A descargar: El Blog Ausente, temporada 2004

El Compilador Digital ataca de nuevo. Y esta vez lo hace con uno de los blog mas importantes sobre cultura pop de la esfera blogosférica de los últimos quince años: El Blog Ausente.

Digámoslo asi: El Blog Ausente fue (es aunque sus posteos sean cada vez mas esporádicos) crucial en la decisión de quien esto escribe para empezar este blog. Su cruza de dato freak, informacion pop y asutos comentarios sobre cómo esto se cruza y moldea la realidad actual fueron un ejemplo para escribir algo válido sobre estos materiales de cultura de derribo (un termino que justamente acuñó este blog) que me (nos) apasionan. Además Daniel Absence (factotum del blog) es un tipo la mar de amable que por años ha departido sobre el tema sin que importe que haya un oceano de distancia entre ambos. Recopilar este material era realmente una deuda pendiente. Así que la empezamos con los primeros meses del 2004, cuando este blog nacía.

Desde ya, contamos con la venia de Daniel para hacer esta compilación (y las que seguirán). Si quieren ver el blog original, pueden visitarlo siguiendo este link. También pueden comprar su novela Mataré a Vuestros Muertos (de la que hicimos reseña en su momento). Y también seguirlo en la revista online Canino donde colabora con esos maravillosos articulos que ya nos encantaban decada y media atrás.

(Y por cierto, si ademas quieren bajar los otros blogs que hemos ido recopilando hasta el momento aqui, solo sigan este link. Y si quieren hacerl o mismo con nuestros especiales de Arboles Muertos Y Mucha Tinta para descargar, sigan este link )

Por cierto, en el link de descarga tienen tres formatos diferentes del mismo mateiral (pdf, epub y mobi) para que se ajuste al dispositivo que mas les guste. Disfrutenlo. En serio vale mucho la pena

DESCARGAR EL BLOG AUSENTE TEMPORADA 2004

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A bajar: El Desván del Abuelito, temporadas 2008 y 2009

Para seguir en el rescate en formato digital de material de Internet que pueden haberle pasado de largo a los posibles lectores, vamos a llamar la atención de un blog señero en el rescate de la cultura pop de derribo, especialmente española: El Desván del Abuelito. Creado y mantenido por Pedro Porcel (a) El Abuelito, colaborador frecuente de la revista española 2000 Maníacos (un clásico del zine fantástico español) y autor de libros como Tragados por el Abismo, La Historia del Tebeo Valenciano y Superhombres Ibéricos, el blog se convirtió rápidamente en una referencia indispensable para todos aquellos interesados en la cultura de masas hispana del siglo XX o el cine mas zetoso producido por Hollywood desde sus años mudos hasta los setentas. Profusamente ilustrado, el Desván ha sido por años indispensable lectura para descubrir, maravillarse y repensar la cultura de masas española del siglo pasado.

Y como puede ser una lata perseguir ese material en la web, les acercamos, recopilados en 4 volumenes digitales (autorizados por el propio autor, al que le agradecemos), los dos primeros años del blog. Por supuesto, si lo quieren ver en su versión original solo tienen que seguir este link. O bien buscar su nuevo domicilio siguiendo este link. O bien pueden seguir su página en Facebook.

No serán las últimas recopilaciones que pondremos en El Compilador Digital (tengan paciencia). Mientras tanto, entren a este desván a disfrutar lo que nuestro Abuelito nos encuentra ahí, revolviendo. Cada link tiene un volumen en formatos pdf, epub y mobi, para que se ajuste a su lector digital preferido.

Para descargar el volumen 1, vaya aquí

Para descargar el volumen 2, vaya aquí

Para descargar el volumen 3, vaya aquí

Para descargar el volumen 4, vaya aquí

Carlos Enrique Vogt

Autor: Daniel Ferullo

Colección: Historietistas nº2

Edita: Ferullo Burke, Buenos Aires, 2016

Lo primera palabra que uno piensa cuando nombran a Carlos Vogt es “versatilidad”. En sus más de sesenta años de carrera como historietista, Vogt ha hecho de todo. Historietas de aventuras, románticas, de guerra, de gauchos, adaptaciones literarias, dramas sociales y –por lo que seguramente es más recordado por los lectores- comedia. Cualquier lector de Editorial Columba de las décadas de 1970 y 1980 recuerda a “Pepe Sanchez” (super agente secreto argentino, o sea, algo obviamente poco serio) y “Mi novia y yo” (una sitcom en papel antes que se inventara el término), series en las que la expresividad gestual de sus personajes son tan o más indispensables que los guiones de un Robin Wood en la plenitud como guionista. Pero, como este libro nos hace recordar, Vogt es mucho más que eso.

El recorrido por toda la carrera del dibujante es lo que ordena este cuidadoso libro que a su vez funciona como merecido homenaje a su trayectoria. Lujosamente editado, cuidadosamente investigado, profusamente ilustrado y con algunas historietas completas para poder degustar su trabajo narrativo, este libro es un excepcional libro para conocer a uno de los grandes autores que la segunda mitad del siglo veinte le dio a la historieta argentina. Un primer paso para recuperar su trabajo (que ojala se de pronto).

Felicitaciones a la editorial .Ojala que pueda leer próximamente los otros volúmenes de esta colección. Si son igual de buenos que este, es una compra merecida.

Juan Buscamares

Autor: Felix Vega (guión y dibujos)

Edita: Planeta, Santiago de Chile, 2017

En un mundo donde los océanos se han secado y el agua es un elemento absolutamente vital, Juan el Buscamares recorre con su camión los antiguos fondos marinos. Al toparse con Aurora, una mujer que cambia su cuerpo por agua, Juan empieza una travesía que lo cruza con fanáticos religiosos, facciones en guerra y nomadas en zeppelines y que lo lleva en busca de un viaje místico que deviene en la vuelta del agua y el reencuentro con su vida pasada, una donde se implica el Tahuantisuyo (Imperio Inca para los amigos) y sus sacrificios de niños en las montañas.

Con esta obra (publicada originalmente en cuatro volúmenes y recopiladas en este integral) el chileno Félix Vega logró entrar en el mercado del comic francés. Un mercado al que el autor encaja como anillo al dedo, tanto por el guión (una fantasía post apocalíptica que bien podrían haber firmado Jodorowsky y Moebius) como por su estilo de dibujo (con una influencia de Manara Y Bourgeon en sus figuras y fondos). Igual es interesante ver como evoluciona el trazo en cada tomo, llegando a una estilización progresiva al final.

Si les gusta la ciencia ficción y fantasía europea y la narración de los albums de “Bande desineé” clásicos, Juan Buscamares es una gran opción. Bien dibujado, bien escrito, hecho con solidez, es un trabajo encomiable en el estilo. Uno que pone a Vega dentro de los grandes de la historieta chilena.

5 por Infinito Integral (1967)

Autor: Estaban Maroto (guión y dibujos) con colaboración de Ramon Torrents, Adolfo Usero, Luis García y Suso

Edita: Glenat, Barcelona, 2011

Cinco terrestres son convocados por infinito, un poderoso extraterrestre, que los recluta para convertirse en sus agentes para traer la paz a la galaxia. Sus misiones los llevarán a aventuras por diferentes planetas, donde deberán hacer lo imposible para desfacer todos los entuertos que hallen, usando sus talentos e inteligencia en ello.

Así descrita, esta serie no parece muy diferente de otras historias de “Space opera” que, de Flash Gordon en adelante, nos mostraron la ciencia ficción como un lugar donde buenos y malos se repartían golpes en ambientes exóticos, con algún aderezo de seudo ciencia en su relato. Y algo de eso hay: bastantes de las historias del volumen podrían califica en esta categoría, con lagartos gigantescos, selvas exóticas y razas de hombre-pez/pájaro/mamífero a elección. Y con protagonistas que muchas veces no escapan del clise (científico inteligente, forzudo intuitivo, chica a rescatar, etc) Y de hecho, la gran mayoría de las historias no ha envejecido bien, con una sobredosis de textos de apoyo y diálogos que hoy suenan poco creíbles al lector moderno.

Entonces ¿qué es lo que hace tan importante a 5 por Infinito, que la convierte en la obra rupturista que fue? ¿Que la volvió un éxito no solo en España, sino en Hispanoamérica, Europa y hasta en USA (donde tuvo su versión americanizada re-dibujada y adaptada por Neal Adams en su sello Continuity, con el nombre de Zero Patrol)? ¿Por qué puso en el mapa internacional a Estaban Maroto?

Creo que hay dos motivos. El primero es que, si bien hay algunas historias deudoras de la antigua tradición de la pace opera, otras tienen conceptos de ciencia ficción más moderna, jugando con alegorías sobre algunos aspectos de la sociedad y el hombre que no estarían fuera de lugar en obras de ciencia ficción más contemporáneas como los comics de género de la EC o Barbarella. Podrán a veces ser alegorías poco sutiles en su tratamiento, hablando de la deshumanización, de la guerra, etc.; pero son un avance frente a las historias más clásicas del género, esas donde chico bueno y rubio se enfrenta a villano extraterrestre malvado.

Y por otro (y más importante aún) por el exquisito dibujo de Maroto. Un dibujo que se abre del realismo raymondiano para incorporar imágenes, fondos texturas y estilos deudores de los prerrafaelistas, los ilustradores decimonónicos del art noveau, el op art y los posters psicodélicos contemporáneos. Todo realizado con un trazo que estiliza y recarga al mismo tiempo. Y que el blanco y negro de esta edición sirve para resaltar en sus hallazgos. En el panorama de la historieta de esos años, el trazo de Maroto es definitivamente revolucionario y aun hoy es una delicia recorrer las páginas, mirando con detalle cada dibujo, cada trazo, cada figura, cada fondo que el autor pone. Mas de una de ellas merecería enmarcarse como obra maestra del dibujo, comparable en calidad a trabajos e ilustradores como Doré, Mucha o Beardsley.

Y la edición de este integral está acorde con el intento: es un libro de gran formato y de papel de alto gramaje, donde la reproducción de las páginas es poco menos que excepcional Eso sin contarlas páginas finales que nos dan una idea del impacto de la serie en todo el mundo, con tapas que reproducen algunas de las diferentes ediciones internacionales (aunque faltó alguna muestra de la versión chilena publicada por Zig Zag). Una edición de lujo que merecía una obra de esta importancia en el comic internacional.

La vuelta de Oscar Wilde (1947)

Autor: Lisardo Alonso

Colección: Rastros nro. 62

Edita: Acme, Buenos Aires

Un participante de un círculo espiritista aparece muerto en la calle, aparentemente víctima de un robo. Sin embargo, rápidamente se empieza a sospechar de un asesinato cometido por alguien del miso círculo espiritista del muerto. El problema es decidir quién y por qué ¿Es algún creyente fanático que creía que el asesinado estaba tratando de desprestigiar sus creencias? ¿Algún médium que teme que sea públicamente desenmascarado como un farsante? ¿O hay algún motivo más prosaico en tras el asesinato, algo que involucra el pasado de asesino y víctima de manera irresistible? Es con el trabajo de la fiscalía, de abogados implicados y de la policía que el caso el caso se resuelve satisfactoriamente.

Lamento decirle a quien pudiera esperar, viendo la tapa, que hay ribetes fantásticos en la novela, que esto no es así. La tapa tiene que ver con las visiones de una participante del grupo, que es considerada por demás miembros (y no solo por los pesquisantes) como una persona desequilibrada. Si bien el ámbito espiritista está bien investigado (de hecho es uno de los puntos fuertes de la historia), claramente para el autor poco hay de místico y sí mucho de fraude en ese mundillo. Dificilmente se pueda considerar a la novela (como hace le colega Carlos Abraham en su indispensable libro sobre editorial Acme) como “policial-fantástico”, a menos que consideremos que pertenece a ese subgénero que bordea al fantástico como es la “weird menace” (donde sucesos aparentemente sobrenaturales son explicados por acciones criminales perfectamente explicables, como pasa –para poner el ejemplo más conocido – con todos los casos de Scooby Doo). Aunque incluso ahí, es una clasificación laxa, porque nunca hay una intención de hacer pasar el asesinato como producto de una criatura sobrenatural: es más el ambiente en que se desarrolla la historia lo que lo acerca a lo fantástico y/ misterioso. En ningún momento se duda que el asesino es otro que una persona.

Eso no quiere decir que sea una mala novela de deducción policial. El escribano Lisardo Alonso hace un desarrollo bien cuidado de los acontecimientos, con un trabajo coral sobre la investigación policial y un claro conocimiento del sistema judicial argentino de esos años (donde tira ciertas pullas irónicas sobre este al pasar que se agradecen). La prosa es ágil y uno pasa las páginas con ganas. Incluso las explicaciones sobre el funcionamiento espiritista agregan información para resolver la historia y separar a los sospechosos. Tal vez lo que falla es la deducción de culpabilidad final: el elemento que explica todo aparece a último momento, sin estar a disposición del lector para deducir la historia por su cuenta. En ese sentido no es una novela-problema clásica. Pero más allá de ello, es una novela policial entretenida, un clásico menor de la narrativa policial argentina que bien merecería una reedición.

Galería: Don Fausto

De acuerdo con el libro “Comics en Chile: catálogo de revistas 1908 – 2000” de Moises Hasson (libro de consulta obligatoria para saber sobre el Noveno Arte en este país) la revista don Fausto empezó en 1924 como una revista de historietas pero prontamente priorizó la publicación de relatos por entregas cada semana (si bien siempre tuvo alguna historieta en sus páginas). Será este formato el que le permitirá existir hasta 1964, publicando la friolera de 2098 números.

Justamente de ese período les traigo una selección de tapas de esta revista, sacadas directamente de las bóvedas de nuestra biblioteca. Como ven, había relatos para todos los gustos, si nos guiamos por las tapas: desde aventura históricas, hasta historias de terror, pasando por policiales y románticas. Lectura para toda la familia que le dicen

Bueno, me callo y los dejo con la galería…

 

Torpedo 1972

Autores: Enrique Sanchez Abulí (guión) y Eduardo Risso (dibujos)

Colección: Evolution comics

Edita: Panini España, Girona, 2017

No me puede resistir. Andaba Eduardo Risso por Chile y vi la novela gráfica que él dibujó que traía de vuelta a Luca Torelli (a) Torpedo, el gangster absolutamente amoral que por dos décadas Enrique Sanchez Abulí y Jordi Bernet nos dieron a todos los lectores de la historieta. Historias que quedaron truncas tras el muy sonado en su momento quiebre entre ambos autores. Encima traer a un Luca Torelli viejo, enfrentando a esa Nueva York de los años setentas (un lugar absolutamente peligroso para vivir según todas la referencias) parecía un giro más que interesante. ¿Ese anciano mala leche podría sobrevivir a un lugar tan jodido? ¿Cómo se comportaría? Eran preguntas a responder.

Y, la verdad, tras leer esta novela gráfica me quedan sentimientos encontrados. Hay momentos muy buenos y Luca Torelli está en forma a la hora de la frase mordaz y de la mala leche sociopática que todos le conocemos. Pero no puedo quitarme la sensación que la historia está estirada de más, que lo mismo podía contarse en menos páginas. O mejor, que las dos o tres  tramas que la componen (el joven periodista ambicioso que quiere hacerse la carrera desenmascarando al antiguo asesino, la situación en el salón de billar con los hijos de un antiguo mafioso que Torpedo pudo haber o no asesinado y la sesión fotográfica convertida en violación) hubieran sido historias cortas sin un hilo directo y funcionarían mejor. NO es una mala historieta pero no termina de cuajarme.

Eso sí, Risso la rompe con un gran dibujo. Como reemplazo para Bernet, no podían haber elegido mejor dibujante. La cuota de expresividad, manejo de luces y sombras y ritmo narrativo lo pone como el tipo que ojala siga contando las historias de Luca Torelli.

Torpedo 1972 no es LA gran vuelta de un personaje clásico. Creo que Abulí necesita afilar el relato a largo plazo o dejarlo contando historias cortas. Pero tampoco es algo ilegible. Para nada. Le falta cinco para el peso, nomas.

Colección Patoruzú vol. 1 y 2

Autor: Dante Quinterno

Edita: Assisi, Buenos Aires, 2017

El rescate de material clásico en la historieta argentina es algo normalmente impensable. Incluso hoy día, con el formato del libro bastante instalado en la producción editorial de historieta, encontrar reediciones de historietas antiguas es improbable. Por ende, la tan cacareada tradición de la historieta argentina es algo que se toca de oídas y que- si hay suerte- no pasa de la reedición de las cosas hechas por Oesterheld en Hora Cero. Más allá de 1957, ver reeditado alguna historieta hecha en Argentina es algo casi mítico (aclaremos: reediciones post 1957 tampoco es que haya tantas)

Que eso pasara con un personaje de la importancia de Patoruzú era algo sencillamente frustrante. El 95% de todos aquellos que hemos leído sus aventuras, lo hacíamos de la mano de las historias en formato apaisado que reeditaron una y otra vez aventuras hechas normalmente hechas en las décadas entre 1950 y 1970, donde el indio ya no tenía input de su creador, Dante Quinterno, sino que era realizada por los autores de su estudio. Muy pocos habíamos visto el trabajo de Quinterno como autor de historietas, trabajo que le había dado fama y el ímpetu para después seguir como editor. Una deuda que estos dos libros vienen a suplir, al reeditar en orden cronológico las historietas de Patoruzu publicadas originalmente en los diarios de la década de 1930 (y que después el propio Quinterno reeditaría en su propia revista Patoruzu). Gracias al excelente trabajo de restauración de Pablo Sapia, hoy podemos darnos el gusto de leer las bases que permitieron crear a uno de los íconos argentinos del siglo XX

Pero, más allá del rescate arqueológico ¿la historieta está buena? ¿Ha soportado el paso del tiempo o es un artefacto infumable para un lector contemporáneo? La respuesta es un resonante sí. El Patoruzu de Quinterno está lleno de acción, con personajes bien definidos, diálogos bien trabajados, con un equilibro entre la comedia y la aventura muy bien llevado y con un manejo del suspenso (necesario en una tira que continuaba día a dia) muy bien logrado. La influencia del Mickey Mouse de Floyd Gottfredson está bastante clara en el estilo de dibujo de Quinterno (fluido, ágil, que se presta muy fácilmente para adaptarse al dibujo animado) así como en el manejo de la acción y del cliffhanger. Comparado con muchos de sus contemporáneos, quinterno es un autor moderno, uno que no se corta un pelo a la hora de cambiar los puntos de vistas de la viñeta, de darle agilidad al encuadre, de evitar el punto de vista único, ese de “cámara fija” que lastra a varios de sus contemporáneos. También su ambientación habla de situaciones contemporáneas (los veraneos de mar del Plata, cuando esto era algo solo para gente con plata; la etiqueta social de la aristocracia, el futbol cunando ya empieza a sr deporte de masas, la representación de varios personajes típicos de la sociedad en esos años, etc). Aclaremos eso sí que, si usted es políticamente correcto, raje inmediatamente: no solo hay muchos estereotipos, sino que son estereotipos cargados de su buena dosis de xenofobia y racismo (los judíos son avaros, los negros son ignorantes y supersticiosos, los gitanos son ladrones, etc). Acepten la historia con esos puntos, resultado de que Quinterno era un conservador en lo político (en las páginas de la revista públicamente llega a apoyar a Manuel Fresco, uno de esos gobernadores de la provincia de Buenos Aires que se ganó fama por lo corrupto durante la Década infame de Argentina), si quieren disfrutar las historias.

Quiero volver a destacar el trabajo de Pablo Sapia como restaurador de la serie. Además de hacer un trabajo casi detectivesco para poder armar en orden cronológico la serie, contextualiza la publicación de ambos libros con dedicación. Con este y su recopilacion de Pi-Pio, Sapia tiene bien ganado su lugar como restaurador de antiguos materiales de historieta argentina.

Hay prometidos dos tomos más de esta serie. Ojala se venda lo suficiente y podamos seguid disfrutando de este clásico de la historieta argentina.

UPDATE: El propio Pablo Sapia hace una acotación muy válida sobre mi reseña en Facebook. No quiero dejar de ponerla aqui:

Linda nota… Una pequeña aclaración sobre los estereotipos. Más allá de lo que señalás del personaje judio, el negro, el gitano, etc… tenemos que tener en cuenta que A) trabajar con estereotipos era la metodológía de la época (Quinterno toma el molde Disney de esa misma época, similar) y B) Los estereotipos valen para todos los personajes: El villano mayor es el hotelero francés (¿se lo puede acusar de galicofobia por eso?) Isidoro es el estereotipo del porteño vividor y chanta capaz de vender a la madre por dinero (¿hay que acusarlo de antiporteñismo?) Patoruzú mismo, en sus inicios era el estereotipo del paisano que llega de provincias a la gran ciudad ¿Era antipaisano, entonces? Yo creo que no, si no sus personajes no hubieran sido populares como fueron. Tampoco olvidemos que estas historias fueron escritas antes de los pogroms y de los campos de concentración. Naturalmente que respiran el aire de época de la década infame y del caldo de cultivo que desencadenó la segunda guerra mundial. Por eso creo que hay que leerlas en su contexto histórico y hacer una nueva lectura con la perspectiva adecuada y dejar atrás la visión de Steimberg, que es la única referencia sobre este material hasta ahora y que es citada desde Trillo y Saccomanno hasta Gociol y, al disponer de la lectura original, sacar nuevas conclusiones (el análisis de Steimberg es muy anticuado y simplista a esta altura). ¡¡¡Abrazo y gracias por la reseña!!!

Comparto plenamente su posicion (y hago mea culpa por no dejarlo mas claro en la reseña): lo que hoy percibimos hoy como racismo y xenofobia en esos años era una situación normal. Quinterno no era un tipo considerado racista en el promedio de la sociedad. Que hoy nuestra sensibilidad haya cambiado no deberia ser óbice para leer esta obra y disfutarla como el clásico que es (nadie discute, por poner una comparación, “La Bolsa” de Julián Martel como un clásico de la literatura argenitna de fin de siglo XIX, pese a tener unos tintes de antisemitismo absolutamente recargados, mucho mas que el retrato amable que hace Quinterno). Ahi dejo la aclaración… Esperemos que la aclaración no oscurezca =)

Las primeras aventuras del Pirata Negro.

Pirata-Negro

Es siempre motivo de felicidad regresar a lugares gratos y, ahora que una cercana relectura me ha refrescado sus argumentos, aprovecho para redactar estas líneas como invitación al descubrimiento de El Pirata Negro, la serie más longeva de uno de los tres mosqueteros de la novela popular española de posguerra: Pedro Víctor Debrigode.

Debrigode fue un autor nacido en Barcelona en 1914, de padres franceses. Participó en nuestro último conflicto civil desde el lado franquista por la sencilla razón de encontrarse en Canarias, zona nacional, al estallar la guerra y ser reclutado. No fue en modo alguno un soldado modélico; en realidad sería todo lo contrario, pues acabó por dos veces en penales militares, una bajo sospecha de facilitar información al enemigo y otra por apropiarse de dinero del ejército e intentar desertar. Lo más sorprendente es que no acabara ante un pelotón de fusilamiento siendo días tan crueles, y eso puede darnos un indicio de su labia, encanto natural y poder de persuasión, capaz de vender congeladores a los esquimales.

Debrigode

Su colega escritor y empleado en Bruguera, Francisco González Ledesma (Silver Kane) afirmó que Debrigode solía narrar su fuga de la cárcel gracias a la ayuda de una mujer y a unas sábanas anudadas… Esas anécdotas debemos contemplarlas con escepticismo, dado que Debrigode era un fabulador chistoso a quien no conviene creer con fe ciega. Lo cierto es que estando en la cárcel empezó a escribir sus primeras novelas, de géneros policíaco y romántico, que le publicó a partir de 1943 la madrileña Ediciones Marisal.

Debrigode sale de prisión en octubre de 1945 y empieza su vinculación con la Editorial Bruguera, emplazada en su ciudad natal. Allí recibiría mayoritariamente cobijo a su producción literaria hasta los años 70.

Bruguera había nacido como editorial en 1910 con el nombre de El Gato Negro y durante el periodo de la guerra había visto sus talleres nacionalizados por la Generalitat. Llegado el conflicto a su fin, se renovó cambiando su nombre por el de la familia fundadora y propietaria: Bruguera. La editorial se enfocó desde el principio a las publicaciones más comerciales, en forma de revistas ilustradas para niños y folletines sensacionalistas; pero, ante el éxito en el campo de la novela popular que estaban teniendo Molino y Clíper, en 1944 Bruguera decidió participar en ese mercado recuperando, con estética remozada, algún folletín previo a la guerra, como la anónima Tabú, vengador de esclavos, y encargando nuevos seriales a uno de sus primeros autores habituales, Fidel Prado. Escribiría para ellos El dragón de fuego y La secta de la muerte, ambientados en el exótico Oriente.

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Eran los días en los que José Mallorquí vendía más de cien mil ejemplares de las novelas de El Coyote. Bruguera quería algo semejante, una serie narrativa protagonizada por un personaje fijo. No sabemos si fueron los editores quienes propusieron el tema o si la idea nació del propio Pedro Víctor Debrigode; sea como sea, el género escogido, pura aventura de capa y espada, se alejó por completo de sus competidores, que solían centrar sus preferencias en las novelas policíacas y del Oeste.

El Pirata negro apareció a la venta en marzo de 1946, con la firma de Arnaldo Visconti en la cubierta. El seudónimo italianizante, seguramente reclamo y homenaje a Rafael Sabatini y Emilio Salgari, muy populares entre los lectores de aquel entonces, lo utilizaría Debrigode en el primer periodo de su carrera para todas sus novelas de época, como El Halcón, Diego Montes, El Aguilucho o El Galante Aventurero, mientras empleaba su nombre verdadero en novelas de acción contemporánea, como Audax o El Capitán Pantera. Más tarde, en los años cincuenta, inauguraría el seudónimo de Peter Debry, que le acompañará durante décadas en novelas policíacas, de ciencia ficción y westerns.

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Como vemos desde el primer momento en las ilustraciones de Provensal, el protagonista de El Pirata Negro, Carlos Lezama, debe mucho en su apariencia física a Douglas Fairbanks. El actor norteamericano había protagonizado una película titulada, precisamente, The Black Pirate, cinta muda pero con fotografía pionera en color, que debía mucho en su dirección artística a las maravillosas ilustraciones sobre piratas de Howard Pyle. El propio Debrigode lo describe con un aspecto semejante en el mismo texto: fino bigote curvado, arete en el lóbulo de la oreja, pañuelo rojo en la cabeza, botas mosqueteras y todo él vestido de negro… También su carácter, atrevido y juguetón, debe mucho al personaje que Fairbanks gustaba de encarnar en la pantalla.

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La primera novela, La espada justiciera, es un prologo alejado aún de la variedad de aventuras que habrán de publicarse en el futuro, una obra de presentación de personajes, bastante convencional en su argumento, aunque también revela muchas de sus virtudes. Tenemos, de partida, a la típica joven dama, hija del virrey de Panamá, que regresa a la colonia después de haberse educado en España. Para su sorpresa, encontrará a la población en una situación miserable y a su padre abúlico e incompetente, con su personalidad abotargada, el ánimo vacilante, preso por completo en la influencia de su segundo al mando, un mercenario portugués, y sojuzgado por los encantos carnales y los bebedizos de una hechicera nativa que vive en los pantanos. La muchacha, quien ha oído hablar de las actividades en la región de un caballeroso corsario siempre dispuesto a prestar su acero a las víctimas de la injusticia, hará llegar al Pirata Negro un mensaje rogando su auxilio. Lezama se enfrentará al portugués y a la sensual hechicera, restaurará el orden y propiciara que la joven encuentre el amor en brazos de un apuesto y leal oficial de la guardia.

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En esta novela, Debrigode nos lleva con su héroe ya en activo y célebre en el Caribe. Deberemos esperar algunos años para que nos cuente con detalle su origen, bastardo de sangre noble criado por una mulata, y sus correrías inaugurales en La primera aventura, aparecida en 1952 dentro de la Colección Iris, cuando ya la serie se había cancelado. La espada justiciera es una novela que juega a introducir rápidamente al lector, mediante la acción y la peripecia, en el escenario y la época, al tiempo que nos describe los rasgos fundamentales de su protagonista y presenta algunos personajes secundarios que desempeñarán papeles importantes en las tramas futuras, como el negro sordomudo Tichli, el angelical Juanón o el feo pirata de rostro maltrecho Cien Chirlos, avanzadilla de un amplio reparto.

Debrigode se nos revela como un narrador ágil y colorido, culto, bien documentado, que no menosprecia a sus lectores por consumir literatura de evasión, pues redacta con una asombrosa riqueza de vocabulario. Se maneja perfectamente tanto en la descripción, sin los esquematismos tan propios de otros autores populares, como en los diálogos, rápidos e ingeniosos, con bastante humor, sobre todo en labios de Carlos Lezama.

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Con la segunda entrega, La bella corsaria, ya tenemos la prueba de que las aventuras del Pirata Negro no se limitarían a las aguas del Caribe, algo que podría haberse convertido en monótono, si tenemos en cuenta que se escribirían ochenta y nueve novelas sobre el personaje. Sus correrías tienen lugar por todo el ancho mundo, desde el Golfo de México a las ciudades europeas, como París, Venecia o Sevilla, por el Mediterráneo y los desiertos del norte de África, en la jungla y en el pintoresco Oriente Medio… En esta ocasión seguiremos a Carlos Lezama hasta Francia, donde pretende obtener información sobre el derrotero y la fecha de partida del barco fletado por el rey galo para llevar oro con el que mantener sus colonias americanas. En París hará amistades y enemigos, entablará duelo con un peligroso espadachín y, lo que es más importante, quedará atrapado en las redes del amor. El objeto de su pasión será Jacqueline de Brest, que le corresponde en sus sentimientos. Sin embargo, en un gesto de gallardía, Lezama juzga que un fuera de la ley, un pirata, no puede aspirar al corazón de Jacqueline, y marcha de Francia rechazando su atracción e interiormente destrozado.

En la segunda mitad de la novela vemos al Pirata Negro conseguir la captura del oro francés, en el Caribe, y liberar Haití de un aventurero holandés que ha sojuzgado a su población con el poder de las armas —en sintonía con el nacionalismo imperante en la dictadura fascista, las novelas de El Pirata Negro, aunque transcurran en la América hispana, suelen tener como principales villanos a extranjeros, no a españoles—. Además de estas peripecias, Carlos Lezama vivirá un encuentro donde se nos advierte que el carácter burlón del Pirata Negro tiene mucho de disfraz, de coraza, que su corazón también sangra y que en las siguientes crónicas de su vida también tendremos un componente de tragedia. Porque Lezama se enfrenta, en esta novela, a una mujer pirata que auxilia al dictador de Haití, La Corsaria Bretona. Cuando contemple su rostro por primera vez por el catalejo, apunto sus naves de trabarse en combate mortal, descubrirá que la misteriosa corsaria es nada menos que Jacqueline de Brest, la mujer a quien ama desesperadamente… Un primer indicio de las tramas, en ocasiones muy melodramáticas, que habrá de contarnos Debrigode en los siguientes títulos de la serie.

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La edición original de El Pirata Negro, con su encanto formal propio de las publicaciones pulp, no es fácil de conseguir hoy en día, salvo armándose de paciencia y con una gran dosis de suerte, pues han transcurrido setenta años desde su aparición. Darkland Editorial, en 2015, publicó un volumen con sus cuatro primeras novelas, sustituyendo las ilustraciones originales por otras nuevas de Joan Mundet. Si estas palabras mías han servido para despertar algún interés, tal vez aún tengan tiempo de conseguir un ejemplar.