas se filmaron en Londres y otras en Dublín. En esta última localización, algunos extras de raza gitana se aproximaron a Lee y le interrogaron sobre sus ancestros; él poco sabía al respecto, y aquéllos le informaron que, dado su físico, muy bien pudiera haber tenido antepasados cíngaros, razonamiento que Lee consideró factible.

La película fue un fracaso, a tal punto que una segunda sobre el personaje que se anunció, y que trataría sobre Holmes investigando la desaparición de un tren, no llegó a hacerse. Terence Fisher, hablando sobre El collar de la muerte, refirió que “más valdría olvidarse de ella” (19). Christopher Lee, por su parte, comentó: “Creo que fue una lástima lo de esta película, en más de un sentido. Nunca debimos haberla hecho en Alemania con actores alemanes, a pesar de que tenía un director artístico y un realizador británicos. Los productores alemanes hicieron una mezcolanza de historias que la arruinó. Mi interpretación de Holmes es, creo, una de las mejores que he efectuado, porque traté de encarnarlo tal como fue escrito, un hombre muy intolerante, amigo de las discusiones  y complicado, y por medio del maquillaje me parecía mucho a él. Todo el mundo que lo vio me dijo que era el Holmes más cercano a cualquier otro actor, tanto en apariencia como en interpretación” (20).

Charles Prepolec, de la web BakerStreetDozen.com escribió: “En líneas generales hay algunos personajes divertidos que añaden un elemento de humor, incluyendo una interpretación de Thorley Walters tristemente cercana al estilo de Nigel Bruce. La comedia abunda en una secuencia en un pub con un Holmes disfrazado de matón. Hay algunas escenas bien interpretadas entre Lee y Hans Söhnker, que se desarrolló en un banco que rememora el fantástico enfrentamiento entre Holmes y Moriarty registrado en ‘El problema final’. Hay grandes cosas, pero lamentablemente no lo suficientemente frecuentes como en esta película” (21).

En realidad, los problemas arreciaron sobre la película desde un inicio. Estaba el caos habitual en este tipo de coproducciones, donde cada actor interpretaba en su propio idioma, por lo cual a un comentario en inglés podría venir una réplica en alemán, junto a un apunte adicional en italiano. Aparte de ello, dos de los productores, los alemanes Artur Brauner y Heinrich Von Leipzinger no se soportaban, hasta tal punto que en un momento determinado llegaron incluso al enfrentamiento físico (22). Esto desquició a Fisher, de tal modo que incluso llegó a gritar a Lee, algo que jamás hizo ni volvería a hacer. Llegado a este punto, el realizador británico decidió irse a rodar los exteriores a Irlanda, y lo que quedaba por hacer en Alemania se lo dejó a Frank Winterstein, su ayudante de dirección y, en especial, el intérprete que mediaba entre el director y los actores y el equipo germanos. De ahí que en los créditos de la copia alemana Winterstein figure como co-director (23).

En cuanto al resultado de la película, la verdad es que no es tan mala como se la suele calificar. Tiene el enorme problema de un desastroso guion debido a Curt Siodmak. Por un lado, esa “adaptación” de El Valle del Miedo, que centra una breve parte de la acción en el propio libro (el asesinato y su resolución), con un inicio y un final por completo diferentes, y con Moriarty implicado de forma física, recuerda en muchos aspectos a la versión protagonizada por Arthur Wontner de la que ya hablamos. Aquí, por cierto, la sospecha de adulterio entre la “viuda” y el amigo del “difunto” se confirma, pues ambos están enamorados. Aparte de ello, el arranque rememora un tanto a El signo de los cuatro, sin que, empero, pueda considerarse una adaptación. Además, todos los procesos deductivos de Holmes están reducidos a su mínima expresión, y en ocasiones llega a comportarse incluso de un modo torpe. Sorprende, por otro lado, la machacona insistencia sobre la utilidad del Times para resolver todo, que llega al grado de una especie de gag, solo que carente de gracia. Sumemos además el método en que los acólitos de Moriarty se hacen con el collar que transporta el furgón policial, exactamente igual a como aparecía en el clásico del cine negro El abrazo de la muerte (Criss Cross, 1949), dirigido por… Robert Siodmak, hermano de Curt.

Aquí, Moriarty es convertido es un arqueólogo de prestigio internacional, y que, tras el descubrimiento de nada menos que la momia de Cleopatra, roba un valioso collar perteneciente a esta. Thorley Walters, en su interpretación de Watson, sigue la clásica escuela de Nigel Bruce, mostrándose a veces de un tontorrón subido que asusta, aunque en otras realiza contribuciones estimables. Está lejos, con todo, del sobrio aporte que hizo André Morell en la otra adaptación por parte de Fisher. Con todo, dentro de esos cánones elegidos, Walters realiza una buena interpretación.

En cuanto a Christopher Lee como Holmes, referir que está sencillamente magnífico. Pese a que la nariz postiza sea muy ostentosa, si uno se olvida de ello cabe admitir el parecido con los grabados de Sidney Paget. Aparte de ello, en una de las pocas virtudes del guion de Siodmak, Holmes (pronunciado en el doblaje español como “Jolmes”) emplea su habitual técnica del disfraz, y por la cual siento especial debilidad: será dos veces un rudo matón, y en otra un estirado petimetre con bigotito y gafas redondas, estando espléndido en ambos cometidos. Por lo demás, Lee nos ofrece un Holmes extravagante, inteligente, adusto, alegre en ocasiones…; en definitiva, todo un espectáculo interpretativo, y que desde luego supera las limitaciones que se le insuflan en el romo guion.

Incluso cabe añadir que el actor alemán que encarna a Moriarty, Hans Söhnker, aporta un innegable empaque al mismo, superando sin esfuerzo a algunos anglosajones que acometieran idéntico cometido, el de la citada película de Arthur Wontner, por ejemplo.

Fisher, que en El perro de los Baskerville se sirvió del color, aquí emplea el blanco y negro con elegancia y potencia, utilizando algunos trucos visuales que lo confirman como un gran maestro: el juego de las llamas en la cara de los personajes, o un pequeño foco de luz en un rostro en sombras potencia la expresividad de algunos momentos, así como el flashback que narra Senta Berger, filmado con encuadres inclinados, lo cual le otorga resonancias a lo Orson Welles. El realizador confiere ritmo a la narración y esta se ofrece fluida, sin un solo tiempo muerto, con un hábil uso de la variación de escenarios.

El film, como se ha visto, tiene puntos negativos, el pésimo guion y una banda sonora terrible de sones sesenteros. Además, ofrece una ambientación surrealista, que parece alternar los años veinte con los sesenta, mezclando coches de época con vestimentas y peinados contemporáneos (a la época en que se rodó), de un modo incomprensible. Empero, las interpretaciones, la hermosa fotografía y la sobria puesta en escena de Fisher logran paliar esas limitaciones conformando un título, no para las antologías, pero sí simpático y que se ve con agrado. Lástima, porque estando dirigida por Terence Fisher, uno se esperaba una obra maestra.

Dirección: Terence Fisher. Productor: Artur Brauner para Central Cinema Company Film, Criterion Productions, Incei Film, Constantin Film Produktion. Productor ejecutivo: Wolf Brauner. Guion: Curt Siodmak. Fotografía: Richard Angst. Música: Martin Slavin. Montaje: Ira Oberberg. Dirección artística: Paul Markwitz. Efectos especiales de maquillaje: Paul Markwitz. Ayudante de dirección: Frank Winterstein. Intérpretes: Christopher Lee (Sherlock Holmes), Hans Söhnker (profesor Moriarty), Thorley Walters (Dr. Watson), Hans Nielsen (inspector Cooper), Senta Berger (Ellen Blackburn), Ivan Desny (Paul King), Wolfgang Lukschy (Peter Blackburn), Leon Askin (Charles), Edith Schultze-Westrum (Mrs. Hudson), Bruno W. Pantel (subastador), Heinrich Gies (comprador de Texas), Bernard La Jarrige (policía francés), Linda Sini (chica), Roland Armontel (doctor), Danielle Argence (bibliotecario del Times), Franco Giacobini (coleccionistas de Texas), Waldemar Frahm (mayordomo), Rena Horten (Emily Kellner), Max Strassberg (Johnny), Corrado Annicelli (Samuels), Pierre Gualdi (Wirt), Kurt Hain (encargado de Correos)… Nacionalidad y año: Alemania, Francia, Italia 1962. Duración y datos técnicos: 83 min. B/N 1.66:1.

Fecha de estreno: 30 de noviembre de 1962 (Alemania); 3 de mayo de 1963 (Italia); 20 de mayo de 1964 (Francia); 10 de mayo de 1965 (España).

La valle della paura (1968)

 

El presente es un telefilm italiano muy poco conocido, que adapta, una vez más la novela que nos concierne. Producido por la RAI, en la dirección contamos con Guglielmo Morandi, un hombre, según parece, dedicado casi enteramente al medio. Precediendo a la presente rodó la adaptación también de El perro de Baskerville con L’ultimo dei Baskerville, protagonizada de igual modo por Gazzolo y Bonagura como Holmes y Watson. Por lo que se conoce de la carrera de Morandi, esta parece centrarse en especial en el género criminal, en muchos casos versioneando autores extranjeros (Edgar Wallace no podía faltar), a tal punto que ha sido definido como “un experto en el romanticismo inglés”. Rodó una serie de doce episodios titulada Tenente Sheridan (1959-1961), que alcanzaría tal éxito que dispondría de una continuación, Ritorna il tenente Sheridan (1963), ya sin el concurso de él. Parece ser que solo dirigió una película para cines, L’oro di Londra (1967), con el seudónimo de Billy Moore, con fines de exportación, y una vez más basándose en Wallace.

Como Sherlock Holmes tenemos a Nando Gazzolo, activo trabajador televisivo que colaboraría en diversas ocasiones con Morandi. Y como Watson figura Gianni Bonagura, que también participaría varias veces tanto con el director como con su compañero de reparto.

Según parece, La valle della paura se emitió dividido en tres partes, componiendo en total una mini-serie de seis episodios junto a la otra adaptación referida, y bajo el título globalizador de Sherlock Holmes. Tal como se refiere, al ser esta la segunda aportación, aparece más sólida en producción, con una dirección menos estática y un reparto menos teatral. La adaptación parece ser bastante fiel al libro, y se destaca la perfecta dicción (al italiano, por supuesto) del dúo protagonista.

Dirección: Guglielmo Morandi. Producción: Radiotelevisione Italiana (RAI). Guion: Anton Giulio Majano. Decorados: Amedeo Puthod. Intérpretes: Nando Gazzolo (Sherlock Holmes), Gianni Bonagura (Dr. Watson), Leonardo Severini (Ames), Cesarina Gheraldi (Mrs. Allen), Anna Miserocchi (Ivy Douglas), Mario Erpichini (Cecil Barker), F. Paolo D’Amato (Jack Mc Donald), Antonietta Lambroni (Mrs. Clarke), Francesco Sormano (inspector Mc Donald), Enrico Ostermann (inspector Mason), Giuseppe Mancini (Jackson), Mario Laurentino (sargento Wood), Ernesto Colli (Turner)… Nacionalidad y año: Italia 1968. Duración y datos técnicos: 112 min. B/N 1.33:1.

El Valle del Miedo (Sherlock Holmes and the Valley of Fear) (1983)

 

El acto de realizar adaptaciones de clásicos de la literatura en el formato de animación (sea para televisión o para lo que, en tiempos, se denominó “directos a vídeo”, o DVD) es bastante común. El motivo puede ser doble: por un lado, se dispone de una historia base de calidad de forma gratuita, al ser la obra ya libre de derechos, y por otro lado se efectúa la noble labor de ofrecer de un modo fácil un acercamiento de la cultura literaria a los niños, supuestos receptores de este tipo de productos. Así, versiones de las obras de autores como Jules Verne, Robert Louis Stevenson, Charles Dickens o Walter Scott, por poner unos ejemplos, son bastante comunes. Sir Arthur Conan Doyle no podía faltar, y es muy posible que, aparte de lo aquí referido, haya más por parte de compañías pequeñas norteamericanas o canadienses, las más habituales en realizar estas versiones.

De procedencia australiana es un ciclo de cuatro adaptaciones de clásicos de nuestro escritor. A la presente se suman también Estudio en escarlata (Sherlock Holmes and a Study in Scarlet), El perro de Baskerville (Sherlock Holmes and the Baskerville Curse) y El signo de los cuatro (Sherlock Holmes and the Sign of Four), es decir, las cuatro novelas que Conan Doyle escribió sobre el detective de Baker Street, y todas ellas realizadas en 1983.

La producción proviene de los estudios Burbank Films Australia, que entre 1982 y 1989 originó casi cuarenta versiones de la índole que referíamos al inicio, comenzando con Oliver Twist, de Dickens, y finalizando con Los hermanos corsos, de Alexandre Dumas padre. Estas películas, de cincuenta minutos de duración, estaban destinadas a rellenar la programación televisiva, amén de su venta en formato casero.

Es sorprendente cómo se contó con un alto grado de compromiso artístico al disponer de un actor de la talla de Peter O’Toole para poner voz a Sherlock Holmes. Que uno sepa, tal responsabilidad no se extendió al resto de las producciones de la casa, siendo los demás doblados por actores especializados en estas labores. O’Toole, por cierto, más adelante se haría cargo de interpretar a Arthur Conan Doyle en la muy apreciable Cuento de hadas (FairyTale: A True Story, 1997), de Charles Sturridge. Por lo demás, la voz de Watson fue puesta por Earle Cross, un actor que realizaría igual cometido en una adaptación de El hombre de la máscara de acero, de Dumas padre, amén de aparecer físicamente en unas pocas series televisivas australianas.

La conversión de la novela es casi literal, de hecho demasiado, pues se hace en exceso discursiva, con dibujos estáticos hablando sin parar, faltándoles dinamismo cinematográfico. El diseño de los dibujos, por lo demás, ofrece el simplismo característico de este tipo de producciones. La narración es fría, sobrecargada, y aparenta demasiado aburrida y dialogada para los niños, teóricos destinatarios de esta clase de adaptaciones, como dijimos; para los adultos amantes del original literario, lo cautivante de la historia original se ve perjudicado por la simplista resolución visual y artística del conjunto. En lo que respecta a la trama, ya se ha referido el hecho de la fidelidad; la mayor parte de la historia se centra en la primera parte de la novela, estando resuelta la segunda en menos de diez minutos.

Dirección: Ian Mackenzie y Alex Nicholas. Productor: Tom Stacey para Burbank Films Australia. Co-productores ejecutivos: Tom Stacey, George Stephenson. Guion: Norma Green. Música: John Stuart. Montaje: Peter Jennings, Caroline Neave. Consultor creativo: Eddy Graham. Coordinador de producción: Joy Craste. Storyboard: Richard Slapczynski. Intérpretes: Dibujos animados, con las voces (en la VO) de Peter O’Toole (Sherlock Holmes), Earle Cross (Dr. Watson), Brian Adams, Colin Borgonon, Judy Nunn, Ron Haddrick, Robin Stewart, John Stone, Henri Szeps… Nacionalidad y año: Australia 1983. Duración y datos técnicos: 48 min. color 1.33:1.

Notas: 

13 Citado por Alan Barnes: Sherlock Holmes On Screen: The Complete Film and TV History. Titan Books, 2012; págs. 180-185.

14 Citado por Peter Haining: The Television Sherlock Holmes. Virgin Books, 1994; pág. 57.

15 En todo caso, siempre nos quedará la duda de saber qué tal hubiese quedado Leslie Howard en el cometido de Sherlock Holmes, pero a mi juicio hubiese sido ideal.

16 Citado por Peter Haining. Op. cit.; pág. 58.

17 Íbid.

18 La edición en DVD que hay en España ofrece la versión original alemana. Por suerte, el doblaje que se incluye es el original de su estreno en nuestro país, y no un pésimo redoblaje contemporáneo, por lo cual puestos a ver a Lee doblado al alemán, es preferible verlo en español, que además ofrece una mayor calidad.

19 Davies, David Stuart: Holmes of the Movies: The Screen Career of Sherlock Holmes. Bramhall House, 1978; págs. 129-130.

20 Íbid; pág. 130.

21 http://bakerstreetdozen.com/lee.html

22 Curiosamente, Leipzinger no aparece en los créditos.

23 Como director solo constan dos labores suyas, en una serie de televisión y el film de aventuras Die Hölle von Macao (1967), co-dirigido con James Hill. Como ayudante de dirección cabe apuntar su colaboración en el espléndido díptico El tigre de Esnapur (Der Tiger von Eschnapur) / La tumba india (Das indische Grabmal), dirigido en 1959 por Fritz Lang; también participó en un interesante film bélico producido por la Hammer, Ten Seconds to Hell [tv: A diez segundos del infierno, 1959], de Robert Aldrich.

 

El Valle a veinticuatro imágenes por segundo (parte 1)

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Por Carlos Diaz Maroto

(Nota: Para seguir aumentando la gente que ocntribuye a la página, ahora tenemos a Carlos Diaz Maroto, escritor y especialista en cine que lleva años escribiendo sobre el tema. Carlos fue muy generoso en permitirnos publicar esta nota sobre las adaptaciones fílmicas de una de las novelas de Sherlock Holmes. Como es larga, la dividimos en varias partes. Espero la disfruten y , de nuevo, ¡gracias, Carlos!)

Sir Arthur Conan Doyle escribió cuatro novelas dedicadas a su personaje Sherlock Holmes: Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, El perro de los Baskerville y El Valle del Miedo. Mientras que El perro de los Baskerville sigue una estructura diferente, las otras tres novelas suministran una distribución idéntica en su disposición. Así, tenemos una primera parte en la cual se presenta el caso ante Sherlock Holmes, este efectúa la investigación pertinente y acaba descubriendo el meollo de todo; y una segunda parte, con formato de flash-back (de menor extensión en El signo…), en la cual uno de los personajes principales narra de dónde partió todo, y que se desarrolla en un entorno geográfico totalmente distinto, lejos de Londres.

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El Valle del Miedo se ofreció serializada en el Strand entre septiembre de 1914 y mayo de 1915, y fue publicada en formato de libro en Nueva York en febrero de 1915. Es, de las cuatro referidas novelas, la que menos adaptaciones cinematográficas o televisivas ha deparado, ofreciendo solo, salvo error, seis versiones. En lo que se refiere a las otras dos novelas que parten de la estructura dual referida, por lo general han sido adaptadas siguiendo dos tónicas: o bien se elimina la segunda parte, quedando resumida en dos o tres frases pronunciadas al final, o bien se presenta en un breve flashback de unos minutos, muchas veces al inicio del film, para después saltar, varios años después, a Londres y al entorno que todos conocemos. Sin embargo, El Valle del Miedo ofrece unas características que dificultan esa estructuración: su primera parte, la de la investigación sherlockiana, es notoriamente breve y exhibe muy poca variedad escenográfica, lo cual en una traslación brindaría tan escaso metraje como cierta monotonía visual; y la segunda parte es tan diferente en tono y forma a la primera que el resultado semejaría disperso en exceso. En la celebrada serie de Granada Television protagonizada por Jeremy Brett se rodaron muchas de las historias, y sin embargo El Valle del Miedo no gozó de ese honor, lo cual es significativo.

Las adaptaciones

The Valley of Fear (1916)

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La primera versión de la novela de la cual tenemos constancia es esta producción británica muda, de muy difícil visionado, si no es que está desaparecida, que es lo más probable. Por no estar claro, ni siquiera lo está quién la dirigió. Las fuentes oficiales citan a Alexander Butler, un activo realizador inglés que debutó en 1913 con una serie de cortos, para pasar al largo ese mismo año. Contó con una filmografía de hasta setenta títulos, retirándose en 1926 con A Royal Divorce, a partir de una obra teatral. Clásico pionero del cine británico de la época, ninguno de sus títulos ha pasado a la historia del cine, entre los cuales cuenta una versión de Mujercitas o una visión de los amores de Napoleón y Josefina.
Sin embargo, en algunas fuentes se presupone que el director bien hubiera podido ser Fred Paul (1880-1967), prolífico actor que también ejerció como realizador. En esta última faceta su carrera discurre entre 1915 y 1931, con gran cantidad de cortometrajes. En todo caso, cabe destacar en su cometido como actor un ciclo de películas centradas en el pérfido doctor Fu Manchú, encarnado por H. Agar Lyons, y donde Paul personificaba a Sir Nayland Smith, némesis del criminal, comenzando con The Scented Envelopes (1923), de A. E. Coleby, y finalizando con The Midnight Summons (1924), que dirigió el propio Paul, junto a otras entregas de la saga compuesta por un total de veintitrés películas. Curiosamente, se cita que en The Clue of the Pigtail (1923), también de Coleby, había tres actores para encarnar a Fu Manchú: el habitual Lyons, Paul y Humberston Wright.

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Volviendo a la presente cinta, destaquemos que la adaptación de la novela fue realizada por Harry Engholm, quien en 1914 ya escribió una versión de A Study in Scarlet, también desaparecida, dirigida por George Pearson, con James Bragington como Sherlock Holmes y el referido Fred Pole encarnando a Jefferson Hope, sin que sepamos quién encarnaba a Watson, si es que salía.
En el film que nos centramos es H. A. Saintsbury (1869-1939) quien da vida a Sherlock Holmes, siendo esta la única película que rodó. Habitual actor y autor teatral, precisamente fue en la escena donde se popularizó encarnando al detective, y fue mentor de Charles Chaplin cuando este contaba trece años de edad. Ese mismo año, 1903, Harry Arthur Saintsbury encarnó al genio de Baker Street en la versión de William Gillette, y Chaplin asumió el rol de Billy. En 1910 Saintsbury volvió a encarnar a Holmes en una adaptación de “La banda de lunares” escrita por él mismo (1), y de nuevo lo asumió en un revival de la obra en 1921 y una vez más representó la visión de Gillette en 1929. Se dice que cuando el actor interpretó esta película había dado vida al detective más de cien veces en escena, y después de 1929 lo había hecho un total de mil cuatrocientas veces. Chaplin quedó muy impresionado de la interpretación de Saintsbury, a tal punto que en 1964 referiría en su autobiografía:

Mr. H. A. Saintsbury, quien interpretó a Holmes en la gira, era una réplica perfecta de las ilustraciones de The Strand Magazine. Tenía un rostro alargado y sensible y una frente majestuosa. De todos los que han interpretado a Holmes fue considerado el mejor, incluso superior a William Gillette, el Holmes original y autor de la obra.(2)

Booth Conway figura en las fichas como el tercero en el reparto encarnando a Moriarty, por encima de Watson inclusive, lo que hace sospechar su presencia física, cuando en la novela no llega a aparecer, y solo se intuye su intervención en los hechos. De breve carrera cinematográfica (su trabajo no llega a la veintena), encarnó a Quasimodo en Esmeralda (1922), de Edwin J. Collins, filmación de un extracto de la representación teatral, que también se ofreció con otras a modo de largometraje como Tense Moments from Great Plays.

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En cuanto al citado Watson, el cometido corrió a cargo de Arthur M. Cullin. En 1914 había encarnado al Espíritu de las Navidades Pasadas en una adaptación cinematográfica de A Christmas Carol, de Dickens, dirigida por Harold M. Shaw. Sin embargo, más significativo resulta, a los efectos que nos conciernen, que volviera a dar vida a Watson en La marca de los cuatro (The Sign of Four, 1923), escrita y dirigida por Maurice Elvey, una de las entregas de la saga de Eille Norwood como Holmes, y en la que en las otras películas fue Hubert Willis quien se ocupó del buen doctor. Incluso ese mismo año volvió a aparecer en otra adaptación de la obra de Sir Arthur Conan Doyle con La tragedia del “Korosko” (Fires of Fate), de Tom Terriss.
La producción fue debida a G. B. Samuelson Productions, que también ofreció en 1914 la citada versión de Estudio en escarlata. Las sinopsis que existen de la película son escuetas: “Un ex convicto intenta matar al detective que en tiempos se hizo pasar por miembro de un clan encapuchado en Estados Unidos”.

Dirección: Alexander Butler. Productora: G. B. Samuelson Productions. Guion: Harry Engholm. Intérpretes: H. A. Saintsbury (Sherlock Holmes), Daisy Burrell (Ettie Shafter), Booth Conway (profesor Moriarty), Jack McCauley (McGinty), Cecil Mannering (John McMurdo), Arthur M. Cullin (doctor Watson), Lionel d’Aragon (capitán Marvin), Bernard Vaughan (Shafter), Jack Clare (Ted Baldwin)… Nacionalidad y año: Reino Unido 1916. Duración y datos técnicos: 1981 metros (7 bobinas) B/N 1.33:1.
Fecha de estreno: mayo de 1916 (Reino Unido); enero de 1917 (Estados Unidos).

The Triumph of Sherlock Holmes [dvd: El Valle del Miedo, 1935]

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Arthur Wontner nació en Londres, Inglaterra, el 21 de enero de 1875, y falleció en la misma ciudad el 10 de julio de 1960, a la edad de 85 años. En 1897, con veintidós años, debuta en el teatro, interpretando clásicos (desde Shakespeare hasta Ben-Hur), y llegaría a actuar en Broadway y otros países, como Italia y Australia. El escritor Sax Rohmer, creador de Fu Manchú, habló con Wontner con el fin de ofrecerle el papel del detective Paul Harley en la lujosa obra teatral The Eye of Siva, que se representó con gran éxito en el New Theatre, en el West End londinense, en 1923. Dieciocho años después de su debut teatral aparecería en el cine, en 1916, con Temptation’s Hour, de Sidney Morgan. Hacia 1923 empezó a encarnar papeles protagonistas, y su primera aparición como Holmes es su también primer film sonoro, tras un cortometraje en 1930. De las escasas películas en que aparece estrenadas en España podrían citarse Una muchacha y diez bandidos (Kate Plus Ten, 1938), de Reginald Denham, la excelente Coronel Blimp (The Life and Death of Colonel Blimp, 1943), de Michael Powell y Emeric Pressburger, La mansión de los Fury (Blanche Fury, 1948), de Marc Allégret, la reconocida comedia Genoveva (Genevieve, 1953), de Henry Cornelius, o Los gavilanes del estrecho (Sea Devils, 1953), de Raoul Walsh, siempre en cometidos menores. Su última película fue Three Cases of Murder [tv/dvd: Tres casos de asesinato, 1955], de David Eady, George More O’Ferrall y Wendy Toye, en el segmento “Lord Mountdrago” debido a O’Ferrall, que estaba protagonizado por Orson Welles.

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Su llegada al cometido de Sherlock Holmes fue un poco de rebote. En 1930, y en el teatro Prince Edward de Londres, Wontner interpretó al personaje Sexton Blake, una especie de imitación de la creación de Sir Arthur Conan Doyle. La obra no fue un gran éxito, pero el cometido de Wontner no pasó desapercibido. Los críticos resaltaron su gran parecido con Sherlock Holmes, e incluso Arthur Conan Doyle, en un encuentro que había tenido con el actor tiempo atrás, había percibido la semejanza. Así pues, cuando se decidió rodar en el Reino Unido una aventura de nuestro detective, la elección de Wontner pareció evidente; un mes después de acabadas las representaciones fue llamado para hablar sobre el papel, en diciembre de 1930 se le hacen unas pruebas y al poco es elegido. Y así, con cincuenta y cinco años de edad, el actor incorporó por primera vez a Sherlock Holmes. El ciclo completo de películas que se rodaron es el siguiente:

• The Sleeping Cardinal (1931) (EE.UU.: Sherlock Holmes’ Fatal Hour), de Leslie Hiscott, basada en “The Adventure of the Empty House” y “The Final Problem”.
• The Missing Rembrandt (1932), de Leslie Hiscott, basada en “The Adventure of Charles Augustus Milverton”.
• La marca de los cuatro (The Sign of Four: Sherlock Holmes’ Greatest Case, 1932), de Graham Cutts.
• The Triumph of Sherlock Holmes (1935), de Leslie S. Hiscott, basada en The Valley of Fear.
• Silver Blaze (1937) (EE.UU.: Murder at the Baskervilles), de Thomas Bentley, basada en “Silver Blaze”.

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Wontner volvería a dar vida a Holmes en varias ocasiones más. Por un lado, en 1943, en una representación radiofónica para la BBC del relato de Conan Doyle “The Boscombe Valley Mystery” junto a Carleton Hobbs como Watson, actor que después, por cierto, también se haría cargo de Holmes en la radio. Y de nuevo lo encarnó, ahora para televisión, en 1951, cuando tenía ya setenta y seis años, dentro de un festival de nivel nacional, el Festival of Britain.
El especialista en el Canon Vincent Starrett, fundador de la delegación de Chicago de los Baker Street Irregulars, llegó a declarar: “No se ha visto ni oído mejor Sherlock Holmes que Arthur Wontner hasta ahora… El rostro intenso y cordial y la sonrisa tranquila e intuitiva brotan de las mismas páginas de los libros” (3). El caso es que mucha gente, tanto estudiosos como fans del personaje, e incluso hoy en día, coinciden en esa aseveración en situar a Wontner entre los actores más dotados que han dado vida a la inmortal creación de Sir Arthur Conan Doyle. Y también se llegaría a decir de él: “Wontner fue el primer Holmes en descargar las constantes impuestas por Gillette(4) y volver a la concepción de las historias originales del maestro detective equilibrado, de moral inquebrantable y vivamente ingenioso”(5). Llegaría a ser tan reconocido que fue nombrado miembro honorario de la Sherlock Holmes Society de Londres.

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The Triumph of Sherlock Holmes (1935), de Leslie S. Hiscott, es la cuarta entrega de la serie, como hemos visto, y el productor Julius Hagen volvió a hacerse cargo de la misma, tras su participación en casi todas las previas, ahora con destino a Real Art Productions. También supuso el regreso de Ian Fleming en el papel de doctor Watson y de Minnie Rayner como la señora Hudson, así como el de Hiscott en el ámbito de la dirección.
Ian Fleming se haría cargo de todos los cometidos en el referido papel salvo en La marca de los cuatro. Fleming, por supuesto, nada tiene que ver con el célebre escritor creador de James Bond (6). “Nuestro” Ian Fleming nació como Ian MacFarlane en Melbourne, Australia, el 10 de septiembre de 1888, y falleció en Londres, Inglaterra, el 1 de enero de 1969. Debutó en el teatro en 1904, y en cine en 1927. Con solo cuatro películas a sus espaldas gozó del honor de ser elegido como Watson, y disfrutó de una amplia carrera donde encarnó sobre todo a servidores públicos o jueces. Curiosamente, en 1935, apareció en Sexton Blake and the Mademoiselle, de Alex Bryce, adaptación de la novela de G. H. Teed, con George Curzon encarnando a Blake. Finalizó su carrera en televisión, donde su último cometido fue en la mini-serie The Caesars (1968).

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Minnie Rayner asumiría el papel de Mrs. Hudson en todas las entregas salvo en la previa La marca de los cuatro, de igual modo, pues suponía una especie de ruptura en el ciclo en muchos sentidos. Se trata de una rotunda señora, de abundantes carnes, que puede que sea la más gruesa Mrs. Hudson que nos ha legado el cine, amén de exhibir un fuerte acento cockney.
El director encargado de todo fue Leslie S. Hiscott (1894-1968), que en 1931 dirigió Alibi, primera visión cinematográfica de Hercule Poirot, el detective creado por Agatha Christie, y que tanto debe a Holmes. Y es que Hiscott sería un activo cultivador del cine policiaco y criminal, adaptando también a otro célebre investigador, el inspector Hanaud, creado por A. E. W. Mason, el autor de Las cuatro plumas. Se inició en el cine mudo, y su última película fue Tons of Trouble (1956). Hiscott haría aportaciones al ciclo de Wontner con la primera película, The Sleeping Cardinal (1931), la segunda, The Missing Rembrandt (1932), así como la presente.
H. Fowler Mear y Cyril Twyford, guionistas de los dos primeros títulos, también retornan para escribir esta adaptación de El Valle del Miedo, última de las cuatro novelas sobre Sherlock Holmes escritas por Arthur Conan Doyle, y la menos adaptada de todas ellas (7) .

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El actor Charles Mortimer asume el cometido de inspector Lestrade, en sustitución de Philip Hewland, presente en entregas previas. Y para encarnar a Moriarty, tras la muerte del actor Norman McKinnel lo reemplaza Lyn Harding. Harding ya había aparecido en otra aventura holmesiana, The Speckled Band (1931), de Jack Raymond, con Raymond Massey en el rol protagonista, dando vida al doctor Rylott, y regresaría en Silver Blaze, de nuevo como Moriarty. En la novela este genio del mal no llega a aparecer físicamente, aunque se percibe su presencia en las sombras, moviendo los hilos de lo que acontece. También reaparece aquí otro personaje procedente de The Sleeping Cardinal, el coronel Sebastian Moran, que allí asumía un rol secundario pese a su importancia en el Canon.
El Valle del Miedo o El Valle del Terror, que de las dos maneras se suele publicar en España, está considerado por el especialista John Dickson Carr una de las cinco mejores novelas de detectives de la historia (8). El especialista William S. Baring-Gould estableció que la acción tiene lugar en enero de 1888, y por tanto es anterior a lo acontecido en “El problema final” (9) . El libro se estructura en dos partes. La primera es un clásico caso de habitación cerrada, que aporta una vuelta de tuerca final conseguidísima, aunque su extensión es algo inferior a la norma, semejando casi un relato. Durante la segunda parte se nos pone en antecedentes de lo que aconteció, para lo cual se hace uso de un hecho real.
En el momento del estreno la crítica refirió: “La película sigue la trama de la novela con fluidez y mucho ingenio, con la excepción de la aparición hoy indispensable de profesor Moriarty. Arthur Wontner es el único Sherlock Holmes. Su modo de interpretar está en perfecta sintonía y parece haber salido directas de las ilustraciones de Sidney Paget que han hecho a Sherlock Holmes universalmente reconocible” (10) .
De igual modo que en la novela la parte actual difiere de manera ostentosa en tono y estilo con el largo flashback que compone la segunda parte, en la película ese flashbacks (que es narrado a la mitad del film, no al final, y por otro personaje) también ofrece una textura muy diferente, con un enfoque más lóbrego y atmosférico, al punto de que muchos estudiosos han considerado que pudiera haber sido rodado por un equipo distinto. Incluso la interpretación de Jane Carr en ambas partes es muy diferente. Y es que, habiendo visto con anterioridad The Sleeping Cardinal, es difícil creer que el director de esos momentos sea el mismo. Por el contrario, los instantes ambientados en la actualidad son más encorsetados, más teatrales y rígidos, pero ello ayuda a crear un contraste entre ambos segmentos que proporciona mayor intensidad al resultado, logrando una película bastante apreciable.

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El film arranca con Holmes retirado, aunque no lo vemos con sus abejas en el campo; presumiblemente está en Baker Street de visita, para comprobar los efectos que han causado su retiro, por un lado, y cómo Watson (que refiere estar casado) adapta las habitaciones para consulta médica. Se hace mención a Moriarty y este aparece, emulando la visita que hizo en The Sleeping Cardinal –y, por ende, en “El problema final”–. Una vez más, se aporta demasiada información al espectador con la escena entre Moriarty y el matón norteamericano; en todo caso, ofrece un atractivo elemento, como es la aparición y desaparición de Moriarty como por arte de magia.
Después, ya estamos con Holmes en su retiro, a donde se ha llevado a Mrs. Hudson con él (11) ; Watson irá a visitarlo, dejando a su esposa en casa, y a la cual no veremos en momento alguno. La mención al retiro de Holmes, el peluquín mucho más leve de Wontner (que acaso no sea sino su propio cabello peinado en “cortinilla”) y la reaparición del maduro Ian Fleming como Watson parecen una buena justificación para la edad de ambos actores.
Dejando a un lado la inclusión de Moriarty en la trama, el film supone una adaptación bastante fiel de la novela, eliminando algunos elementos y acelerando la acción, lo cual provoca que determinados asuntos no queden del todo bien explicados, haciendo semejar las deducciones de Holmes algo casuales. Para los autores Chris Steinbrunner y Norman Michaels (12) se trata de la mejor entrega de todas las de la saga, y por mi parte no puedo estar más de acuerdo. Por cierto que la “muerte” final de Moriarty, en determinados aspectos, emula la que aconteció en Reichenbach; aquí no hay cataratas, pero la caída desde lo alto a las aguas parece remedar idéntico fin.

Dirección: Leslie S. Hiscott. Productor: Julius Hagen para Real Art Productions. Guion: H. Fowler Mear, Cyril Twyford. Fotografía: William Luff. Música: W. L. Trytel; música de stock: Michel Brusselmans. Montaje: Jack Harris, Ralph Kemplen. Dirección artística: James A. Carter. Intérpretes: Arthur Wontner (Sherlock Holmes), Lyn Harding (profesor Moriarty), Leslie Perrins (John Douglas), Jane Carr (Ettie Douglas), Ian Fleming (Dr. John H. Watson), Charles Mortimer (inspector Lestrade), Minnie Rayner (Mrs. Hudson), Michael Shepley (Cecil Barker), Ben Welden (Ted Balding), Roy Emerton (Boss McGinty), Conway Dixon (Ames), Wilfrid Caithness (coronel Sebastian Moran), Edmund D’Alby (capitán Marvin), Ernest Lynds (Jacob Shafter). Nacionalidad y año: Reino Unido 1935. Duración y datos técnicos: 84/75/79 min. B/N 1.37:1.
Fecha de estreno: febrero de 1935 (RU); 24 de mayo de 1935 (EE.UU.).

Notas:
(1) Véase The “Speckled band” on its errand of death: Sir Arthur Conan Doyle’s new play at the Adelphi (Illustrated London News & Sketch, 1910), escrita con Cyrus Cunfo.
(2) Charlie Chaplin, My autobiography (1964), pág. 81.
(3) En su libro The Private Life of Sherlock Holmes, publicado en 1933 por Macmillan. Una edición revisada fue publicada por The University of Chicago Press en 1960. Por supuesto, la película de Billy Wilder no tiene nada que ver con esta obra.
(4) William Gillette (1853–1937) fue un autor y actor teatral. Creador de una versión escénica del personaje, que debutó el 23 de octubre de 1899 en el teatro Star, en la localidad de Buffalo, Gillette impuso muchos de los tópicos y constantes de Holmes: fue el primer actor que vistió el clásico gorro de cazador, y mostró la lupa, el violín y la jeringuilla, todos elementos provenientes de las historias, pero impuso la pipa curvada en lugar de la recta que se veía en las ilustraciones de Sidney Paget.
(5) En The BFI Companion to Crime; editado por Phil Hardy; prólogo de Richard Attenborough. University of California Press, 1997; pág. 170.
(6) Sin embargo, en algunas ediciones norteamericanas en VHS de esta película se refiere en la contra–carátula erróneamente que sí lo es.
(7) A las comentadas en este artículo sumemos también una rareza, Odio en las entrañas (The Molly Maguires, 1970), de Martin Ritt, que podría definirse como una adaptación de solo la segunda parte de la novela. Como tal rareza, se analiza aparte.
(8) Aparte de ello, muchos expertos consideran que la novela de Dashiell Hammett Cosecha roja (Red Harvest, 1929) debe mucho a El Valle del Miedo, y de hecho si se observa con detenimiento la estructura es muy similar.
(9) Lo cual provoca un fallo de continuidad, puesto que en “El problema final” se nos informa que Watson jamás había oído hablar de Moriarty.
(10) Monthly Film Bulletin Nº 14 (marzo de 1935).
(11) Sherlock Holmes se retiró a una granja de Sussex a finales de 1903; allí le sirvió una asistenta llamada Martha. Mientras, Watson estaba ubicado en un nuevo domicilio, en Queen Anne Street, junto a su esposa de aquel entonces, con quien se había casado el verano de 1902, y había vuelto a la práctica de la medicina.
(12) En The Films of Sherlock Holmes. Secaucus (New Jersey): Citadel Press, 1978; pág. 51. Existe edición española: Las películas de Sherlock Holmes; traducción de Rocío Valero. Madrid: T&B, 1999.

 

¡Llega el Especial Ungawa de AMyMT!

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Hombres blancos criados en la jungla colgándose de las lianas medio en bolas. Gorilas libidinosos de tamaño king size. Negros caníbales que son básicamente carne de cañon para los héroes. Bienvenidos al Especial Ungawa de Arboles Muertos y Mucha Tinta, otro especial que recopila textos del antiguo blog, además de notas y artículos para otros lados y/o inéditos (con lo que dejar satisfechos incluso a los seguidores de larga data).

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